RENOVARSE O MORIR, RENOVARSE PARA SEGUIR IGUAL

En estos últimos meses asistimos al estreno de infinitas secuelas, nuevas adaptaciones, reboots o puestas al día de personajes eternos (James Bond), sagas históricas (Star Wars), clásicos de décadas pasadas (Le llaman Bodhi/Point Break) incluso recientes documentales de culto (The Wire/El Desafío).  De esta manera, un eterno debate vuelve a ponerse en boca de cinéfilos y aficionados: ¿es cierta la escasez de ideas de los grandes estudios que les hace volver una y otra vez sobre los mismo temas y personajes? Es posible que así sea. Mientras y cuando se trata de personajes claves de la historia del cine como James Bond o los de la saga Star Wars, a los cinéfilos y amantes del cine con cierta edad solo podemos hacer una cosa hasta llegar al juicio final: esperar con ilusión a que llegue el día del estreno.

Antes de analizar si ha valido la pena la espera, si merece nuestra atención volver a ver a visitar estos universos conocidos y transitados tantas veces anteriormente hay que destacar que en casos como los de Star Wars y el universo Bond, la maquinaria de generar expectativas e ilusiones sigue funcionando a la perfección. Más y mejor en el caso de Star 5mHDOaoWars: El despertar de la fuerza (JJ Abrahms, 2015) que en el de Spectre (Sam Mendes, 2015), el virus de la locura y la máxima expectación ha vuelto a introducirse en nuestra sangre y puede que de una manera más intensa. Guste o no, ver colas en los cines, máxima expectación, familias con miembros de diferentes generaciones ansiosos por volver a sentir emociones del pasado o por descubrir nuevos mundos no deja de ser algo positivo.

Las opiniones y reacciones han sido diferentes, principalmente negativas en el caso del último Bond, cuya propuesta ha sido totalmente clara: volver a los lugares más comunes del universo Bond, con clichés totalmente gastados y utilizados en infinidad de títulos anteriores de la saga. Los responsables de la saga habían hecho un duro trabajo de rescatar al viejo agente con licencia para matar para sacarlo del oscuro ostracismo y letargo en el que vivía mediante una honrosa táctica: darle dimensión psicológica como personaje. Hacerlo humano, darle un pasado, resaltar sus heridas, su evolución para sacarlo del molde lleno de clichés en el que había quedado tras décadas. Y tras conseguir reanimar al personaje el siguiente paso ha sido tan decepcionante como lógico: llevarlo a la más pura esencia Bond con una trama repleta de persecuciones, conquistas amorosas, violencia, la lucha contra el eterno rival Spectre…

star-wars-the-force-awakens-poster-headerLa fórmula aplicada a Star Wars ha sido similar. Por una parte existe una continuación dramática en la historia narrada y para ello se sirve de algunos personajes de la saga clásica que nos remiten a la nostalgia de los mundos ya conocidos y por otra parte asistimos a un remake actualizado de la versión original. Tanto la trama, como los paisajes como algunos conflictos y relaciones entre personajes actúan como espejo del filme que inició la saga creada por George Lucas.  Hasta los efectos, altamente novedosos tienen un look que no deja de trasladarnos a los creados en las primeras cintas. Yo nunca he sido un gran fanático de la saga Star Wars así que mis expectativas no eran muy altas acerca del capítulo VII, sencillamente disfruté del espectáculo y de su enorme fuerza visual. Creo que las nuevas generaciones y los fans menos radicales han sentido lo mismo que yo.  Mis amigos y colegas, fans de la saga salieron del cine decepcionados: “un guión malo”, “los efectos no son tan buenos, es una copia de la original”, etc.

Pero, ¿alguien quería realmente ver algo totalmente nuevo?

Yo creo que el objetivo está cumplido. Todo ha cambiado, aparentemente, y se ha renovado, para no morir, pero sobre todo para seguir igual.

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HARDWARE: JUGANDO A CREAR Y DESTRUIR VIDA

En el año 1990 comencé a ir solo al cine. No recuerdo muy bien cuál fue la primera vez que fui sin compañía a ver una película, pero se convirtió en una aventura muy gratificante. Si bien ir al cine con amigos era muy divertido y luego podías conversar sobre la película durante horas o días, hubo un momento en el que convencer a gente para que te acompañara a ir cada semana era cada vez más complicado, y además, ir solo era más emocionante. En una de esas sesiones dobles de sábados por la tarde me topé con Hardware, programado para matar (Hardware, Richard Stanley, 1990). El recuerdo de la experiencia es una combinación de ruido ensordecedor, metales y chips oxidados, oscuridad, rojos intensos, sangre y en general un estado de confusión ante el caos que supone el debut del director surafricano. Queda en mi recuerdo la siguiente escena acompañada por el tema  The order of Death de la banda de post punk Public Image Ltd, un tema que se grabó en mi mente durante años:

En un futuro post-apocalíptico, el mundo es lugar desolado donde la contaminación, el caos y la enfermedad forman parte de un paisaje industrial, estamos en un futuro inmediato pero cinematográficamente todavía en la era predigital. Un desierto rojo precede a la ciudad de Los Ángeles en la que  canales venecianos llenos de basura y porquería sirven de vías de transporte. Fábricas al estilo Lafarge que desprenden vapores contaminantes filtradas en rojo ceniza nos sujetan bien al tan retro punto de vista que supone las utopías sobre el futuro de la humanidad que nos muestran  las cintas de ciencia ficción de finales de los ochenta.

Ordenadores, chips electrónicos, róbotica biomecánica, naves industriales, brazos biónicos, herencias del cyberpunk, la estética de la nave de Aliens ( El regreso) (Aliens, James Cameron, 1986), la nueva carne de David Cronenberg y el reclamo publicitario del Terminator de los noventa. Todo esto confluye en el debut cinematográfico de Richard Stanley. Anterior a Terminator 2: el juicio final (Terminator 2: judgment day, James Cameron, 1992), que supone un antes y un después en cuanto al comienzo de un tipo de cine fantástico en el que lo digital toma relevancia total, Hardware se mueve entre las obligadas limitaciones de una película de bajísimo presupuesto (apenas un millón de dólares), el cine experimental y underground, resonancias de la estética del videoclip de los ochenta y la ciencia-ficción más artesanal y rudimentaria. Todo para convertirla en una película de culto.

Poster HardwareLa trama en Hardware es básica y sencilla, en su mínima esencia es la historia de un robot que acecha a una mujer en su casa durante una noche infernal. Lo importante en Hardware es la forma, la planificación y sus recursos estéticos. Las primeras imágenes de Hardware, en las que se muestran tanto el desierto como varios exteriores de la ciudad contaminada con planos generales, muy precisos y hermosos, pero tan centrados, correctos y básicos que parecen sacados de una película primitiva de cine mudo. La revelación y la fiesta llegan cuando entramos en el apartamento de Jill; si antes éramos perfectamente conscientes del espacio en el que nos encontrábamos, en los interiores llega el caos y la confusión. La mayor parte del metraje sucede en el interior del apartamento de Jill, pero es imposible poder definir como es el apartamento, ¿es grande o pequeño?, cuesta encontrar referencias sobre las habitaciones, las paredes, las puertas. Parece tratarse de un loft, con unos grandes ventanales desde dónde se ve la ciudad, y a través de ellos Jill a su vez es vista o mejor dicho espiada por un desagradable y libinidoso vecino. Lo que supone un problema de producción debido a un problema de presupueso como un único decorado o un robot que no es más que una marioneta se convierte aquí en una marca de estilo conviertiendo el apartamento en un lugar terrorífico. La planificación siempre nos muestra el espacio y los personajes de forma fragmentada, prescindiendo de una lógica espacial y narrativa coherente: la  sucesión de planos en escala (plano general/plano medio/primer plano) no existen, buscando siempre partes del cuerpo de Jill o del robot, convierten el espacio en un lugar de desorientación y confusión, a la que se suma la continua oscuridad, la luz roja en forma de flashes, luces de linternas  y el punto de vista del robot, una copia de la visión de Depredador (Predator, John Mctiernan, 1987), en la que el calor emitido por los cuerpos guía al monstruo.

DesiertoMark 13

Pero si hay una escena que contrasta con todo el metraje de la película es la secuencia de la ducha: además de la fuerza de la melodía, la luz llena la estancia; Jill y Mo se abrazan y besan mientras el agua cae por sus cuerpos desnudos, la circunferencia del grifo de la ducha encadena con el círculo del ojo de Mard 13, el robot. La melodía los acompaña a la cama donde la pareja hace el amor, este acto amoroso despierta la consciencia del robot que se autoregenerará para desatar el horror. Esta secuencia da sentido a uno de los temas más interesantes que planean por la película: la creación.

Con el bateCabeza USA

DeadMark destrozado

Noticias en la radio afirman que un control de natalidad muy estricto va a llevarse a cabo debido a los altos niveles de radiación y contaminación del planeta. Jill la protagonista es una artista que intenta crear a partir de materiales oxidados y sin aparente función. Jill y Mo discuten sobre que sentido tendría tener un hijo en un mundo como en el que están viviendo.  El acto amoroso entre los dos activa y de alguna forma, le da la vida  a Mark 13, el robot cuya irónica función a partir de ese momento será destruir la vida de Jill, una futura madre.

Lo que en aquel lejano pase de 1990 había sido una terrorífica apoteosis de destrucción hoy en día, a pesar de su muy agridulce final se ha covertido en un canto de esperanza para la creación.

MÁS ALLÁ DE LAS ESTRELLAS

Nunca hemos dejado de recibir visitas del exterior, del espacio exterior. Se convirtió en algo normal que prácticamente cada fin de semana un ser de un planeta lejano llegara hasta la tierra y pasara un tiempo con Poster ETnosotros; mejor dicho con ellos, ya que casi siempre visitaba alguna zona del midwest norteamericano. Mi primer recuerdo de dimensiones astronómicas, nunca mejor dicho, fue E.T.  Era pequeño, gordo, feo, desproporcionado, pero todo el mundo se enamoró de él. Y en una imagen que se repite en cada película de extraterrestres, cuando E.T intenta explicar de dónde viene, apunta hacia alguna estrella lejana en lo más alto del firmamento. Yo salía al balcón de mi casa en el Prat de Llobregat y miraba al negro cielo buscando alguna de aquellas estrellas. Pero apenas tres o cuatro de ellas brillaban emitiendo algún leve destello. No parecían más que viejas luces gastadas al lado de una gran luna de verano. ¿Será que las estrellas solamente están en California?

E.T. estuvo unos días con nosotros, sufrió mucho, hizo sufrir a Elliot y al mundo entero, finalmente vinieron a buscarle y se marchó con su familia. En una operación que se repite sistemáticamente, los extraterrestres llegan de noche mientras dormimos, pasan unos días con nosotros, hay gente que los persigue, curiosamente los mismos que los han estado esperando toda su vida. En algunas ocasiones los persiguen otros habitantes de su mismo planeta, buscan su nave de origen, y finalmente se marchan de aquí; y como en toda buena historia, cambian la vida de las personas con las que comparten esos días dejando una huella que difícilmente se borrará.

Antes de E.T los extraterrestres nos visitaban casi siempre con muy malas intenciones: El 30 de octubre de 1938 la narración de Orson Welles de La guerra de los mundos (War of the Worlds, H.G. Wells, 1898) en un programa radiofónico convirtió este relato en una auténtica alarma popular creando el pánico entre los ciudadanos norteamericanos. Luego vinieron todas las películas de ciencia ficción de la década de los cincuenta en las que platillos volantes, invasores de Marte, enigmas de otros mundos y monstruos de tiempos lejanos que llegaban del espacio , hasta que el cine de terror moderno nos regaló una película clave de este género, La cosa (The Thing, John Carpenter, 1981). Durante décadas las visitas de nuestros amigos del resto del universo casi siempre nos trajeron terror, muerte y alienaciones no deseadas, incluso en alguna ocasión dejaron la tierra totalmente devastada. La lista de visitantes enfurecidos es tan larga que si quisiéramos meter a todos ellos en un solo planeta es muy posible que no hubiera sitio para todos.

Pero un verano estando de vacaciones en Granada todo tomó sentido. No recibí la visita de ningún extraterrestre pero en una de aquellas noches calurosas de agosto salí del cortijo  levanté la vista, miré al cielo y ví miles, millones de estrellas que iluminaban el campo como si nunca hubiera anochecido. En ese momento comprendí porqué tantas y tanta películas explicaban la misma historia: si había tantas estrellas tenía que haber al menos un visitante interesado en nosotros. ¿Y por qué entonces no nos visitaban a nosotros? ¿Por qué siempre se decantaban por zonas como Texas, Utah o Mineápolis?

Aquel descubrimiento coincidió con la resaca del éxito de E.T y constató algo que ya anteriormente el propio Spielberg había dejado intuir, y es que no siempre van a venir a la tierra a molestarnos. E.T vino en son de paz al igual que unos años antes lo habían hecho los pequeños seres de Encuentros en la Tercera Fase (Close Encounters of the Third Kind, 1977). A partir de entonces no solo estrellas llovieron del cielo, sino decenas de películas en las que tiernos y bondadosos alienígenas venían a ayudarnos, a buscar refugio, y a hacernos nuestra existencia más llevadera. Cocoon (Ron Howard, 1985), Nuestros maravillosos aliados (Batteries not included, Mathew Robbins, 1987) y Mi amigo Mac (Mac and me, Stewart Raffil, 1988) fueron algunas de las entrañables historias que nos hicieron dudar de las malas intenciones de nuestros vecinos del más allá.

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Pero había un paso más que se podía dar: y es que vinieran para amarnos.

Una tarde de domingo descubrí viendo TV3 una Tv Movie donde la protagonista interpretada por Belinda Bauer tenía que demostrar a James Spader que era una extraterrestre ya que éste no la creía. La escena sucedía en la típica sala de billar repleta de mesas de billar, la sala estaba totalmente vacía y de pronto todas la bolas comenzaron a levantarse y a moverse en diferentes direcciones. Como si se tratara de la representación de una constelación de estrellas y de planetas flotando, la extraterrestre conseguía convencer al joven Spader de que no era de la Tierra. La película se titula Mi querida extraterrestre (Starcrossed, Jeffry Bloom, 1985) y no era más que una variación de Starman. El hombre de las estrellas (John Carpenter, 1984), si en la de obra de Carpenter el alien tomaba la forma de un hombre interpretado magistralmente por Jeff Bridges, en esta el alien tomaba forma de una hermosa mujer bajo la piel de Belinda Bauer.

StarmanStarcrossed

Carpenter, que es un indiscutible maestro del género fantástico y de terror tiene el honor de haber inaugurado sin pretenderlo un subgénero que podríamos denominar como “romance interplanetario”. Starman hoy en día en una película prácticamente olvidada, pero que contiene muchas más cosas que un romance entre una mujer y una alienígena: es una historia sobre el perdón, el dolor tras una pérdida, la soledad, la condición humana y esconde metáforas muy interesantes sobre la figura de Jesucristo, la Vírgen María, la Resurrección, la concepción de Dios,… Y por supuesto hay aventura, peligro y un romance en el que Jeff Bridges y Karen Allen hacen el amor de manera apasionada en un tren de cargas que viaja destino a Las Vegas: ella que está incapacitada para tener hijos quedará embarazada por el extraterrestre que ha tomado la forma de su difunto marido, un folletín “cristiano fantasmagórico”. El relativo éxito de la película de Carpenter originó una serie titulada igualmente Starman, con Robert Hayes como protagonista y la misma trama: un alien toma la forma de un hombre fallecido, tiene un romance y es perseguido por una unidad de investigación; como novedad esta vez el alien buscaba a su hijo ¡que estaba perdido en la tierra!

Entre estas dos versiones de Starman, tuvimos la oportunidad de disfrutar de Mi querida extraterrestre: en esta ocasión nuestra hermosa extraterrestre huye de su planeta donde ella y su especie son esclavos de otra raza violenta y agresiva. Una vez en nuestro planeta es dos tipos altos, fuertes y rubios que provienen de su planeta la persiguen, así como la CIA , todos por diferentes motivos, pero encontrará el apoyo y el cariño de un joven James Spader, menos lascivo, libinidoso y sexual de lo que estamos habituados y más generoso, romántico y cariñoso que nunca.

Música pop electrónica de los ochenta, cuero negro y violeta, letras de neón rosa en los créditos, y más y más luces de neón por todas partes, el apoteosis lo encontramos en la nave con la que Belinda Bauer, la alienígena regresará a su planeta: un entramado en forma de pirámide formada por tubos de neón. Romance, huida, apuntes cómicos, el tono de la película se diluye de manera entrañable y maravillosa hacia el rosa que ya apuntaban los créditos iniciales, y por supuesto Belinda y James hacen el amor. Ella quiere sentirse como una mujer, así que se funden en un solo cuerpo en el típico motel de carretera americano en uno de los pocos momentos de descanso que tienen en su huida. Mi querida extraterrestre tiene más puntos de unión con Terminator de James Cameron que con  Starman de Carpenter, como si pusiéramos las dos cintas en la coctelera con mucho azúcar, dulce pero no empalagoso.

RomanceKissing

Nave neónPink starcrossed

El personaje de Belinda Bauer descubre a través del carácter y entrega del personaje de Spader que tiene que luchar y sacrificarse por su vida y la de sus compañeros para salvar a su planeta, que la huida no es la solución. Cuando pensábamos que la Tierra era un lugar de odio, rencor, violencia y desolación, nos visita un ser supuestamente superior de otra galaxia y nos recuerda que nuestros valores no son sólo vitales sino exportables. ¡Qué orgullo ser terrestre pensé!

Love is not in the air, love comes from outer space

 

DESTROYER BRAZO DE ACERO

Mucho más que un xploit de Terminator

Barcelona, año 1988.

Acabo de ver Teminator (The Terminator, James Cameron, 1984) por cuarta vez consecutiva en un solo fin de semana antes de devolverla al videoclub. ¡Y todavía estoy en estado de shock! Es una película que se te queda grabada por muchos motivos: su historia, Destroyer videoclubel papel de Schwarzenegger y su progresiva transformación en un robot, la paradoja temporal que plantea, sus fantásticos efectos especiales; su impacto dura un tiempo…

Y una de esas tardes que entras al videoclub más cercano a tu casa ves un cartel impresionantemente espectacular, obra del ilustrador Renato Cassaro, que muestra un tipo furioso con una ametralladora futurista y un gran brazo musculado que a su vez es un brazo biónico, lleno de circuitos informáticos y metal. Se titula Destroyer (Brazo de acero) y ¡tiene mejor pinta que Terminator! Ahora es cuestión de paciencia, algún día la podré alquilar…

Vemos un antebrazo totalmente desgarrado y lleno de sangre, sus dedos se mueven y nos muestran los hierros mecánicos que los articulan, mientras unas tijeras limpian restos de sangre y piel alrededor de la herida. Una secuencia desagradable y fascinante a la vez.

Brazo de Peter QueruackBrazo en terminator

¿Es una secuencia de Terminator?

Un tipo musculado con chaleco junta la palma de su mano con la de un tipo gordo, fuerte, calvo y con barba para realizar un pulso rodeado de gente que grita, vitorea y apuesta. El pulso es vibrante y emocionante, el que gane será el mejor del estado.

Pulso en DestroyerPulso en Over the top

¿Es una secuencia de Yo, el halcón (Over the top, Menahem Golam, 1987)?

Una mujer alta, delgada y rubia, vestida con un top blanco y una falda de plástico transparente ataca a un hombre. Con sus largas piernas intenta estrangular el cuello del hombre, se libra una violenta lucha a muerte, la mujer que resulta ser un robot acaba muerta.

Atrapado en BladeAtrapando a Peter

¿Es una secuencia de Blade Runner (Ridley Scott, 1982)?

Un hombre que huye provisto con una ametralladora se atrinchera en una vieja fábrica mientras la policía lo tiene totalmente acorralado. Después de un fuego cruzado, la única persona en la que confía entra en la fábrica para convencerlo de que se rinda.

Final de DestroyerRendición de Rambo

¿Es una secuencia de El acorralado (First blood, Ted Kotcheff, 1982)?

Las respuestas a todas estas preguntas es sí, pero en este caso todas son secuencias que aparecen en Destroyer (Brazo de acero) (Hands of steel/Vendetta dal futuro) dirigida por Martin Dolman, pseudónimo del director italiano Sergio Martino en el año 1986… ¡qué por supuesto conseguí alquilar y disfrutar!

TerminatorLos italianos fueron los grandes maestros europeos del cine de género durante varias décadas, especialmente durante los cincuenta, sesenta y  setenta con géneros como el terror, el western, el giallo, el bélico, de aventuras, espionaje, el péplum, polizziesco, erótico… hasta que a principios de los ochenta y una vez que todos estos géneros populares iban expirando, su industria cinematográfica disminuía y se producía un auge del cine mainstream americano. Ahí empezaron   a plagiar, o mejor dicho a explotar de forma descarada, todos y cada uno de los grandes éxitos del cine americano. Afortunadamente no se salvó ninguno: Tiburón (Jaws, Steven Spielberg, 1975), La guerra de las galaxias (Star wars, George Lucas, 1977), En busca del arca perdida (Raiders of the los ark, Steven Spielberg, 1981), Piraña (Piranha, Joe Dante, 1978), la australiana Mad Max, salvajes de la autopista (Mad Max, George Miller, 1979), y como no Terminator.

Tras cada éxito de taquilla del cine americano los avispados productores italianos se apresuraban a lanzar un exploit para aprovechar el tirón del original. Como ejemplo, tan solo de un éxito como Tiburón los transalpinos nos regalaron El devorador el océano (Shark: rosso nell´oceano, Lamberto Bava, 1984), Tiburón 3 (L´ultimo squalo, Enzo G. Castellari, 1981), El cazador de tiburones (Ill cacciatore di squali, Enzo G. Castellari, 1979), La noche del tiburón (La notte degli squali, Tonino Ricci, 1988)…

tiburón 3el cazador de tiburones

Y aquí es donde entra Destroyer, brazo de acero del gran Sergio Martino. Aparentemente nos encontramos con un xploit puro y duro de Terminator: en un futuro cercano (¡¡1990!!) los altos niveles de contaminación, la radioactvidad y la lluvia ácida han convertido el planeta en un lugar inhóspito y desolado, un mundo postapocalíptico. Las primeras imágenes  que vemos definen perfectamente  el tipo de película ante el que estamos: imágenes de una gran fábrica expulsando humo por sus chimeneas, varios planos de un suburbio americano similar al Bronx, calles con edificios destruidos, planos de indigentes reales por las calles, mientras el audio nos explica la situación del planeta con el bonito acompañamiento musical de Claudio Simonetti , y aparece un plano de las afueras de un edificio típico neoyorkino con unos tipos con ametralladoras que custodian la entrada. Esta es la visión del planeta destruido por la contaminación por parte de Martino: planos robados y puede que incluso algunos de archivo magistralmente montados, la magia del cine.

Peter Queruack es un cyborg programado por una corporación para matar al Dr. Mosley, el líder de una movimiento ecológico que ha conseguido movilizar al pueblo para que luche contra las corporaciones que han dejado el planeta en el estado en el que se encuentra ahora.  Pero en el último instante, cuando Queruack ejecuta el golpe mortal con su brazo mecánico un fugaz pensamiento recorre su cerebro y se arrepiente, no mata a Mosley y comienza una huida. El FBI y la corporación que lo creó le persiguen, unos para detenerlo por el intento de homicidio de Mosley, los otros para que no les delate en caso de ser capturado.

En este caso, el cyborg/terminator no es enviado desde el futuro, sino desde el mismo presente para como en el caso de la película de Cameron, terminar con la vida de un líder, en este caso de un movimiento ecológico contrario a los intereses de una gran corporación, se trata de un detalle perversamente interesante, que a su manera supone una crítica al exagerado progreso industrial.

Queruack es un cyborg creado a partir de un soldado americano muerto en conflicto de guerra, apunte que se avanza varios años a Soldado universal (Universal soldier, Roland Emmerich, 1992), película que también es un auténtico exploit.

Y en su huida Queruack, interpretado por el musculoso Daniel Greene llega hasta Arizona buscando su auténtica identidad. Encuentra cobijo en un bar de carretera regentado por la rubia y ¿guapa? Linda, interpretada por Janet Agreen. A este bar acuden a diario camioneros sudorosos y machotes a comer y beber pero sobretodo a retarse a pulsos y a apostar. Y aquí es donde Destroyer se fusiona con Yo el halcón, el taquillazo interpretado por Stallone el mismo año que Destroyer. El exploit se manifiesta de forma descarada en el personaje de Anatole Blanco que reta a Queruack y que está calcado al Bob “Bull” Hurley de la película de Menahem Golam.

Pero toda esta parte de la trama tiene un aire que recuerda al spaguetti western: los desafíos en el salón, el paisaje desértico de Arizona, los personajes sudorosos y la crueldad de los enemigos de Queruack: los sicarios que trabajan para John Saxon, el otro gran acierto del casting. En una secuencia, el personaje interpretado por George Eastman, otro malo malísimo del cine de género italiano de siempre, engaña vilmente a Queruack haciéndole creer hay que rescatar a unos niños de un acantilado, este se ata a la cintura la cuerda que tirará desde el remolque de una camioneta. Los ruidos de llanto de los niños resultan ser una cinta en una grabadora, y en ese momento Eastman aprovecha para subirse a la camioneta y arrastrar a Queruack por el desierto y dejarlo abandonado y colgando por los pies: pura crueldad al estilo spaguetti que Sergio Martino ya había trabajado en  Mannaja (1977).

Y llega la secuencia que copia sin remordimientos a Terminator, Queruack manipula su brazo desgarrado en un plano calcado al de Schwarzenegger, y a pesar de tratarse de una película de bajo presupuesto el efecto está más que conseguido.

Pero hay dos películas más que se suman al xploit de Destroyer: la primera es Blade Runner, que además de la secuencia copiada de la replicante/cyborg que ataca e intenta estrangular con sus piernas a Queruack al igual que hacía Daryl Hannah a Harrison Ford en la película de Scott, su esencia sobrevuela la trama principal de Destroyer; el cyborg que se plantea quien es realmente y busca respuestas, en este caso quiere saber si es un hombre o simplemente una máquina, y finalmente se enfrenta a su creador en un final estremecedor. Final que por otra parte copia el de El acorralado: la huida, el asedio por parte de la policía (y de los sicarios de la corporación), el atrincheramiento metralleta incluida, y la persona de confianza que llega para hacerle entrar en razón, en este caso Linda, su amada. Y si en la película con Stallone, este hacía una reflexión sobre su papel en la guerra y en la actual sociedad, en Destroyer, la reflexión por parte de Queruack es sobre su identidad, porqué quizás nunca llegó a ser un hombre. Auténtica filosofía exploit sin concesiones, contundente y directa.

El acorraladoBlade Runner

Tal despropósito argumental y cóctel de copias no solo funciona bien sino que es divertido, vibrante, tiene un ritmo endiablado y sobresale de la calidad media de los xploits italianos ochenteros. ¿Por qué? Sobre todo por el trabajo de su director Sergio Martino, uno de los más interesantes y talentosos directores italianos que prácticamente ha tocado todos los géneros y subgéneros habidos y por haber y que demuestra su oficio y experiencia, haciendo que el cóctel esté más que bien agitado y servido.

Como dice la canción de U2 Even better than the real thing.                ¡Viva Italia!

FLASHBACKS AL CAPRI

Los mil y un referentes de Oblivion  y mis primeros recuerdos en el cine.

Este pasado fin de semana fui al Cine Capri del Prat de Llobregat a ver Oblivion (Joseph Kosinski, 2013).  Antes de entrar a la sala, Mercè, la dueña del cine tras venderme la entrada me avisa de que se trata de una película con muchas referencias a otros filmes y cita dos: la saga de La Guerra de las Galaxias y 2001 y Una Odisea en el Espacio (2001: A Space Odissey, Stanley Kibrick, 1968).

Entro en la sala, me acomodo en mi habitual butaca y pienso: ¡voy a ver una película en el Capri! Comienza la sesión. Efectivamente Mercè tenía razón, la película está plagada de referencias, tantas que me va a costar poder enumerarlas todas: las primeras imágenes en blanco y negro con una evocadora voz en off que reflexionan sobre el tiempo, los recuerdos y los sueños me recuerdan a La jetté (Chris Marker, 1962); el paisaje arenoso y desértico que enmarca la historia en su mayor parte de metraje parecen los mismos Tom y Obliviondesiertos de la saga de La Guerra de las Galaxias; el aislamiento que sufre tanto el personaje de Tom Cruise como su compañera en una especie de nave flotante que a su vez parece un chalet de último diseño, así como el adormecido ritmo narrativo de su primera media hora nos transportan tanto a cualquiera de las dos versiones de Solaris (Andrei Tarkowsky, 1972 y Steven Soderbergh 2002), como al universo que Duncan Jones nos enseña en Moon (2009). Estas tres películas volverán de nuevo a mi mente cuando la trama se complica y aparece el tema del doble, las réplicas, o exactamente los clones, su valor, función y el papel que pueden desempeñar en una posible y futura (anti)sociedad distópica. Y a mi mente vienen imágenes de La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of body snatchers, Don Siegel, 1956) y del  posterior remake de Philip Kaufman La invasión de los ultracuerpos (Invasion of body snatchers, 1978), y por unos instantes leo en la película otra reflexión sobre la alienación del individuo y el poder represor de la sociedad, y pienso de qué manera habría sido interpretada si se hubiera estrenado en los años cincuenta, ya que puede interpretarse como una denuncia de los peligros del comunismo y de la lucha del auténtico ser humano (el auténtico americano) por conservar y recuperar la tierra (por USA representado en una devastada Nueva York) que ya no está en su control. Pero también hay elementos de la puesta en escena que me recuerdan a Mad Max (George Miller, 1979), Brazil (Terry Gilliam, 1985)….

Cine CapriCine capri ahora

Y con todo este bombardeo de referencias, de planos y de motivos visuales que me recuerdan a otras películas levanto la vista de la pantalla, miro a mi alrededor y entonces son otros motivos visuales y otras imágenes las que vienen a mi cabeza. Empiezo a recordar que algunas de las imágenes que me evoca Oblivion las he visto en esa misma sala, en esa misma pantalla. Y entro en una dinámica de flashbacks temporales que me trasladan a diferentes momentos de mi vida sin moverme del sitio, pero sobretodo me llevan a mis primeros recuerdos relacionados con el cine.

 

La sala del Capri.Proyectores del Capri

Llegados a este punto mi posible decepción por la calidad de la película y que ha durado unos minutos ha desaparecido por completo y se ve recompensada no solo por el simple hecho de ver la película, sino de verla en este fabuloso cine. Mis primeros recuerdos relacionados con el cine están asociados al Capri, es la sala en la que he aprendido a amar el cine y en la que he crecido como persona y como espectador. Primero como el niño que se sorprende y queda fascinado con su nuevo juguete, después como adolescente que vive nuevas experiencias acompañado por amigos y novias, más tarde como joven y solitario cinéfilo, estudiante de cine que sueña con hacer algo relacionado con él; y ahora de nuevo como nostálgico espectador que asombrado por poder seguir disfrutando del mismo placer semana tras semana, regresa al útero cinematográfico que supone volver a sentarse en la misma sala y repetir una rutina sagrada: saludar y charlar sobre la película que vas a ver con los dueños del cine mientras compras la entrada, el mismo acomodador de siempre que rompe tu entrada, subir al bar a comprar un refresco y caramelos, ir a mi butaca favorita y sentarme, respirar el inconfundible olor de la sala, las luces laterales en formas fichas del dominó tan setenteras  se van apagando poco a poco, la sala a está a oscuras exceptuando los bordes de la pantalla iluminados en rojo y.. comienza la película.

 

Muñeco diabólicoLos bárbaros

Y ya estamos llegando al final de Oblivion, y el último tramo de la película no va a ser menos y está también plagado de referencias a otras cintas de ciencia-ficción. Tom Cruise llega hasta una especie de cubo luminoso con aspecto de monolito y me acuerdo de  Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979), Cube (Vincenzo Natali, 1997), y por supuesto 2001, una odisea en el espacio.

Y observando ese monolítico que me recuerda a 2001 me acuerdo de la gran elipsis que  hay en el filme tras la aparición del monolito y soy yo quien vive una elpisis en forma de flashback:

Tom y Cocktail

Mi primera imagen es de E.T El Extraterrestre (E.T. The extra-Terrestrial, Steven Spielberg, 1982), recuerdo que ya la había visto en un cine de verano en Granada, pero volví a verla en el Capri, llegamos tarde y había mucha gente como siempre, no me gustó demasiado aunque si recuerdo la secuencia en la que Elliot besa a la niña cuando las ranas se escapan. También recuerdo a Vetusta Morla volando en La historia interminable (Die unendilche Geschichte, Wolfang Petersen, 1984). Recuerdo a mi tía Rosario que era la persona que siempre me llevaba al cine cada semana a ver lo que dieran, dos o tres películas, hasta que uno de los dos se cansaba. Recuerdo planos de Cantinflas, de Louis de Funes, de Bud Spencer y Terence Hill, Tarón y el caldero mágico (The black cauldron, Ted Berman y Richard Rich, 1985). Recuerdo el impacto de ver a Roger Moore entrando en la cama con Grace Jones en Panorama para matar (A view to kill, John Glen, 1985). Pero sobretodo recuerdo ver asombrado y fascinado el infierno que vivía Griffin Dunne en Jo,¡ qué noche! (After hours, Martin Scorsese, 1985), cuando decidía ir al barrio del Soho a ver a Rossana Arquette, la secuencia en la cama en la que le explica sus problemas, después en el bar con el novio de ella, el billete que sale volando del taxi, cada secuencia me dejaba más perplejo. Me sentía estremecido pero sobretodo me sentía especial, ya que era consciente de que estaba viendo con siete años una película de mayores. Creo que ese día en el Capri me hice mayor. Recuedo cierto bochorno y sonrojo sentado junto a mi tia en una secuencia de Fabricando al hombre perfecto (Making Mr. Right, Susan Seidelman, 1987), en la que John Malkovich haciendo de robot y una mujer juegan con un preservativo y no paran de hablar de sexo. Y muchas esperas de días y muchas colas. El fenómeno de Cazafanstamas (Ghostbusters, Ivan Rietman, 1984) y el jaelo que se montaba en el cine cada vez que sonaba la canción de Lionel Ritchie. Y de nuevo aparece Tom Cruise y la expectación para ver Cocktail (Roger Donaldson, 1988), y que me pareció muy aburrida. Y antes las películas de Pesadilla en Elm Street 4Parchis, me acuerdo del enfado que tuve con mi tío que me había regalado unas entradas para verlos actuar en el Palau d´Esports porque yo solamente los quería ver en el cine y no en directo. Y más esperas impacientes durante la semana: la decepción de Moonwaker (Jim Blashfield y Colin Chivers, 1988), gatear entre la gente para colarnos en el caos que se había montado en la calle para ver Los gemelos golpean dos veces (Twins, Ivan Reitman), el auge de Tom Hanks y las risas cada vez que el chucho le babeaba en Socios y sabuesos (Turner & Hooch, Roger Spootiswoode, 1989). Recuerdo ver en primera fila Los bárbaros (The barbarians, Ruggero Deodato, 1987) y El muñeco diabólico (Child´s play, Tom Holland, 1988) con mi vecino Sergio y dos compañeras de colegio en lo que se supone era una cita, al menos para él. Y las maratones de películas; una de cuatro películas de terror también con Sergio: la crudeza y el gore de Hellbound: Hellreiaser 2 (Tony Randel, 1988), la fantasía y diversión de Pesadilla en Elm Street 4 (A nightmare on Elm Street IV: The Dream Master, Renny Harlin, 1988), una extrañeza delirante con Michael York titulada  Bestia asesina (Un delitto poco comune, Ruggero Deodato, 1988) y a Michael Ironside en Proyecto: Terror (Watchers, John Hess, 1988). Recuerdo haber visto dos veces  y media en una misma tarde Desafío total (Total Recall, Paul Verhoeven, 1990) y la expectación que se creó cuando Clint Eastwood había vuelto a dirigir un western después de tantos años y alucinar viendo Sin Perdón (Unforgiven, 1992)…..

Y como en el final de Jo,¡ qué noche!, en el que Chech &Chong dejan caer de una furgoneta a Griffin Dune en forma de escultura de escayola en la puerta de su trabajo, el lugar en el que  inició su aventura que terminó en pesadilla, a mi me dejan caer en la misma butaca del Capri en la que comencé a ver la película pero con una historia más que contar y recordar.