CATALOGANDO A LOUIS GOSSETT, JR. PARTE I: AS GIDEON OLIVER (TONGS/KENNONITE/EL ÚLTIMO VUELO A CORAMAYA)

No hay ninguna duda de que las series de televisión viven, desde hace poco menos de una década, una época de esplendor. Incluso algunos críticos y consumidores manifiestan que la calidad de algunas de ellas es superior al nivel de la oferta de filmes que llegan a las salas cinematográficas. No les falta razón, pero la televisión ya desde sus inicios siempre ha ofrecido magníficos productos de ficción con un único objetivo: que sus espectadores no levantasen el culo del sofá y dejasen la excursión al cine para otro día.

El fugitivo Deadwood 2

De esta manera, grandes cineastas y actores comenzaron trabajando para la pequeña pantalla; otros se refugiaron en ella cuando sus carreras cinematográficas apuntaban un ligero declive, y otros simplemente no han dejado nunca de trabajar en la tele; alternando un medio con otro. Si uno escarba en la memoria y en la dvdteca encontrará grandes series que se han ido realizando a lo largo de la historia. Desde La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone, Rod Serling, 1959-1964), pasando por El fugitivo (The Fugitive, 1963-1967), Canción triste de Hill Street (Hill Street Blues, Steven Bochco, 1981-1987), Bonanza (David Dortort y Fred Hamilton, 1959-1973) hasta terminar en nuestros días con obras de culto como Deadwood (David Milch, 2004-2006) o The Wire- Bajo escucha (The Wire, David Simon, 2002-2008).

El protagonista de este artículo es uno de esos actores que comenzó trabajando en infinidad de series de televisión hasta que un día la fama y la resonancia por conseguir el Oscar al mejor actor secundario lo catapultó al estrellato internacional. En algunos casos un premio así te da la oportunidad de trabajar con los directores más prestigiosos y acceder a los papeles más codiciados. No es el caso de Louis Gossett, Jr. Después de ganar el Oscar en el año 1982 por su papel en Oficial y Caballero (Officer and a Gentleman, Taylor Hackford, 1982), siguió su carrera como actor secundario o coprotagonista en varias películas de acción y aventuras, que a pesar de estar hoy en día un tanto olvidadas, son auténticas obras de culto. Podría parecer que la carrera de Louis Gossett Jr. entró en declive varios años después del Oscar, pero un leve repaso a su carrera confirma que no es así. Nunca dejó de trabajar para la pantalla catódica combinándolo con el cine, demostrando siempre ser un grandísimo actor con infinidad de registros.

Louis Gosse OscarGideon 4

La serie Gideon Oliver es un magnífico ejemplo. Serie de finales de los años ochenta interpretada por el actor de color Louis Gossett, Jr, creada por Dick Wolf y producida por Universal TV y Wolf Films para la sección de la ABC “The ABC Mistery Movie”. Está compuesta por cinco episodios de dos horas con tramas independientes de corte dramático/criminal muy en la línea de las famosísimas Kojac o Colombo. En ellas encontramos a Gideon Oliver, un profesor de Antropología de la Universidad de Nueva York que se ve inmerso en varias tramas criminales que implican a alumnos o viejos amigos suyos, pero que sobre todo enfrentan a diferentes culturas en conflictos aparentemente irresolubles y que a menudo situan a Gideon ante un compromiso ético y moral. Sin ser un detective privado, Oliver investiga y recopila pistas para encontrar la verdad. No es un hombre de acción pero en ocasiones su vida corre peligro y se defiende demostrando su manejo en artes parciales. Es un mediador, un hombre de paz, un embajador norteamericano en su propio país, conocedor de infinidad de culturas, ha viajado por todo el mundo, estuvo en la guerra de Vietnam, conoce al hombre y su mejor arma es su sentido común y empatía. Gran conversador, amante de la buena comida no está lejos de personajes como Hercule Poirot o el Padre Brown, con la diferencia que en su caso no siempre el objetivo es descubrir quién cometió el crimen, sino evitarlo.
La serie fue cancelada tras el quinto episodio pero en España tres capítulos se distribuyeron en vhs por CIC, y yo los tengo en mi poder! Es hora de catalogarlos!!

 

Tongs (emitido el 13 de marzo de 1989) dirigido por Alan Metzger

De los tres episodios que he podido ver sin lugar a dudas es el mejor de todos. Ambientado en Manhattan nos muestra a Gideon en su vida diaria, impartiendo clases a un pequeño grupo de alumnos, en sus paseos habituales así como la relación con su hija. Hace frío, Gideon va ataviado con gabardinas, pesados abrigos y bufandas, diferentes sombreros y gorros de piel protegen su calva del duro frío neoyorquino.
Uno de los alumnos de Gideon de origen chino se ve impliacado en un torbellino de violencia que estalla entre el clan Tong al que pertenece su familia, la sociedad que han formado la familia china enemiga de estos y el clan italiano de Little Italy. Tommy Li que decidió apartarse de la senda que marcaba la herencia mafiosa de su gen familiar para estudiar Antropología, se convierte en una especie de Michael Corleone que no puede evitar agarrarse a los lazos de sangre, aunque estos sean contrarios a su forma de ver la vida. Al igual que en El Padrino (The Godfather, Francis Ford Coppola, 1972), este sufre una conversión que le acaba convirtiendo en el jefe de la familia tras pasar del diálogo y el análisis a la venganza y la violencia.

Gideon 6Tongs

Louis Gossett, Jr. inaugura su papel como Gideon Oliver, más orondo de lo que se le había visto en anteriores películas, se muestra como un hombre amable, divertido y entregado a su profesión y a sus alumnos. Gideon cumple la función de mentor y persona que intenta allanar el difícil camino que ha emprendido su pupilo.
Tongs funciona por su duración más como una tvmovie que como capítulo. Filmado con sobriedad y elegancia, se nota un presupuesto elevado en algunas de sus secuencias como el tiroteo inicial en el restaurante chino, la procesión en Chinatown y varias secuencias nocturnas iluminadas con gran efectividad dramática. Además del excelente trabajo de Gossett, Jr. el filme cuenta con excelentes secundarios como John Amos y James Hong.

 

Kennonnite (emitido el 22 de mayo de 1989) dirigido por Bill Duke y Larry Gross

Gideon abandona la fría Manhattan por una indefinida zona del medio oeste americano donde reside una comunidad cultural y étnico-religiosa llamada los Kennonnite; algo así como una comunidad Amish. Prácticamente aislados del resto del mundo y anclados en las viejas tradiciones, costumbres y formas de vivir (visten al estilo del S XVII, endogamia reproductiva); su apacible vida de trabajo y tranquilidad se ve alterada cuando un malhumorado e intransigente vecino del pueblo más cercano aparece asesinado y el principal sospechoso resulta ser un miembro de la comunidad.
Louis Gossett, Jr., viejo amigo del patriarca de los Kennonnite, llega para ayudar a sus viejos amigos e intentar mediar entre las dos comunidades con odios que se han ido generando a lo largo de décadas, además de la sombra negra y oscura de una gran corporación que quiere apoderarse de sus tierras . El aspecto más interesante del episodio reside en varios personajes que se mueven entre el viejo modo de vivir de su comunidad y la libertad de haber vivido la experiencia del mundo real. Estos personajes se debaten entre el amor, la pasión y la ambición que les produce el mundo exterior y su compromiso por un férreo modo de existencia.
Gideon, que luce durante toda la película una gorra de los Yankees, despliega todas sus artes diplomáticas o no; porque la violencia no tarda en aparecer en las soleadas y doradas plantaciones de trigo y maíz. La trama se desarrolla esta vez en forma de thriller dramático con varios giros que van sorprendiendo al espectador incluyendo una inesperada revelación final. Realizada de nuevo con elegancia y oficio destacan algunas secuencias de suspense y nos regala una de las primeras interpretaciones de una jovencísima Melissa Leo en un ambiguo e intrigante papel.

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El último vuelo a Coramaya (The Last Plane From Coramaya) (emitido el 10 de abril de 1989) dirigido por Randy Roberts

Gideon Oliver viaja en esta ocasión hasta Coramaya, una fictícia isla caribeña que vive bajo un régimen dictatorial cuyo destino se precipita hacia una guerra civil que mantiene al país en una constante alarma. El motivo de su viaje es la desaparición de un arqueólogo viejo amigo suyo que hace semanas no ha dado señales de vida.
Gideon, acompañado de varios amigos periodistas que esperan con ansiedad la noticia de la caída del actual gobierno, ayudan a Gideon a saber que ha pasado con su viejo amigo. Al igual que en Kennonite, la trama se desarrolla a modo de thriller combinado esta vez con el género de aventuras, y por primera vez con elementos románticos, sí; porque Louis Gossett Jr. también sabe amar. Unas viejas figuras de arte isleño hechas con oro, una atractiva artista y mujer de negocios, la presencia de los rebeldes y su lucha; hacen de este capítulo el más trepidante y también el más violento y triste, ya que Gideon verá como varios de sus compañeros son asesinados. Gosset Jr. tiene en este capítulo la oportunidad de mostrar registros más arriesgados que en las anteriores entregas: furia, desolación, llanto, desesperación.
Combinando elementos de El año que vivimos peligrosamente (The Year of Living Dangerously, Peter Weir, 1982), El halcón maltés (The Maltese Falcon, John Houston, 1941), la desafortunada tradución del título original desorienta y cambia radicalmente el sentido del filme, ya que el vuelo al que el título original se refiere es el último que sale de Coraymaya y no el último que parte hacia la isla. Todo converge, al igual que en muchas otras películas en un punto final que es un avión que dejará atrás el horror y el infierno en busca de una nueva vida. La salvación y la resolución de la trama están a las puertas de embarque de ese vuelo. Como es habitual en esta serie, la realización es muy eficaz así como el trabajo de todos los actores, incluyendo la atractiva Julie Carmen, actriz de origen latino y que tuvo a finales de los ochenta cierto éxito gracias a filmes como Un lugar llamado Milagro (The Milagro Beanfield War, Robert Redford, 1988) y Noche de miedo II (Fright Night Part II, Tommy Lee Wallace, 1988).

El ultimo vuelo a CoramayaCoramaya

El final es realmente sorprendente por lo crudo y contundente: Gideon convence al personaje de Julie Carmen para que abandone la isla y marche con él a USA. Tras varios giros en los que no quedaba claro si su papel es el de heroína o villana, finalmente, los dos van a coger el avión para cambiar sus vidas y se produce un tiroteo en las escaleras automáticas. Ella muere. Me encanta que los guionistas trabajen este tipo de ideas. Para una vez que Gideon se lanza al amor (nunca explícito, sino más bien sugerido) apenas dura unos instantes. Sin concesiones.

Si queréis acabar de comprobar que Louis Gossett, Jr. está en plena forma, echad un vistazo a Boardwalk Empire (Terence Winter, 2010-) y su papel de Oscar Boneau. Ahí sigue.

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¿QUIÉN DICE QUE NO A NEVE CAMPBELL?

Dejo la soleada y cálida California, abandono la costa oeste. Ha sido un viaje inútil y estéril, o esa sensación me acompaña durante el viaje de vuelta. Otro viaje más en primera, otro viaje más en avión, fumar, beber, dormir, recordar… Con una mentira más grande que mi última resaca me planté en Hollywood, con la misma mentira y con la desazón del sueño que se escapa entre mis dedos como el humo de mi Lucky Strike regreso a Nueva York; frío, soledad, mi última botella, mi primer bar.

Algo está cambiando en Don Draper en la última temporada de Mad Men, la ira, la desesperación interior, el miedo, la conexión íntima y eterna con el abismo que se esconde tras el precipicio que cierra la cartela de entrada no han desaparecido, nunca lo harán. Siguen ahí, latentes, pero ha cambiado el objeto que anestesiaba y calmaba su ansiedad. La mujer, víctima y beneficiaria de su estabilidad y también de su errático rumbo ha dejado de ser el primer blanco de sus balas perdidas. Quiere ser esposo, quiere ser padre, quiere recuperar el respeto, quiere recuperar la autoestima.

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En el ansiado (al menos para mí) primer capítulo de la séptima temporada titulado Time Zone (Scott Hornbacher, 2014), el personaje interpretado por Jon Hamm, vuela de regreso a Nueva York desde Los Ángeles, a su lado, como compañera de viaje tiene a Lee Calbot, que interpreta una Neve Campbell reposadamente madura, con aplomo de mujer fuerte, convencida y serena. Don Draper que sufre las turbulencias de no acabar de comprender los mecanismos que llevan su vida al más grande precipicio que jamás se haya encontrado, tiene ante sus garras la presa perfecta. Tiene la oportunidad de mancillar la más preciada de las rosas del jardín.

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Neve Campbell, desde hace años una mujer, y una abnegada viuda, comprensiva y cariñosa en su papel en Time Zones, nunca dejará de emanar esa fragancia de mujer intocable, de virginal adolescente, luchando por mantener su integridad. Cuidando de que su mejor secreto permanezca intacto, esperando quién sabe si a su príncipe azul o a su amante verdugo. Su cuerpo tan delicado pero de apariencia fuerte y tosco atrae los manoseos de sus novios primerizos, pero ella, que tiene un lado oscuro que cualquier psychokiller en potencia vería a diez mil leguas, acaba sucumbiendo ante el horror de aquellos que si bien no pueden abrir el cofre de sus más íntimos tesoros, al menos harán lo posible por destruirlo. Así novios que acaban siendo asesinos en la saga de Scream luchan por acariciar su cuerpo, primero con sus manos, finalmente con sus afilados cuchillos. ¿Por qué ella no puede sucumbir de la misma manera que sus amigas al placer del descubrimiento carnal? Sí, es la heroína que hereda la pureza, fragilidad y fuerza de las scream Queens de los ochenta, pero los tiempos han cambiado, ahora todo va más rápido, y Sidney Presscot/Neve Campbell se pregunta cuando podrá dejar atrás sus miedos y rendirse, por fin, a los brazos del hombre al que desea, del amante que espera en cualquier rincón: en el metro, en la oficina del trabajo, a su lado en un vuelo de regreso a la gran manzana.

Recuerdo mi primera novia, cuando en un ejercicio que rememoraba al James Stewart en Vértigo, la miraba y me recordaba tanto a Neve Campbell que no sabía si veía las películas de Neve porque estaba enamorado de Núria o si buscaba en su compañía, su rostro y sus besos aquellas historias que nunca dejarían de suceder en la pantalla. Eternas en el lienzo cinematográfico pero inútiles en nuestros infinitos paseos, cafés con cigarrillos y largos besos en bancos, en parques, en portales. Pero como Neve Campbell, el diamante escondido al principio de la espiral no estaba destinado al primer novio que le prometiera poemas inacabados. No iba yo a cruzar la línea de tiza escrita en la pared , nunca sería el primero en hacer el amor con Núria.

Por eso Neve, aunque creciera a marchas forzadas y quisiera demostrar que había libertad en el fondo de su alma, papeles en películas como Studio 54 (54, Mark Christopher, 1998) y Juegos Salvajes (Wild Things, John McNaughton, 1998) no hacían olvidar la imagen inocente y sagrada de eterna virgen; da igual embullirse en la más loca y salvaje noche de Manhattan a principios de los ochenta, que participar en el más disparatado y loco juego de ambición y engaños, en uno de los últimos thrillers sexuales de los noventa. Da igual, Neve siempre suscita ternura, dulce adoración.

Cuando Don la mira y le sonríe, ella que ha sufrido la pena del dolor por la pérdida y es ya una mujer, con un pasado, comprensiva sin perder la fragilidad, atrevida sin perder la compostura, consigue que Don se sincere, desnude su alma y se ponga a  si mismo entre la espada y la pared, ante la pregunta que llevaba tiempo intentando formular aunque sin respuesta. Al despertar el nuevo día y cuando las horas han acomodado la cabeza de ella en el hombro de él, Neve, madura y consciente de creer su nueva realidad invita a Don a que la acompañe en su coche. Don contesta que no, le espera su trabajo, su evitada realidad.

Neve, perpleja, no entiende por qué no puede quitarse de encima la sombra de Sidney Presscot, dejar atrás la imagen de criatura angelical y saltar al lado más salvaje de su nueva vida.  Ni siquiera el más peligroso de sus enemigos masculinos es capaz de ensuciar el más blanco de sus vestidos. ¿Quién dice que no a Neve Campbell? Don Draper puede, yo, también pude.