BELLEZA DE NEÓN Y MUERTE

The Neon Demon (2016), la última película de Nicolas Winding Refn se sumerge en un sueño del que es difícil despertar. Como en su anterior filme, Only God Forgives (2013), las tramas se van simplificando cada vez de manera más radical hasta llegar a la abstracción. Al igual que sus imágenes; instantáneas, vivas, electrizantes y embriagadoras; tan banales como seductoras que quisieras dormir en ellas. Es como bailar bajo los efectos ya2zzl95del éxtasis en una pista de baile; no hay nada más que hacer que esperar a que baje el efecto o a que termine la música.

“La belleza no es lo más importante, lo es todo”. Bajo esta premisa verbalizada por uno de los protagonistas, se articula toda la película de Refn.  Suspendidos en un futuro cercano, posiblemente de unas horas, en un presente de nostalgia retro, los elementos como el neón, el terciopelo, el cuero, la madera, el acero e incluso la sangre,  brillan en claroscuros para envolver, esconder y resaltar la belleza de sus protagonistas. Todo deslumbra y a la vez todo es negrura en The Neon Demon.

Jesse llega a Hollywood con el sueño de conquistarlo y ser una estrella más en el firmamento de las modelos y las actrices. Su belleza natural, pura y virginal desatará la maldad entre sus rivales, compañeras y amantes. O quizás es el mal que ya existe en la propia ciudad de Los Ángeles la que se apoderará de ella. Esta excusa argumental, utilizada tantas veces en películas como Ha nacido una estrella (en sus diferentes versiones) o Mulholland Drive (2001), sirve a NWR (tal y como firma en los créditos) para articular un discurso sobre la belleza en nuestros tiempos y las consecuencias de la excesiva importancia que se le da. Discurso que, de una manera superficial, al igual que la belleza, surge de las perfectas bocas de las protagonistas, pero que cobra fuerza y explota como una bomba en el cerebro del espectador gracias a muchas de las imágenes de la película. Momentos suspendidos en un coma profundo mezclados con ataques epilépticos de luz de neón que, gracias al trabajo de la directora de fotografía, Natasha Braier, dan sentido a la fina narrativa del filme y la llevan a un nivel simbólico.

13173616_1095047343851762_2788236383397932118_othe-neon-demon

Como las chicas del “giallo” fantástico de Dario Argento Suspiria (1977), nuestras protagonistas se mueven entre colores rojos, azules y verdes y quedan atrapadas en cuadros con hermosas muertes, a veces fingidas, otras reales. La belleza está también en la oscuridad y quizás, en la muerte.

Advertisements

TAXI DRIVER CUMPLE 40 AÑOS

De una espesa niebla que cubre completamente la pantalla aparece el taxi que recorrerá cada noche las sucias y peligrosas calles de Nueva York. Los nombres de los protagonistas sobre el fondo neblinoso desaparecen y los ojos de Robert de Niro ocupan completamente la pantalla. La música de Bernard Hermann repentinamente cambia de tercio, de una melodía contundente y trágicamente épica a una dulce música jazz. Los transeúntes y las calles se distorsionan en diferentes colores y la música vuelve a cambiar. Estamos en la mente de Travis Bickler, desdoblada, como la banda sonora de Hermann.

Este es el principio de Taxi Driver, una de las películas más importantes de la historia del cine y que este año celebra los cuarenta años de su estreno. Taxi Driver es una película de culto por infinidad de razones. Supuso la película que catapultó a Martin Scorsese como uno de los mejores directores del panorama mundial; el cineasta contaba con sólo 34 años y consiguió la Palma del Festival de Cannes y varias nominaciones por su original trabajo. Fue también la primera colaboración entre Scorsese y el guionista Paul Schrader, posteriormente vendrían Toro Salvaje (1980),  La última tentación de Cristo (1988) y  Al límite  (1999).  Taxi Driver  ha marcado, sin duda, parte de la obra de Schrader, ya que muchos de sus guiones tienen una estructura similar y ofrecen retratos de personajes que descienden directamente a los infiernos buscando cualquier tipo de redención o salvación como ocurre en  El ex-preso de Corea  (1977) y en  Hardcore: un mundo oculto (1979).

También supuso la consagración definitiva de Robert de Niro como estrella del cine tras haber ganado previamente un Oscar como mejor actor secundario por El Padrino II (1974). De Niro simplemente brilla en cada secuencia. Hace un trabajo que recorre desde la sutileza hasta las acciones más explosivas, además de ofrecer uno de sus primeros despliegues de transformaciones en un papel: de paleto a auténtico psicópata demacrado con cresta incluida; en la película venos como su cuerpo se va musculando y pasa de un1461344723_775731_1461345192_noticia_normal auténtico enclenque a fibrado. El resto del trabajo de los actores es también excelente: la prostituta adolescente interpretada por Jodie Foster, la idealista colaboradora en la campaña presidencial que interpreta Cybill Sheherd, un Harvey Keitel en el papel de proxeneta o el Peter Boyle dando vida al taxista apodado “El Mago”.

Taxi Driver es un recorrido por la cara más oscura de la sociedad norteamericana de la época y por todos sus males. Un recorrido por la noche oscura del alma a través de los ojos de un héroe involuntario. Un paseo a través de la niebla que ensucia la mente humana y que nunca deja de sorprender ni de emocionar. Un paseo que cumple cuatro décadas y que tendremos la oportunidad de volver a ver en las salas de cine durante este final de 2016.