UN BRILLO A TRAVÉS DE LOS OJOS DE MELANIE GRIFFITH

Un resplandor en la oscuridad, algo que brilla a través de, quizás los ojos de Melanie Griffith.  Esa podría ser la traducción de Shining Through (1992, David Seltzer) , o más bien la interpretación del título de este melodrama bélico ambientado en la Segunda Guerra Mundial. Hacía tiempo que quería ver esta película, recuerdo que en el momento de su estreno me quedé con ganas de verla y las críticas fueron muy duras con ella. Es más, ganó los premios Razzies a la peor película, peor director y peor actriz protagonistas del

Poster_of_the_movie_Shining_Through[2]año 1993. ¿Qué son los Razzies? Unos premios que se entregan como respuesta irónica a los Oscar de la Academia y premian lo peor que ha podido verse en las pantallas durante aquel año. Todo un honor.

Pues a mí me ha gustado. La trama se desarrolla a modo de relato de la propia protagonista, Melanie Griffith, a través de una entrevista para así rememorar una historia que mezcla intriga, suspense y amor.  Seamos sinceros, el guión de la película avanza a trompicones, dando saltos de rana que permiten desarrollar la trama a expensas de que la lógica narrativa explosione en la delicada mente del espectador. Sí, así es. Seguramente un mejor trabajo o una serie de doce capítulos podría hacer sobrellevar mejor esos ataques a la coherencia narrativa, pero ahí no está el asunto de la película.
Linda es una joven medio judía medio alemana apasionada por las películas de guerra, valiente y arrojada, cuyos conocimientos del alemán la llevan a involucrase como espía y acaba trabajando para su país en una misión que posiblemente ayudará al fin de la Segunda Guerra Mundial. Y por supuesto, está el amor. Se enamora de Michael Douglas. En aquel mismo año, Douglas paseaba su culo por medio mundo, dejándose atar a la cama por Sharon Stone, mientras volvía a fumar e intentaba descubrir si Catherine Tramell era la asesina o no en Instinto básico (1992).

Con estos elementos, la película avanza a medio camino entre el melodrama y la película de espías al más puro estilo Encadenados (1946) de Alfred Hitchcock. Lamentablemente, toda la trama de Linda como espía dentro de la casa del personaje interpretado por Liam Neeson está poco desarrollada ya que podría dar bastante juego en secuencias de suspense y misterio. Eso sí, hay varias escenas de cama entre Melanie y Michael. Entre ellos ha surgido el amor, pero Michael no puede evitar sacar su cara más lasciva, como si tuviera delante a Sharon Stone y el punzón de hielo bien escondido, debajo de la cama.
La ambientación y la dirección artística de la película son maravillosas, así como la banda sonora de Michael Kamen y la acertada dirección de fotografía de Jan de Bont, elementos que intentan trasmitir esa sensación de romanticismo y elegancia que cualquier película retro necesita.

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Pero lo mejor es sin duda el esfuerzo interpretativo de Melanie Griffith. Absorta y emocionada, deliciosamente hermosa, perdida en Berlín, con esa voz lenta y susurrante, a pesar de que es difícil creérsela como espía, si podemos sentirla viva dentro de la trama. Graciosa y dulce, elegantemente peinada, su boca abierta no solo deja vislumbrar sus relucientes dientes blancos, emerge la verdad de una actriz perdida, de una mujer rota. Un brillo a través de sus ojos.

Si bien Melanie se merece un Razzie por muchos papeles en su carrera, nosotros nos merecemos que la veamos, una vez más, correr huyendo de los bombardeos y vestida para la ópera. Iluminada por un resplandor en la oscuridad. Esperando que la salve Michael Douglas en la ficción, y rezando quizás, para que Antonio Banderas la rescate en la vida real.

 

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