PELIGROS EN EL MAR MEDITERRÁNEO: LOS TIBURONES DE ENZO CASTELLARI

Oficialmente ya terminó el verano. Las últimas brisas de aire caliente se resisten a abandonarnos cuando el mes de octubre cuenta sus últimos días. Una vez llegado noviembre no habrá ninguna duda: nuestros cuerpos flotando y sumergiéndose en las aguas del Mediterráneo quedarán en  un recuerdo agradable, la nostalgia en el puesto de trabajo (quién posea uno) confundirá el azul de la pantalla del ordenador con el del brillante mar. Reflejos de una puesta de sol de hace poco más de un mes que nuestras gafas filtraron cerveza en mano. (Des)preocupación de antaño. Pero también podremos decir que hemos sobrevivido a sus innumerables peligros. Peligros que acechan en sus aguas, no muy lejos de la playa. Escondidos en los arrecifes, a pocos metros de los fabricados malecones, a rebufo de la espuma que los motores de las lanchas nos regalan en la orilla, bajo los remos de los domingueros que se atreven con el kayak y por supuesto, con los inconscientes que se bañan de noche: alcohol, agua salada y movimiento de piernas para mantenerse a flote, plano subjetivo acuático que se acerca a ellos.

Este verano tuve la oportunidad de darme un baño nocturno en la playa de Llavaneres. No recuerdo el tiempo que no lo hacía. Sumergirse en el mar con la oscuridad de la noche y apenas la luz de la luna como guía es algo gratificante, como una especie de liberación dentro de una cárcel de agua. Sumergí mi cabeza en el mar para bucear hacia el abismo y Tiburón posterentonces me estremecí, sentí un pánico incontrolable. A mi mente llegaron recuerdos de unos tiempos en los que los tiburones acecharon nuestro mar, el mismo al que Serrat cantaba, el Mediterráneo. No regresaría a casa aquella noche, pensarían que me había ido de juerga, pero al día siguiente una versión charnega del jefe de policía Brody encontraría un brazo desgarrado, literalmente seccionado: “¿una hélice?”, preguntaría el ayudante del jefe de policía, tras vomitar su desayuno de huevos, bacon, judías y cuatro tazas de café. “No,  una hélice nunca haría una corte de ese tipo”, y desde el fondo, con voz grave de cazaya, camisa blanca con mangas remangadas y gorro de paja, un viejo marinero del Maresme, curtido en mil batallas,  mareas y subastas en el Puerto de Arenys de Mar sentenciaría con un cigarro en la boca y red en mano: “Eso ha sido un tiburón blanco, a principios de los ochenta ya tuvimos varios por la zona, lo recuerdo bien, y mi pierna más aun”, y se levantaría el tejano 10×10 viejo y desgastado dejando ver una cicatriz que recorrería toda la tibia; una extremidad sin músculo alguno, vacío, una especie de pata de palo formado por un hueso, el del propio marinero. “Suerte tuve que solo se llevó el músculo, aún puedo decir que conservé la pierna”.

Porqué a finales de los setenta y principios de los ochenta no solo en la costa del Pacífico bañarse en sus aguas era exponer la vida al acecho de un tiburón.  Por culpa del pistoletazo de salida se había supuesto Tiburón (Jaws, Steven Spielber, 194), el pánico y el temor hacia los escualos,como si de un virus letal se tratase, se había propagado por todo el planeta, de océano a océano, de mar a mar. Por supuesto en Norteamérica losTiburóno 2 bañistas sufrieron de lo lindo con la secuelas de la obra maestra de Spielberg: Tiburón 2 (Jaws 2, Jeannot Szwarc, 1978) y Tiburón 3-D: El gran tiburón (Jaws 3-D, Joe Alves, 1983)  y con variaciones como ¡Tintorera! (René Cardona Jr., 1977)  o Barracuda (Harry Kervin, Wayne Crawford, 1978) Pero los mordiscos llegaron hasta nuestras aguas, las de las apacibles y tranquilas aguas del Mare Nostrum. El mar que para los vascos es algo así como una piscina se convirtió, gracias al virus tiburón, en un lugar inhóspito mediante el esforzado y oportunista trabajo de directores italianos como Bruno Mattei, Lamberto Bava, Tonino Ricci y en especial al que dedicaré las siguientes líneas: el maestro Enzo Castellari.

Castellari es uno de los realizadores de género que junto a Lucio Fulci y Sergio Martino prácticamente han buceado por todos los géneros, subgéneros y xploits que se destilaban durante las casi cuatro décadas que nos deja su legado; western, poliziesco, bélico, thrilller, giallo, aventuras, horror, postapocalíptico, etc… Un auténtico todoterreno, con tanto talento como descaro, capaz de otorgar calidad y dignidad a cualquier xploit o despropósito que el productor de turno, ávido de sacar partido ecónomico de la moda del momento, le propusiera como reto. Castellari casi siempre salía victorioso.

Poster El cazador de tiburonesAbismo poster

De esta manera, cuando Spielberg dejó libre a su tiburón causando el pánico por todas las playas del mundo, en Italia y de la mano del bueno de Enzo nos llegaron dos joyitas de dicho subgénero que destacan sobre la media de los productos que se pergeñaron en los principios de los ochenta: la primera de ellas es El cazador de tiburones (Il cacciatore di squali, 1979), y a pesar de que la podemos incluir dentro de la moda del cine con tiburones se trata realmente de un xploit del filme Abismo (The Deep,  Peter Yates, 1977).  Escrita por Peter Benchley y basada en su propia novela, se trata de una película de aventuras en una isla caribeña en la que un jóven Nick Nolte y una bellísima Jacqueline Bisset buscan el tesoro que se esconde en un viejo galeón español hundido tras partir de Cuba. Esta cinta aprovechaba también el éxito de Tiburón ya que estaba basada en otra novela del mismo Benchley y repetía la presencia como protagonista de Robert Shaw en un papel similar al de la película de Spielberg. Destaca por la calidad y belleza de sus escenas acuáticas y por la siempre sugerente presencia de Louis Gosset Jr. Pero a pesar del status de película de culto y de su calidad técnica, su desarrollo es algo lento, en el que varias situaciones se repiten de forma continuada y redundante. El éxito que obtuvo Abismo animó la producción hispano-italiana de El cazador de tiburones que nos relata la aventura de Mike el americano, un tipo solitario interpretado por un Franco Nero con un look totalmente estrafalario; peluca rubia oxigenada con cinta, enorme mostacho y tejanos arremangados. Mike vive en una isla caribeña y se dedica a cazar tiburones cuchillo en boca que luego vende en el pueblo. La primera secuencia nos lo muestra esperando a que aparezca su víctima, un pequeño tiburón. Cuando este aparece, Mike se lanza a por él, y contemplamos una secuencia subacuática de la persecución y lucha entre los dos, entre el delirio fílmico y el documental de la 2 a pulmón limpio, la secuencia se alarga hasta que nuestro querido Franco vence al tiburón. Aquí quien da miedo es Franco Nero, no los tiburones.

Después la cinta se desarrolla como Abismo: existe un avión hundido con un maletín en el que se esconden cien millones de dólares: Mike sabe dónde está y el excéntrico Acapulco le ayudará; y por supuesto otros personajes con malas intenciones también querrán apoderarse del tesoro. Aquí es donde encontramos una de las diferencias puramente latinas respecto a Abismo. En la cinta de Yates el personaje de Bisset sufre amenazas y acoso por parte de sus enemigos, como pareja de Nolte y fràgil mujer, era una forma de avisar a Nolte de que dejase de buscar el tesoro. En la cinta de Castellari, Juanita, la novia de Mike, también sufre el acoso de Ramón, secuaz del capitán Gómez, hasta que en una secuencia tras intentar violarla la mata.

Peleas en un chiringuito de playa, secuencias subacuáticas aceptables, la presencia siempre estimulante de Eduardo Fajardo, la rídicula intervención de Mirta Miller, persecuciones en avión, toques de comedia, la banda sonora de Guido y Maurizio de Angelis entre hipnóptica, obsesiva y enfermiza y durante todo el metraje el aroma y el espíritu de Keoma (Enzo Castellari, 1976),  no es díficil encontrar los ecos de los eurowesterns y poliziescos rodados por la pareja Castellari-Nero en El cazador de tiburones, un duo más que dinámico que merecería un capítulo aparte. ¿Y los tiburones? Son cazados salvajemente por Franco Nero, y pasan de ser presas y víctimas a colaboradores de los héroes en el clímax final cuando todos luchan por conseguir el botín que se esconde en el fondo del mar. Un final irónico y agridulce extraido directamente de la última secuencia de El tesoro de Sierra Madre (The treasure of Sierra Madre, John Houston, 1948) cierra la película: dólares que vuelan hacia los brazos de los pobres isleños. La realización efectiva de Castellari sale a relucir en las persecuciones y peleas, así como en la secuencia de la paliza a Nero; cámara lenta, montaje rápido y ágil. A pesar de estar filmada en localizaciones de las costas mejicanas el espíritu es tan puramente Meditarráneo que podríamos encontrar a Mike el americano tanto en Torre del Mar (Málaga) como en Nápoles.

La segunda relación de Castellari con los peligrosos asesinos marinos es un asunto más serio y un auténtico clásico del subgénero: Tiburón 3 (L´ultimo squalo, 1981. Su título en España supone el colmo de la desfachatez  y el descaro, ya que su distribuïdor, José Frade, decidió aprovechar el tirón de la saga iniciada por Spielberg titulando al filme de Castellari Tiburón 3, adelantándose un par de años a la tercera parte de la saga original. Tan pancho y tan ancho se quedó cuando vió como las colas en los cines se formaban con incrédulos que se acercaban a ver nuevas aventuras en Amity Island. El engaño continuó cuando apareció en los videoclubs… pero menudo engaño más divertido.

Tiburón 3tiburon 3 d

Tiburón 3 es un auténtico delirio y deleite y es de sobra mucho más entretenida y divertida que la tercera entrega de la saga original. Un enorme tiburón blanco, el último de su especie acecha a los protagonistas que residen en una preciosa y tranquila isla del pacífico. Anticipándose a la tercera entrega, una competición deportiva, en esta ocasión de windsurf se convierte en el evento sobre el que el gran tiburón blanco y los personajes implicados vierten sus intereses y deseos. Aparece una mano amputada y comienzan las cábalas y suposiciones: el personaje de James Franciscus, un escritor que sería una fusión de los personajes de Richard Dreyfuss- tiene conocimientos de marina y es submarinista- y de Roy Scheider – en algunos momentos se comporta como el sheriff de la isla-, y el personaje de viejo marinero intrepretado por Vic Morrow – una copia descarada del personaje de Robert Shaw- avisan de que se trata de un tiburón, no recomendando la competición. Y por otra parte el personaje de Joshua Sinclair, el alcalde: egoísta e interesado, desea evitar la cancelación por todos los medios posibles del evento.

El evento se realiza, y a pesar de proteger la zona para evitar el posible ataque del tiburón, por supuesto, este se pone las botas, tomándola con uno de los jueces de la competición, que literalmente, lanza desde el agua hacia el cielo como si de un hombre bala se tratara.

Y desde este momento la cinta se convierte en una caza contra el tiburón, llena de brutales momentos gore, secuencias psicotrónicas y el espírtu cruel puramente mediterráneo. Como la secuencia en la que un equipo de televisión que pone trozos de carne en el muelle del puerto para atraer al tiburón y poder filmarlo, dando pie a otros de los momentos más salvajes y negros de la películas: un personaje cae al agua tras el ataque del tiburón al muelle, el resto de personas lo arrastran por los brazos y al extraerlo aparece seccionado por la cintura. Encontramos otro momento delirante cuando el alcalde decide solucionar el problema a su manera: escopeta en mano se dirigie en helicóptero a destruir al monstruo. ¿Alquien se imagina un momento así con un político en la actualidad?

La película mantiene el tono durante todo el metraje gracias al buen oficio de Castellari, que dosifica bien los momentos de aparición del tiburón trabajando bien la tensión y las Franco y Enzosecuencias de acción. En su contra juegan los descarados insertos de tiburones extraidos de documentales, especialmente en los planos en los que este muerde los trozos de carne, que a pesar de estar bien integrados a nivel de montaje, ni las texturas ni los niveles de luz se asemejan en nada, pero claro, esto es el Mediterráneo, más exactamente las costas de Malta y no un estudio de la Universal. Ingenio, astucia y picardía ante falta de medios económicos. Es posible que en el momento del estreno, en las salas de cine, tales trucos de magia o de montaje, según mejor se vea, fueran invisibles al espectador de antaño.

La sutilidad, el miedo fraguado a fuego lento que trabajaba Spielberg, lo sugerente de su propuesta, la lucha del hombre contra el monstruo, del bien contra el mal, el miedo a lo desconocido, todos y cada uno de los logros y méritos de la excepcional obra maestra de Spielberg se convierten aquí en un ataque frontal contra el espectador: piernas mutiladas, cuerpos seccionados, helicópteros que chocan contra el mar, un tiburón aún más grande y aun más horroroso, mucha crueldad,  y de nuevo, la banda sonora de los hermanos de Angelis; inspirada como no en la de John Williams, que acompaña de manera obsesiva los continuos ataques del último tiburón que aterrorizó el Mediterráneo.

La película se cierra con una secuencia absolutamente bizarra, el gran tiburón muerde al personaje de Vic Morrow que ya muerto, lleva una carga de explosivos en su cinturón (elemento que aparece en Tiburon 3D, ¿quién copia a quién?), momento que aprovecha Franciscus para activar la carga partiendo en dos mitades al tiburón. Tal cual.

Hasta el verano que viene podemos respirar tranquilos, mientras que en las aguas más cálidas de otros continentes acechan los peligros del mar, esperando a que el calor vuelva a las costas mediterráneas y nuestras piernas vuelvan a chapotear, plano subjetivo subacuático que se acerca a ellas….

Advertisements

DEMONIOS EN LA SALA DE CINE. DEMONS DE LAMBERTO BAVA (Y DARIO ARGENTO)

Así presentaba Juan Luís Goas la película Demons (Dèmoni, Lamberto Bava, 1985) la noche del domingo  19 de agosto de 1990 (wikipedia dixit):

Goas, en su tono caracterítico de distantanciamiento y gélido misterio, se muestra especialmente contundente y duro con la película al inicio de su presentación, por muy tarde que fuera la hora a la que se emitió la película su aviso hacia los estómagos delicados está bastante justificado: Demons es una película asquerosa, ultraviolenta y con altas dosis de gore. Pero tal y como remata al final de su intervención, en lo que supone un halago hacia el film, no se trata ni más ni menos que un entrenimiento, trash, desmesurado, rocambolesco y pasado de vueltas, pero un puro y duro disfrute.

Antes de ver la película yo ya tenía grabada en mi mente la imágen publicitaria de la película: unos tipos a contraluz con garras en cuyos oscurecidos rostros destacan unos iluminados ojos.  Se acercan a nosotros dejando ver unos haces de luz a sus espaldas, y encima de ellos la leyenda: Poster Demons“…harán de los cementerios sus catedrales y de las ciudades vuestras tumbas.” Los carteles de las películas durante mucho tiempo y para un gran número de películas, especialmente cintas de terror, acción y aventuras, fueron el principal y único reclamo publicitario que podían ofrecer al público que se acercaba a las salas de cine y sobre todo a las estanterías de los videoclubs. Sin internet, muy poca publicidad en televisión y el merchandansing destinado exclusivamente a superproducciónes de Hollywood, un cartel espectacular, bien dibujado y una frase desafiante hacía posible que cualquier bodrio o subproducto atrajera nuestra atención: la sorpresa o decepeción llegaba una vez te sentabas delante del televisor y la cinta comenzaba a rodar; te habían dado gato por liebre. Te la habían vuelto a dar con queso una vez más; los actores no se parecían en nada a los del poster, las chicas no estaban tan buenas y del helicóptero, ni el lejano sonido quedaba. En el caso de Demons el cartel  está totalmente a la altura de lo que vamos a ver mostrándonos uno de los momentos más conseguidos de la película, y si engaña en algún aspecto es en omitirnos la ingente cantidad de atrocidades y de actos de crueldad demoniaca que nuestros ojos, no tan inocentes, van a presenciar.

Y al rec le di para grabar. No sabía mucho de Lamberto Bava, a penas que era el hijo de Mario Bava, pero si sabía quien era Dario Argento; gatos de nueve colas, pájaros de plumas de cristal y sangre de color rojo muy oscuro. A pesar de que por aquella época ya me había enfrentado a disparates descomunales y apoteósis de vísceras y gore con clásicos como Re-Animator (Re-Animator, Stuart Gordon, 1985)  y Mal gusto (Bad Taste, Peter Jackson, 1987), la cinta italiana me sorprendió e impactó absolutamente: todo tipo de desmembramientos, altas dosis de terror, música heavy, crueldad puramente italiana y además todo sucedía en una sala de cine.  Algo así como un festival sin ser carnaval. Me apresuré a compartir mi descubrimiento con mis hermanas y mis compañeros de colegio, y desde ese día me pregunté: ¿cómo sería ver esta película en el cine?

Veintitrés años después, una secuela por el camino –Demons 2 (Dèmoni 2…l´incubo ritorna, Lamberto Bava, 1986)- e infinitos visionados de la original, Nacho Cerdá me da la oportunidad de revisar Demons en una sala de cine gracias a una de las sesiones del Phenomena Grindhouse, en versión doblada al castellano y con mucha gente. Esta vez la presentación corre a cargo del crítico Sergi Sánchez que actualiza el discurso de antaño empleado por Goas: han pasado más de dos décadas, la nostalgia entorno del grindhouse baña su interesante explicación, nosotros hemos crecido pero el sentimiento y el deseo de pasarlo bien es el mismo, qué digo, es mayor aún, no cada día uno tiene la oportunidad de sumergirse en una experiencia como esta: ver demonios en una sala de cine.

La película va oscilando entre dos deseos y dos sentidos: por una parte quiere ser una película de terror, quiere asustar y sorprender, pero por la otra quiere ser un espectáculo de desmadre gore y de violencia extrema. La primera secuencia pone las cartas sobre la mesa; una chica se queda sola en la estación de metro, se atemoriza y unos pies la persiguen, un peligro la acecha, la música nos acompaña con su pánico que finalmente se resuelve en una falsa alarma: un regalo de dos entradas para ver una película de terror por parte de un tipo siniestro con máscara. Siempre me ha hecho gracia este principio y en general todos los principios de las cintas de terror en las que quieren asustarte en el minuto uno: no lo consiguen. La segunda parte si la consigue.

Moto y katanaCareta en chica morena

Ahora nos encontramos con la parte más interesante de la película, y que vista hoy en día me sigue gustando muchísimo, no por su originalidad pero si por su consecución. Los invitados se dirigien al cine Metropol, en el hall del cine hay varios posters de películas de terror (con alguna de Argento incluida), una motocicleta con un muñeco que lleva una katana en una mano y en la otra una máscara de demonio, ¿homenaje al film de su padre Mario Bava La máscara del Demonio (La maschera del demonio, 1960)? que una chica negra bromenado se pone haciendose una herida en la cara. Y comienza la película que han ido a ver. Se trata de una película de terror puro y duro: dos parejas de jóvenes entran en cementerio, profanan la tumba de Nostradamus!, y encuentran la misma máscara que había en el hall del cine, uno de los chicos se la pone y también sangra. Mientras, otro de los chicos lee un pergamino que supone una profecía; quien se ponga la máscara se convertirá en demonio y traerá consigo el apocalipsis.

Esta parte es muy interesante ya que Bava juega  con diferentes puntos de vista sobre la película de terror que se está viendo: en algunas ocasiones vemos planos generales de la sala de cine con la película proyectándose al fondo, en otras ocasiones vemos a los espectadores viendo la película, toda una fauna variopinta de individuos; una pareja de jóvenes tortolitos enamorados, una pareja madura en su aniversario, dos parejas de jóvenes que aprovechan para ligar, un ciego con su mujer y el amante de ésta que sigiloso se acerca buscando un encuentro sexual, un macho man negro acompañado por dos exhuberante hembras también de color recién sacados de un Harlem romano. Y por último nuestro punto de vista ya que Bava nos muesra la película que ellos están viendo en primer término, convirtiéndonos en unos espectadores más de la sala de cine Metropol en la que  a la postre se desencadenará el terror. Esta secuencia en la sala de cine se convierte en un momento de delicioso metalenguaje cinematográfico muy interesante y divertido gracias al sentido del humor de los personajes: en un apunte constante, y que he de reconocer que de pequeño no había identificado, los personajes son conscientes de que están viendo un xploit de terror, hacen comentarios graciosos y se mofan de la película, comentarios que provocaron las carcajadas de todos los que nos encontrábamos en la sala de cine, convirtiéndonos en cómplices de los personajes. Es más, la cinta ironiza lo suficiente consigo misma como para que los personajes sean también conscientes de lo que son: puras caricaturas estereotipadas con reacciones exageradas, frases imposibles y acciones desmesuradas, lo que da equilibrio al ultragre desmesurado que recorre el metraje.

Finalmente la profecía de la película que están viendo se hace realidad y al igual que en en ésta, la chica negra se convierte en demonio mediante una transformación repleta de pus verde fosforito y uñas que se descarnan dando paso a garras infernales. Asquerosamente divertido.

La otra demoniaLa demonia

Hay infinidad de películas en las que los personajes se situan en una sala de cine e interactúan con la pantalla y la ficción mostrada, desde la La rosa púrpura del Caíro (Purple rose of Cairo, Woody Allen, 1985) con personajes que salen de la pantalla hacia el mundo real, hasta El último gran héroe (Last action hero, John McTiernan, 1993) utilizando a personajes del mundo real que entran en el mundo diegético de la pantalla. Pero sobre todo tenemos la brillante Angustia (Bigas Luna, 1987), uno de los experimentos formales más originales y coherentes en este sentido. Posterior a Demons en dos años, formula toda su estructura narrativa y visual en la dialéctica entre los espectadores de un cine, la película de terror que están viendo, su punto de vista y el nuestro; aquí de nuevo la película visionada por los espectadores en la sala de cine actúa como profecía que se traslada del universo de la ficción de la pantalla a la realidad de la sala de cine.

El final de este capítulo de metalenguaje nos regala una de las mejores imágenes de la película: una de las chicas negras que ha sido atacada  por un demonio se contorsiona de dolor detrás de la pantalla de cine. En la pantalla se proyecta el asesinato de una chica, los gritos de la chica negra se funden con los gritos del personaje de la pantalla en un estremecedor efecto sonoro, la chica se abalanza sobre la pantalla deformándola, de manera que parece que recibe las puñaladas que la película que se está proyectando. Finalmente la pantalla se quiebra y la chica cae al suelo ante los atónitos espectadores.

Muerte tras la pantalla 2Saliendo de la pantalla

Varios años más tarde Wes Craven y su guionista Kevin Williamson recuperan la idea de unos personajes en una sala de cine y copian/homenajean la imágen de la chica muriendo ante la pantalla para Scream 2 (1997): en un ejercicio de metalenguaje  aun más sofisticado y muy original los espectadroes asisten a la proyección de la película de terror inspirada en los hechos acontecidos en la primera parte de la saga, disfrazados del asesino de Scream: vigila quien llama (Scream, Wes Craven, 1996), los especaores ríen, gritan, agitanando sus puñales de plástico y no caen en cuenta que una chica, negra también, es asesinada realmente ante la pantalla y ante sus ojos.

La sombra de Argento planea constantemente durante la proyección y especialmente durante la primera mitad de la película y sobre todo en toda la acción que sucede en el anfiteatro con el triángulo de personajes que forma el ciego, su mujer y su amante, en estaSuspiria poster ocasión el cocinero es Lambert Bava y el ladrón Dario Argento, o puede que sea alrevés. La secuencia está bañada de una luz roja irreal que sumada a la oscuridad de la sala de cine y a los destellos de luz azul que emana el proyector crean una atmósfera fantasmagórica que recuerda a la obra maestra de Argento Suspiria (1977).  A este trabajo a nivel visual hay que sumarle la banda sonora de Claudio Simonetti que al igual que en Suspiria y otros trabajos de Argento  tiene en las endiabladas melodías de rock progresivo de Simonetti (antiguo miembro de la banda Goblin), repletas de sonidos sugerentes y graves estruendos un acompañamiento magistral que crean confusión y eleva los crímenes vistos en pantalla hacia el barroquismo más delirante.

Otro de los elementos presentes en la cinta que recuerda a Argento – y que es intrínseca al cine italiano de género, pudiendo perfectamente incluir al cine español también- es la crueldad despiadada a la hora de mostrar las muertes y ejecutarlas, en especial el ensañamiento con el personaje invidente, violento acto que ya aparecía en Suspiria cuando el pianistsa ciego era atacado por su perro lazarillo; no basta con matarlo sino que un demonio le hunde sus garras en los ojos haciendo puré de ellos. De esta manera presenciamos evisceraciones, cabelleras que son arrancadas, humanos literalmente abiertos y de los que surgen demonios, decapitaciones, y mucho líquido viscoso y fosfórito; el gran color de los años ochenta gracias al ácid house, el blani blup y el suero de Herbert West en Re-Animator.

Ciego en SuspiriaCiego y sin ojos

Y para terminar con Argento dos planos que lo homenajean y copian: el primero es la imágen de la mujer del ciego y su amante colgados de una cuerda mientras son literalmente forzados a besarse destrozando sus caras por parte de un demonio, plano insipirado en una de las muertes de Suspira, y la segunda es el momento en el que vemos a una de las protagonistas de cara y que está filmado exactamente de tal manera que al agacharse nos muestra un demonio que estaba situado tras ella y que está copiado de uno de las escenas finales de Tenebre (1982) y de la que Lamberto Bava fue director de la segunda unidad.

Forzados a besarseColgada en Suspiria

De cara en TenebreApareciendo desde detrás en Tenebre

Homenajes, imitaciones, copias, sugerencias, imposiciones…

Después de todo esto llega la debacle, el asedio por parte de los demonios convirtiendo a la cinta en un slasher grotesco y hardcore. Muertes, más muertes y un surtido de secuencias psicrotrónicas y delirantes como la de los punkies y la cocaina, y mis dos favoritas; la matanza en moto y katana en mano por parte del protagonista con el tema Fast as a shark de la banda Accept (sugerencia de Argento) y por último la inesperada aparición de un helicóptero –esta vez sí, el helicóptero existe- que destroza el techo y cae en la platea del cine.  Fuera, mientras nuestros personajes luchan, el apocalipsis se ha desatado y la tierra ha sido invadida por demonios, dando a pie a una futura Guerra Mundia Demonio (World War D)…

Pobre BobbyHelicóptero

Ver Demons en una sala de cine ha sido una experiencia terriblemente divertida. Varios de los temores que me han acompañado hasta ahora y me inquietaban se han desvanecido: nadie se ha convertido en demonio, he podido salir de la sala de cine y fuera todo sigue igual, afortunada o desgraciadamente, nada ha cambiado.

BUENA LUNA, CRIATURAS DE LA NOCHE

La increíblemente extraña película que dejó de  considerarse una serie Z para convertirse en una película de culto

“Buena luna, criaturas de la noche. Bienvenidos a vuestra noche fantástica ¡bienvenidos a Noche de Lobos!”

Con esta frase nos recibía cada domingo por la noche Joan Lluis Goas, presentador del programa Noche de Lobos que se emitió a principios de los noventa en Antena 3.  Tras esa frase y una breve introducción, el que fuera director del Festival de Cine Fantástico de Sitges nos sorprendía y deleitaba con un nuevo largometraje de género fantástico. El fin de semana terminaba y quedaban pocas horas para volver a la rutina del colegio, pero allí estaba yo delante del televisor, mando del vídeo en mano para grabar mi nuevo descubrimiento.

 

Re-animator (Stuart Gordon 1985), Society (Brian Yuzna, 1989),  Halloween II (Rick Rosenthal, 1981) , Posesión infernal (Eivil dead, Sam Raimi, 1982), películas de la productoras británicas HammerAmicus, Phantasma (Phantasm, Don Coscarelli, 1979), Ténebre (Tenebrae, Dario Argento, 1982)..y así hasta tres años de agradables sorpresas, grandes películas, títulos inolvidables, alguna que otra mala película,  y el descubrimiento de diferentes estilos, directores, géneros, subgéneros. Pero un día proyectaron Extrañas criaturas (The incredible strange creatures who stopped living and bécame mixed-up zombies!!?, Ray Dennis Steckler, 1964).

Extrañas criaturasY mis ojos no daban crédito a lo que acababan de ver. Si el título era extraño la película lo era igual o más. Su argumento, un tanto disparatado es algo así: Jerry, su novia Angie y un amigo de Jerry van a pasar la tarde en un parque de atracciones junto al mar. Una vez allí  deciden entrar en el puesto de Madame Estrella, una adivina gitana que le predice un negro futuro a Jerry. Después de esa mala experiencia y tras enfadarse con Angie, Jerry se queda solo en el parque para ver la actuación de  Carmelita, una exótica bailarina gitana de la que se ha quedado prendado. Después lo invitan a visitarla a su camerino y ahí es cuando será víctima de una sesión de  hipnosis por parte de Madame Estrella, hermana de Carmelita. A partir de ahí Jerry será utilizado para los diabólicos fines de Madame Estrella, quien tiene bajo su poder a una manada de zombies encerrados en una mazmorra, zombies transformados por ella misma mediante un ácido que vierte en su rostros.

Ambiente circense, un enano con rostro de troll, una gitana con una verruga postiza que ve el futuro en una bola de cristal, zombies que realmente parecen mutaciones entre animales  y hombres,  un protagonista que se parece  a Nicholas Cage, actores de tercera, interpretaciones exageradas, crímenes que intentan imitar la secuencia de la ducha de Psicosis, secuencias oníricas, apenas tres o cuatro decorados, planos robados de exteriores de un parque de atracciones…

Pero lo que realmente convierte esta película en extraña es que tratándose de una película que apenas llega a la hora y diez minutos de duración, en ella hay hasta ¡diez números musicales! Estos suceden en diferentes escenarios, siempre con público y responden a diferentes estilos musicales: bailarinas con plumas, solistas melódicas, baladas con guitarra, strippers, etc. De estas actuaciones únicamente dos de ellas tienen como protagonistas a  personajes que intervienen en la trama y el orden no responde a ningún criterio. Esta estrategia está llevada al límite cuando en pleno clímax de la película vemos un número musical.

 

¿Una película de terror con fugas al musical? o ¿un programa de variedades con elementos de terror?

En aquel momento me quedé totalmente desconcertado con la propuesta y hasta tuve dudas de la elección dentro de un programa como Noche de Lobos, con doce años enfrentarse a una propuesta así no es algo habitual. Creo recordar que la volví a ver una vez más pero seguía sin entender que es lo que estaba viendo, hasta que llegué a la conclusión de que era un bodrio.

Pasados unos pocos años y tras descubrir a autores como Lucio Fulci y obras suyas como El más allá (..ei tu vivrai nel terrore! L´aldilà, 1982), descubrir películas como Rabia (Rabid, David Cronenberg, 1977), La última casa  a la izquierda (Last house on the left, Wes Craven 1972), subgéneros como el giallo, el cine de Ed Wood y rarezas similares, Extrañas criaturas volvió a mi mente con más fuerza que nunca para acabar de expresar la idea que llevaba tiempo gestando, y es que hay películas que a pesar de su imperfección, de su irregular trama y disparatado argumento e incluso deficiencias tanto técnicas como artísticas consiguen llenar un vacío y satisfacer mi apetito cinéfilo. Volví a verla y se convirtió para mí en una delicatesen.

Reconozco que siento adoración por esta película.

En Extrañas criaturas encontramos ecos de Vértigo. De entre los muertos (Alfred Hictchock, 1958),  desde un vago elemento de la trama: un hombre que es utilizado por una mujer para conseguir un fin posterior, así como la representación simbólica de esta manipulación en la forma de la espiral. En Vértigo la espiral la representan el recogido del cabello y el ramo de flores de Madeleine, aparece en el gran árbol que representa la vida eterna,  y forma parte de la pesadilla que sufre el personaje de James Stewart. En Exrañas criaturas la espiral es un vehículo que abduce y convierte al personaje de Jerry en otro ser, en un autómata que deja de ser libre para convertirse en un asesino.

Espiral cash flaggBola de cristal

Cash flaggAnother Cash Flagg

Un hombre con una personalidad desdoblada al igual que el Norman Bates  de Psicosis (Psycho, 1960), otra obra de Hitchcok de gran influencia. Pero la secuencia de Extrañas criaturas que más recuerda a Vértigo es la secuencia del sueño de Jerry, directamente inspirada en el sueño de Scottie. Un rostro que se acerca y se aleja, fondo negro y la espiral. Seguramente esta es la secuencia más elaborada y redonda de Extrañas criaturas, en ella también podemos ver ecos del cine de Kenneth Anger en Inauguration of the Pleasure Dome (1954).

 

Y ya que estamos metidos en el mundo de los sueños, el escenario tanto físico como simbólico nos lleva hasta otra película alucinada y onírica realizada dos años antes de la de Stecker, Carnival of souls (Herk Harvey, 1962). Un parque de atracciones, muertos que caminan, personas que no saben que están muertas, o lo saben y no lo quieren aceptar. Y para no salir del ambiente circense no podemos olvidar La parada de los monstruos (Freaks, Todd Browning 1932), otra de las influencias de Extrañas criaturas, no solo por el escenario sino por todos los seres que lo habitan; gitanas futurólogas, el personaje de Ortega, los zombies escondidos, todo un grupo de outsiders que no tienen lugar en la sociedad, pero sí en un circo.

Pero también es una película en la que aparecen zombies. Encontramos ecos de Yo anduve con un zombie (I walked with a zombie, Jacques Torneur, 1942) en el hecho de utilizar el vudú para apropiarse el alma de una persona, convertirla en zombie y utilizarla en contra de su voluntad. Y también hay algo en sus imágenes de La isla de las almas perdidas (Island of lost souls, Erle C. Kenton 1932), sobretodo en el aspecto físico de las criaturas, zombies en la de Steckler, experimentos con humanos y animales en la de Kenton.

¿Es posible que una película como esta haya influido en otras posteriormente?

Quizás podríamos encontrar el mismo parque de atracciones, unos personajes igual de “freaks” y a una Madame futuróloga similar en La casa de los horrores (The Funhouse, Tobe Hooper 1981). Y ¿por qué no? También podríamos encontrar la espiral como elemento que trastorna e induce a un hombre a cometer asesinatos como en Angustia (Bigas Luna, 1987), película en la que el personaje de Zelda Rubinstein no deja de ser otra Madame escondida en su circo particular que es su gótico hogar. ¿No se parece el extraño asesino de Amenaza en la sombra al personaje de Ortega en Extrañas criaturas? ¿Y no nos recuerdan el maquillaje de los rostros deformados de los zombies de Stecker al rostro de John Hurt de El hombre elefante (The elephant man, David Lynch 1980)? Por cierto, otra historia que transcurre en el malsano ambiente de los “carnivals” o ferias ambulantes…

Madame Extrañasespiral y zelda

Zombies deformadosEl hombre Elefante

Hay una secuencia que quiero destacar de esta película que tiene que ver con el fatalismo que la recorre y que de nuevo me recuerda a Vértigo. Después de cometer el primer asesinato y de ser inducido por la espiral de Madame Estrella, Jerry camina desorientado por las calles de San Francisco. En ella vemos el plano de un tranvía bajando una calle, en otro vemos a Jerry mirando desde un puente y a continuación el plano subjetivo del vacío que ve Jerry. Después sigue un plano hecho desde un tranvia que baja en el que se ve a Jerry caminando desorientado.

Todos estos planos trabajan la idea de la muerte y del suicidio. Una serie de plano que acompañados de una balada que parece extraída de un spaghetti western  anticipan de una manera muy elegante y sensible el triste final que sucederá en la playa.  A su manera tamibén hay sutileza en esta obra.

Y tras todos estos datos y estas reflexiones, ¿qué función tienen las diversas actuaciones musicales que hay en la película? Pues sigo sin saberlo. Tan solo sé que a pesar de no tener nada que ver con la trama, de estar rodados en planos generales con algunos insertos tan teatrales como funcionales, y que cuando se trata de bailes grupales sus protagonistas carecen totalmente de ritmo, estos números musicales hacen de esta película algo realmente único, sincero y honesto. De alguna manera le dan sentido.

Van ustedes a presenciar  el ESPECTÁCULO TOTAL. Una historia de terror,  amor, humor, las chicas más guapas y bellas del mundo, los cantantes y melodías más de moda y todo en color. Cine, teatro, circo, atracciones, todo esto y mucho más en una sola película, una película que se estrenó en su momento en el formato de: TERRORAMA!

 

Estas últimas semanas he tenido el placer de leer vorazmente el libro Neoculto, el libro imprescindible sobre el cine de culto. (Ángel Sala y Desirée de Fez Coordinadores, Calamar Edición & Diseño, S.L.)  En este magnífico libro que constituye una atuéntica enciclopedia sobre el cine de culto son preguntados gran cantidad de críticos, escritores y realizadores por cuales son sus pelíuclas de culto. Si hoy le preguntaran al fallecido Joan Lluís Goas seguramente respondería que Extrañas criaturas es una de ellas.

Buena luna, criaturas de la noche.