BUENA LUNA, CRIATURAS DE LA NOCHE

La increíblemente extraña película que dejó de  considerarse una serie Z para convertirse en una película de culto

“Buena luna, criaturas de la noche. Bienvenidos a vuestra noche fantástica ¡bienvenidos a Noche de Lobos!”

Con esta frase nos recibía cada domingo por la noche Joan Lluis Goas, presentador del programa Noche de Lobos que se emitió a principios de los noventa en Antena 3.  Tras esa frase y una breve introducción, el que fuera director del Festival de Cine Fantástico de Sitges nos sorprendía y deleitaba con un nuevo largometraje de género fantástico. El fin de semana terminaba y quedaban pocas horas para volver a la rutina del colegio, pero allí estaba yo delante del televisor, mando del vídeo en mano para grabar mi nuevo descubrimiento.

 

Re-animator (Stuart Gordon 1985), Society (Brian Yuzna, 1989),  Halloween II (Rick Rosenthal, 1981) , Posesión infernal (Eivil dead, Sam Raimi, 1982), películas de la productoras británicas HammerAmicus, Phantasma (Phantasm, Don Coscarelli, 1979), Ténebre (Tenebrae, Dario Argento, 1982)..y así hasta tres años de agradables sorpresas, grandes películas, títulos inolvidables, alguna que otra mala película,  y el descubrimiento de diferentes estilos, directores, géneros, subgéneros. Pero un día proyectaron Extrañas criaturas (The incredible strange creatures who stopped living and bécame mixed-up zombies!!?, Ray Dennis Steckler, 1964).

Extrañas criaturasY mis ojos no daban crédito a lo que acababan de ver. Si el título era extraño la película lo era igual o más. Su argumento, un tanto disparatado es algo así: Jerry, su novia Angie y un amigo de Jerry van a pasar la tarde en un parque de atracciones junto al mar. Una vez allí  deciden entrar en el puesto de Madame Estrella, una adivina gitana que le predice un negro futuro a Jerry. Después de esa mala experiencia y tras enfadarse con Angie, Jerry se queda solo en el parque para ver la actuación de  Carmelita, una exótica bailarina gitana de la que se ha quedado prendado. Después lo invitan a visitarla a su camerino y ahí es cuando será víctima de una sesión de  hipnosis por parte de Madame Estrella, hermana de Carmelita. A partir de ahí Jerry será utilizado para los diabólicos fines de Madame Estrella, quien tiene bajo su poder a una manada de zombies encerrados en una mazmorra, zombies transformados por ella misma mediante un ácido que vierte en su rostros.

Ambiente circense, un enano con rostro de troll, una gitana con una verruga postiza que ve el futuro en una bola de cristal, zombies que realmente parecen mutaciones entre animales  y hombres,  un protagonista que se parece  a Nicholas Cage, actores de tercera, interpretaciones exageradas, crímenes que intentan imitar la secuencia de la ducha de Psicosis, secuencias oníricas, apenas tres o cuatro decorados, planos robados de exteriores de un parque de atracciones…

Pero lo que realmente convierte esta película en extraña es que tratándose de una película que apenas llega a la hora y diez minutos de duración, en ella hay hasta ¡diez números musicales! Estos suceden en diferentes escenarios, siempre con público y responden a diferentes estilos musicales: bailarinas con plumas, solistas melódicas, baladas con guitarra, strippers, etc. De estas actuaciones únicamente dos de ellas tienen como protagonistas a  personajes que intervienen en la trama y el orden no responde a ningún criterio. Esta estrategia está llevada al límite cuando en pleno clímax de la película vemos un número musical.

 

¿Una película de terror con fugas al musical? o ¿un programa de variedades con elementos de terror?

En aquel momento me quedé totalmente desconcertado con la propuesta y hasta tuve dudas de la elección dentro de un programa como Noche de Lobos, con doce años enfrentarse a una propuesta así no es algo habitual. Creo recordar que la volví a ver una vez más pero seguía sin entender que es lo que estaba viendo, hasta que llegué a la conclusión de que era un bodrio.

Pasados unos pocos años y tras descubrir a autores como Lucio Fulci y obras suyas como El más allá (..ei tu vivrai nel terrore! L´aldilà, 1982), descubrir películas como Rabia (Rabid, David Cronenberg, 1977), La última casa  a la izquierda (Last house on the left, Wes Craven 1972), subgéneros como el giallo, el cine de Ed Wood y rarezas similares, Extrañas criaturas volvió a mi mente con más fuerza que nunca para acabar de expresar la idea que llevaba tiempo gestando, y es que hay películas que a pesar de su imperfección, de su irregular trama y disparatado argumento e incluso deficiencias tanto técnicas como artísticas consiguen llenar un vacío y satisfacer mi apetito cinéfilo. Volví a verla y se convirtió para mí en una delicatesen.

Reconozco que siento adoración por esta película.

En Extrañas criaturas encontramos ecos de Vértigo. De entre los muertos (Alfred Hictchock, 1958),  desde un vago elemento de la trama: un hombre que es utilizado por una mujer para conseguir un fin posterior, así como la representación simbólica de esta manipulación en la forma de la espiral. En Vértigo la espiral la representan el recogido del cabello y el ramo de flores de Madeleine, aparece en el gran árbol que representa la vida eterna,  y forma parte de la pesadilla que sufre el personaje de James Stewart. En Exrañas criaturas la espiral es un vehículo que abduce y convierte al personaje de Jerry en otro ser, en un autómata que deja de ser libre para convertirse en un asesino.

Espiral cash flaggBola de cristal

Cash flaggAnother Cash Flagg

Un hombre con una personalidad desdoblada al igual que el Norman Bates  de Psicosis (Psycho, 1960), otra obra de Hitchcok de gran influencia. Pero la secuencia de Extrañas criaturas que más recuerda a Vértigo es la secuencia del sueño de Jerry, directamente inspirada en el sueño de Scottie. Un rostro que se acerca y se aleja, fondo negro y la espiral. Seguramente esta es la secuencia más elaborada y redonda de Extrañas criaturas, en ella también podemos ver ecos del cine de Kenneth Anger en Inauguration of the Pleasure Dome (1954).

 

Y ya que estamos metidos en el mundo de los sueños, el escenario tanto físico como simbólico nos lleva hasta otra película alucinada y onírica realizada dos años antes de la de Stecker, Carnival of souls (Herk Harvey, 1962). Un parque de atracciones, muertos que caminan, personas que no saben que están muertas, o lo saben y no lo quieren aceptar. Y para no salir del ambiente circense no podemos olvidar La parada de los monstruos (Freaks, Todd Browning 1932), otra de las influencias de Extrañas criaturas, no solo por el escenario sino por todos los seres que lo habitan; gitanas futurólogas, el personaje de Ortega, los zombies escondidos, todo un grupo de outsiders que no tienen lugar en la sociedad, pero sí en un circo.

Pero también es una película en la que aparecen zombies. Encontramos ecos de Yo anduve con un zombie (I walked with a zombie, Jacques Torneur, 1942) en el hecho de utilizar el vudú para apropiarse el alma de una persona, convertirla en zombie y utilizarla en contra de su voluntad. Y también hay algo en sus imágenes de La isla de las almas perdidas (Island of lost souls, Erle C. Kenton 1932), sobretodo en el aspecto físico de las criaturas, zombies en la de Steckler, experimentos con humanos y animales en la de Kenton.

¿Es posible que una película como esta haya influido en otras posteriormente?

Quizás podríamos encontrar el mismo parque de atracciones, unos personajes igual de “freaks” y a una Madame futuróloga similar en La casa de los horrores (The Funhouse, Tobe Hooper 1981). Y ¿por qué no? También podríamos encontrar la espiral como elemento que trastorna e induce a un hombre a cometer asesinatos como en Angustia (Bigas Luna, 1987), película en la que el personaje de Zelda Rubinstein no deja de ser otra Madame escondida en su circo particular que es su gótico hogar. ¿No se parece el extraño asesino de Amenaza en la sombra al personaje de Ortega en Extrañas criaturas? ¿Y no nos recuerdan el maquillaje de los rostros deformados de los zombies de Stecker al rostro de John Hurt de El hombre elefante (The elephant man, David Lynch 1980)? Por cierto, otra historia que transcurre en el malsano ambiente de los “carnivals” o ferias ambulantes…

Madame Extrañasespiral y zelda

Zombies deformadosEl hombre Elefante

Hay una secuencia que quiero destacar de esta película que tiene que ver con el fatalismo que la recorre y que de nuevo me recuerda a Vértigo. Después de cometer el primer asesinato y de ser inducido por la espiral de Madame Estrella, Jerry camina desorientado por las calles de San Francisco. En ella vemos el plano de un tranvía bajando una calle, en otro vemos a Jerry mirando desde un puente y a continuación el plano subjetivo del vacío que ve Jerry. Después sigue un plano hecho desde un tranvia que baja en el que se ve a Jerry caminando desorientado.

Todos estos planos trabajan la idea de la muerte y del suicidio. Una serie de plano que acompañados de una balada que parece extraída de un spaghetti western  anticipan de una manera muy elegante y sensible el triste final que sucederá en la playa.  A su manera tamibén hay sutileza en esta obra.

Y tras todos estos datos y estas reflexiones, ¿qué función tienen las diversas actuaciones musicales que hay en la película? Pues sigo sin saberlo. Tan solo sé que a pesar de no tener nada que ver con la trama, de estar rodados en planos generales con algunos insertos tan teatrales como funcionales, y que cuando se trata de bailes grupales sus protagonistas carecen totalmente de ritmo, estos números musicales hacen de esta película algo realmente único, sincero y honesto. De alguna manera le dan sentido.

Van ustedes a presenciar  el ESPECTÁCULO TOTAL. Una historia de terror,  amor, humor, las chicas más guapas y bellas del mundo, los cantantes y melodías más de moda y todo en color. Cine, teatro, circo, atracciones, todo esto y mucho más en una sola película, una película que se estrenó en su momento en el formato de: TERRORAMA!

 

Estas últimas semanas he tenido el placer de leer vorazmente el libro Neoculto, el libro imprescindible sobre el cine de culto. (Ángel Sala y Desirée de Fez Coordinadores, Calamar Edición & Diseño, S.L.)  En este magnífico libro que constituye una atuéntica enciclopedia sobre el cine de culto son preguntados gran cantidad de críticos, escritores y realizadores por cuales son sus pelíuclas de culto. Si hoy le preguntaran al fallecido Joan Lluís Goas seguramente respondería que Extrañas criaturas es una de ellas.

Buena luna, criaturas de la noche.

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¿POR QUÉ RUMBLE FISH? ¿POR QUÉ?

El tiempo, el azar y peces de colores

No se en que momento decidí que mi película favorita iba a ser La ley de la calle (Rumble fish, Francis Coppola 1983). Mi devoción por este largometraje arranca en la adolescencia por varios motivos, y a pesar de que durante un tiempo varios largometrajes peleaban como peces de colores por ganar esa batalla, un día me decidí por ella. Podría haber sido Con faldas y a lo loco (Some like it hot, Billy Wilder 1958), Grupo salvaje (The wild bunch, Sam Peckinpah 1969), La mosca (The fly, David Cronenberg 1986), Vértigo, de entre los muertos (Vertigo, Alfred Hitchcock 1960) , y un larguísimo etc; tan largo que puede llegar a ser interminable. El número de películas que llegan a mis ojos cada vez es mayor, uno acumula más experiencia y puede que sea más selectivo o más exigente. Pero si con dieciséis años llegas a la afirmación de que ya tienes una película favorita, entonces ¿qué te queda el resto de tu vida? ¿enfrentarte a películas que van a ser siempre inferiores? ¿llegar un día a la conclusión de que estabas equivocado? ¿cambiar de película favorita?

Es una pregunta que quiera uno o no va apareciendo a lo largo de tu vida, ¿por qué Rumble Fish? ¿por qué?

rumble fishAntes decía que hay varios motivos que me hicieron sentir fascinación por Rumble fish en la adolescencia: primero una predisposición inducida por la educación pública de mi etapa en el instituto. Pertenezco a una generación que tuvo como lectura obligada tanto Rumble fish (1975) como Rebeldes (1967), ambas novelas juveniles de Susan E. Hinton y ambas adaptadas al cine por Francis Ford Coppola, por lo que los universos de adolescentes rebeldes, las bandas callejeras, los peces de colores, los chicos de las motos, eran ya un universo que se había inoculado en mi sistema nervioso central.El hecho de ser de un pueblo del extrarradio barcelonés y haber pasado la infancia y la adolescencia correteando por las calles aumentó esa predisposición a la temática callejera.

El otro de los motivos es la presencia de Mickey Rourke, un actor al que admiraba e idolatraba. A finales de los ochenta y principios de los noventa muchos queríamos ser como Mickey Rourke: guapo, transgresor, radical, un rebelde o mejor dicho, un outsider. Y tras ver su papel en Rumble fish, ¿quién no querría ser como el Chico de la moto? Aunque a medida que uno veía la película más y más veces uno se preguntaba si quizás era mejor ser Rusty James y tener alguna oportunidad de cambiar las cosas, o al menos de cambiarse a uno mismo.

A medida que fue pasando el tiempo y se iban sumando los visionados aparecieron aspectos que cada vez me resultaban más interesantes. Rumble fish es una película donde cada plano intenta transmitir una idea, una sensación, ese es el motivo por el que su planificación es tan variada y asimétrica. Podemos encontrar secuencias resueltas en primeros planos, otras que juegan con largos y preciso travellings que recorren espacios y personajes, sombras en las paredes, sombras en los edificios, planos filmados con nerviosa cámara en mano, planos que utilizan la profundidad de campo de una manera tan exagerada como expresiva tal y como lo hubiera hecho Orson Welles, juegos con el montaje y con los diferentes niveles tanto del audio como de la banda sonora, infinidad de recursos para transmitirnos una historia, un universo, el mundo desde el prisma de El chico de la moto… ¿cine experimental? ¿Cine expresionista?, ¿cine expresivo?

Profundidadrumble boys

Ha pasado tanto tiempo, tanto tiempo y tantos visionados que al final uno acaba descubriendo que ante todo Rumble fish es una reflexión sobre el tiempo. Solo recuerdo una cosa de la novela, y es que comenzaba en el punto en el que termina la película. A modo de flashback, Rusty James nos relata la historia en un recurso muy propio del cine negro americano de los cuarenta y cincuenta. Por el contrario Coppola lo hace de forma lineal y consigue que el tiempo aparentemente no tenga un punto final.

Otro reloj en sueñoReloj en el cole

La idea del tiempo también está expresada por la incontable cantidad de relojes que aparecen en el filme: relojes de pared, de muñeca, miradas a relojes y varias secuencias que juegan con el tiempo y para el tiempo. En una de ellas mientras los amigos de Rusty James esperan impacientemente su llegada para la pelea que tiene lugar aquella noche y miran sus relojes, Rusty James hace el amor con Patty en la casa de ésta: un reloj de pared avanza el tiempo y preside su encuentro amoroso, un par de elipsis se suceden, Rusty James se duerme, se despierta, pregunta la hora, llega tarde. No sabemos realmente el tiempo que ha pasado respecto a las dos secuencias que se van alternando: los amigos esperan impacientes y es de noche, faltan minutos. Pero en casa de Patty ellos ven la tele, hacen el amor, Rusty James duerme, ¿ha pasado el mismo tiempo en las dos escenas?

Nick y el relojHacen el amor

Y tras haber visto esta gran cantidad de relojes durante el filme, nos encontramos con una curiosa secuencia en la que el sargento de policía (principal enemigo del Chico de la moto) y Rusty James conversan apoyados sobre un gigantesco reloj. En todo momento la sensación de que el tiempo atrapa a los personajes está presente.

Reloj lejanoreloj gigante

Los protagonistas hacen continuas referencias al pasado; a como fueron las calles cuando había bandas, a la infancia, a los motivos por los que los fueron abandonados por su madre, pero por otra parte se esfuerzan en  proyectar el tiempo hacia el futuro, deseando modificarlo y guiarlo, en especial a través de la obsesión de Rusty James en preguntarse y  preguntar a los demás si de mayor será como su hermano, si será como El chico de la moto.

Encontramos muchas secuencias en las que las nubes desfilan a gran velocidad en el cielo,  a través de los edificios o a través de las paredes, días que se convierten en noches en breves intervalos de tiempo,  el tiempo que pasa y que a la vez queda atrapado en las superficies.

El tiempo 2El tiempo 3

Curiosamente, es difícil situar la película en una época concreta, hay referencias a la cultura de los años cincuenta como el dinner y local de Benny o en la forma de vestir de Rusty James y de Smokey, pero las referencias al movimiento punky, a la música soul y a ciertas drogas podrían indicar que la trama sucede en décadas posteriores, aunque por otra parte la forma de vestir de El chico de la moto podría ser contemporánea al de la filmación de la película, o incluso a la actual.

Es una película atemporal sobre el tiempo. El tiempo que queda atrapado y el tiempo que se escapa. El tiempo atrapado en los rostros de unos actores, que han crecido, han madurado y en algunos casos tristemente han desaparecido como Chris Penn y Dennis Hopper. Y en otros casos su rostro ha cambiado tanto que es como si hubieran muerto y ahora son otros actores: Nicholas Cage,  Mickey Rourke.

“El tiempo es algo gracioso, el tiempo es un elemento particular, cuando eres joven, eres un mocoso, tienes tiempo. No tienes otra cosa más que tiempo. Pierdes unos años aquí, otros años más allá..no importa ¿sabes? Y al envejecer te preguntas: Jesús ¿cuánto me queda? Me quedan 35 veranos. Piénsalo, 35 veranos” Esta es la reflexión que hace Tom Waits en un plano picado con un reloj que marca los segundos que le hace pequeño y a la vez le atrapa, como los 35 veranos que te quedan, o como los 35 veranos que ya he cumplido.

Pero, volviendo a la pregunta inicial y que era el principal motivo de estas líneas; ¿por qué Rumble Fish? Hay una secuencia que para mi resume la esencia de esta película y a la vez supone toda una contradicción de la misma.

Matt Dillon se limpia una herida ante el espejo, Rourke le observa desde el pasillo, cuando Dillon pasa a su lado este le detiene y le pregunta ¿por qué? de forma insistente, Dillon no responde, en cambio le dice de ir a comer, y en ese momento se miran durante varios segundos sin decir nada, la mirada de Dillon está perdida como si hubiera olvidado su guión y comienza a mirarse el pecho, se siente mareado, parece estar borracho y desorientado. Rourke insiste, ¿por qué?, Dillon no entiende nada, le dice que él está bien, que le deje en paz, Rourke insiste de nuevo, Dillon acaba diciendo totalmente desesperado: ¿POR QUÉ? ¿EL QUÉ?

Este preciso instante de desconcierto es lo que siempre me ha fascinado de esta película, este momento tan extraño en el que dos personajes en absoluta desconexión se miran sin decir nada, en el que dos actores desorientados se aguantan la mirada. Uno no sabe si es un error o  si se trata de una improvisación. En una película tan estudiada y planificada, en la que se utilizan tantos recursos narrativos y estéticos que difícilmente puede dejarse al azar, esta fuga interpretativa se convierte en un momento mágico, hace que sintamos que la película está viva y que nunca ha dejado de transformarse en todo el tiempo que ha pasado desde la primera vez que la vi.

Ante todo por esta secuencia mi película favorita es Rumble Fish

UNA ARAÑA ROJA EN MI COLECCIÓN

Lugares comunes en el cine policíaco de los ochenta

Todas la películas tiene su propia historia y una historia con uno mismo. Una historia que te une a ella en un momento determinado, a una cierta edad  y en una situación concreta.

Mi historia con La araña roja (The Red spider, Jerry Jameson 1988) comenzó una noche de verano de hace más de veinte años cuando decidí programar el reproductor de vídeo y grabarla ya que la emitían en la 2 a altas horas de la madrugada. ¿Por qué? Imagino que la reseña del Teleprograma señalaría que tenía al menos un par de estrellas (buena película), pero lo que seguramente me convenció fue que en aquella época (apenas trece años) no disponía de cintas vírgenes por doquier, me sobrarían unos 85 minutos de alguna cinta ya utilizada y La araña roja duraba apenas 80 minutos. No era cuestión de desperdiciar cinta….así que…programé el vídeo.

A la mañana siguiente después de desayunar me puse a ver la película y lo que me encontré fue una turbia historia policiaca con varios elementos que en aquel momento me fascinaron y estremecieron. Una serie de asesinatos cometidos por una prostituta rubia, una araña roja  tatuada en el vientre de las víctimas,  el malsano ambiente de las calles de Nueva York… y el inolvidable rostro de James Farentino.

La araña roja vhs 1

Aquel excitante visionado se convirtió súbitamente en una terrible pesadilla en el momento en el que se detuvo la imagen y el video comenzó a rebobinarse de forma endemoniada. La cinta se había terminado y no tenía el final de la película, nunca supe quien fue el asesino.

No obstante, aquella desgracia no me impidió ver varias veces la película antes de decidir borrarla. Dos décadas después y  tras una pequeña invesigación gracias a la ayuda de internet, consesguí encontrar una vieja copia en vhs de la película ya que había sido distribuida por CBS en los noventa. ¿Quién será el asesino?

La araña roja y yo nos volvíamos a encontrar.

La araña roja es un telefilme dirigido por Jerry Jameson (un realizador que ha hecho toda su carrera en la televisión norteamericana) en el año 1988 y protagonizado por James Farentino en el papel del sargento de policía Malone.  Se trata del típico y tópico telefilme que recorre y transita por infinidad de lugares comunes del cine policiaco de la década de los ochenta.

El cadaver de un policía aparece en un motelucho del barrio del Village en Nueva York con un corte muy profundo en la garganta,  en el vientre tiene una araña roja dibujada con cortes y la principal sospechosa es una mujer rubia, posiblemente una prostituta.  No ha sido la primera víctima, ni será la última. La trama es el clásico “whodunit” o ¿quién lo hizo? en el que el crimen tiene aparentemente un caracter sexual. Desde el drama sobre prostitución adolescente Angel (Robert Vincent O´Neill 1984) ambientada en Los Ángeles hasta el thriller sexual con Clint Eastawood En la cuerda floja (Tightrope, Richard Tuggle 1984) ambientada en Nueva Orleans, el subgénero del thriller sexual nos ha ido mostrando siempre la parte más oscura de la ciudad, un laberinto en el que se mueven los personajes más siniestros y detestables, donde el crímen habita y se reproduce como un virus, y el sexo es mucho más que un intercambio entre dos seres humanos, es un negocio y es un arma de doble filo.

Crímenes sexuales que también forman parte de las tramas tanto del thriller sobre el mundo gay  A la caza (Cruising, William Friedkin 1980) como de la fusión entre giallo ultragore y thriller urbano que es El destripador de Nueva York (Lo squartatore di New York, Lucio Fulci 1982), filmes que conectan con uno de los elementos más interesantes de La araña roja,  y es el escenario de las calles de Manhattan como un lugar en el que el vicio y el crímen campan a sus anchas. Como buen ejemplo de telefilme que es, no abusa de las secuencias en exteriores, pero las pocas que tiene nos muestran un Manhattan lleno de prostitutas, chulos, maleantes, cubos de basura desbordados de porquería, taxis amarillos, carteles luminosos de locales con chicas desnudas, humo que sale del suelo, el puente de Brooklyn, Times Square, la calle 42…

Calle nochecalle 42

Toda una iconografía visual que Martin Socorsese ya había trabajado en Malas calles (Mean streets, 1973) Taxi driver (1976) en los setenta y en Jo que noche (After hours 1985) en los ochenta y que nos muestran a Nueva York como una ciudad tan fascinante como peligrosa. Un ambiente que también encontramos en otra película muy interesante a rescatar, El reportero de la calle 42 (Street smart, Jerry Schatzberg 1987), en la que se mezcla una trama periodística con otra policíaca con los bajos fondos de Nueva York y sus particulares habitantes como protagonistas. Las calles de La araña roja son también las misma sucias calles que tanto le gustaba mostrar a William Lusting en el psychokiller gore Maniac (1980) y sobretodo en Maniac Cop (1998), extraña y alucinada mezcla de filme de terror fantasmal y drama policíaco, sin olvidarnos del aroma de las calles que refleja Abel Ferrara en el policíaco sobre el mundo de las chicas de stripteasse Cuidad del miedo (Fear city 1984).

También son las calles de El exterminador (The exterminator, James Glickenhaus 1980), otro clásico de la serie B “callejera” con la que comparte otro punto interesante de la película: la influencia  de la guerra de Vietnam y sus traumas en los crímenes que se suceden en la gran manzana. Algo que tienen en común las víctimas de La araña roja es que todas habían batallado en la guerra de Vietnam, lo que vincula directamente el caso y el asesino con los traumas de la última gran guerra perdida por los norteamericanos. Al igual que el personaje interpretado por Robert Ginty en El exterminador, la huella de dicho conflicto bélico marca a las víctimas pero sobretodo al asesino de La araña roja. Porque al igual que la cinta de Glickenhaus el telefilme de Jameson es una historia de venganza: en este caso no se trata de una venganza perpretada tras la muerte de un familiar o un ser querido como es el caso de El ex-preso de Corea (Rolling Thunder, John Flynn 1977), Yo so la justicia (Death wish 2, Michael Winner 1982) o la propia El exterminador, todas impulsivas y viscerales. Aquí la venganza es meticulosamente planificada y ha sido ejecutada de manera muy cuidada a lo largo de los años.

Year of the dragonManiac Cop

La película tiene una curiosa y extraña subtrama: el sargento Malone recurre en varias ocasiones a un mafioso chino llamado Sonny Wu para sonsacarle información. Esta subtrama conecta con otra película de la época que es Manhattan Sur (Year of the dragon, Michael Cimino 1985): la mafia china en esta ocasión representa principal eje del mal de la isla y el policia interpretado por Mickey Rourke, es también un personaje traumatizado por la guerra de Vietnam. Su personaje actúa como si la guerra no hubiera terminado todavía, al igual que el asesino de La araña roja.

Y para cerrar la vinculación con la guerra de Vietnam, podemos hablar de una cinta hoy totalmente olvidada y del mismo año que La araña roja, se trata de Saigon (Off limits, Christopher Crowe 1988) .En pleno conflicto bélico dos policías americanos investigan los crímenes de prostitutas que está cometiendo un oficial de alto rango del ejército norteamericano.

El otro punto interesante de la trama es la dignificación del papel de la policía  ante la opinión pública así como ante la propia justicia; representada por el obstinado esfuerzo que se convierte en obsesión del personaje interpretado por James Farentino. Obsesión por solucionar el caso y a la vez cubrir los trapos sucios de los miembros del cuerpo policia, acto obsesivo que llevará hasta sus últimas consecuencias en un sorprendente anticlímax.

Una realización plana, sencilla, que ha sido trabajada de forma ràpida y que huye de cualquier complicación de puesta en escena. No hay persecuciones, no hay tiroteos, no hay sexo explícito, apenas exteriores y unas cuántas panorámicas del edificio de la sede del Departamento de Policia de Nueva York en Park Row. El resto son todos lugares comunes mil veces recorridos, tantas que su presencia, o en muchos casos su ausencia trabajan para rellenar un imaginario visual y simbólico que tanto el cine como la televisión han ido creando y educando en nuesta cabeza.

El acierto de este subproducuto radica además de la eficacia de este imaginario colectivo en otro elemento y quizás el más importante de todos: la familiaridad de unos rostros y unos actores que forman parte de la historia de la televisión norteamericana de los ochenta y noventa, series con la que hemos crecido. Rostros que aparecene en Dallas (1978-1991), Dinastia (Dinasty, 1981-89), Remington Steele (1982-89), El equipo A (The A-Team, 1983-87), Se ha escrito un crimen (Murder, she wrote 1984-), Urgencias (ER, 1994-2009, Norte y Sur (North and South, 1985-86) y por supuesto una serie de gran influencia y otro lugar común: Canción triste de Hill Street (Hill Street Blues,  1981-87), una de las series policíacas de referencia de los ochenta.

Soon Teck ohMissing in action 2

Pero entre esta amalgama de secundarios destacaremos a tres: el actor de origen japonés  Soon Teck Oh que intepreta al mafioso Sonny Wu. Además de participar en infinidad de series de TV le podemos encontrar en varios clásicos de la productora Cannon en los ochenta como Desaparecido en combate II (Missing in action 2: The beginning, Lance Hool 1985) y Yo soy la justicia II (Death wish 4: the Crackdown, J. Lee Thompson 1987), un secundario con una mirada siniestra y pérfida.

Destacaremos también  la presencia de la belleza ya madura de Jennifer O´Neill, una actriz que tras despertar la atención de Howard Hawks que la situó al lado de John Wayne en su útlima obra Río lobo (1971) y protagonizar Verano del 42 (Summer of´42, Robert Mulligan 1971) vió como su carrera se diluía con el paso del tiempo, pero que tuvo tiempo de aparecer junto a Chuck Norris en el clásico de acción Fuerza 7 (A force of one, Paul Aaron 1979) y en el no menos clásico de terror de David Cronenberg Scanners (1981) para exhibir su elegante presencia en ellas.

JennyJames y Jennifer

Pero sin lugar a dudas, el rostro más interesante de este telefilme es el de James Farentino, un actor que hizo su carrera principalmente en televisión y en teatro, donde obtuvo varios reconocimientos y premios. Ojos negros, mirada impávida y ligeramente estrábica, gran carisma, imponente presencia, movimientos enérgicos y esencia italiana de Brooklyn, lugar en el que nació. Un cruce entre Robert DeNiro,Treat Williams , Roy Scheider y Peter Falk, un rostro inolvidable.

James Farentino permanecerá para siempre en la memoria de los aficionados del género de terror por su papel de sheriff Dan Gillis en en clásico moderno Muertos y enterrados (Dead & Buried, Gary A. Sherman 1981), en cuyo rostro quedaron grabados el horror y la desesperación de un fatídico descubrimiento. En La araña roja su interpretación es rutinaria en general pero efectiva, salvo en varios momentos en los que saca a relucir su furia italiana así como su fino sentido del humor. Un actor de culto absoluto.

Dead buriedLa araña roja está basada en una novela (que no he leído) de William J. Caunitz titulada One Police Plaza, 1984). Caunitz es también el autor de la novela Suspects (1986) en la que David Mamet se basó para hacer Homicidio (Homicide, 1991).

IMDB me informa que La araña roja es la secuela de otro telefilme titulado precisamente One Police Plaza, dirigdo también por Jerry Jameson en el año 1986, y basado en la novela del mismo título. Investigando de nuevo en internet he conseguido una copia en VHS de Un trabajo policiaco, título con el que se distribuyó este telefilme en nuestro pais a principios de los noventa, así que en pocos días sabré que relación tienen exactamente estos dos telefilmes…

Mientras tanto, ahora que el blu-ray y los formatos HD mejoran cada vez más la calidad del cine doméstico, yo seguiré disfrutando de las desgastadas y seductoras imágenes de La araña roja con mi copia en VHS; y por supuesto hasta el final.