STREETWALKIN´, LAS CHICAS DE CORMAN HACIENDO LA CALLE

“Haciendo la calle” (Streetwalkin´, 1985) es una de las muchas película producidas por Roger Corman en su dilatada, abundante y aún activa carrera (durante 2017 produjo tres películas). Actor, guionista, director y con más de 400 títulos como productor, Corman es un destajista, impulsor de infinidad de subgéneros, creador de xploits siempre a la moda de la época, el momento y las circunstancias del mercado. Pero es también el director de un puñado de excelentes películas: “The Intruder” (1962) , “El hombre con rayos X en los ojos (1963) – película que amo desde niño – o “La obsesión” (1962) ; el impulsor de carreras de directores y actores como Francis Ford Coppola, Martín Scorsese, Paul Bartel, Jonathan Demme, Jack Nicholson o Joe Dante; y por último, podríamos considerarle el único director de cine que ha sido capaz de adaptar con éxito y un sello personal el universo de Edgar Allan Poe.

Entre la innumerable cantidad de géneros y subgéneros que ha abordado Corman como productor se encuentran el western, el bélico, el cine de gánsteres, el terror en sus infinitos derivados, el de espada y brujería, las artes marciales, el cine psicotrónico o derivado del universo de las drogas (en especial los ácidos a finales de los 60), el de moteros, el carcelario, WIP films (women in prision movies), persecuciones de coches, ciencia ficción, dramas de adolescentes, el musical, comedia… El etcétera es tan largo como combinaciones posibles puedan existir a la hora de mezclar géneros. Y,por supuesto, las sex movies o los xploits derivados de temática sexual (erótica).

Corman se apuntó, como no, a este último cajón de sastre temático con varias pelis y ”Streetwalkin´” es una de ellas, una historia que forma parte del grupo de xploits sobre prostitución; filmes que explotan la temática de jóvenes o adolescentes que venden su cuerpo a cambio de un puñado de dólares principalmente en las calles de Nueva York o Los Ángeles. La década de los 80 y principio de los 90 nos regaló una buena cantidad de títulos de este subgénero como la saga de “Angel” (1984) y sus tres secuelas, “Ángeles de la ciudad” (1989), “Hijas de la calle” (1990), “Streets” (1990) o “Sin Piedad” (1992).

La película comienza como un drama realista bastante equilibrado en el que Cookie, que interpreta una jovencísima Melissa Leo, acompañada de su hermano adolescente, deambulan por la Grand Central Terminal de Nueva York. Una llamada telefónica a su madre, nos informa de que han tenido que huir del hogar por culpa de su padre que supuestamente ha intentado abusar de Melissa. La madre no le cree y no quiere saber nada de sus dos hijos: una forma muy “B movie” de marcar el punto de partida dramático de los personajes. Duke, un apuesto joven que merodea la estación, se fija en las lágrimas de Melissa Leo y le hace reír. Ella cae en sus redes. Corte. La siguiente secuencia nos muestra a Melissa ejerciendo la prostitución y felizmente enamorada de Duke, el proxeneta que cuida de ella y de otras chicas. Él las ama y las mangonea en un perfil de personaje que poco a poco se va volviendo loco hasta límites insospechados. Y gracias a esta premisa, la película entra en un torbellino desbocado en la que la directora la va desquiciando secuencia a secuencia para terminar convirtiéndola en un thriller que tiene la noche y las calles de Times Square como principales protagonistas.

Duke maltrata a la compañera de piso de Cookie, otra prostituta que ha decidido colgar el hábito (en este caso la minifalda y la peluca). El maltrato se convierte en una tremenda paliza que deja a la joven en coma en una de las secuencias más duras y trash de la cinta. La joven yace inconsciente tras ser apaleada en el pasillo de su apartamento, aparece Cookie que la estaba buscando. Duke, que aún no ha tenido tiempo de marcharse cuando ve llegar a Cookie, le dice que la quiere y se la cepilla en suelo del recibidor, a dos metros de la compañera que acaba de apalizar hasta dejarla casi muerta. Cuando terminan el acto amoroso, Cookie escucha unos llantos, se levanta y descubre que su amiga está destrozada al final del pasillo. Duke hace ver que no sabe nada, pero Cookie, que hasta ese momento parecía tonta y una especie de princesa de Disney que conseguía el dinero de sus clientes sin tocarles ni la piernas y en fuera de campo, se da cuenta de que su amado chulo de putas es un auténtico salvaje degenerado. Cookie va en busca de la protección de otro proxeneta, un negro elegante y trajeado. Y a partir de aquí la historia se lía definitivamente.

El resto de la película nos regala un sinfín de secuencias puramente xploits que van desde palizas a prostitutas, peleas entre chulos en las que uno de ellos practica kung fu, una secuencia de sadomaso bastante light pero muy divertida, prostitutas colgadas de heroína divagando, robos, persecuciones, asesinatos e infinidad de carteles de peepshows. La historia, que sucede siempre de noche, nos muestra las sucias, degradadas y violentas calles de Manhattan de los 80, la calle 42 y las inmediaciones de Times Square. Unas calles y una atmósfera a las que da forma la elegante fotografía nocturna a cargo de Steve Fierberg , responsable de “Pesadilla en Elm Street 4” (1988, Renny Harlin) y “The Affair” (2014-, Hagai Levi y Sarah Treem). Las interpretaciones, aunque a medida de avanza la peli se van volviendo cada vez más exageradas, sobre todo la de Duke, dotan del suficiente realismo a una trama puramente “B” en la que la venganza y la histeria reinan. Duke no para de gritar y de chillar en una conversión de hombre a bestia y Melissa Leo, dulce y cariñosa, acaba sacando la heroína que esconde dentro. Por el camino, nos enseña las piernas, las tetas y el culo en una serie de primeros planos totalmente descarados. Sí, esto es lo que muchos esperaban ver y sí, la peli lo da.

Una historia alocada y puramente genérica bien llevada y dirigida por Joan Freeman, y sí, es una mujer, autora del guion junto a Robert Alden y a Diane Gorcianz, otra mujer. Algo que se nota en el retrato femenino de las mujeres y de la historia: ellas son las protagonistas, asistimos a sus conversaciones en partidas de cartas y confesiones de secretos. Mujeres con un oscuro pasado y atormentadas, presuntamente dependientes de los hombres, pero a la vez fuertes y con la capacidad de salir del infierno en el que viven. Una idea que se ve reflejada en la subtrama de aprendizaje de Cookie y Queen Bee, interpretada por Julie Newmar (la Catwoman de la serie “Batman” de los 60). Crudeza y realismo en una puesta en escena que huye de lo televisivo.

Roger Corman se apunta a un bombardeo y en esta ocasión se llevas a las chicas a la calle para que le lleven el dinero a casa, vendiendo su cine y explotando su talento.

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ROGER MOORE, EL MEJOR JAMES BOND

Dance Into The Fire, That Fatal Kiss is All What We Need… cada vez que sonaba esa canción de Duran Duran sabía que James Bond iba a llegar al cine. En la tele nos visitaba de vez en cuando en la forma de Sean Connery, pero en los cines, al menos en la primera mitad de los ochenta era bajo la irónica sonrisa de Roger Moore. Y Roger bailaba dentro del fuego, esperando ese beso fatal, que era lo que necesitaba él tanto como yo. Ese beso   fatal llegaba a la pantalla en mil formas porque Roger quizás no hacía muchas cosas bien, pero esa la hacía muy bien. Dar besos fatales dentro o fuera del fuego.

Ayer falleció el mejor Bond de la historia, el primer Bond que muere y el único que ha sobrevivido al personaje. Cuando sonó  “A View to Kill” en el cine todo temblaba como si se fuera a caer abajo, es difícil olvidar un momento así. ¿Por qué es el mejor Bond de la historia? No lo sé, pero es el que yo he visto en los cines y no le dedicaré tiempo a compararlo con el resto de Bonds. Ahora toca hablar de Roger, de su magnetismo, su sonrisa, su refinamiento puramente londinense, su tímida forma de disparar, de sus mil y un dobles, todos diferentes a él; todos diferentes entre sí. Magia del montaje y de nuestro incondicional cariño por el personaje. Es increíble la facilidad con la que se pasa en sus pelis de un doble conduciendo, saltando, corriendo o esquiando, a Roger mirando fuera de campo, levantando la ceja o simplemente poniéndose bien el esmoquin. A la hora de besar y meterse en la cama con alguna de sus compañeras no había doble que valiese. Para eso estaba Roger.

Mi primer Bond en cine fue “Panorama para matar” (1985) y esa película contiene ya varios momentos inolvidables que mi mente nunca podrá borrar. El primero son esas mariposas volando en el restaurante de la Torre Eiffel y atacando mortalmente al acompañante de Bond, la posterior y disparatada persecución llena de dobles de Moore por París, y por último la secuencia de cama con Grace Jones. Porque Grace Jones me daba miedo de pequeño, no acababa de entender de que iba el asunto con ese maravilloso ser. Así que, cuando Grace entró en su habitación con Roger esperándola en la cama y ella se metió en la cama con él pensé: “Esto sí que es fuerte y no las persecuciones de antes”. Y está claro que algo así solamente lo podía hacer Roger Moore, porqué a él le gustaba bailar en el fuego.

TOM SELLECK, UN HOMBRE CON BIGOTE

Las personas quedamos marcadas por las decisiones que tomamos. Nuestro futuro cambia, de la noche a la mañana, por decir sí o no ante una determinada propuesta. Para bien o para mal. En el caso de la carrera de un actor queda configurada no sólo por su talento interpretativo, sino también por los papeles que elige. Hay actores que pasan a la historia por los papeles que han interpretado y otros serán recordados por los personajes que desestimaron. Un ejemplo interesante es el de Richard Harrison, actor americano que dijo NO a Sergio Leone y al papel del “hombre sin nombre” de Por un puñado de dólares (1964). Clint Eastwood dijo SI y su leyenda continúa, Harrison terminó protagonizando namxploitations en tierras filipinas en los ochenta y dando vida a una de las sagas más destajistas y vergonzosas de ninjas de la hitoria de la mano de Joseph Lai y Godfrey Ho. Yo siento cariño por su carrera y por las pelis que rodó en Filipinas, pero eso es otra historia y se merece otro post.

Tom Selleck es mucho más que Magnum, es mucho más que un hombre con bigote. Tom Selleck es el actor que dijo NO al papel de Indiana Jones. Recomendado por su agente, Tom se dejó convencer por éste para dar un NO a Steven Spielberg y apostó por llevar bermudas, camisas floreadas y conducir un Ferrari en Hawai como investigador privado en Magnum P.I. (1980-1988). No fue la mejor decisión tal y como demuestra la rencorosa carta que le regaló a su representante hace menos de un año.

http://www.zeleb.es/tv/n/la-desagradable-carta-de-tom-selleck-a-su-representante-el-que-rechazo-indiana-jones-03259
Recientemente he visto Un hombre inocente (1989), una de las películas que interpretó Tom Selleck a finales de los ochenta, la época dorada en la que más “éxitos” tuvo en la gran pantalla. Tres hombres y un bebé (1987), Su coartada (1989) o Un vaquero sin rumbo (1990). Selleck podría haber sido un buen Indiana Jones. ¿Por qué no? De hecho, cualquier papel interpretado por Harrison Ford lo podría haber salido adelante con otro actor; pero no fue así. Nada más que decir. Y que conste que me gusta Harrison Ford, sobre todo cuando parece estar totalmente desorientado como en el clímax con Rutger Hauer en Blade Runner (1982) o después de sufrir un disparo y quedar amnésico en A propósito de Henry (1991).

Tom está muy bien en Un hombre inocente. Y como la propia película, funciona, entretiene y emociona hasta el fin del segundo acto. Tom es un hombre de éxito, mecánico de aviones y felizmente casado, hasta que un día, la mala suerte llega a su vida y unos policías corruptos lo mandan a la cárcel. Un hombre honesto, pacífico y asustadizo entra en el infierno y ha de sacar su peor “yo” para sobrevivir. Y por supuesto, lo hace. Toda la parte que se desarrolla en la cárcel es lo mejor de la película. Peter Yates filma con una puesta en escena sobria, el ambiente es duro y las secuencias tienen la suficiente violencia para entender el cambio que se produce en Tom. En su rostro vemos como esa disparatada idea inicial va tomando forma poco a poco. Un hombre inocente va a matar a otro hombre. Esa evolución acompañada por la música de Howard Shore es lo mejor de la película. Shore dota de su característico éxtasis y clímax a estas secuencias en las que el personaje camina hacia situaciones que van a cambiar su vida, que van a transforman su ser. No es casualidad que su música acompañe a las películas de Cronenberg o a El silencio de los corderos (1991). Un director y una película que respectivamente nos explican historias de transformación -La mosca (1986), Inseparables (1988) o Una historia de violencia (2005-) en el caso de Cronenberg; y es una historia de transformación -la de un psicópata y una policía- en el caso de la película dirigida por Jonathan Demme y protagonizada por Jodie Foster.

Nunca sabremos cómo habría resultado la saga de Indiana Jones con Tom Selleck, es posible que no hubiera pasado de encontrar el arca perdida o que su padre hubiera acabado siendo Roger Moore. Eso sí, no me imagino a Harrison Ford con camisas floreadas y en un Ferrari rojo por Hawai y mucho menos luciendo un hermoso bigote.

EL VERDADERO AMOR DE SLY

Mucho se ha hablado y se ha escrito sobre ellos, por supuesto fueron noticia. Ni tu ni yo podemos recordarlo ya que estábamos pendientes de muchas otras cosas. No demasiadas para ser sinceros; pero si lo suficientemente intensas como para dilapidar tardes y embellecer atardeceres. ¿Qué es una puesta de sol? ¿Por dónde sale el sol? ¿Qué quiere decir que me quieres? Preguntas así delante de espejos deformantes. No eran más que dulces comentarios para Brigitte cada vez que Sly le decía: “Se acabaron las vacaciones “sweet heart”, tenemos que volver a LA”. Tras ese comentario, siempre en voz alta, no había más remedio que dejar Ibiza atrás. Tú y yo tampoco sabíamos que era una puesta de sol. En Dinamarca nunca se ponía el sol y en nuestro patio, lleno de latas oxidadas, repleta de macetas con flores de plástico y botijos calientes nunca aparecía la luna.

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Siempre evitando cualquier respuesta que le pudiera delatar, Sly enfrentaba uno de los episodios más exitosos de su meteórica carrera. El mejor pagado, el más musculoso, el más carismático, el más americano el más querido por Reagan. La sangre italiana corre por sus venas, a mil por hora como los deportivos por la quinta avenida en volandas de la desatada pasión. Nada mejor para calmarlo que el congelado abrazo polar. El amor llegó del frío en forma de estatua, con formas de escultura escandinava. Rumores, son rumores. Duelen más que las balas y que los puñetazos, saltos sin red.

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El amor vino del frío, y la lujuria y la tentación iban tras él, tras el frío también. Y antes que Sly el frío ya lo había probado Arnie, en forma de traición a los Kennedy, puede que la primera. No recuerdo nada de El guerrero rojo, tan solo que Brigitte tenía el pelo muy rojo y que era bellísima. Arnie tenía el pelo largo, no era Conan. ¿Cómo se hace la mermelada? ¿Quién decide dar el primer beso? Todo eso le preguntaba Brigitte a Arnie. Éste, que quería gobernar la región y conquistar el trono no podía más que mirar de reojo y susurrarle al oído: “Si pudiera te llevaría a Ibiza, y te explicaría que es una puesta de sol como las que solo hay en Austria”. Y follaron mucho, tanto que rompieron el silencio y tuvieron que repetir la toma. Richard tan cansado, tan mayor, intentaba mantener el equilibrio en la puesta en escena cinemascopada, alargada, como las espadas, como las piernas de Brigitte. ¿Cómo se lava la ropa a la orilla del río? ¿Triunfaré yo en Hollywood? Richard la miraba a la altura de los ojos, sereno, respetuoso, le quitó un pelo oscuro, largo y liso de la frente y le dijo cariñosamente: “Estoy muy orgulloso de ti, sigue trabajando así y todos hablarán de ti”. Fin de rodaje. Fiesta.

HOLOCAUSTO VERDE

No todo ha sido placentero y lleno de gracia en este caluroso sábado de junio. Tumbado en el parque, mirando hacia el cielo, con los ojos entreabiertos, algunos rayos de luz atraviesan flores de cálidos colores. Ramas y sombras cerca de mi brazo derecho, olores a frutas, perfume de marca y dulces caricias. Esto fue antes, y fue maravilloso, hay veces que el tiempo se detiene si es que el tiempo existe y esta fue una de ellas. ¿Qué hora es? Han pasado tres horas que se esfumaron como el agua con jengibre de mi botella. Miro a mi derecha y desenfoco unos verdes ojos, y a media distancia árboles verdes, amontonados, pero por suerte sigue siendo un ambiente idílico. No voy a quedarme aquí todo el día aunque no me importaría.

Sí, me espera una cita también especial, abandono la arboleda del parque lleno de niños, familias, parejas besándose y me encamino al infierno verde, al holocausto de imágenes que me espera en la Sala Phenomena. Llego tarde, como siempre, porque me gusta caminar, así que peregrino hacía el cine. El de la entrada me da la bienvenida a la jungla y nada más entrar a la sala veo que tengo delante de mí a Ruggero Deodato, el director de Holocausto Caníbal (1980). La sesión es en su honor, y vamos a ver su película. Ruggero está delante de mí y no me deja pasar, está esperando a que todo el mundo entre en la sala IMG_20160625_212153 y, solo falto yo, o él. Ruggero presenta su película más emblemática, tiene 77 años y acaba de rodar una película que rebosa energía, ingenio, sentido del humor y confianza en sí mismo, está en plena forma. La sala es roja, tapizada en terciopelo; en unos minutos se convertirá en verde selvática y de nuevo en un rojo sangriento, rojo oscuro, muy italiano.
Recuerdo la leyenda que había cuando era niño acerca de Holocausto Caníbal. Todo el mundo hablaba de una película prohibida, que contenía imágenes de muertes reales, auténticos caníbales de la selva Amazónica que devoraban hombres. Todo filmado, todo real. Aún no conocía el término “snuff movie” (grabaciones reales de muertes, asesinatos, suicidios o cualquier tipo de crimen sin filtro ni efectos especiales), pero para un amante del cine de terror eso era algo que iba más allá de lo imaginable. Había gente que la había visto y decía que era realmente escalofriante. También decían que había un par de videoclubs en El Prat donde la podías alquilar bajo mano; tráfico ilegal de imágenes prohibidas. La culpa de tal leyenda la tenía un artículo publicado por la revista Interviú a principios de los ochenta en la que aparecían imágenes de la película y se daba por hecho que eran reales: se encuentran rollos de películas en la selva en la que se ve la muerte a manos de caníbales de cuatro reporteros. Esa es la trama de la película.

Artículo relacionado: http://absencito.blogspot.com.es/2011/11/mitos-de-la-espana-pop-holocausto.html

Es curioso, pero habían pasado ocho años de aquel reportaje y aún corría el rumor de que aquellas muertes eran absolutamente reales, ¿dónde estabas internet? Finalmente conseguí alquilar la cinta, no bajo mano, ya que estaba en la sección de pelis a 100 pesetas, y me dispuse a cruzar la frontera del mal, sumergirme en la zona oscura y prohibida, cometer un delito y ser cómplice de un horror total. Mi madre me preguntó: ¿Qué vas a ver?, y yo contesté: Una peli en la que unos caníbales auténticos se comen a unos tíos, a lo001_v88yl6 que ella respondió: Ya, seguro. La peli fue una total decepción, ya que nada de aquello era real. Por suerte. Incluso he de confesar que me pareció un tanto aburrida, especialmente la trama que se desarrolla en Nueva York con la crítica a los medios de comunicación. Pero todo el material “found footage” (material filmado como si fuera un documental) me pareció escalofriante, con imágenes muy crudas y espeluznantes como las muertes de los animales.

Vista hoy en día me parece una muy buena película de terror; y tras ver películas como Nightcrawler (Dan Gilroy, 2015) que hablan del sensacionalismo y el poder de los medios de comunicación, Holocausto Caníbal sigue teniendo una temática muy actual que nunca dejará indiferente a nadie y cuyo visionado produce escalofrío y repulsión a partes iguales. Dos cosas a destacar, una positiva que me encanta: la banda sonora de Riz Ortolani; dulce, seductora, nostálgica y dura, agresiva y terrorífica. Otra que hizo retorcerme en la butaca: el ensañamiento, tortura y muerte con los animales, puro !mondo”, muy desagradable y a la vez parte de la película.

Vuelvo a casa caminando entre edificios y algún amable árbol que me saluda y me sonríe. No todo el monte es orégano, no toda la selva es amazónica, quiero comerte y tú a mí también. Me duermo en el parque y despierto caníbal, otra vez.

CRUZANDO LA FRONTERA CON DAVID CARRADINE Y VICTORIA ABRIL

Las pelis con historias que discurren en la frontera entre México y USA tienen un encanto especial. Siempre me han gustado. Tanto si su historia se desarrolla enteramente en ella como si se utiliza como elemento dramático. Cruzarla es siempre un factor de peligro, algo espera al otro lado, en algunas ocasiones la libertad, en otras el amor. Depende del lado hacia donde se cruce, viviremos una huida tras un robo, o llegaremos, por fin, a la tierra donde nuestros sueños se harán realidad.

OC12RioGrandWildRiverPDUn aroma a western y a su viejo universo siempre está: el Río Grande, prostíbulos de carretera, mariachis, el infernal calor del desierto, coyotes.

Mi próximo viaje será seguro a la frontera, huyendo como Robert Mitchum en Retorno al pasado. Siempre del amor de una mujer fatal, de una prostituta con corazón de princesa, o de una reina con mirada de puta. Mujeres infieles, bellas señoras que traen de cabeza a tipos como Kevin Costner en Revenge. Hermosas latinas de piel tostadas que enfrentan a viejos amigos, ahora enemigos, cada uno en un lado opuesto de la ley como PowersBoothe y Nick Nolte en Traición sin límite. Sacrificadas esposas que ayudan a viejos ladrones en su último gran atraco como a Steve Mcqueen en La huida.

Río abajo (On the Line, 1984)  se enmarca dentro del género de amor fronterizo. Era un título que hacía tiempo quería descatalogar y sobre todo acercarme a él. Tiene una carátula lo suficientemente atractiva como para que llamase mi atención de pequeño y supone una rareza dentro del cine español de la época. Y está protagonizada, aparentemente, por David Carradine.

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Y digo aparentemente, porqué a pesar de aparecer como principal protagonista, tan solo aparece en las dos primeras secuencias de la película y en la última. ¿Decepcionante? No ahora. Si hubiera visto la película de pequeño, con David Carradine como ese lobo solitario de Kung Fu o de Mcquade, si me habría sentido decepcionado. Viendo a Carradine nadando en un río con una pistola en la mano uno imagina que se enfrenta a un western moderno en el que la pólvora va  a correr de lo lindo y en alguna secuencia se liará con Victoria Abril.

No es así. La cinta comienza con una secuencia nocturna, bellamente filmada, en la que Carradine transporta a un grupo de mexicanos a través de Río Grande con el objetivo de cruzar la frontera hacia USA. Y ese es el tema de la película.  Carradine sigue empeñado en su ilegal tarea, y pronto descubrimos que tiene en un racista policía de la Border Police oscreen480x480 Policía Fronteriza a su principal enemigo. Cuando parece que la película discurrirá sobre ese enfrentamiento, el personaje de Carradine desaparece y la trama gira entorno a la lucha del sobrino de este y alumno de la escuela de los BorderPolices y el citado policía machista por el amor de una prostituta encarnada por Victoria Abril.

Tras comprobar que no asistiremos a una cinta de acción, nos adentramos en el drama que viven aquellos que quieren cruzar la frontera a través de un triángulo amoroso con unos personajes totalmente perdidos, cada uno con sus miserias, atrapados en un marco geográfico y bajo unas leyes que intentan proteger y a la vez han de quebrar. José Luis Borau, que tardó cuatro años tras una larga lista de imprevistos y catástrofes, guía a través de la pasión de sus personajes, una trágica historia de amor que se desarrolla en sucias habitaciones de prostíbulos y en las nocturnas aguas del Río Grande.

Eso sí, David Carradine, regresa al final de la película, cuando el drama se tiñe de sangre y se avecina la implacable venganza de Victoria Abril.

DIOS BENDIGA A LA CANNON PARTE II: MIS 20 FAVORITAS (5)

Ahí van las últimas cuatro pelis de mis veinte favoritas de la Cannon. Ahora que quedan pocos títulos por seleccionar veo que hay varios que me gustan bastante y que quedan fuera de la lista…habrá que buscar alguna excusa para hablar de esas pelis ¿no?

Los centinelas (Dangerously Close, 1986) de Albert Pyun

Albert Pyun es algo más que el director de Cyborg. Podríamos decir que no mucho más, pero si que es el responsable de esta peliculita que descubrí hace no mucho tiempo y a la que ya tengo el cariño suficiente para incluirla en esta lista. ¿Por qué no?

Los centinelas es totalmente Cannon en su esencia más íntima: quiere ser una película moderna. Como muchas de las cintas de la productora, explota lo último de una maneradangerously_close_poster_01 tan voraz, que todo lo moderno toma forma de un residuo que se va diluyendo en pocos minutos mientras va pasando de moda. El póster de Los Centinelas ya da muchas pistas sobre las intenciones de sus responsables: el título original mola un montón, “Dangeroulsy Close”, mucho más atractivo que la traducción al castellano. Título enmarcado en luces de neón rosa tan típicas de los años ochenta. Varios personajes con look post-punk y miradas retadoras, un arma de fuego y el resaltado en letras bien mayúsculas de los autores de la banda sonora: Robert Palmer, Depeche Mode, Fine Young Cannibals, etc…

Muchas canciones, mucho neón, iluminación con destellos azules, mucha agua y niebla muy al estilo de la foto de las películas de los hermanos Scott; ambiente de instituto y un mix narrativo muy en la onda del universo Cannon: justicieros o “vigilantes”y juegos de caza al hombre, coctel aderezado con un poco de amor y amistad. Todo queda en casa, todo queda en el instituto; ese lugar que nunca quieres abandonar. Seguir dirigiendo el diario del colegio y conseguir por fin quitarle la novia al chico de moda.

La dirección de Pyun intenta desmarcarse siempre que puede con alguna planificación arriesgada y moderna pero no deja de ser funcional y, vista hoy en día, no parece más que televisiva. ¡Viva el neón y viva John Stockwell!

 

Unos policías violentos (Under Cover, 1987) de John Stockwell

John Stockwell se hizo un hueco en aquella época en el seno de la Cannon. Tras participar como secundario juvenil en algunos hits de los ochenta como Top Gun o Christine y entrar en el universo Golan-Globus inició su carrera como realizador con esta pequeña cinta policíaca. Under Cover, traducida aquí como “Policías violentos” tiene uno de MV5BMTQ1NDk5OTQ2NV5BMl5BanBnXkFtZTcwNDE3NTUxMQ@@._V1_SX214_AL_aquellos míticos pósters que pueblan mi “memoria cannonística” asociada al videoclub del barrio, el mítico Rocho.

La trama es bastante sencilla y contiene de nuevo infinidad de elementos recurrentes en el universo de la productora. El instituto y sus alocados estudiantes vuelve a ser el escenario junto a una trama de venganza personal por parte de un policía que quiere descubrir la verdad sobre la muerte de su mejor amigo, policía encubierto en dicho instituto. A partir de aquí la cinta se desarrolla mediante una serie de situaciones que ponen continuamente en peligro al personaje interpretado por David Neidorf en diferentes situaciones: en el equipo de fútbol, en las noches de juerga y en general en todo el imaginario del cine de institutos. ¿Por qué mola Under Cover? Por su decadente y nostálgico ambiente de Carolina del Sur, por la elección de algunos bares totalmente deep usa donde se comen ostras y se bebe cerveza y sobre todo por la presencia de una joven y membrilleante (en referencia al movimiento de un membrillo dulce) Jennifer Jason Leigh que se adueña de la cinta en cada secuencia en la que aparece. ¡Ah! John Stockwell dirige de forma correcta, en perfecta línea Cannon.

 

Breakdance (Breakin´, 1984) de Joel Silberg

La relación de la Cannon con el género musical merece un capítulo aparte, que me encantará dedicar, pero la esencia se puede resumir perfectamente en la gestión y el 11213__x400_breakin_poster_01espíritu de Breakin´. La Cannon, en su vertiente más xploit de la moda del momento encontró en los bailes ochentenos un pequeño filón de los que sacar tajada con un claro objetivo: ser los primeros y los más modernos. Así, bailes como el breakdance, la salsa, la lambada y o el rap, llegaron a la gran pantalla de la mano de los israelís.

La concepción de Breakin´ es perfecta para explicar esta idea. Cuenta la leyenda que un sobrino de Menahem Golam le dijo a su tío que por las calles los chicos practicaban un nuevo baile llamado breakdance. Inmediatamente Menahem decidió que había que hacer una película sobre ese baile. Así que en menos de dos meses, buscan bailarines, contratan a Joel Silberg, preparan un guión de refritos que bebe sobre todo de Flashdance y clásicos del musical moderno como La fiebre del sábado noche, y en un tiempo record la película está en las salas de cine. Se podría decir que fue Golan quien inventó el breakdance.

La cinta es una xploit delicioso repleto de canciones con una trama sencilla que enfrenta a bailarines al estilo Flashdance con bailarines de la calle, ricos contra pobres; todos con el sueño de triunfar y vivir de su pasión. Algo de amistad y una posible relación amorosa interracial aderezan el combinado.

Breakin’ mola, y con un principio como este mola más. Y el breakdance… ¡está de moda otra vez!

 

La jaula desnuda (Naked Cage, 1986) de Paul Nicholas

No existe género, subgénero o moda xploit a la que no le haya echado el diente la Cannon. El WIP Film (Women in Prision) o género de mujeres encerradas en una cárcel no iba a ser menos. Directores como Jess Franco, Bruno Mattei o algunas producciones de Corman en los setenta pusieron de moda el subgénero en pleno apogeo de la libertad a la hora de mostrar carne (femenina) en las salas de cine. El género consiste en encerrar un 2236__x400_naked_cage_poster_01grupo de mujeres en una cárcel e ir aderezando con los siguientes elementos: desnudos, duchas, lesbianismo, carcelarias ávidas de cuerpos jóvenes, violaciones en grupo,… Un variopinto abanico de situaciones morbosas que hacen las delicias de los espectadores ávidos de emociones fuertes y sobre todo calientes.

Esta WIP film, aunque un tanto tardía y bastante pasada por el filtro Cannon que deja los elementos morbosos en segundo plano, representa un buen ejemplo de dicho género. Además de los típicos elementos, la trama se mezcla con una historia de cine negro y venganza entre dos mujeres, una morena femme fatale y una rubia bondadosas; las dos preciosas, las dos encerradas.

El director, Paul Nicholas, ya sabía en que terreno se movía ya que había dirigido previamente otro filme en el género: Rejas ardientes (Chained Heat, 1983)) con la maravillosa Linda Blair. Porque si el género carcelario mola, el carcelario femenino también.