FAMILIA DE POLICIAS, BRONSON SONRIENDO EN FAMILIA.

Familia de policías (1995) de Ted Kotcheff es la primera parte de la trilogía de tv movies sobre el veterano sargento de la policía de Milwaukee, Paul Fein y su peculiar familia. Un veteranísimo Charles Bronson interpreta a Fein en la que será una de las últimas interpretaciones en su carrera como actor. Bronson es padre, abuelo y el policía más respetado y carismático del cuerpo de policía de Milwaukee. Un tipo duro, pero la edad le ha reblandecido el corazón y tiene una prioridad en su vida además de cumplir la ley: su familia. Es padre de dos policías, uno de ellos interpretado por Daniel Baldwin, y también de una abogada. Pero tiene otra hija más pequeña que, como oveja negra de la familia, se ha descarriado y se pasa el día de juerga en la soleada California. La cinta comienza con Bronson dejando claro a la mafia quien manda en la ciudad, para a continuación, tumbado en el sofá llamar a una de sus hijas pidiendo que le monte una fiesta de cumpleaños. Algo raro en él, siempre esquivo a este tipo de celebraciones, quiere volver a ver a su familiav1 unida, pero sobre todo quiere volver a ver a su hija pequeña, la niña de sus ojos. La chica accede, a regañadientes, y cuando llega y ve a Bronson, su abrazo delata que hay algo especial en ellos. Peleas y desencuentros aparte, son tal para cual. La chica, que no puede evitar más que meterse en problemas, esa misma noche se levanta de la cama y se va de fiesta a un local de lo más exclusivo. Borracha, la recoge un millonario que la lleva a su casa. Al día siguiente, Bronson recibe una llamada de parte de su hijo, ha habido un homicidio. Llegan a la mansión del millonario que recogió a la chica; el tipo está muerto y la hija de Bronson, que no recuerda prácticamente nada, ha tocado el arma por error y es la principal sospechosa.

Si cuento toda la premisa llegando hasta el primer acto, es porque me parece un principio fantástico. Acostumbrados a ver a Bronson sufrir por ver a sus parientes asesinados, siempre en busca de venganza, más en la tierra de los muertos que de los vivos; verlo en esta situación de lucha en busca de la paz interior me parece curiosa. Envejecido y con más de setenta años, vemos a un Bronson más reflexivo que nunca, rodeado de hijos y nietos que intenta lidiar con el calvario de ser policía en una ciudad peligrosa y la de tener a sus hijos implicados en la misma lucha. Baldwin recibe varios balazos y pelea por esquivar a la muerte en coma y su hija es la principal sospechosa de un crimen. Aquí es cuando, en situaciones límites, Bronson saca su fuerza y orgullo a relucir, llora, maldice y se enfada con su hijo pequeño por querer ser policía al igual que él.

Dirigida con elegancia por Ted Kotcheff, responsable de clásicos como Wake in Fright (1971) o El acorralado (1983), la película tiene un ritmo increíble y una más que correcta puesta en escena. Kotcheff sabe dónde colocar la cámara, filmar secuencias de acción y, sobre todo, conseguir un brillante trabajo de los actores durante toda la película. Familia de policías, nada mejor para comenzar a despedir al gran Bronson que verlo sonreír en familia.

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ACTO DE VENGANZA, CHARLES BRONSON FUERA DE LA CANNON

La década de los ochenta fue, para Charles Bronson , una época ligada prácticamente en exclusividad a la productora Cannon Films. Son tres los trabajos que el fallecido actor hizo fuera del universo de Menahem Golam y Yoram Globus; la primera es la excepcional odisea nevada de Caza salvaje (1981) junto a Lee Marvin. También protagonizó Justicia salvaje (1984), una película a reivindicar que a pesar de utilizar la palabra “justicia” en su título en castellano se aleja por completo de las películas de la saga Death Wish que filmó 250px-act_of_vengeancecon los productores israelís. La tercera fuera de la Cannon es una excelente TV movie del año 1986, Acto de Venganza (Acto of Vengeance), dirigida por el también fallecido director escocés John Mackenzie.

La trama de Acto de venganza se sitúa en la lucha sindicalista de los mineros de carbón; Bronson interpreta a un administrativo de confianza del presidente del sindicato. Cansado de la corrupción existente en la dirección del sindicato y especialmente en su presidente, interpretado excelentemente por Wilford Brimley, decide presentarse a las elecciones. A partir de aquí se desata la furia de Brimley que manda ejecutar a Bronson. Este punto de partida da pie a varias subtramas que son, por una parte la lucha de los dos aspirantes a vencer en las elecciones, por otra la relación de Bronson, un hombre honesto, con su mujer (Ellen Burstyn), sus hijos y los mineros;  la relación de Brimley y su entorno corroído por la corrupción y por último la trama del hombre encargado de gestionar la ejecución de Bronson.

Esta última trama es quizás de las más interesantes de la cinta ya que muestra las dudas del asesino, la torpeza en la elección de sus compañeros en la misión y el absurdo que rodea a unos tipos mediocres que por unos dólares son capaces de matar a un hombre. Sin duda, tiene el aire de los torpes y entrañables asesinos de algunas de las películas de los Cohen como Fargo (1996) o de los protagonistas de Un plan sencillo (1998) de Sam Raimi. Los “asesinos” visitan la casa de Bronson, uno de ellos dispara por error a su propia esposa hasta que finalmente se les une un nuevo miembro en la banda; un joven Keanu Reeeves, que se muestra como un tipo violento, fanfarrón y sin escrúpulos que suelta frases como: “¿Alguna vez habéis metido la mano, toda la mano, dentro del sexo de una mujer?”.

act_of_vengeance_dvd_cover_copy_1Las dos mejores bazas de Acto de venganza son su casting lleno de grandes actores y la efectiva realización de sobrio y siempre elegante John Mackenzie. Bronson está como siempre, contundente y perfecto. Aparece sin bigote, con esa dureza característica que tiene su rostro y que se acentúa más cuando opta por dejar en casa el mostacho. A pesar de ser ya un sesentón, se mueve con fuerza y dinamismo. En esta actuación utiliza un perfil más psicológico y como es habitual en su carrera, de auténtica contención dramática.  No reparte ni imparte violencia física, pero infunde respeto, ese es Bronson del lado de la ley, y en esta ocasión de la democracia. Su esposa está interpretada por Ellen Burstyn, la inolvidable madre de Reagan en El Exorcista (1974). Como abnegada esposa, es escritora y le redacta los discursos a Bronson. Wilford Brimley es un gran secundario que hemos podido ver en clásicos como Cocoon (1985), La cosa (1982) o La tapadera (1993). Acostumbrados a verle en registros de abuelo entrañable o bonachón, sorprende la dureza y maldad con la que se mueve en el papel de corrupto implacable. También podemos disfrutar en un pequeño papel del trabajo de Hoyt Axton, recordado en Gremlins (1984), y de la siempre extraña belleza de Ellen Barkin, que interpreta a la hija de Axton.

John Mackenzie es el director de brillantes thrillers y películas de espionaje de los setenta y ochenta como El largo viernes santo (1980), Cónsul honorario (1983) con Richard Gere y Michael Caine  o Código azul (1990) con Brian Dennehey y ya analizada en este blog. El trabajo de Mckenzie es sobrio y efectivo, como es habitual en él. Un director que no suele mostrar alardes estilísticos pero que imprime siempre un buen ritmo a sus cintas, sabe sacar lo máximo de los actores con los que trabaja y filma las secuencias de acción con solvencia. Una buena película de Bronson fuera de la Cannon.

 

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AUTOHEAD, STRAIGHT TO YOUR HEAD

Straight to your head. Right there is where it hits you the viewing of Autohead (2016), strange, striking and magnificent work done by Rohit Mittal. Strange because shows a mingle of genres hard to define and catalogue: mockumentary, terror, thriller, drama manners, found footage and television report; to go back again to the documentary about cinema. Brilliant metacinema exercise with such an unexpected as wished ending.

autohead-325490731-largeAutohead narrates the story of Narayan, a driver of a rickshaw in Bombay. The rickshaws are a three-wheel vehicles that circulate through the busy streets of many Asian countries. Pulled, moved by pedaling or directly motorized (as is the case on Autohead), is the usual mean of transport in India, inside cities and towns. Narayan is not only the main character of Autohead but the protagonist of a documentary that a group of young filmmakers are making, which in an ironic way is played by Rohit Mittal himself, his sound guy and camera operator. As the plot advances, we start to enter in Narayan’s psyche, masterly interpreted by Deepak Sampat, and we go along with him during his turbulent nights and most profound fears. The same as Travis Bickle of Taxi Driver (1974), Mittal and Sampat introduce us in the dirty streets of Bombay and the schizophrenic reality of an ordinary driver who also has an aim, to clean off the city of those elements that contaminates it. But the character of Narayan goes much further than Travis Bickle, and is translated into his relationship with the prostitute. Not only he accompanies her to see her clients, he also loves her, he acts as an improvised pimp. His mission is not to save her from her wrong life, but save her from her own hell that runs her blood and soul. If Scorsese had been born in India, he would have filmed Autohead.

The most unexpected turning point of the film and the one that elevates it to a special dimension is the filming of the documentary itself. Little by little, the team of filmmakers takes prominence as Narayan’s own crimes occur. In an exercise of lucidity and cinematographic ethics, the filmmakers suffer a conflict of interests that puts them in the spot of wonder: Should we carry on with the filming? Should we go to the police? The filmmakers finally lean towards the second option in which (from my point of view) is the only scene of pure fiction of the plot, but that has been filmed in such a cruel and realistic way that looks like a documentary.

Following, one of the most surprising and at the same times longed for endings that I have seen in the last years. In a film where is hard to empathize with the main characters because of the bitter, hard and demolishing mise-en-scène and of its characters; the filmmakers become the real scum of society and its authentic corruptors. Rohit tells us that being a filmmaker entails a responsibility, as well as our films have consequences to assume.

Maybe is time to clean off the city of dirty filmmakers.

Traducción de Silvia Trullén

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AUTOHEAD, DIRECTO A TU CABEZA

Directo a tu cabeza. Ahí es donde te golpea el visionado de Autohead (2016), extraño, contundente y magnífico trabajo realizado por Rohit Mittal. Extraño porque supone una mezcla de géneros que cuesta definir y catalogar: falso documental, ficción, género de terror, thriller, drama costumbrista, found footage y reportaje televisivo; para volver de nuevo al documental sobre cine. Brillante ejercicio de metacine con un final tan inesperado como deseado.

autohead-325490731-largeAutohead narra la historia de Narayan, el conductor de un ricksaw en Bombai. Los ricksaws son unos pequeños vehículos de tres ruedas que circulan por las transitadas calles de muchos países asiáticos. Empujados, movidos mediante pedaleo o directamente motorizados (como en el caso de Autohead) son el medio de transporte habitual en la India, dentro de las ciudades y pueblos. Narayan no sólo es el protagonista de “Authead”, sino que es el protagonista de un documental que están realizando un grupo de jóvenes cineastas, que de manera irónica están interpretados por el propio Rohit Mittal y su sonidista y cámara. A medida que avanza la trama vamos entrando en la “enferma” psique de Narayan, interpretado magistralmente por Deepak Sampat, y le acompañamos en sus turbulentas noches y sus miedos más profundos. Al igual que el Travis Bickle de Taxi Driver (1974), Mittal y Sampat nos introducen en las sucias calles de Bombai y en la esquizofrénica realidad de un vulgar conductor que tiene también como objetivo limpiar la ciudad de aquellos elementos que la contaminen. Pero el personaje de Narayan va mucho más allá que Travis Bickle y se traduce en su relación con la prostituta. No sólo la acompaña a ver sus clientes, sino que la ama, hace de “improvisado” proxeneta. Su misión no es salvarla de su equivocada vida, sino salvarla del propio infierno que recorre su sangre y su alma. Si Scorsese hubiera nacido en la India hubiera realizado “Autohead”.

El giro más inesperado de la película y que la eleva a una dimensión especial, es el propio rodaje del documental. Poco a poco, el equipo de realizadores de la película va tomando protagonismo a medida que se van sucediendo los crímenes del propio Narayan. En un ejercicio de lucidez y ética cinematográfica, los realizadores sufren un conflicto de intereses que les hacer plantearse: ¿debemos seguir con la filmación? ¿debemos acudir a la policía? Los realizadores se decantan por la segunda opción en la que (bajo mi punto de vista) es la única escena de pura ficción de la trama pero que está filmada de una manera tan cruda y realista que parece documental. A continuación, llega uno de los finales más sorprendentes y a la vez anhelados que he visto en los últimos años. En una cinta donde cuesta empatizar con los protagonistas por el tono agrio, duro y demoledor de su puesta en escena y de sus personajes; los realizadores se convierten en la verdadera escoria de la sociedad y en los auténticos corruptores de ésta. Rohit nos dice que ser cineasta conlleva una responsabilidad, así como nuestras películas tienen unas consecuencias que asumir. Quizás sea hora de limpiar también la ciudad de sucios cineastas.

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MOZ AND I, LA BANDA SONORA DE TU VIDA

Moz and I (2016) es como una de aquellas inolvidables noches de fiesta, eternas e imprevisibles. Uno comienza tranquilamente, a la expectativa, con la sensación de estar en terreno conocido y jugando en casa; pero, poco a poco, sorpresa a sorpresa, acabas inmerso en una sorprendente noche; cambiando de local, de gente, de música. Todo para pasártelo cada vez mejor y mejor.

poster-festivales-moz-and-i_acentosEl documental dirigido por Edgar Burgos y Esther Lopera comienza como un simple retrato, filmado con elegancia y sencillez, de uno de los iconos más admirados de la música moderna, Morrissey, solista y exlíder de la banda The Smiths, para terminar llegando a tu corazón y emocionarte gracias a la búsqueda de la verdad que se encuentra en el alma de cada fan. Moz and I va cambiando de tema y de historia como si estuviéramos en una de aquellas sesiones de Luis Le Nuit en el Bar Fantástico o en la Sala Razzmatazz. El dj Luis Le Nuit es otro de los protagonistas del documental, que actúa como leitmotiv de esta inteligente y sensible “sesión” que es Moz and I. Gracias al relato de personajes básicos de la escena musical nacional como Florent y Eric de Los Planetas, Mike Erentxun o los miembros de McEnroe, conocemos un poco mejor a Morrissey y sobre todo a Luis le Nuit. Gracias a Luis le Nuit recordamos una de los momentos culturales más importantes de la movida barcelonesa de los últimos años: la escena de clubs asociada especialmente a la música pop e indie. Y gracias a amigos y familiares de Luis entendemos que es el fenómeno fan. Los realizadores mezclan todos estos temas como si se trataran de dj’s y para aquellos que hemos vivido esas noches de música y bailes en Barcelona no podemos dejar de pensar que estamos ante un maravilloso regalo. Moz and I contiene suficientes elementos para ser considerado no sólo un gran documental musical sino un retrato indispensable de una época concreta en Barcelona y de un fenómeno que toda generación tiene el suyo: el del fan.

Si en tu alma hay un mínimo porcentaje de síndrome fan, este documental, realmente no va sobre todos estos temas que acabo de explicarte. Este documental va sobre ti. Porque no deja de ser la banda sonora de tu vida.

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10 RAZONES PARA AMAR A STEVEN SEAGAL

La semana pasada tuve la suerte de ver Alerta máxima (1992) en la Sala Phenomena, es decir, pude ver a Steven Seagal en pantalla grande. Soy fan de Seagal desde la primera vez que lo vi rompiendo brazos en una de sus películas. Fue en Buscando Justicia (John Flynn, 1991), una de mis cintas favoritas de su filmografía y que vi en cines. La verdad es que ya había tenido la oportunidad de ver a Seagal en su anterior filme, Difícil de matar (Bruce Malmuth, 1990), pero su visionado en vhs fue una gran decepción. Parecía que el tío de la coleta que se enrollaba a la mujer de rojo no molaba mucho. Así fue y así es, Difícil de matar es bastante floja y aburrida, a pesar de contener algunas de las secuencias más disparatas del cine de acción de los ochenta. Seagal con barba de seis años huyendo under_siege-873606397-largeen la camilla tras salir de un profundo coma no convence, pero quizás la reina del disparate sea la secuencia de seducción/romance con Kelly LeBrock. Es posible que Tommy Wisseau se haya inspirado en ella para hacer su obra maestra The Room (2003). Es floja, pero reconozco que algún fragmento veo de vez en cuando..

En aquella época el cine de acción llenaba las salas con decenas de filmes con estrellas consagradas y otros personajes que buscaban su hueco en el olimpo de los tipos duros musculados. Los consagrados eran Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone, Jean Claude Van Damme y Chuck Norris, y cada año surgían, como la espuma, nuevos aspirantes al trono del reparto a domicilio como Jeff Speakman, Brian Bosworth, Oliver Grunner, Don “The Dragon” Wilson y Gary Daniels entre otros. Me estoy olvidando a muchos, pero eso sería entrar en otros terrenos más profundos de la catalogación y merecería otro artículo aparte. A ninguno de ellos se le puede considerar estrella de primera línea, pero ¿si te ponen música… tú no bailas? Pues yo sí.

Pues como me gustaba bailar con todos estos tiparracos de gimnasio me fui a bailar con Seagal en su nueva película, Out for Justice, y me encantó. Seagal comienza la peli con un chaleco a pelo, mostrando que no está cachas y eso ya me llamó la atención. Una gorra ladeada en la cabeza y una forma de andar torpe y algo desgarbada. Le da sermones a su hijo y le obliga a rezar; matan a su mejor amigo y el asesino resulta ser un antiguo amigo de la infancia; un irresistible William Forsythe, que no para de esnifar cocaína, fumar crack y que se ha vuelto literalmente loco. Su locura es una de las cosas que más me gustan de la peli. En una secuencia le vuela la tapa de los sesos a una mujer ¡qué le pita con el claxon de su coche! Seagal busca venganza, pide permiso a los capos de la mafia, se pone un abrigo largo y se dedica a romper brazos, rodillas y a mandar a la otra punta de la habitación a cualquiera que ose retarle. Sus movimientos entonces son harmoniosos, con un sentido musical. Combinación de Aikido y golpes con palos de billar adornados con sonidos de huesos quebrantados. Además la dirige John Flynn, responsable de la impactante El ex-preso de Corea (1977) escrita por Paul Schrader. Filmada en as calles de Brooklyn, la fotografía es oscura y decadente y tiene el aroma de la puesta en escena de los años setenta, planos largos, panorámicas, teleobjetivos…

Pero la peli que vi en el Phenomena no era Buscando justicia, sino Alerta máxima. No es una de mis cintas favoritas de Seagal pero si es su película más importante, la de más presupuesto y la que cuenta con un elenco de actores más reconocido (si no incluimos a En tierra peligrosa con Michael Caine). Dirigida por Andrew Davis, sería una especie de Jungla de cristal en un barco militar. La película tiene ritmo, acción, mucho sentido del humor y por momentos se vuelve un poco delirante sobre todo con la subtrama relacionada con los villanos. Gary Busey se disfraza de mujer y Tommy Lee Jones de rockero y tiene grandes dolores de cabeza que por momentos le hacen poner voces de dibujos animados. Es como si en aquel barco todos estuvieran totalmente locos. Seagal hace de cocinero experto en armas, explosivos, todo un especialista y la exótica Erika Eleniak sale de un pastel desnuda enseñando sus operados atributos. Todo ese cóctel, magníficamente filmado, no sólo fue muy americano (la película comienza con George H. W. Bush visitando el buque militar) sino que fue un rotundo éxito de taquilla.

¿Quieres más motivos para amar con desenfreno a Steven Seagal? Aquí tienes diez, pero seguro que podemos encontrar muchos más…

1 (Casi) Siempre ha llevado coleta, cuando no estaba para nada de moda. De frondoso pelo negro a pesar de que en Por encima de la ley (1988) luciera entradas y una incipiente calvicie.

2 Habla italiano y muchos idiomas más.  A pesar de que su origen sea una mezcla de orígnes judío e indio cherokee, muchos de sus papeles son de italiano y si hay que hablar italiano se habla. Lo mismo ocurre con el francés, castellano o ruso.

3 Susurra al hablar, pero hace que los malos griten. Esa combinación me parece demoledora. Te puede decir que te va a moler a palos de la misma manera que le hablaría a un bebé. Eso sí, luego te va a destrozar los huesos como si partiera doritos.

4 Estuvo casado con Kelly Le Brock. Se casó con la mujer de rojo, al igual que el matrimonio Stallone/Nielsen, fue breve, emocionante y les dio tiempo a hacer una peli juntos.

5 Ama y defiende los animales. El amor a los animales se hace extensible a la naturaleza, los bosques y en general el mundo. Cuando tuvo el mundo en sus manos y el poder para hacer lo que quisiera se dedicó a hacer pelis con fuerte contenido ecologista y de defensa medioambiental como En tierra peligrosa (1994) dirigida por el propio Seagal. Toda una declaración de intenciones.

6 Es músico y toca en una banda. Su banda se llama Steven Seagal Blues Band, ha sacado varios discos y ha llegado a tocar incluso con B.B. King, amigo y mentor de Seagal.

7 Rueda de manera incesante. Películas para televisión, direct to video movies. Los nuevos trabajos de Seagal no dejan de aparecer a pesar de que físicamente no luzca espléndido y la puesta en escena y el montaje tengan que compensar sus carencias físicas. En estos años se mueve por tierras rusas y en países del este donde rueda con facilidad. Es un gran amigo de Putin con el que practica artes marciales.

8 Trabaja como policía. Es jefe adjunto de la División de Voluntarios de la Oficina del Sheriff en Jefferson, ciudad del estado de Luisiana. La justicia no es algo que sólo se aplique en la ficción, sino tiene su reverso en la vida real. En la serie Steven Seagal: Lawman se le puede ver dando lecciones de Aikido, deteniendo a malhechores y demostrando su buena puntería.

9 Casi todos sus títulos originales están compuestos de tres palabras. Brevedad y contundencia como marca de estilo y como sello personal. Abowe de Law, Hard to Kill, Out for Justice, Marked for Death, On Deadly Ground, The Glimmer Man, Fire Down Below..

10 Sus películas son perfectas para cuando uno llega de fiesta. Está entre mis preferidos para el último suspiro después de una larga noche de baile y diversión. El sol apunta en el horizonte, la última cerveza, el trozo de pizza que sobró de la noche y… Steven Seagal fracturando algún cubito o radio, suena a música celestial para suavizar el tránsito al sueño.

Por estas diez razones y muchas más hay que amar a Steven Seagal.

 

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BELLEZA DE NEÓN Y MUERTE

The Neon Demon (2016), la última película de Nicolas Winding Refn se sumerge en un sueño del que es difícil despertar. Como en su anterior filme, Only God Forgives (2013), las tramas se van simplificando cada vez de manera más radical hasta llegar a la abstracción. Al igual que sus imágenes; instantáneas, vivas, electrizantes y embriagadoras; tan banales como seductoras que quisieras dormir en ellas. Es como bailar bajo los efectos ya2zzl95del éxtasis en una pista de baile; no hay nada más que hacer que esperar a que baje el efecto o a que termine la música.

“La belleza no es lo más importante, lo es todo”. Bajo esta premisa verbalizada por uno de los protagonistas, se articula toda la película de Refn.  Suspendidos en un futuro cercano, posiblemente de unas horas, en un presente de nostalgia retro, los elementos como el neón, el terciopelo, el cuero, la madera, el acero e incluso la sangre,  brillan en claroscuros para envolver, esconder y resaltar la belleza de sus protagonistas. Todo deslumbra y a la vez todo es negrura en The Neon Demon.

Jesse llega a Hollywood con el sueño de conquistarlo y ser una estrella más en el firmamento de las modelos y las actrices. Su belleza natural, pura y virginal desatará la maldad entre sus rivales, compañeras y amantes. O quizás es el mal que ya existe en la propia ciudad de Los Ángeles la que se apoderará de ella. Esta excusa argumental, utilizada tantas veces en películas como Ha nacido una estrella (en sus diferentes versiones) o Mulholland Drive (2001), sirve a NWR (tal y como firma en los créditos) para articular un discurso sobre la belleza en nuestros tiempos y las consecuencias de la excesiva importancia que se le da. Discurso que, de una manera superficial, al igual que la belleza, surge de las perfectas bocas de las protagonistas, pero que cobra fuerza y explota como una bomba en el cerebro del espectador gracias a muchas de las imágenes de la película. Momentos suspendidos en un coma profundo mezclados con ataques epilépticos de luz de neón que, gracias al trabajo de la directora de fotografía, Natasha Braier, dan sentido a la fina narrativa del filme y la llevan a un nivel simbólico.

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Como las chicas del “giallo” fantástico de Dario Argento Suspiria (1977), nuestras protagonistas se mueven entre colores rojos, azules y verdes y quedan atrapadas en cuadros con hermosas muertes, a veces fingidas, otras reales. La belleza está también en la oscuridad y quizás, en la muerte.

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