DEMONIOS EN LA SALA DE CINE. DEMONS DE LAMBERTO BAVA (Y DARIO ARGENTO)

Así presentaba Juan Luís Goas la película Demons (Dèmoni, Lamberto Bava, 1985) la noche del domingo  19 de agosto de 1990 (wikipedia dixit):

Goas, en su tono caracterítico de distantanciamiento y gélido misterio, se muestra especialmente contundente y duro con la película al inicio de su presentación, por muy tarde que fuera la hora a la que se emitió la película su aviso hacia los estómagos delicados está bastante justificado: Demons es una película asquerosa, ultraviolenta y con altas dosis de gore. Pero tal y como remata al final de su intervención, en lo que supone un halago hacia el film, no se trata ni más ni menos que un entrenimiento, trash, desmesurado, rocambolesco y pasado de vueltas, pero un puro y duro disfrute.

Antes de ver la película yo ya tenía grabada en mi mente la imágen publicitaria de la película: unos tipos a contraluz con garras en cuyos oscurecidos rostros destacan unos iluminados ojos.  Se acercan a nosotros dejando ver unos haces de luz a sus espaldas, y encima de ellos la leyenda: Poster Demons“…harán de los cementerios sus catedrales y de las ciudades vuestras tumbas.” Los carteles de las películas durante mucho tiempo y para un gran número de películas, especialmente cintas de terror, acción y aventuras, fueron el principal y único reclamo publicitario que podían ofrecer al público que se acercaba a las salas de cine y sobre todo a las estanterías de los videoclubs. Sin internet, muy poca publicidad en televisión y el merchandansing destinado exclusivamente a superproducciónes de Hollywood, un cartel espectacular, bien dibujado y una frase desafiante hacía posible que cualquier bodrio o subproducto atrajera nuestra atención: la sorpresa o decepeción llegaba una vez te sentabas delante del televisor y la cinta comenzaba a rodar; te habían dado gato por liebre. Te la habían vuelto a dar con queso una vez más; los actores no se parecían en nada a los del poster, las chicas no estaban tan buenas y del helicóptero, ni el lejano sonido quedaba. En el caso de Demons el cartel  está totalmente a la altura de lo que vamos a ver mostrándonos uno de los momentos más conseguidos de la película, y si engaña en algún aspecto es en omitirnos la ingente cantidad de atrocidades y de actos de crueldad demoniaca que nuestros ojos, no tan inocentes, van a presenciar.

Y al rec le di para grabar. No sabía mucho de Lamberto Bava, a penas que era el hijo de Mario Bava, pero si sabía quien era Dario Argento; gatos de nueve colas, pájaros de plumas de cristal y sangre de color rojo muy oscuro. A pesar de que por aquella época ya me había enfrentado a disparates descomunales y apoteósis de vísceras y gore con clásicos como Re-Animator (Re-Animator, Stuart Gordon, 1985)  y Mal gusto (Bad Taste, Peter Jackson, 1987), la cinta italiana me sorprendió e impactó absolutamente: todo tipo de desmembramientos, altas dosis de terror, música heavy, crueldad puramente italiana y además todo sucedía en una sala de cine.  Algo así como un festival sin ser carnaval. Me apresuré a compartir mi descubrimiento con mis hermanas y mis compañeros de colegio, y desde ese día me pregunté: ¿cómo sería ver esta película en el cine?

Veintitrés años después, una secuela por el camino –Demons 2 (Dèmoni 2…l´incubo ritorna, Lamberto Bava, 1986)- e infinitos visionados de la original, Nacho Cerdá me da la oportunidad de revisar Demons en una sala de cine gracias a una de las sesiones del Phenomena Grindhouse, en versión doblada al castellano y con mucha gente. Esta vez la presentación corre a cargo del crítico Sergi Sánchez que actualiza el discurso de antaño empleado por Goas: han pasado más de dos décadas, la nostalgia entorno del grindhouse baña su interesante explicación, nosotros hemos crecido pero el sentimiento y el deseo de pasarlo bien es el mismo, qué digo, es mayor aún, no cada día uno tiene la oportunidad de sumergirse en una experiencia como esta: ver demonios en una sala de cine.

La película va oscilando entre dos deseos y dos sentidos: por una parte quiere ser una película de terror, quiere asustar y sorprender, pero por la otra quiere ser un espectáculo de desmadre gore y de violencia extrema. La primera secuencia pone las cartas sobre la mesa; una chica se queda sola en la estación de metro, se atemoriza y unos pies la persiguen, un peligro la acecha, la música nos acompaña con su pánico que finalmente se resuelve en una falsa alarma: un regalo de dos entradas para ver una película de terror por parte de un tipo siniestro con máscara. Siempre me ha hecho gracia este principio y en general todos los principios de las cintas de terror en las que quieren asustarte en el minuto uno: no lo consiguen. La segunda parte si la consigue.

Moto y katanaCareta en chica morena

Ahora nos encontramos con la parte más interesante de la película, y que vista hoy en día me sigue gustando muchísimo, no por su originalidad pero si por su consecución. Los invitados se dirigien al cine Metropol, en el hall del cine hay varios posters de películas de terror (con alguna de Argento incluida), una motocicleta con un muñeco que lleva una katana en una mano y en la otra una máscara de demonio, ¿homenaje al film de su padre Mario Bava La máscara del Demonio (La maschera del demonio, 1960)? que una chica negra bromenado se pone haciendose una herida en la cara. Y comienza la película que han ido a ver. Se trata de una película de terror puro y duro: dos parejas de jóvenes entran en cementerio, profanan la tumba de Nostradamus!, y encuentran la misma máscara que había en el hall del cine, uno de los chicos se la pone y también sangra. Mientras, otro de los chicos lee un pergamino que supone una profecía; quien se ponga la máscara se convertirá en demonio y traerá consigo el apocalipsis.

Esta parte es muy interesante ya que Bava juega  con diferentes puntos de vista sobre la película de terror que se está viendo: en algunas ocasiones vemos planos generales de la sala de cine con la película proyectándose al fondo, en otras ocasiones vemos a los espectadores viendo la película, toda una fauna variopinta de individuos; una pareja de jóvenes tortolitos enamorados, una pareja madura en su aniversario, dos parejas de jóvenes que aprovechan para ligar, un ciego con su mujer y el amante de ésta que sigiloso se acerca buscando un encuentro sexual, un macho man negro acompañado por dos exhuberante hembras también de color recién sacados de un Harlem romano. Y por último nuestro punto de vista ya que Bava nos muesra la película que ellos están viendo en primer término, convirtiéndonos en unos espectadores más de la sala de cine Metropol en la que  a la postre se desencadenará el terror. Esta secuencia en la sala de cine se convierte en un momento de delicioso metalenguaje cinematográfico muy interesante y divertido gracias al sentido del humor de los personajes: en un apunte constante, y que he de reconocer que de pequeño no había identificado, los personajes son conscientes de que están viendo un xploit de terror, hacen comentarios graciosos y se mofan de la película, comentarios que provocaron las carcajadas de todos los que nos encontrábamos en la sala de cine, convirtiéndonos en cómplices de los personajes. Es más, la cinta ironiza lo suficiente consigo misma como para que los personajes sean también conscientes de lo que son: puras caricaturas estereotipadas con reacciones exageradas, frases imposibles y acciones desmesuradas, lo que da equilibrio al ultragre desmesurado que recorre el metraje.

Finalmente la profecía de la película que están viendo se hace realidad y al igual que en en ésta, la chica negra se convierte en demonio mediante una transformación repleta de pus verde fosforito y uñas que se descarnan dando paso a garras infernales. Asquerosamente divertido.

La otra demoniaLa demonia

Hay infinidad de películas en las que los personajes se situan en una sala de cine e interactúan con la pantalla y la ficción mostrada, desde la La rosa púrpura del Caíro (Purple rose of Cairo, Woody Allen, 1985) con personajes que salen de la pantalla hacia el mundo real, hasta El último gran héroe (Last action hero, John McTiernan, 1993) utilizando a personajes del mundo real que entran en el mundo diegético de la pantalla. Pero sobre todo tenemos la brillante Angustia (Bigas Luna, 1987), uno de los experimentos formales más originales y coherentes en este sentido. Posterior a Demons en dos años, formula toda su estructura narrativa y visual en la dialéctica entre los espectadores de un cine, la película de terror que están viendo, su punto de vista y el nuestro; aquí de nuevo la película visionada por los espectadores en la sala de cine actúa como profecía que se traslada del universo de la ficción de la pantalla a la realidad de la sala de cine.

El final de este capítulo de metalenguaje nos regala una de las mejores imágenes de la película: una de las chicas negras que ha sido atacada  por un demonio se contorsiona de dolor detrás de la pantalla de cine. En la pantalla se proyecta el asesinato de una chica, los gritos de la chica negra se funden con los gritos del personaje de la pantalla en un estremecedor efecto sonoro, la chica se abalanza sobre la pantalla deformándola, de manera que parece que recibe las puñaladas que la película que se está proyectando. Finalmente la pantalla se quiebra y la chica cae al suelo ante los atónitos espectadores.

Muerte tras la pantalla 2Saliendo de la pantalla

Varios años más tarde Wes Craven y su guionista Kevin Williamson recuperan la idea de unos personajes en una sala de cine y copian/homenajean la imágen de la chica muriendo ante la pantalla para Scream 2 (1997): en un ejercicio de metalenguaje  aun más sofisticado y muy original los espectadroes asisten a la proyección de la película de terror inspirada en los hechos acontecidos en la primera parte de la saga, disfrazados del asesino de Scream: vigila quien llama (Scream, Wes Craven, 1996), los especaores ríen, gritan, agitanando sus puñales de plástico y no caen en cuenta que una chica, negra también, es asesinada realmente ante la pantalla y ante sus ojos.

La sombra de Argento planea constantemente durante la proyección y especialmente durante la primera mitad de la película y sobre todo en toda la acción que sucede en el anfiteatro con el triángulo de personajes que forma el ciego, su mujer y su amante, en estaSuspiria poster ocasión el cocinero es Lambert Bava y el ladrón Dario Argento, o puede que sea alrevés. La secuencia está bañada de una luz roja irreal que sumada a la oscuridad de la sala de cine y a los destellos de luz azul que emana el proyector crean una atmósfera fantasmagórica que recuerda a la obra maestra de Argento Suspiria (1977).  A este trabajo a nivel visual hay que sumarle la banda sonora de Claudio Simonetti que al igual que en Suspiria y otros trabajos de Argento  tiene en las endiabladas melodías de rock progresivo de Simonetti (antiguo miembro de la banda Goblin), repletas de sonidos sugerentes y graves estruendos un acompañamiento magistral que crean confusión y eleva los crímenes vistos en pantalla hacia el barroquismo más delirante.

Otro de los elementos presentes en la cinta que recuerda a Argento – y que es intrínseca al cine italiano de género, pudiendo perfectamente incluir al cine español también- es la crueldad despiadada a la hora de mostrar las muertes y ejecutarlas, en especial el ensañamiento con el personaje invidente, violento acto que ya aparecía en Suspiria cuando el pianistsa ciego era atacado por su perro lazarillo; no basta con matarlo sino que un demonio le hunde sus garras en los ojos haciendo puré de ellos. De esta manera presenciamos evisceraciones, cabelleras que son arrancadas, humanos literalmente abiertos y de los que surgen demonios, decapitaciones, y mucho líquido viscoso y fosfórito; el gran color de los años ochenta gracias al ácid house, el blani blup y el suero de Herbert West en Re-Animator.

Ciego en SuspiriaCiego y sin ojos

Y para terminar con Argento dos planos que lo homenajean y copian: el primero es la imágen de la mujer del ciego y su amante colgados de una cuerda mientras son literalmente forzados a besarse destrozando sus caras por parte de un demonio, plano insipirado en una de las muertes de Suspira, y la segunda es el momento en el que vemos a una de las protagonistas de cara y que está filmado exactamente de tal manera que al agacharse nos muestra un demonio que estaba situado tras ella y que está copiado de uno de las escenas finales de Tenebre (1982) y de la que Lamberto Bava fue director de la segunda unidad.

Forzados a besarseColgada en Suspiria

De cara en TenebreApareciendo desde detrás en Tenebre

Homenajes, imitaciones, copias, sugerencias, imposiciones…

Después de todo esto llega la debacle, el asedio por parte de los demonios convirtiendo a la cinta en un slasher grotesco y hardcore. Muertes, más muertes y un surtido de secuencias psicrotrónicas y delirantes como la de los punkies y la cocaina, y mis dos favoritas; la matanza en moto y katana en mano por parte del protagonista con el tema Fast as a shark de la banda Accept (sugerencia de Argento) y por último la inesperada aparición de un helicóptero –esta vez sí, el helicóptero existe- que destroza el techo y cae en la platea del cine.  Fuera, mientras nuestros personajes luchan, el apocalipsis se ha desatado y la tierra ha sido invadida por demonios, dando a pie a una futura Guerra Mundia Demonio (World War D)…

Pobre BobbyHelicóptero

Ver Demons en una sala de cine ha sido una experiencia terriblemente divertida. Varios de los temores que me han acompañado hasta ahora y me inquietaban se han desvanecido: nadie se ha convertido en demonio, he podido salir de la sala de cine y fuera todo sigue igual, afortunada o desgraciadamente, nada ha cambiado.

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CATALOGANDO A BURT REYNOLDS PARTE II: UN ICONO DEL CINE DE ACCIÓN (Y UN AUTOR) DE LOS OCHENTA

El ritmo de trabajo de Burt durante los ochenta es frenético pero mi interés se ha centrado en sus cintas de acción, creo que todas tienen muchos puntos de interés y sirven para analizar el proceso mediante el cual una estrella se apaga poco a poco, pero también nos muestra fugaces destellos, intensos y frugales, cuya dirección no siempre es la deseada. Mientras  en general las cintas de acción de los ochenta encumbran las buddy movies y nos muestran a policías psicóticos y a hombres megamusculosos, las cintas de Reynolds Burt Reynolds crackparecen estar ancladas en los setenta: tipos solitarios con códigos de vaqueros del viejo oeste, seductores capaces de arriesgar su vida para vengar a un amigo desaparecido, jugadores empedernidos que sueñan con escapar a Venecia y navegar en sus canales, todo cambia a su alrededor pero ellos no. Él sigue llevando bigote.

He de decir que estas películas de las que hablaré a continuación hacen honor más que nunca al nombre de este blog, ya que están todas descatalogadas en nuestro pais, así que ya es hora de catalogar a Burt:

La Brigada de Sharky (Sharky´s machine, 1981)

La década comienza a lo grande para Burt con su segunda película como director. Sharky´s machine es un magnífico policíaco ambientado en las calles de Atlanta. Como las buenas películas de principios de los ochenta, su estética y espíritu están más cerca de los thrillers de los setenta, así como su temática: una trama de corrupción que implica a policías, prostitutas, mafiosos y alcanza hasta los estamentos más altos de la política.

La primera secuencia de la película es memorable: una melodía de saxo acompaña un plano aéreo de la ciudad, rodea un edificio, la cámara se aleja mientras comienza a sonar la maravillosa voz de Randy Crawford sobre una suave melodía. La cámara nos lleva hasta una vía de tren de una sucia zona industrial, y entonces estalla el tema disco Street Life a la vez que aparece Burt Reynolds caminando sobre la vía, con barba y un maletín, hace un frío horroso pero el avanza con determinación. La cámara le sigue en varios planos laterales y generales, hasta que derrumba una puerta y entra en una vieja fábrica abandonada. Este inicio tan potente e impactante es homenajeado por Quentin Tarantino para una secuencia de Jackie Brown (1996): en ella seguimos a Pam Grier primero en su coche y después sobre una pared azul mientras suena Street life, y al igual que Burt en La brigada de Sharky, Pam lleva una bolsa con dinero para realizar un intercambio. Combinación de música rítmica y enérgico movimiento.

La dirección de Reynolds es contudente, su trabajo de puesta en escena se basa en un estilo directo apoyado por la fantástica dirección de fotografía de William A. Fraker, que combina paisajes nocturos muy estilizados en los que aplica efectos de claroscuros y sombras propios del cine negro y del thriller de los setenta.  Algunos pasajes de la película recuerdan también al policíaco europeo; al polar francés pero sobre todo al poliziescho italiano, este hecho lo acentúa la presencia como villanos de Vittorio  Gassman y especialmente de Herny Silva, que está brillante en las pocas secuencias en las que aparece: el tratamiento de estas tiene un toque genuinamente poliziesco; la música estridente y angustiante, la oscuridad, planos angulados, y Silva que aparece totalmente enloquecido y esnifa droga continuamente, pasa de la tranquilidad a realizar movimientos convulsivos.

La película arranca y finaliza con secuencias en las que se trabaja el concepto de la violencia: una persecución en el inicio que finaliza en un autobús que perfectamente podríamos ver en cualquiera de las cintas de la saga de Harry el sucio, posteriormente vemos las torturas que recibe Sharky en un barco: la noche es profunda y todo es oscuro, le cortan varios dedos a Sharky, a continuación estalla la violencia y escapa. Burt no nos priva de ningún disparo, ni de las consecuencias de los disparos, las balas impactan de forma violenta en los cuerpos, la sangre es muy roja, y como en las películas de Siegel y Peckinpah, la violencia existe y hay que mostrarla. Y el final de la película es un asedio en el que la brigada de Sharky va cayendo uno a uno, hasta el duelo final entre Reynolds y Silva.

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Burt Reynolds que comienza la película con barba en la segunda secuencia ya retoma su inseparable bigote. Se trata de un personaje solitario, silencioso, testarudo, terco y con un sentido de la ley y la justicia extremo. Y a partir de aquí comienza la parte más curiosa de la película que ocupa prácticamente todo el segundo acto, y es la vigilancia a la que somete a Dominoe, una prostituta de lujo intepretada por Rachel Ward, exhuberante y hermosa. Reynolds la observa día y noche desde un apartamente delanet del edificio de lujo en el que vive esta, oye sus conversaciones, la sigue a una clase de baile en plan Fama en el gym, y al igual que James Stewart en La ventana indiscreta, Reynolds no se separa de sus prismáticos, observando y obsesionándose con su cuerpo y su figura. Hasta el punto en el que en una secuencia mediante el montaje, Dominoe parece que baila para Sharky llegando incluso a cantar la misma canción, Burt se enamora y como director suaviza las formas.

Sharky´s machine- observandoM8DSHMA EC003

Y a partir de aquí la película gira hacia el clásico de cine negro Laura: Dominoe aparentemente ha sido asesinada en su apartamento, y cuando Reynolds visita el apartamento la ve aparecer por la puerta, como el retrato que Dana Andrews obserbava con fascinación, la figura de Dominoe se acerca a la cámara como un fantasma. Realmente, una amiga de esta había muerto en su lugar. Y presenciamos al Reynolds más humano y frágil: al principio se muestra duro y violento con Dominoe, se ha enamorado de una puta. Tienen una discusión: Burt quiere obtener respuetas de Dominoe pero ella no quiere hablar, este se enfada y le recrimina su profesión, entonces ella indignada le abofetea y Burt contesta zarandeándola y con otro bofetón, entonces ella sollozando le pregunta: “¿Es qué no sabe tener en sus brazos a una mujer?” ,  él, contesta furioso   “Sí, mejor de lo que se imagina, pero yo no tengo 1000 dolares”.  La escena es igual a una que tiene en Destino fatal junto a Cathernine Deneuve; ella también es una prostituta y él un policia, son pareja y él la zarandea tras recriminarle su profesión, pelean violentamente y terminan haciendo el amor. Sabe que únicamente  ella, una prostituta puede entender lo solitaria de su existencia, así como atemperar su salvaje instinto.  A la mañana siguiente, encontramos a un Reynolds más nostálgico, cariños y romántico, ella finalmente cae en sus brazos.  Al contrario que en Destino fatal, el final de Sharky y Dominoe es más positivo.

 

Jugar duro (Stick, Burt Reynolds, 1985)

Los elementos para que esta película triunfe a priori son numeroso: una novela del recientemente fallecido y prestigioso Elmore Leonard (autor de la novela Rum Punch en la que Tarantino se basó para realizar Jackie Brown),  una historia llena de acción, romance, Jugar durovenganza y comedia ambientada en los calurosos paisajes de Miami, Reynolds que vuelve a la dirección y un casting en el que se rodea con grandes actores como Candice Bergen, Charles Durning y George Segal. Pero el resultado final no es el esperado: la dirección de Reynolds es monótona y carece de fuerza, la trama se diluye y pierde poco a poco el interés, y todo el look del filme tiene un aire televisivo al que no ayuda para nada ni la banda sonora de reminiscencias tropicales que parece sacada de una película de Bud Spencer y Terence Hill (los grandes compositores italianos Guido y Maurizio de Angelis) ni la insulsa dirección de fotografía totalmente carente de matices.

Burt basa su apuesta en el trabajo interpretativo del casting y en la historia, pero a pesar de que todos son grandes actores, los personajes resultan un tanto exagerados y caricaturescos. Sin embargo,  la película es lo suficientemente entrañable como para disfrutar del trabajo inerpretativo de Burt, aquí su registro es variado: su personaje de tipo duro que sale de la cárcel y busca vengar la muerte de un amigo. Se muestra divertido y seductor, enseñándonos siempre su encantadora sonrisa. Enamora y se enamora de Candice Bergen y lo vemos cariñoso haciendo de padre que quiere recuperar a su hija. Busca la redención y el amor, el peligro le acecha, pero como siempre Burt tiene armas con las que defenderse. Al final se queda con la chica y con su hija.

Acorralado en Las Vegas (Heat, Dick Richards, 1986)

Acorralado en Las Vegas tiene un principio curioso: nos muestra al típico Reynolds de los años setenta; en un bar country de carretera piropea a una rubia, aparece su novio pero Burt intenta ligar de nuevo con la chica mostrándose arrogante y soez. Tiene una pelea con el novio, un mindundi al que le arranca el peluquín, y Burt acaba apaleado y humillado por el tipo que se marcha con su novia emocionada. En la siguiente secuencia descubrimos que el tipo conoce a Burt y quiere pagarle por haberse dejado apalizar ante su novia. Aquí Burt es de nuevo un tipo duro con un lejano pasado como mercenario que actualmente se gana la vida ayudando a perdedores y en el que su nuevo trabajo será acompañar a un millonario cobarde que quiere jugar en los casinos de Las Vegas pero no se atreve a hacerlo solo.

La película está continuamente bañada de música jazz, lo que le da a toda la cinta y a Burt un tono nostálgico. Burt se juega la vida por ayudar a una amiga suya que quiere vengarse Heat posterde unos tipos que la han chuleado, dando a entender que esta es una prostituta y que en otros tiempos Burt había sido su proxeneta. Posters de Venecia inundan su oficina así como su pequeño apartamento, continuamente sueña con poder viajar a la ciudad de los canales y retirarse a vivir alli, pero cuando tiene la oportunidad de conseguir el dinero en un casino, decide seguir apostando y lo pierde todo. Entonces se rebela como un jugador empedernido y un cobarde incapaza de afrontar los cambios y su propio destino. Reynolds ayuda a todos pero es incapaza de aydarse a si mismo. La película combina comedia con apuntes dramáticos, que en general funciona a pesar de alguna secuencia de acción penosamente ejecutada.

Y de nuevo la violencia y el peligro acechan su vida. El título español de la película fusila y se aprovecha del título de la película con Stallone Acorralado (First Blood, Ted Kotcheff, 1982), ya que durante el final de la película Burt sufre el asedio y es acorralado por una banda de asesinos que quiere matarle, pero no pueden con él y de forma sistemática y organizada los irá eliminando uno a uno, como si de una slasher movie se tratara. El último plano es de Burt con una camisa roja en una góndola veneciana.

Malone (Harley Cokeliss, 1987)

Malone es un buen thriller con ambientación rural. Burt encarna a un agente de la CIA cuya misión es ejecutar a un tipo, pero en el último momento se arrepiente. Para evitar que descubran su identidad y asesinen, le cambian la identidad y se retira dirección al sur; su coche se avería y termina en una vieja gasolinera donde entabla amistad con el dueño que vive con su hija, estos le ofrecen cobijo temporalmente. Burt se muestra como un tipo misterioso, callado y respetuoso. Por supuesto, la violencia le persigue, y toma forma de un grupo de vulgares mafiosos que quieren adueñarse del terreno donde se ubica la gasolinera. Cuando hay problemas, Burt no tarda en responder de forma contundente mostrando sus capacidades en el arte de la lucha. En un personaje similar al de Eastwood en El jinete pálido, de nuevo encontramos el vaquero solitario que aparece de la nada para proteger a los desvalidos de las agresiones de los poderosos villanos.

Malone posterMalone 3

La cinta es entretenida, el jefe de la banda de mafiosos lo interpreta el gran Cliff Robertson de manera convicente. Burt tiene más pelo que nunca y las imágenes a cámara lenta en las que dispara una recortada son magníficas. Toda la parte final está teñida de violencia y sangre filmada al más puro estilo Walter Hill, con un buen trabajo de illuminación en las secuencias nocturnas. La película tiene el mismo aire y espíritu que otras dos películas de finales de los noventa: la primera es Traición sin límites (Extreme prejudice, Walter Hill, 1987) y la segunda es  Tiro mortal (Dead bang, John Frankenheimer, 1989); paisajes desérticos del medio oeste americano, héroes solos ante el peligro, tiroteos interminables, polvo y disparos que impactan de forma violenta en los cuerpos.

Otro asedio más a Burt, y otra nueva victoria.

Chicago en rojo (Rent-a-cop, Jerry London, 1987)

En este nuevo intento de encontrar el éxito Reynolds  combina thriller policíaco con comedia romántica, compartiendo cartel con Liza Minelli, con la que ya había trabajado en Los aventureros de Lucky Lady (Lucky lady, Stanley Donen, 1975) y que en aquellos años también estaba viviendo su propia decadencia personal debido a  problemas con el alcohol y las drogas.

Chicago en rojo - LizaChicago en rojo - Brut dispara

He de decir que siento mucho cariño por esta película: Burt hace de nuevo de tipo rudo y bruto, un buen policía al que han retirado la placa por insubordinación y Minelli hace de prostituta, antigua bailarina que no deja de hablar un instante. El destino les une en una redada en la que mueren varios policias y Minelli está implicada como testigo. Finalmente Burt acabará protegiendo a Minelli. Ella está hiperactuada y pesada, y Burt contraresta con comentarios ácidos que los convierten en una pareja entrañable. La química entre los dos surge de forma misteriosa y enigmática. Es la historia de dos auténticos losers interpretados por dos actores en plena decadencia; la combinación de los dos actores es tan barroca que terminan por crear una pareja entrañable. Por los viejos tiempos.

La película es una curiosa combinación de screwball comedy,  cinta romántica y buddy movie ochentera al más puro estilo de Arma letal (Lethal weapon, Richard Donner, 1987). Chicago en rojo posterEncontramos una trama de corrupción policial que finalmente acaba redimida por un arrepentido expolicia corrupto y como villano encontramos a un curioso James Remar en un personaje hiperfreaky llamado Dancer cuya pasión y obsesón es bailar en las discotecas más modernas de Chicago, siempre con un punzón guardado en su bolsillo. La aterciopelada y bonita banda sonora de Jerry Goldsmith que acompaña la película es fantástica y  a pesar de  que toda la cinta está pasada por el filtro de la dulzona comedia de los ochenta el final es hiperviolento y oscuro, rozando el absurdo gore: Dancer, el asesino que lleva un casco de motorista quiere matar a Liza, Burt, tras una pelea, acaba metiéndole a este una granada dentro del casco, su cabeza explota, entonces Liza pregunta: “¿Está vivo?”, y un policía que acaba de llegar a la escena exclama sorprendido: “¡No tiene cabeza!”. Liza y Burt encaminan su particular ocaso pero acaban juntos, felices y enamorados. Esto sigue siendo Hollywood.

Desde muy pequeño y antes de tener el primer reproductor de VHS en casa, me gustaba pasar horas y horas en el videoclub de debajo de mi casa, el Rocho. Analizaba una a una las carátulas de los estuches de las diferentes secciones, especialmente las de acción y  terror: leía las sinopsis, miraba las fotos de la contraportada, las duración, el casting,… y Burt estaba por todas partes. Curiosamente una vez que tuve mi reproductor de video nunca alquilé una protagonizada por él,  siempre me decantaba por las de Stallone, Bronson o Eastwood, una fuerza misteriosa me susurraba y convencía para que no las escogiera, pensando que en ellas no iba a encontrar lo que buscaba: pura acción. Nada más lejos de la realidad, la acción permanece allí.

CATALOGANDO A BURT REYNOLDS PARTE I: CLINT EASTWOOD, RIVAL Y AMIGO

Soy fan de Clint Eastwood, siento una gran admiración por su trabajo y su obra.  Como un fiel amigo y compañero, sus películas y su figura acompañan mi vida en muchos de sus momentos; él madura, yo crezco; él se hace mayor y yo envejezco. Las etapas se superponen, se descubren y se revisan, pero afortunadamente el último capítulo aun no está escrito, porque aunque en esta ocasión se esté haciendo esperar (han pasado tres años desde su última obra como director), parece que en estos momentos su próxima película está en fase de escritura. Pero este artículo no está dedicado a Clint, todavía no. Clint está en catálogo, nunca ha dejado de estarlo. En los últimos meses he sentido la necesidad de rescatar a otro icono del cine de acción, porque en su día Clint fue, un icono de las macho movies.  Antes que autor o director de culto, compitió con Sylvester Stallone, Charles Bronson o Chuck Norris para ser el tipo más duro del firmamento. Aunque especialmente compitió con Burt Reynolds.

Los años setenta fueron indiscutiblemente suyos. Eran jóvenes y guapos, masculinos y fuertes: Eastwood compaginaba éxitos de la mano de su mentor Don Siegel gracias a su segundo apellido para la gran pantalla, Callahan. Reynolds quemaba neumáticos levantando polvaredas por los caminos más sucios de Texas, triunfaba con las mujeres más bellas hasta llegar a ser la estrella mejor pagada de la época. Clint comenzaba una exitosa carrera como productor y director que poco a poco se fue consolidando en la autoría y con el prestigio de Cannes entre ceja y ceja. Burt, por su parte, tuvo la oportunidad de trabajar con varios de los maestros de la generación de la violencia: Sam Fuller en Arma de doble filo (Shark, 1970), Robert Aldrich en El rompehueos (The longest yard, 1974) y Destino fatal (Hustle, 1975) y Don Siegel en Golpe audaz (Rough cut, 1980). También tuvo tiempor de protagonizar una de las películas clave del thriller norteamericano de la época; Defensa (Deliverance, 1972). Y al igual que Clint, Burt comenzó una carrera como productor y director de sus propias películas.

Deliverance posterGolpe audaz

Los ochenta debían suponer la consolidación definitva de sus carreras. El tránsito de los cuarenta a los cincuenta darían paso a la madurez interpretativa y a perfilar su carrera como directores/productores . Con los ochenta llegaría el conservadurismo, el auge del vídeo doméstico y el mainstream, tan indefenso para el espíritu como beneficioso para la taquilla. Los duros son cada vez más duros, más fuertes, musculosos y el perímetro de los bíceps aumenta a medida que Sly y Arnold marcan el ritmo. Clint alternó éxitos y moderados fracasos, pero sobre todo encauzó Burt y Clintsu carrera como director, preparando el terreno para William Munny con su interpretación en El jinete pálido (Pale rider, 1985) y colocando la primera piedra en el olimpo de su gran legado como autor. Sin necesidad de aparecer como actor en Bird (1987) demostraba que no era un cualquiera detrás de la cámara.  A medida que la carrera de Clint plantaba los cimientos para lo que serán dos décadas gloriosas de éxitos, premios y reconocimientos, la carrera de Reynolds se precipita poco a poco, película a película en una serie de fracasos de taquilla y desencuentros con la crítica hasta que a finales de los ochenta su figura se evapora y prácticamente desaparece de los circuitos cinematográficos. ¿Por qué sucede algo así?

A veces es más importante la acertada elección de los proyectos que el esfuerzo y el talento dedicado a éstos. Burt trabaja más que nunca en los ochenta intentando mantener su estatus de estrella y ampliando los registros al mismo tiempo. Por una parte interpreta varias comedias, algo que supone siempre un reto interpretativo: la cinta romántica sobre los peligros del matrimonio Amigos muy íntimos (Best friends, Norman Jewison, 1983) en la que trabaja con Goldie Hawn e interpreta a un sencillo e ingenuo escritor reconvertido a guioniosta de Hollywood; la comedia musical  La casa más divertida de Texas (The best little whorehouse in Texas, Colin Higgins, 1982), en la que interpreta a un sheriff sureño rudo y chapado a la antigua, incapaz de decir “te quiero”, aunque de gran corazón y en la que incluso se atreve a cantar una canción junto a Dolly Parton.  También intenta acometer otras comedias que le insuflen más prestigio a su carrera como Mis problemas con las mujeres (The man who loved women, Blake Edwards, 1983) e Interferencias (Switching channels, Ted Kotcheff, 1988).

La casa más divertida de TexasBurt en bolas

Recupera también su personaje de caradura y jeta sureño, obsesinado con los coches y la velocidad en una vorágine de carreras y persecuciones por interminables carreteras de árido desierto, peleas en clubs de country, mucha cerveza y altas dosis de humor grueso. Retoma el personaje de Bandit de Los caraduras (Somokey and the Bandit, Hal Needham, 1977) en su secuela Vuelven los caraduras (Smokey and the Bandit II, 1980), y sigue trabajando con Needham en As de plumas (Stroker Ace, 1983), en Los locos del Cannonball (Cannonball Run, 1981) y Los locos del Cannonbal II (Cannonball Run II, 1984).

Reynolds se empeña en marcar una línea seria en su carrera pero no desea olvidar el tipo de personajes que le dieron el éxito en los 70.  Y los fracasos se van acumulando.

As de plumasVuelven los caraduras

También continúa ejerciendo de tipo duro en algunas cintas de acción en las que  transforma el arquetipo de caradura y machista engreído de la década anterior en personajes solitarios e implacables sin dejar de ser románticos e idealistas, violentos, pero ingenuos y tiernos, soñadores y cascarrabias. Envoltorios que Eastwood se adueñará a finales de los noventa en algunas de sus interpretaciones y que acabarán cristalizando definitivamente en su papel en Gran Torino (2009).

Burt también dirigió dos películas en los ochenta con diferente suerte: la espléndida La brigada de Sharky (Sharky´s machine, 1981) y la desafortunada Jugar duro (Stick, 1985).

Pero, si este artículo está dedicado a Burt Reynolds, ¿por qué he comenzado hablando sobre Eastwood? Por tres motivos:

1- Son grandes amigos y sus carreras tienen muchos puntos en común: tienen una edad similar, los dos comenzaron sus carreras trabajando en series de televisión del oeste ( Eastwood/Rawhide , Reynolds/Gunsmoke) y en spaghetti westerns en Europa con maestros italianos (Eastwood/Sergio Leone,  Reynolds/Corbucci); los dos se convirtieron en estrellas y tipos duros en los setenta; compartieron cartel con sus respetivas parejas (Clint y Sondra Locke, Burt y Sally Field); trabajaron bajo las órdenes de Don Siegel y los dos rechazaron el papel de James Bond. También tiene en común haber dirigido con sus propias productoras (Deliverance/Malpaso)…, en los ochenta la carrera de uno sube como la espuma, la del otro se evapora como la colonia.

Burt y Sally FieldClint y Sondra 2

2-Los dos protagonizan Ciudad muy caliente (City heat, Richard Benjamin, 1984). Tras más de una década de rivalidad en la taquilla, por fin las dos estrellas se reúnen en una cinta que  curiosamente es una de las películas más olvidadas de Eastwood, y por supuesto de Reynolds: una comedia de ambientación retro en la época de gángsters que deja insatisfechos a todos, tanto a los fans de uno como de otro. Clint se muestra bastante pasivo e inmutable, haciendo de Eastwood más que nunca y gruñendo cuando le molestan. Reynolds por su parte interpreta a un pobre diablo en un sufrido esfuerzo por parecer gracioso. Finalmente la cinta se convierte en una competición para ver quién la tiene más grande (la pistola). Hay un apunte interesante cuando parece que se va establecer entre ellos una lucha por conseguir a la misma mujer: en el último momento Reynolds se decanta por otra dama y los dos terminan como amigos, los dos ganan. Benjamin, el director,  como es habitual en su filmografía, resuelve el asunto con poca personalidad  y la peli sufre el síndrome de muchas de las películas que interpreta Eastwood y no dirige: parece una película de Eastwood,  pero realmente no lo es.

3-Dice la leyenda que Clint aconsejó a Burt la lectura de la novela de William Diehl, Sharky´s machine,  que este último acabó adaptando para realizar su gran obra como director: La brigada de Sharky. En palabras del propio Eastwood: “Es como Harry el sucio pero en Atlanta”. A Burt le encantó porqué tenía partes de La ventana indiscreta (Rear window, Alfred Hitchcock, 1954) y Laura (Otto Preminger, 1944), dos de sus películas favoritas.

Dirty HarryLa brigada de Sharky 2

El resto es historia;  Clint triunfó y ganó Oscars de la Academia y  Burt siguió trabajando sin cesar en infinidad de películas mediocres, subproductos directo to video y series de televisión en las que habitualmete salvo el producto por su mera presencia en la pantalla. También regresó de manera gloriosa  al fugaz estrellato en un par de ocasiones: como director de cine porno empeñado en glorificar el género (con ecos del esfuerzo del propio Reynolds como director) gracias a su brillante interpretación en Boogie Nights (Paul Thomas Anderson, 1997) y como tiránico e implacable jefe de equipo de fórmula 1 en un papel totalmente irónico y cargado de cierta mala leche en Driven (Renny Harlin, 2001). Burt que durante tantos años había pilotado coches por toda norteamérica aquí se ve relegado y lleno de frustración a una silla de ruedas, realizando una gran actuación en la cinta de acción sobre el mundo del motor junto a Sylvester Stallone.

Burt en Boogie NightsMBDSHMA EC041

Soy fan de Burt Reynolds.