¡BINGO! GARCI Y LA MELODÍA DE AL PACINO

Cada vez que veo Melodía de seducción (Harold Becker, 1989) me gusta más y más. La vi en el cine a los 12 años y me impactó. Revisándola varias veces en los últimos años entiendo mejor porqué. La violencia, la pasión, la intriga y el aroma de thriller perverso, nocturno y desmesurado, que destila pueden impresionar a un niño y también hacer disfrutar a un cuarentón.

Tenía ganas de escribir sobre Sea of Love (título original) desde hace tiempo y he de agradecer a José Luís Garci el empuje definitivo que me ha dado para hacerlo. ¿Qué tiene que ver Garci con Al Pacino y Ellen Barkin? Aparentemente nada, salvo que navegando entre podcasts sobre cine encontré uno del mítico programa Qué grande es el cine de La 2, que giraba entorno a este clásico moderno del thriller. Garci no está en mi top 10 de directores españoles, pero como cinéfilo y comunicador especializado en cine me gusta y sus podcasts son ideales para aprender sobre cine (y también para quedarte dormido).

Al Pacino y Ellen Barkin, aunque no lo parezca, se atraen.

¡Qué grande es el cine!

Así que… ¡Bingo! A Garci le encanta Melodía de seducción y a mí también. Una película que retrata Manhattan de noche en los 80 ya tiene un especial atractivo para mí, pero si además tiene un excelente guion como el de Richard Price, guionista de una de las mejores series policíacas como es The Wire (2002-2008), el placer aumenta hasta niveles estratosféricos. El retrato del policía interpretado por Pacino, desesperado, alcoholizado y totalmente perdido, así como su relación con el personaje interpretado por John Goodman nos recuerdan a la relación de McNulty y Bunk en la serie creada por David Simon. Price, un auténtico especialista en el guion de cine negro con títulos como El color del dinero (Martin Scorsese, 1986) o Rescate (Ron Howard, 1996), diseña una trama perfecta en la que combina la descripción del universo y el trabajo de la policía de Nueva York con elementos puros y genuinos del cine noir más clásicos y de la moda del thriller erótico que apuntaba maneras en los ochenta con Fuego en el cuerpo (Lawrence Kasdan, 1981) o Atracción fatal (Adrian Lyne, 1987) y que estallaría definitivamente con el éxito de Instinto básico (Paul Verhoeven, 1992)

Garci en ¡Qué grande es el cine! pensando en su próximo cigarro

El equilibrio perfecto de Richard Price

Secuencias como la que abre la película en la que la policía monta una redada haciéndose pasar por representantes de un evento para fans del equipo de béisbol de los Yankees; o la escena de la fiesta de graduación de los agentes de policía, dotan el film de un realismo que se equilibra perfectamente con las secuencias puramente noir y de encuentros sexuales/románticos entre Al Pacino y Ellen Barkin. La manida premisa de “policía que se enamora de la supuesta asesina” se convierte, gracias a la combinación entre el realismo del universo policíaco y el torbellino de pasión que se desata entre los dos protagonistas, en un artefacto muy sugerente y original. Las imágenes de sexo estilizado tan de moda a finales de los ochenta por culpa (o gracias) a Nueve semanas y media (Adrian Lyne, 1986) funcionan como hilo conductor de la principal trama de la película: la historia de amor entre un policía melancólico, alcohólico y solitario y una madre separada, obsesionada por encontrar el amor y asediada por su exmarido. Una relación que lleva a su protagonista a enamorarse como un adolescente capaz de comprarse unos ridículos zapatos de piel de tigre y a debatirse entre su deber como policía, sin poder evitar su imparable descenso a los infiernos.

Pacino, mejor que nunca

Pero sí hay algo que me fascina de esta película es la interpretación de Al Pacino. Exagerado, impulsivo, con un sinfín de aspavientos, personifica a la perfección la soledad, la angustia y la desesperación. La transición que hace su personaje desde el abatimiento inicial, la ira descontrolada, la rabia y el victimismo patético hacia ese hombre capaz de enamorarse y desnudarse emocionalmente. Ese personaje que llega a mostrarse débil, divertido, dubitativo y a la vez comprometido con su oficio es magnífico.

Cada vez que Pacino grita “¡Bingo!” y choca sus manos, Garci bebe de su whisky y le da una calada al cigarrillo. Y yo sonrío.

 

 

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POLICIAS (NO DEL TODO) EJEMPLARES: EL CÓDIGO DE BRIAN DENNEHEY

¿Qué harías si llegaran hasta tus manos 22 millones de dólares provenientes del tráfico de drogas? Este dilema  se convierte en una cuestión moral para los protagonistas de Código azul (The Last of the Finest, John Mackenzie, 1990), película que he descubierto en los últimos meses y se ha convertido para mi en una auténtica debilidad. La imagen de su póster publicitario en la que se disponen los rostros de los cuatro actores protagonistas vestidos de agentes de la policía de los Ángeles (me encantan las iniciales LAPD), pistolas en mano, placas y estrellas en la solapa, era el único recuerdo asociado a Código azul posteresta obra. ¿Qué cuatro actores? Brian Dennehey, Joe Pantoliano, Jeff Fahey y Bill Paxton; diferentes calidades, ligas mayores y menores, pero lo que no se puede negar es la indudable falta de carisma de ninguno de  los cuatro, es más, la unión de todos ellos funciona a la perfección, sobre todo por el trabajo depurado y preciso de Brian Dennehey; una presencia contundente por su aspecto pasado de peso, y su indudable atractivo, irónico e inteligente, con la furia aflorando en sus cejas eternamente levantadas, dispuesto tanto a encararse verbalmente, cara a cara, a cualquier superior o malhechor de turno, como a seducir a cualquier dama o liderar, dar calma y tranquilidad a su equipo de fieles policías.

Código azul es una historia policíaca ambientada en Los Ángeles; ciudad abierta, soleada,  grande, espaciosa, de grandes avenidas, cercana al desierto y cercana al mar, la otra ciudad del pecado. Si Nueva York es un laberinto oscuro en el que millones de seres humanos se apilan en sus callejones como hormigas ante un trozo de pan, en L. A. el mal habita en las mansiones más grandes y lujosas.  Casas situadas en lo más alto de Hollywood, como bien retratan las historias de David Lynch y Paul Schrader. Pero esta es una historia policíaca en el más amplio sentido de la palabra ya que los auténticos protagonistas son un cuerpo especial dentro de la policía que sigue la pista de un importante traficante de drogas. Este cuerpo independiente emprende una cruzada personal cuando son apartados del caso, continuando a partir de este momento con su investigación sin autorización de sus superiores. La corrupción que machaca al cuerpo de la policía y a la ciudad de Los Ángeles es el caldo de cultivo que reactiva a este grupo de hombres, padres de familia,  nobles y honrados policías, o como bien define el título original de la película “los últimos de los mejores”. En un tiroteo sucedido en una de las investigaciones, uno de los cuatro policías muere, dejando a su mujer embarazada. Tras esto, el personaje de Dennehey, el líder del grupo, decide dimitir de su cargo, lo que provoca que sus dos compañeros hagan lo mismo para continuar con su investigación ya como civiles pero ahora con un motivo más importante si cabe: hacer justicia y vengar la muerte de su compañero asesinado.

El equipoBrian escuchando

Pero cuando consiguen averiguar dónde se va a producir el intercambio de dinero, drogas y armas, en el que están involucrados varios altos cargos políticos y del cuerpo de policía, son descubiertos y huyen en el primer camión que encuentran. Un camión que transporta el dinero negro de la operación: unos 24 millones de euros en billetes de cien dólares.

La película es un magnífico policíaco que funciona perfectamente como película de acción gracias al buen hacer en la dirección del veterano director escocés John Mackenzie, un director siempre sobrio y eficaz, que nos había regalado dos buenas películas de espionaje en la década de los ochenta, El Cónsul Honorario (The Honorary Consul, 1983) y El Cuarto Protocolo (The Fourth Protocol, 1987). Buen director de actores, y capaz de dotar de ritmo e intensidad a las secuencias de acción, su trabajo en esta película es soberbio. Los detalles del día a día de los personajes, el concepto de grupo, de equipo y de familia, tanto a nivel individual de cada personaje con su familia, como a todas las familias formando una especie de comunidad independiente. Estos detalles presentes en el guión, son ejecutados en pantalla de una manera perfecta tanto por la dirección deEl cuarto protocolo Mackenzie como por el trabajo de los actores. Esto queda claro desde la primera secuencia en la que Dennehey explica a sus hombres el plan que han de ejecutar, filmada en primeros planos, resultarás ser finalmente las indicaciones para un partido de fútbol americano que van a jugar, quedando asentado el concepto de equipo, y por tanto de una competición con unas reglas que han de respetarse. A continuación vemos a Dennehey en la bañera de su casa, su mujer y sus hijos entran para pedirle cosas, retratando una familia americana, “normal, feliz y unida”. Y sobre todo hay una secuencia en la que todo esto está mostrado de forma fantástica: los personajes asisten a una fiesta que parece organizar la policía en un muelle en la playa; Dennehey baila con su mujer, el personaje de Pantoliano llega acompañado por su mujer  y sus tres hijos, Paxton con su mujer embarazada y por último Fahey con su novia que presenta a todos sus compañeros. Tras una conversación se produce una elpisis. Una panorámica nos muestra en primera instancia a los niños durmiendo en el coche para luego pasar a los cuatro policías y sus mujeres caminando por la playa, al amanecer, tras lo que parece haber sido una noche de juerga; hablan, ríen haciendo bromas y terminan metiéndose en el agua en un acto que parecería más propio de unos adolescentes que de unos padres de familia.

Código azul también pivota sobre la dicotomía entre la nobleza y lealtadad representada por los hombres de Dennehey  en contra de la corrupción que representa los superioresde policía, políticos y empresarios involucrados en un turbio negocio de armas Fx 2 ilusiones mortalesy drogas. Sin embargo, la supuesta lealtad y nobleza de los policías se ve continuamente en entredicho poniendo de relieve la fragilidad no tan solo del trabajo de agente policíaco como del hombre en si mismo. Al ser apartados del caso, el cuerpo sigue trabajando sin permiso, y tras dimitir del cuerpo de policía siguen la investigación como civiles, convirtiéndose en unos vengadores callejeros o como dirían en USA unos “vigilantes”. El hallazgo del botín y las dudas de que hacer con el, quedárselo o devolverlo, ¿pero a quién?,  acaban de dinamitar los principios morales de un grupo de policías honrados. Un detalle de guión muy ingenioso e irónico da forma a esta idea de “dinero negro o sucio”: los policías esconden el dinero en bolsas de basura en una fosa séptica que están construyendo para el campo de fútbol para que jueguen sus hijos. En la secuencia final cuando los “malvados” sacan el dinero, literalmente, llenará de mierda todo y a todos, ensuciando a todos los involucrados en el asunto.

Es verdad que Brian Dennehey le hizo la vida imposible a Stallone  en Acorralado (First Blood, Ted Kotcheff, 1982), ganándose el odio y la antipatía de casi todos, pero ya entonces “molaba” ver como sus cejas se levantaban enfado tras enfado, bronca tras bronca. Años más tarde en Cocoon (Ron Howard, 1985) y en F/X Efectos mortales (F/X, Robert Mandel, 1986)  todo el mundo ya se puso de su parte.

Tocando los huevos a SlyStallone

Cuando sea mayor quiero ser como Brian Dennehey. Aquí mando yo y esto es lo que hay.

UN TRABAJO POLICÍACO (MONTREAL-BROOKLYN-ZARAGOZA-BARCELONA)

 Me gusta observar una nueva película como si ya la hubiera visto hace años, de esta manera el poso que queda en mi recuerdo está presente desde la primera vez, y en apenas unas horas puedo jugar a grabar a fuego ciertos recuerdos e inventarme otros para recrear mi propia versión de la historia

One police PlazaInvestigando para escribir el artículo sobre La araña roja (The red spider, Jerry Jameson, 1989) descubrí que tres años ante la CBS había producido otro telefilme llamado Un trabajo policíaco (One police Plaza, Jerry Jameson, 1986). Al igual que La araña roja está inspirada en la misma novela y vendría a ser su precuela. Como si fuera el protagonista de estas dos películas, el teniente Daniel Malone, comencé una investigación en la red para conseguir una copia. Internet se convirtió en un laberinto donde cada nueva pista me fue llevando a otra. Reconozco que lo más difícil fue averiguar el título con el que se estrenó en nuestro país, pero una vez que lo conseguí, encontré una única copia en vhs a la venta: “¿desea comprar el artículo?” ¡Claro que SI!

Tras ver varias veces la película he desarrollado una sensación extraña, algo así como una nostalgia respecto a un recuerdo no vivido. El recuerdo de La araña roja me había acompañado durante años, revoloteando sobre mi cabeza de tanto en tanto, y desapareciendo luego para asomar sus patas definitivamente hace un par de años. Pero ¿cuál es el sentido de la nostalgia aplicado a esta película que apenas he descubierto hace unos meses?

El primer pase que hice de Un trabajo policíaco estuvo muy condicionado por la sombra de su secuela, La araña roja. Durante todo su visionado me esforcé en compararlas, encontrando similitudes y descubriendo diferencias,  que en esta ocasión son casi todas aunque el espíritu de las dos cintas sea prácticamente el mismo.

Hay dos diferencias importantes respecto a su secuela:  la primera es un presupuesto más generoso que se puede comprobrar en la variedad de localizaciones y sobre todo en el final que incluye un tiroteo con ametralladoras, granadas y un tanque muy en la línea de Los hombres de Harrelson (S.W.A.T. Robert Hammer y Lee Stanley, 1975-1976). La segunda diferencia es que la  puesta en escena y la planficación están más cuidadas por parte de Jerry Jameson. Hay secuencias donde la fotografía intenta ser expresiva empleando sutiles movimientos de cámara, eso si, sin dejar de ser una puesta en escena absolutamente televisiva.

Pero en mi segundo visionado mientras initento descifrar los misterios que todavía se me plantean y dar respuesta a  varias incongruencias de su argumento, los mecanismos de la nostalgia no vivida se ponen en funcionamiento. Estallan en mi cerebro para trasladarme a dos lugares,  dos momentos y dos recuerdos totalmente alejados en el tiempo y en el espacio.

Primer recuerdo:

 “He convencido a mi madre para que me deje ver el estreno del sábado noche de la CBS, he visto varias veces el anuncio en la tele y además de tener muy buena pinta,  la peli está rodada en la gran manzana, cerca de donde viven el abuelo Max y la abuela Geraldine.  Diría incluso que una calle que aparece es la calle donde me llevan los domingos a merendar: batido de fresa y chocolate, hamburguesa de búfalo con patatas y pastel de naranja confitada, siempre con mucha nata encima. No puedo afirmar que conozca Manhattan como la palma de mi mano ya que nunca hemos pasado ni con mis padres ni con los abuelos de Central Park, pero he ido muchas más veces que mis compañeros Seaton, Willi Bee y June que apenas han salido del barrio, por no decir que ninguno de ellos ni tan siquiera ha ido a Coney Island. Lo más cerca que ha estado Seaton de Coney Island es la camiseta roja con la montaña rusa que le trajo su primo Donnie cuando estuvo en el parque de atracciones el año pasado. Tenía muchas ganas de ver esta película, siempre que dan una peli que está ambientada en mi ciudad siento una excitación especial, me encanta jugar a adivinar y reconocer los lugares que me son familiares y más cuando son en Manhattan, que es donde viviré cuando cumpla dieciocho años y comience a trabajar en algún espectáculo de Broadway. La primera imagen que veo ya me ha dejado en estado de shock, se ve el puente de Brooklyn desde muy cerca de donde vamos mucho a jugar con papá y con el pequeño Mark. Casi podría decir que es la misma imagen que he visto más de mil veces desde los binoculares que hay a un lado de la bahía. ¿Y después? Después he hecho un continuo esfuerzo pero no he conseguido reconocer ninguna calle  ni ningún edificio más… hasta que mi madre me ha dicho que  la película no la han filmado en Nueva York. ¿Pero si parece Manhattan? ¿Cómo puede no estar filmada aquí? En ese momento me he ido a la Biblioteca que hay en Nassau y me he puesto a investigar en libros de cine y periódicos hasta que he llegado a un anuario de la CBS en la que explica que la película la rodaron en Montreal, ¡Canadá! ¡Qué decepción! Y entonces me he hecho la siguiente pregunta: ¿Y si rodamos una película en Manhattan podría parecer que sucede en Montreal?”

Richie Forshyte 15 de octubre de 1987, Brooklyn, Nueva York USA

 Puente de BrooklynMontreal

Segundo recuerdo:

 “Si por doscientas pesetas más puedo comprar una película original prefiero hacerlo antes que alquilar una aunque me cueste más barato. Es verdad que la que alquile será nueva, de las últimas que han salido en el videoclub, pero si ahorro esas doscientas pesetas más en un par de semanas podré tener una película más en mi estantería. ¡Y si! cuando levanto la vista del libro de turno, o de los malditos apuntes que he de memorizar para la clase de mañana me gusta ver  mi colección de películas creciendo, todas ellas ordenadas por géneros, por directores, por actores o por distribuidoras, por saga o por año de producción. Hacía tiempo que le tenía echado el ojo a Un trabajo policíaco,  hace medio año o puede que más que la veo en la estantería de películas a cien pesetas, casi siempre está libre, pero nunca me he atrevido a alquilarla, ¿la habrá visto alguien? Imagino que cuando la sacaron como novedad durante un tiempo la gente se pelearía por alquilarla, yo no lo recuerdo. Aquí lleva tiempo entre Amor y balas y Harry el fuerte esperando a que se la lleven. Me gusta lo suficiente la carátula como para arriesgarme y tenerla en mi estantería (…)  Acabo de ver la peli en compañía de mi padre, a él le ha parecido un poco aburrida, a mi no me ha desagradado, aunque hay muchas cosas que no he entendido. A veces pasan de un sitio a otro y uno no sabe muy bien porqué. Me ha recordado a algunas series de la tele sobre policías que suceden en Nueva York. Si que hay una cosa que me ha sorprendido bastante y es como el protagonista de la peli que es un tipo muy mayor, creo que podría ser mi abuelo, está con una chica tan joven y guapa. Pero ahí no queda todo, lo peor es que él no la hace caso, ella siempre está insistiéndole en que le cuente como le va el caso y que sucede con los crímenes y el no suelta prenda, se muestra indiferente con ella. Es totalmente lo contrario a lo que hace mi padre que no deja de hablar del trabajo y contar siempre lo mismo sobre su jefe, sus compañeros o como ha conseguido que le suban el sueldo dos veces en menos de un año, pero a él y solo a él. Tendré que verla otra vez para poder tener más claro como llegan al final en el que de golpe hay un tiroteo en un puerto de Nueva York. Está claro que el trabajo de policía tiene que ser muy duro, mucho más que el trabajo de mi padre”

Franciso Gabarre, 8 de marzo de 1992, Zaragoza España.

 Videoclub ZaragozaLisa Banes

Y tras estas dos fugas autobiográficas interconectadas por un videocassette, el círculo se cierra cuando esta cinta llega a mis manos más de veinte años, después de que Francisco me la venda a mí. Dilucidar la historia y las huellas que un objeto anitguo como este tiene impregnadas en su rugosa superficie hace que me pregunte si el círculo seguirá abierto y en un futuro no muy lejano serán otras las historias y recuerdos  que afloren en su próximo espectador. Como si de un remake benigno de The Ring (El círulco, Ringu, Hideo Nakata, 1998) se tratara, las imágenes de Un trabajo policiaco seguirán trabajando y excarvando en los rincones  más inaccesibles de mi nostalgia no vivida.

Miguel Arjona, 21 de junio de 2013, Barcelona España.

UNA ARAÑA ROJA EN MI COLECCIÓN

Lugares comunes en el cine policíaco de los ochenta

Todas la películas tiene su propia historia y una historia con uno mismo. Una historia que te une a ella en un momento determinado, a una cierta edad  y en una situación concreta.

Mi historia con La araña roja (The Red spider, Jerry Jameson 1988) comenzó una noche de verano de hace más de veinte años cuando decidí programar el reproductor de vídeo y grabarla ya que la emitían en la 2 a altas horas de la madrugada. ¿Por qué? Imagino que la reseña del Teleprograma señalaría que tenía al menos un par de estrellas (buena película), pero lo que seguramente me convenció fue que en aquella época (apenas trece años) no disponía de cintas vírgenes por doquier, me sobrarían unos 85 minutos de alguna cinta ya utilizada y La araña roja duraba apenas 80 minutos. No era cuestión de desperdiciar cinta….así que…programé el vídeo.

A la mañana siguiente después de desayunar me puse a ver la película y lo que me encontré fue una turbia historia policiaca con varios elementos que en aquel momento me fascinaron y estremecieron. Una serie de asesinatos cometidos por una prostituta rubia, una araña roja  tatuada en el vientre de las víctimas,  el malsano ambiente de las calles de Nueva York… y el inolvidable rostro de James Farentino.

La araña roja vhs 1

Aquel excitante visionado se convirtió súbitamente en una terrible pesadilla en el momento en el que se detuvo la imagen y el video comenzó a rebobinarse de forma endemoniada. La cinta se había terminado y no tenía el final de la película, nunca supe quien fue el asesino.

No obstante, aquella desgracia no me impidió ver varias veces la película antes de decidir borrarla. Dos décadas después y  tras una pequeña invesigación gracias a la ayuda de internet, consesguí encontrar una vieja copia en vhs de la película ya que había sido distribuida por CBS en los noventa. ¿Quién será el asesino?

La araña roja y yo nos volvíamos a encontrar.

La araña roja es un telefilme dirigido por Jerry Jameson (un realizador que ha hecho toda su carrera en la televisión norteamericana) en el año 1988 y protagonizado por James Farentino en el papel del sargento de policía Malone.  Se trata del típico y tópico telefilme que recorre y transita por infinidad de lugares comunes del cine policiaco de la década de los ochenta.

El cadaver de un policía aparece en un motelucho del barrio del Village en Nueva York con un corte muy profundo en la garganta,  en el vientre tiene una araña roja dibujada con cortes y la principal sospechosa es una mujer rubia, posiblemente una prostituta.  No ha sido la primera víctima, ni será la última. La trama es el clásico “whodunit” o ¿quién lo hizo? en el que el crimen tiene aparentemente un caracter sexual. Desde el drama sobre prostitución adolescente Angel (Robert Vincent O´Neill 1984) ambientada en Los Ángeles hasta el thriller sexual con Clint Eastawood En la cuerda floja (Tightrope, Richard Tuggle 1984) ambientada en Nueva Orleans, el subgénero del thriller sexual nos ha ido mostrando siempre la parte más oscura de la ciudad, un laberinto en el que se mueven los personajes más siniestros y detestables, donde el crímen habita y se reproduce como un virus, y el sexo es mucho más que un intercambio entre dos seres humanos, es un negocio y es un arma de doble filo.

Crímenes sexuales que también forman parte de las tramas tanto del thriller sobre el mundo gay  A la caza (Cruising, William Friedkin 1980) como de la fusión entre giallo ultragore y thriller urbano que es El destripador de Nueva York (Lo squartatore di New York, Lucio Fulci 1982), filmes que conectan con uno de los elementos más interesantes de La araña roja,  y es el escenario de las calles de Manhattan como un lugar en el que el vicio y el crímen campan a sus anchas. Como buen ejemplo de telefilme que es, no abusa de las secuencias en exteriores, pero las pocas que tiene nos muestran un Manhattan lleno de prostitutas, chulos, maleantes, cubos de basura desbordados de porquería, taxis amarillos, carteles luminosos de locales con chicas desnudas, humo que sale del suelo, el puente de Brooklyn, Times Square, la calle 42…

Calle nochecalle 42

Toda una iconografía visual que Martin Socorsese ya había trabajado en Malas calles (Mean streets, 1973) Taxi driver (1976) en los setenta y en Jo que noche (After hours 1985) en los ochenta y que nos muestran a Nueva York como una ciudad tan fascinante como peligrosa. Un ambiente que también encontramos en otra película muy interesante a rescatar, El reportero de la calle 42 (Street smart, Jerry Schatzberg 1987), en la que se mezcla una trama periodística con otra policíaca con los bajos fondos de Nueva York y sus particulares habitantes como protagonistas. Las calles de La araña roja son también las misma sucias calles que tanto le gustaba mostrar a William Lusting en el psychokiller gore Maniac (1980) y sobretodo en Maniac Cop (1998), extraña y alucinada mezcla de filme de terror fantasmal y drama policíaco, sin olvidarnos del aroma de las calles que refleja Abel Ferrara en el policíaco sobre el mundo de las chicas de stripteasse Cuidad del miedo (Fear city 1984).

También son las calles de El exterminador (The exterminator, James Glickenhaus 1980), otro clásico de la serie B “callejera” con la que comparte otro punto interesante de la película: la influencia  de la guerra de Vietnam y sus traumas en los crímenes que se suceden en la gran manzana. Algo que tienen en común las víctimas de La araña roja es que todas habían batallado en la guerra de Vietnam, lo que vincula directamente el caso y el asesino con los traumas de la última gran guerra perdida por los norteamericanos. Al igual que el personaje interpretado por Robert Ginty en El exterminador, la huella de dicho conflicto bélico marca a las víctimas pero sobretodo al asesino de La araña roja. Porque al igual que la cinta de Glickenhaus el telefilme de Jameson es una historia de venganza: en este caso no se trata de una venganza perpretada tras la muerte de un familiar o un ser querido como es el caso de El ex-preso de Corea (Rolling Thunder, John Flynn 1977), Yo so la justicia (Death wish 2, Michael Winner 1982) o la propia El exterminador, todas impulsivas y viscerales. Aquí la venganza es meticulosamente planificada y ha sido ejecutada de manera muy cuidada a lo largo de los años.

Year of the dragonManiac Cop

La película tiene una curiosa y extraña subtrama: el sargento Malone recurre en varias ocasiones a un mafioso chino llamado Sonny Wu para sonsacarle información. Esta subtrama conecta con otra película de la época que es Manhattan Sur (Year of the dragon, Michael Cimino 1985): la mafia china en esta ocasión representa principal eje del mal de la isla y el policia interpretado por Mickey Rourke, es también un personaje traumatizado por la guerra de Vietnam. Su personaje actúa como si la guerra no hubiera terminado todavía, al igual que el asesino de La araña roja.

Y para cerrar la vinculación con la guerra de Vietnam, podemos hablar de una cinta hoy totalmente olvidada y del mismo año que La araña roja, se trata de Saigon (Off limits, Christopher Crowe 1988) .En pleno conflicto bélico dos policías americanos investigan los crímenes de prostitutas que está cometiendo un oficial de alto rango del ejército norteamericano.

El otro punto interesante de la trama es la dignificación del papel de la policía  ante la opinión pública así como ante la propia justicia; representada por el obstinado esfuerzo que se convierte en obsesión del personaje interpretado por James Farentino. Obsesión por solucionar el caso y a la vez cubrir los trapos sucios de los miembros del cuerpo policia, acto obsesivo que llevará hasta sus últimas consecuencias en un sorprendente anticlímax.

Una realización plana, sencilla, que ha sido trabajada de forma ràpida y que huye de cualquier complicación de puesta en escena. No hay persecuciones, no hay tiroteos, no hay sexo explícito, apenas exteriores y unas cuántas panorámicas del edificio de la sede del Departamento de Policia de Nueva York en Park Row. El resto son todos lugares comunes mil veces recorridos, tantas que su presencia, o en muchos casos su ausencia trabajan para rellenar un imaginario visual y simbólico que tanto el cine como la televisión han ido creando y educando en nuesta cabeza.

El acierto de este subproducuto radica además de la eficacia de este imaginario colectivo en otro elemento y quizás el más importante de todos: la familiaridad de unos rostros y unos actores que forman parte de la historia de la televisión norteamericana de los ochenta y noventa, series con la que hemos crecido. Rostros que aparecene en Dallas (1978-1991), Dinastia (Dinasty, 1981-89), Remington Steele (1982-89), El equipo A (The A-Team, 1983-87), Se ha escrito un crimen (Murder, she wrote 1984-), Urgencias (ER, 1994-2009, Norte y Sur (North and South, 1985-86) y por supuesto una serie de gran influencia y otro lugar común: Canción triste de Hill Street (Hill Street Blues,  1981-87), una de las series policíacas de referencia de los ochenta.

Soon Teck ohMissing in action 2

Pero entre esta amalgama de secundarios destacaremos a tres: el actor de origen japonés  Soon Teck Oh que intepreta al mafioso Sonny Wu. Además de participar en infinidad de series de TV le podemos encontrar en varios clásicos de la productora Cannon en los ochenta como Desaparecido en combate II (Missing in action 2: The beginning, Lance Hool 1985) y Yo soy la justicia II (Death wish 4: the Crackdown, J. Lee Thompson 1987), un secundario con una mirada siniestra y pérfida.

Destacaremos también  la presencia de la belleza ya madura de Jennifer O´Neill, una actriz que tras despertar la atención de Howard Hawks que la situó al lado de John Wayne en su útlima obra Río lobo (1971) y protagonizar Verano del 42 (Summer of´42, Robert Mulligan 1971) vió como su carrera se diluía con el paso del tiempo, pero que tuvo tiempo de aparecer junto a Chuck Norris en el clásico de acción Fuerza 7 (A force of one, Paul Aaron 1979) y en el no menos clásico de terror de David Cronenberg Scanners (1981) para exhibir su elegante presencia en ellas.

JennyJames y Jennifer

Pero sin lugar a dudas, el rostro más interesante de este telefilme es el de James Farentino, un actor que hizo su carrera principalmente en televisión y en teatro, donde obtuvo varios reconocimientos y premios. Ojos negros, mirada impávida y ligeramente estrábica, gran carisma, imponente presencia, movimientos enérgicos y esencia italiana de Brooklyn, lugar en el que nació. Un cruce entre Robert DeNiro,Treat Williams , Roy Scheider y Peter Falk, un rostro inolvidable.

James Farentino permanecerá para siempre en la memoria de los aficionados del género de terror por su papel de sheriff Dan Gillis en en clásico moderno Muertos y enterrados (Dead & Buried, Gary A. Sherman 1981), en cuyo rostro quedaron grabados el horror y la desesperación de un fatídico descubrimiento. En La araña roja su interpretación es rutinaria en general pero efectiva, salvo en varios momentos en los que saca a relucir su furia italiana así como su fino sentido del humor. Un actor de culto absoluto.

Dead buriedLa araña roja está basada en una novela (que no he leído) de William J. Caunitz titulada One Police Plaza, 1984). Caunitz es también el autor de la novela Suspects (1986) en la que David Mamet se basó para hacer Homicidio (Homicide, 1991).

IMDB me informa que La araña roja es la secuela de otro telefilme titulado precisamente One Police Plaza, dirigdo también por Jerry Jameson en el año 1986, y basado en la novela del mismo título. Investigando de nuevo en internet he conseguido una copia en VHS de Un trabajo policiaco, título con el que se distribuyó este telefilme en nuestro pais a principios de los noventa, así que en pocos días sabré que relación tienen exactamente estos dos telefilmes…

Mientras tanto, ahora que el blu-ray y los formatos HD mejoran cada vez más la calidad del cine doméstico, yo seguiré disfrutando de las desgastadas y seductoras imágenes de La araña roja con mi copia en VHS; y por supuesto hasta el final.