Mucho se ha hablado y se ha escrito sobre ellos, por supuesto fueron noticia. Ni tu ni yo podemos recordarlo ya que estábamos pendientes de muchas otras cosas. No demasiadas para ser sinceros; pero si lo suficientemente intensas como para dilapidar tardes y embellecer atardeceres. ¿Qué es una puesta de sol? ¿Por dónde sale el sol? ¿Qué quiere decir que me quieres? Preguntas así delante de espejos deformantes. No eran más que dulces comentarios para Brigitte cada vez que Sly le decía: “Se acabaron las vacaciones “sweet heart”, tenemos que volver a LA”. Tras ese comentario, siempre en voz alta, no había más remedio que dejar Ibiza atrás. Tú y yo tampoco sabíamos que era una puesta de sol. En Dinamarca nunca se ponía el sol y en nuestro patio, lleno de latas oxidadas, repleta de macetas con flores de plástico y botijos calientes nunca aparecía la luna.

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Siempre evitando cualquier respuesta que le pudiera delatar, Sly enfrentaba uno de los episodios más exitosos de su meteórica carrera. El mejor pagado, el más musculoso, el más carismático, el más americano el más querido por Reagan. La sangre italiana corre por sus venas, a mil por hora como los deportivos por la quinta avenida en volandas de la desatada pasión. Nada mejor para calmarlo que el congelado abrazo polar. El amor llegó del frío en forma de estatua, con formas de escultura escandinava. Rumores, son rumores. Duelen más que las balas y que los puñetazos, saltos sin red.

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El amor vino del frío, y la lujuria y la tentación iban tras él, tras el frío también. Y antes que Sly el frío ya lo había probado Arnie, en forma de traición a los Kennedy, puede que la primera. No recuerdo nada de El guerrero rojo, tan solo que Brigitte tenía el pelo muy rojo y que era bellísima. Arnie tenía el pelo largo, no era Conan. ¿Cómo se hace la mermelada? ¿Quién decide dar el primer beso? Todo eso le preguntaba Brigitte a Arnie. Éste, que quería gobernar la región y conquistar el trono no podía más que mirar de reojo y susurrarle al oído: “Si pudiera te llevaría a Ibiza, y te explicaría que es una puesta de sol como las que solo hay en Austria”. Y follaron mucho, tanto que rompieron el silencio y tuvieron que repetir la toma. Richard tan cansado, tan mayor, intentaba mantener el equilibrio en la puesta en escena cinemascopada, alargada, como las espadas, como las piernas de Brigitte. ¿Cómo se lava la ropa a la orilla del río? ¿Triunfaré yo en Hollywood? Richard la miraba a la altura de los ojos, sereno, respetuoso, le quitó un pelo oscuro, largo y liso de la frente y le dijo cariñosamente: “Estoy muy orgulloso de ti, sigue trabajando así y todos hablarán de ti”. Fin de rodaje. Fiesta.

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One thought on “EL VERDADERO AMOR DE SLY

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