JOHN BARRETT EN AMERICAN KICKBOXER 1: HÉROE SIN CARISMA Y MENOS SIMPATÍA

Hacía años que rondaba por mi cabeza dedicarle unas horas a la saga American Kickboxer, pero sinceramente, me daba un poco de miedo enfrentarme al reto. Tras un intento fallido hace unos años llegó el momento de afrontar la prueba y encarar tus propios miedos y fantasmas. La saga compuesta por American Kickboxer 1(Frans Nel, 1991) y American Kickboxer 2 (Jenö Hodi, 1993) son dos subproductos que nacen y florecen tras el éxito que supuso Kickboxer, el clásico de Van Damme. Distribuidas por Cannon Video, el último reducto de lo que en su día fue la productora de los israelís MehahemGolam y Yoram Globus. El parecido con el original se reduce al título y al póster.

Sentarse a ver ciertas películas supone una auténtica batalla contra la misma película, contra tu resistencia y contra ti mismo; ponen a prueba tu capacidad de sacrificio. Me subo al ring sin guantes ni protección, dispuesto a esquivar el mayor número de golpes. ¿Puedo yo propinar  alguno? No, solo puedo tomarme algún que otro descanso y esperar a que suene la campana.

El truco del póster llamativo, que luce y reluce es tan viejo como el propio cine. Cuando el mercado doméstico entró en auge, cualquier película que se hubiera filmado, por horrible y nefasta que fuera podía venderse si iba acompañada de un impactante póster. El caso de estas dos joyitas del art martials trash no iba a ser menos, finalmente me dejé seducir por las carátulas y le di al play.

El póster de American Kickboxer es sencillamente fantástico: con la bandera de USA de fondo dos luchadores de kickboxing pelean. John Barrett, la estrella de la película propina una patada espectacular a su oponente, el momento congelado nos remite a algún momento American Kickboxer 1de un posible combate final. En juego, imaginamos, el honor, un título, el amor de una mujer, la venganza… Sencillo y potente, este póster nos recuerda algunas imágenes de Rocky (John G. Avildsen, 1974), que a pesar de ser una película sobre boxeo destila la misma energía. El énfasis en el título y el diseño del póster, nos lleva hacia un escenario donde nuestro héroe lucha por sí mismo pero en última instancia también por un pueblo, por un país. No descartamos una venganza, un ajuste de cuentas, la gloria al alcance de un hombre, el éxtasis y la felicidad para el pueblo que se identifica con él. Es el deporte y no la vida, es la competición y es el cine. La apuesta de los productores no es menos sencilla; un título atractivo, un buen póster y como protagonista un campeón mundial de kicboxing. Uno de los muchos campeones que dió el salto al (sub)mundo del cine: Don “The Dragon” Wilson, Chris “Apollo” Cook, Oliver Gruner, Billy Blaks, Gary Daniels…

Todos dispuestos a machacar al contrario en el ring, a lucir musculatura, patadas voladoras imposibles y porqué no; osar interpretar a padres de familia, hermanos vengativos, maridos deshonrados, hombres nobles, buscar la victoria por K.O, el éxito de taquilla y superar la década de los noventa, película a película, combate a combate, viendo como el cine de acción y de artes marciales iba dando sus últimos coletazos…

En esta ocasión el afortunado campeón del mundo es John Barrett, cinturón negro y protegido de Chuck Norris cuya filmografía se había centrado casi exclusivamente en la labor de especialista o stunt de alguna de las películas del maestro Norris en el primer lustro de los años ochenta: Duelo final (The Octagon, Eric Karson, 1980) y Golpe por golpe (An ye for an eye, Steve Carver, 1981) entre otras.

En el aguaNear of the sea

¿Y qué nos cuenta la película? La historia del campeón del mundo de kickboxing que tras esta aparente felicidad esconde a un hombre frustrado, egoísta, insatisfecho, cegado por el odio, la rabia y que se deja llevar por la bebida; se dejaba llevar… Todo un ejemplo como campeón. Uno espera la historia de un hombre ejemplar y esta película nos muestra a un tipo bastante detestable, arrogante, violento e incluso machista e intolerante. A esto contribuye por supuesto el diseño de su personaje, pero en mayor medida lo que le  define como vulgar antihéroe es la interpretación y la presencia de John Barrett. Su tosquedad, la cara de pocos amigos, su falta de carisma, su ridícula voz y su comportamiento errático y moribundo le asemejan más a Henry Chinasky que a Kurt Sloan.

Barrett comienza en la película como brillante campeón del mundo. A continuación asiste a una fiesta acompañado de su novia, obstinada mujer que soporta humillación tras humillación y bronca tras bronca, fiel compañera, cual infanta de la corona. A la fiesta acude John Barrettborracho y aparece su enemigo, Jacques Denard, que no es ni más ni menos que otro luchador con el que comparte representante. Un marrullero, impertinente y poco talentoso luchador. El odio mútuo es infinito, un buen compañero de equipo. Y en la fiesta sucede algo imprevisto; una discusión entre los dos gallos acaba con un asistente a la fiesta muerto. La culpa es de Barrett, que enloquecido ha perdido los papeles y lo mata de un empujón. Una tragedia de serie Z: juicio, sentencia, y nuestro héroe acaba en Chirona desposeído de su cinturón e inhabilitado para cualquier competición. “It was an accident” grita enfurecido tras el veredicto del jurado. Y a partir de ese momento la historia se centra en un ex convicto, un lobo solitario y loser bebedor que solo intenta escapar de su mundo en busca de paz, de sí mismo. Barrett es el mejor pero no se perdona.

Yo ya he besado la lona un par de veces, he escuchado con voz distorsionada la cuenta del juez, cinco, seis, siete, agarro el mando y busco el stop, oigo el rugir del público mezclado con los gritos de mi entrenador: ¡levanta! Voy a parar la reproducción pero en ese momento, entre todo el alboroto y el ruido ensordecedor aparece en mi mente el recuerdo de todo el entrenamiento realizado y el duro trabajo que me ha llevado hasta aquí; el sacrificio de llegar al combate final. Levanto el dedo del stop.

Filmada con escaso talento, la obsesión de Barrett continúa, y su odio por Denard aumenta. El conflicto con su mejor amigo parece un delicado triángulo amoroso entre estos dos y la novia de Barrett. Celos, sospechas y desconfianza que incluyen un triste episodio de violencia doméstica, como si fuera cine de artes marciales de autor.

El malhumor de Barrett y su torpeza como actor crecen tanto que incluso condicionan la realización de la película, la planificación se empantana y la estridente música no deja de sonar, secuencias enteras solucionadas en un único plano general.  Pero estas a la vez la hacen singular. ¿Por qué un luchador de kicboxing americano? No lo sé. ¿Hay combate final? Si, lo hay, ¿qué entra en juego? La absurda obsesión de John Barrett en ser actor.

Afortunadamente no solo he salido vivo del combate sino que me siento vencedor, incluso disfruto de los créditos finales. Estoy preparado para la siguiente pelea y el siguiente contrincante. ¡A por el campeonato del mundo!

Advertisements

20 AÑOS SIN STEVE JAMES PARTE III: LA AVENTURA DE SER EL PROTAGONISTA PRINCIPAL

La carrera de Steve James no solamente estuvo marcada por sus trabajos en roles secundarios sino que también tuvo la oportunidad de trabajar como protagonista en dos  películas totalmente desconocidas y descatalogadas que gracias al vhs se pueden disfrutar hoy en día. Se trata de dos cintas de bajo presupuesto y bastante irregulares en su conjunto pero que le permiten combinar sus cualidades de actor y de estrella del cine de acción con absoluta libertad: Steve James en su máxima esencia.

 Riverbend (Sam Firstenberg, 1989)

Riverbend es un curioso filme por varios motivos: el primero, por su temática de corte y reivindicación racial en la que se narra la historia de tres soldados negros presos por un consejo de guerra tras su estancia en Vietnam que se fugan llegando a un pueblo de Georgia Riverbenden el año 1966. El pueblo sureño, vive bajo el terror de un sheriff y una oligarquía blanca que somete a la población negra a un estado cercano a la esclavitud. Los asesinatos, violaciones y humillaciones están a la orden del día y se suceden de manera impúdica. Estos tres soldados causarán una revolución en el pueblo, organizando y adiestrando a la comunidad negra como un auténtico ejército para secuestrar literalmente el pueblo y la comunidad blanca y reclamar así sus derechos como ciudadanos. El segundo motivo curioso radica en el intento de hibridación entre película dramática de corte social con el cine de acción pura y dura cercana al bélico por algunos momentos. Y la última curiosidad es que la dirección corre a cargo de Sam Firstenberg, director habitual de películas de acción de la Cannon, amigo de James  y poco dado a películas con desarrollo narrativo y dramático más complejo.  Aunque hay que reconocer que  James no está en la película solo para dialogar, sino también para administrar justicia a base algún hostión que otro.

El trabajo de Steve James es espléndido en todo momento. Demuestra que tiene la capacidad necesaria para soportar todo el peso de un largometraje a sus espaldas.  Lo vemos en diferentes registros; carismático líder, hombre honesto, seductor respetuoso, pacífico dialogador, implacable sargento y por supuesto enseña la musculatura y no pierde la oportunidad de mostrar su habilidad en combate cuerpo a cuerpo. También destaca el trabajo de Margaret Avery en el papel de la recién enviudada que recibe  y protege a los fugitivos en primera instancia y que acaba teniendo un romance con James durante el filme. Es también significativo como está tratada esta subtrama amorosa: en la primera secuencia el marido  de Margaret es asesinado despiadadamente por el sheriff (personaje lamentable en su esencia y composición, totalmente exagerada y pasada de vueltas, en uno de los aspectos más flojos de la película) A continuación llegan los tres fugitivos y cuando Steve y Margaret cruzan sus miradas se quedan congelados durante varios segundos mirándose a los ojos, momento en el que la cámara hacer un travelling circular de 180En el porche grados abrazándolos. Con esto consigue un instante totalmente expresivo con cierta belleza plástica que supone un oasis en este sentido si lo comparamos con la planificación del resto de la película, bastante mediocre y plana rayando una factura más propia de un telefilme de media tarde. Tras este atisbo de floreciente pasión la pareja tiene una conversación sobre la problemática del pueblo y esa misma noche mientras conversan en el porche, ¡sí!,  ese típico porche de madera del sur, lugar de descanso del buen americano, es donde apasionadamente se besan. Al día siguiente ella acude a la tumba de su recientemente fallecido esposo para explicarle la historia de la siguiente manera: “Se que es muy pronto, pero ha pasado así, es un buen hombre y le quiero aunque de una manera diferente a ti”.  ¿No os parece maravilloso?

A continuación se desarrolla todo el conflicto y la trama se acerca a una película bélica en la que se suceden traiciones, comportamientos abusivos y donde todos los personajes sacan lo mejor y lo peor que hay dentro de ellos. Creo que la historia planteada es muy interesante y toda la trama está bien desarrollada así como las interpretaciones de los actores negros Estallidoque son muy notables en líneas generales. Por otra parte hay muchos aspectos que lastran el resultado final de la película como el bajo presupuesto que se palpa especialmente en algunas secuencias, varias malas elecciones  en el casting, especialmente en lo que se refiere al sheriff y a sus ayudantes que rozan la caricatura, por no hablar de la ridícula banda sonora que fluctúa entre el melodrama de culebrón y la película de misterio, que va machacando de forma redundante y pesada nuestros sentidos auditivos, como si todo hubiera sido filtrado por el sintetizador de segunda mano de un mal aprendiz de Vangelis. Y para rematar el asunto nos despedimos con el  lamentable “happy end” que cierra el filme;  todos amigos, todos hermanos, en una puesta en escena que por clara y descriptiva resulta totalmente artificiosa y poco creíble, más música de sintetizador…

Quedan por otra parte para el recuerdo algunas imágenes muy potentes como el plano en el que los soldados negros avanzan en la noche en una estampa que asemeja el bosque de  Riverbend a la selva de Vietnam. Un aspecto recurrente durante toda la trama  y que culmina en el momento en el que el pueblo se convierte en el escenario de un conflicto bélico similar al acontecido en esos momentos en el país asiático.

Cazador callejero (Street Hunter, William A. Gallagher) 1990

Cazador callejero  podría considerarse como la gran apuesta de Steve James en su carrera aunque  bien podríamos incluirla de alguna manera dentro de su ciclo de películas para la Cannon ya que Menahem Golam aparece como uno de los productores.

Reconozco que un segundo visionado de Street Hunter me ha despertado cierto cariño y estima, alejándola un poco de la idea de bodrio que rezumaba en nuestra primera cita. Una vieja y desgastada copia en vhs nos introduce en la historia de Blade; un expoli que abandonó el cuerpo de policía de la ciudad de Nueva York y ahora ejerce de El cazador callejerocazarrecompensas. Ataviado con una gabardina negra, un sombrero, con residencia en una furgoneta negra y acompañado por un dobermann de feroz gruñir,  lo caricaturesco y pasado de vueltas del personaje de James resulta uno de sus máximos aciertos. Nos encontramos ante un delirio pulp que mezcla a partes iguales referentes de eurowesterns, de Django a Keoma, con una estética meramente nocturna que intenta aprovechar los siempre efectivos y sugerentes escenarios que la gran manzana suele obsequiar: sus sucias y humeantes calles, viejos almacenes, comisarias de policías, un viejo teatro abandonado y una de mis localizaciones favoritas de la ciudad: el puerto con sus grúas, grandes contenedores y la amenaza de un tiroteo en cualquier momentos, coches al agua pato.

La trama rocambolesca se sucede a partir de secuencias a modo de viñeta como si fuera un cómic: un debutante John Leguizamo (también bastante pasado de rosca y muy a tono con la propuesta) que interpreta a un gángster latino junto a un zumbado paramilitar que maneja un ejército de locos mercenarios y que interpreta el rocoso e inexpresivo Reb Brown (del que Steve vs Rebhablaremos más y mejor en otra ocasión) montan una sociedad con el objetivo de controlar el tráfico de drogas y por ende las calles de Manhattan.  Por supuesto Blade intentará detenerlos en una serie de aventuras que implicarán a su novia y al cuerpo de policía; duelos de espada, grueso sentido del  humor, muchos disparos y un variado surtido de músculos y sonrisas por parte de Steve James. Y si esta era la gran apuesta de James no es solo porqué él mismo es uno de los guionistas y creador de los personajes; en el horizonte estaba la idea de hacer una serie para televisión de la misma. Desgraciadamente no pudo ser y tuvimos que conformarnos con Lorenzo Lamas en Renegado

El cazador callejero es Steve James en su máximo esplendor, algo así como un tardío blaxploitation:  ¿qué hubiera sido de Steve James si hubiera nacido una década antes? ¿Os lo imagináis como compañero de tipos como Jim Brow, Richard Roundtree o  Jim Kell en la década de los setenta? Yo sí.