FAMILIA DE POLICIAS, BRONSON SONRIENDO EN FAMILIA.

Familia de policías (1995) de Ted Kotcheff es la primera parte de la trilogía de tv movies sobre el veterano sargento de la policía de Milwaukee, Paul Fein y su peculiar familia. Un veteranísimo Charles Bronson interpreta a Fein en la que será una de las últimas interpretaciones en su carrera como actor. Bronson es padre, abuelo y el policía más respetado y carismático del cuerpo de policía de Milwaukee. Un tipo duro, pero la edad le ha reblandecido el corazón y tiene una prioridad en su vida además de cumplir la ley: su familia. Es padre de dos policías, uno de ellos interpretado por Daniel Baldwin, y también de una abogada. Pero tiene otra hija más pequeña que, como oveja negra de la familia, se ha descarriado y se pasa el día de juerga en la soleada California. La cinta comienza con Bronson dejando claro a la mafia quien manda en la ciudad, para a continuación, tumbado en el sofá llamar a una de sus hijas pidiendo que le monte una fiesta de cumpleaños. Algo raro en él, siempre esquivo a este tipo de celebraciones, quiere volver a ver a su familiav1 unida, pero sobre todo quiere volver a ver a su hija pequeña, la niña de sus ojos. La chica accede, a regañadientes, y cuando llega y ve a Bronson, su abrazo delata que hay algo especial en ellos. Peleas y desencuentros aparte, son tal para cual. La chica, que no puede evitar más que meterse en problemas, esa misma noche se levanta de la cama y se va de fiesta a un local de lo más exclusivo. Borracha, la recoge un millonario que la lleva a su casa. Al día siguiente, Bronson recibe una llamada de parte de su hijo, ha habido un homicidio. Llegan a la mansión del millonario que recogió a la chica; el tipo está muerto y la hija de Bronson, que no recuerda prácticamente nada, ha tocado el arma por error y es la principal sospechosa.

Si cuento toda la premisa llegando hasta el primer acto, es porque me parece un principio fantástico. Acostumbrados a ver a Bronson sufrir por ver a sus parientes asesinados, siempre en busca de venganza, más en la tierra de los muertos que de los vivos; verlo en esta situación de lucha en busca de la paz interior me parece curiosa. Envejecido y con más de setenta años, vemos a un Bronson más reflexivo que nunca, rodeado de hijos y nietos que intenta lidiar con el calvario de ser policía en una ciudad peligrosa y la de tener a sus hijos implicados en la misma lucha. Baldwin recibe varios balazos y pelea por esquivar a la muerte en coma y su hija es la principal sospechosa de un crimen. Aquí es cuando, en situaciones límites, Bronson saca su fuerza y orgullo a relucir, llora, maldice y se enfada con su hijo pequeño por querer ser policía al igual que él.

Dirigida con elegancia por Ted Kotcheff, responsable de clásicos como Wake in Fright (1971) o El acorralado (1983), la película tiene un ritmo increíble y una más que correcta puesta en escena. Kotcheff sabe dónde colocar la cámara, filmar secuencias de acción y, sobre todo, conseguir un brillante trabajo de los actores durante toda la película. Familia de policías, nada mejor para comenzar a despedir al gran Bronson que verlo sonreír en familia.

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ACTO DE VENGANZA, CHARLES BRONSON FUERA DE LA CANNON

La década de los ochenta fue, para Charles Bronson , una época ligada prácticamente en exclusividad a la productora Cannon Films. Son tres los trabajos que el fallecido actor hizo fuera del universo de Menahem Golam y Yoram Globus; la primera es la excepcional odisea nevada de Caza salvaje (1981) junto a Lee Marvin. También protagonizó Justicia salvaje (1984), una película a reivindicar que a pesar de utilizar la palabra “justicia” en su título en castellano se aleja por completo de las películas de la saga Death Wish que filmó 250px-act_of_vengeancecon los productores israelís. La tercera fuera de la Cannon es una excelente TV movie del año 1986, Acto de Venganza (Acto of Vengeance), dirigida por el también fallecido director escocés John Mackenzie.

La trama de Acto de venganza se sitúa en la lucha sindicalista de los mineros de carbón; Bronson interpreta a un administrativo de confianza del presidente del sindicato. Cansado de la corrupción existente en la dirección del sindicato y especialmente en su presidente, interpretado excelentemente por Wilford Brimley, decide presentarse a las elecciones. A partir de aquí se desata la furia de Brimley que manda ejecutar a Bronson. Este punto de partida da pie a varias subtramas que son, por una parte la lucha de los dos aspirantes a vencer en las elecciones, por otra la relación de Bronson, un hombre honesto, con su mujer (Ellen Burstyn), sus hijos y los mineros;  la relación de Brimley y su entorno corroído por la corrupción y por último la trama del hombre encargado de gestionar la ejecución de Bronson.

Esta última trama es quizás de las más interesantes de la cinta ya que muestra las dudas del asesino, la torpeza en la elección de sus compañeros en la misión y el absurdo que rodea a unos tipos mediocres que por unos dólares son capaces de matar a un hombre. Sin duda, tiene el aire de los torpes y entrañables asesinos de algunas de las películas de los Cohen como Fargo (1996) o de los protagonistas de Un plan sencillo (1998) de Sam Raimi. Los “asesinos” visitan la casa de Bronson, uno de ellos dispara por error a su propia esposa hasta que finalmente se les une un nuevo miembro en la banda; un joven Keanu Reeeves, que se muestra como un tipo violento, fanfarrón y sin escrúpulos que suelta frases como: “¿Alguna vez habéis metido la mano, toda la mano, dentro del sexo de una mujer?”.

act_of_vengeance_dvd_cover_copy_1Las dos mejores bazas de Acto de venganza son su casting lleno de grandes actores y la efectiva realización de sobrio y siempre elegante John Mackenzie. Bronson está como siempre, contundente y perfecto. Aparece sin bigote, con esa dureza característica que tiene su rostro y que se acentúa más cuando opta por dejar en casa el mostacho. A pesar de ser ya un sesentón, se mueve con fuerza y dinamismo. En esta actuación utiliza un perfil más psicológico y como es habitual en su carrera, de auténtica contención dramática.  No reparte ni imparte violencia física, pero infunde respeto, ese es Bronson del lado de la ley, y en esta ocasión de la democracia. Su esposa está interpretada por Ellen Burstyn, la inolvidable madre de Reagan en El Exorcista (1974). Como abnegada esposa, es escritora y le redacta los discursos a Bronson. Wilford Brimley es un gran secundario que hemos podido ver en clásicos como Cocoon (1985), La cosa (1982) o La tapadera (1993). Acostumbrados a verle en registros de abuelo entrañable o bonachón, sorprende la dureza y maldad con la que se mueve en el papel de corrupto implacable. También podemos disfrutar en un pequeño papel del trabajo de Hoyt Axton, recordado en Gremlins (1984), y de la siempre extraña belleza de Ellen Barkin, que interpreta a la hija de Axton.

John Mackenzie es el director de brillantes thrillers y películas de espionaje de los setenta y ochenta como El largo viernes santo (1980), Cónsul honorario (1983) con Richard Gere y Michael Caine  o Código azul (1990) con Brian Dennehey y ya analizada en este blog. El trabajo de Mckenzie es sobrio y efectivo, como es habitual en él. Un director que no suele mostrar alardes estilísticos pero que imprime siempre un buen ritmo a sus cintas, sabe sacar lo máximo de los actores con los que trabaja y filma las secuencias de acción con solvencia. Una buena película de Bronson fuera de la Cannon.

 

SI BEBES NO CONDUZCAS. JAMES FARENTINO EN PERMISO PARA MATAR

Otra vez James Farentino en otra entrañable tv movie americana de los ochenta. Cada vez soy más fan de Farentino y cada día que pasa lo soy más en general de este pequeño subgénero a medio camino entre la serie de televisión y el largometraje. En alguna ocasión ya he comentado que no solo se hace buena ficción televisiva hoy en día o a partir de finales de la década pasada, grandes actores, estrellas sin cabida en el panorama cinematográfico de la época, guionistas solventes y buenos técnicos han estado siempre listos y preparados para desarrollar su talento en el formato casero.

45745919Permiso para matar (License to kill, 1984, Jud Taylor) es una buena muestra de ello: un entrañable producto que combina drama familiar con cine de juicios. Una buena elección para un domingo tarde en familia.

La carga moralizante del producto es totalmente palpable y domina el recorrido de la cinta. James Farentino no es esta vez ni un veterano policía ni un duro criminal, encarna a un personaje especialmente diseñado para la televisión: el padre coraje. ¿Qué no haría un padre en la búsqueda de justicia por la muerte de una hija?

He tomado alguna copa pero controlo

Hombres y coches, coches y hombres. Por supuesto cualquier ser humano con capacidad motriz e inteligencia puede manejar un auto, pero, ¿qué es un hombre sin su propio coche? Hemos crecido sentados en los asientos de atrás de los coches de nuestros padres, tíos y abuelos, sin cinturón de seguridad y rebasando límites de velocidad. ¿A cuánto pone tu padre el coche? Mi padre lo pone a 240, el mío a 260. Parecen simples trolas de niñatos que quieren fardar ante crédulos compañeros de aula, pero eran verdad. Los gintonics y los cubalibres vuelan a un ritmo vertiginoso mientras los cigarros se consumen y rebosan los ceniceros. El camarero cambia el cenicero y trae otra ronda, las mujeres miran a sus maridos y sus ojos les suplican que bajen el ritmo, que levanten el pie del acelerador. Los chavales más jóvenes que llevan a amigos y hermanos de vuelta al pueblo son conscientes de que han bebido más de la cuenta pero controlan, por lo que nada puede pasar. Únicamente reconocen que no controlan cuando ni siquiera pueden abrir la puerta del coche, se despiertan a la mañana siguiente en casa de uno de sus primos y tienen que pedirles a uno de ellos que los acerque hasta la discoteca a recoger el Opel Corsa. “Hice bien en no coger el coche” dice Gregorio. “Hicimos bien en recogerte entre cuatro y meterte en la cama de lo borracho que estabas” le contesta Vicente, su vecino.

License to kill funciona sobre todo como didáctico ejercicio en el que asistimos al paulatino descubrimiento y reconocimiento de un alcohólico de su auténtico problema. Pero sobre todo, asistimos a la aceptación de la renuncia de un hombre a conducir su propio coche, abandonando ese vehículo que le da identidad como empresario, padre y esposo, responsable hombre que controla su familia y su negocio. En definitiva, lo que le hace americano y libre.

¡Atentos! ¡Qué llega Denzel Washington!

Esta trágica tv movie no deja de ser una película con James Farentino que a pesar de estar espléndido, su rol desluce en muchos momentos por culpa ( o gracias) de sus compañeros de reparto, que en muchas ocasiones se llevan el protagonismo y las escenas más suculentas. Por una parte el sufrido personaje interpretado por Don Murray. Un hombre de negocios al que la vida le sonríe; tiene un próspero negocio, una bonita casa, mujer y dos maravillosos hijo. Todo perfecto, pero Don tiene varios amigotes con lo que le gusta fardar, consume combinados a media tarde y no por ello va a renunciar a disfrutar de su coche. En una de estas animadas veladas varoniles, al volver a casa totalmente ebrio, atropella y mata a la hija de Farentino, recién graduada y preparada para dar el salto a la universidad. Es ya una mujer. Sin duda, el tránsito de este hombre que no acepta su problema con la bebida y la lucha con su mujer por buscar una solución, es uno de los atractivos dramáticos más disfrutables. El otro actor que sale muy bien parado es un jóven Denzel Washington que interpreta al abogado de la familia de Farentino: aunque su papel es breve y no deja de ser un personaje totalmente funcional y que sirve a la subtrama judicial del filme, tiene la suficiente presencia y  carisma como para adivinar que bajo esa sonrisa negra hay un gran actor.

Como decía, James Farentino resuelve con solvencia su papel, dejando eso sí, toda una serie de secuencias de dormitorio en las que el drama anida en una pareja a punto de quebrarse por la muerte de una hija. La esposa, totalmente destruida y abatida, incapaz de salir de la cama, no entiende como su marido pasa el día fuera de casa buscando justicia. Sin dar muestras de aparente dolor y si en cambio saciado de sed de justicia, la incomunicación e incomprensión mutua domina sus escenas de matrimonio. Qué venga Bergman y lo vea.

Si bebes no conduzcas nos suplicaba en un renqueante castellano Steve Wonder. ¿Demasiado sutil para los cerebritos españoles de los ochenta? Es posible. En nada me toca renovar el carnet de conducir tras diez años, la única vez que cogí un coche iba con varias copas de más. Aún no había visto License to kill.

ESCÁNDALO EN LA CIUDAD: RAQUEL WELCH EN LOS CALENDARIOS

 Debió ser en una tarde de verano, mucho antes de que Barcelona fuera olímpica. Los aviones volaban a escasos metros de distancia de la terraza de casa de mi abuela. Podía ver la marca de las tuercas y el nivel de combustible de los boeings de Iberia, venían de Madrid, partían hacia París. La comida ya está digerida y El coche fantástico ha superado Fruteroun reto más, Kit entra en el trailer alfil, ¿o era un caballo?, y aquel hombre que se parece tanto a Michael Caine ha levantado la ceja por cuarta vez. Hace mucho calor pero no puedo dejar de correr por la casa, de una habitación a otra. En el frutero que es un bodegón de piezas de plástico coloreadas hay un calendario del taller en el que mi abuelo dejó reparando su Renault 5; una mujer despampanante con unos pechos enormes me mira y me sonríe. Hay tanta fruta alrededor que las plumas que acarician su espalda huelen a manzana, he pasado más de diez veces por la cocina para verla, me pregunto “¿dónde estará ahora? No es mi profesora y no es mi madre, ellas no tienen las tetas tan grandes”.

La guerra de las chicas de calendario

Esta historia se escribe entre pequeños helados a quince pesetas, flashes de diez y nubes de a peseta, somos pequeños, vemos el mundo desde abajo pero en la tele todo parece grande. Los aviones, los campos de fútbol, las carpas de los circos, los discursos de Felipe González y las tetas de las cantantes y actrices. Todos se han puesto de acuerdo: el del taller, Ángel Casas, el del kiosko del parque y los chicos mayores del barrio que a escondidas me enseñan sus revistas porno a todo color. Hay mucho pelo, parece un bosque con árboles gigantes y ramas peludas en forma de bigote polaco. Y hay una guerra. No está en Vietnam, es entre Samantha Fox, Danuta, Sabrina, Marta Sánchez y parece que se apunta a la batalla la más grande… en la piscina; Rocío sale del agua y vemos las gotas de agua escapar hambrientas como peces que luchan a contracorriente. Pero que haya paz, fuera rivalidad, yo os admiro a todas, si no me descubren me esconderé detrás del sofá y disfrutaré de vuestros bailes, escucharé vuestras canciones y tararearé vuestras melodías. Hasta que acabe el verano.

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De la misma manera me escondo de la vigilancia del Rocho en su videoclub. Las comedias, las de acción, las del oeste, las de terror –mis favoritas- y los dramas… sin que me miren me acerco a la sección X, que en sus primeras tres filas es erótica, Cicciolina con una banana, ¿se la comerá?, El semental italiano con Stallone levantando un puño y llevando un calzoncillo con la bandera norteamericana. Se confunden los dramas con lo picante, oficiales y caballeros con zorrones que pululan por la calle 42. Doy un un par de pasos laterales a mi izquierda donde hay un señor barrigudo con chaqueta de cuero marrón y bigotón, del bolsillo de su pantalón sobresale un llavero de Seat y mira atentamente la carátula de una porno con negras brasileñas. Parece estar leyendo la sinopsis, pero realmente está pensando como se lo va a montar para ver la peli y que su mujer no se entere. Yo pienso en como me lo puedo montar para poder alquilarla. El tipo, que huele a Brummel, me mira de reojo y cree intimidarme, yo le desafío un par de segundos y rápidamente me vuelvo hacia la estantería desplazándome hasta el centro de la sección de dramas. Entre Richard Burton, Farrah Fawcett y Victoria Abril veo a Raquel Welch sosteniendo una bandeja con dos jarras de cerveza como las que toman mis padres, lleva una falda tejana y una camiseta escotada que deja entrever sus grandes senos.

chocolate-bananas-1El semental

Sobremesa con Raquel Welch

“Su cuerpo lleno de sensualidad se iba a enfrentar a todos”. Así reza el lema de la carátula de la edición en vhs de Escándalo en la ciudad (Scandal in a Small Town, 1988, Anthony Page). Yo si me leo la sinopsis. La mujer más deseada del pueblo, muchos hombres la consiguieron, cometió errores pero ahora es una mujer trabajadora que mantiene a su hija como camarera en el bar del lugar… una foto de ella con su hija sonriendo me hace desconfiar. No son las negras de la playa de Bahía pero Raquel Welch es un mito, aunque ya no tenga veinte años y el viaje ya no pueda ser tan alucinante como el que hizo con Richard Fleischer. La alquilo. ¿Pero qué digo? Si no tengo dinero, tengo 11 años ni siquiera tengo las llaves de mi casa, únicamente una pelota de minibasket.

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Es hora de catalogar Escándalo en la ciudad, soy lo suficientemente mayor para enfrentarme al drama de una madre luchadora, y sobre todo para disfrutar de la belleza madura de Raquel. Espero que el señor del bigote siga bien, se haya jubilado y en lugar de un llavero de Seat tenga uno de Mercedes y ¿porqué no? Se haya ido de viaje con su mujer a Brasil, aunque prefiero pensar que no tenía mujer y que se quedó a vivir en Brasil… Raquel me mira con sensualidad, las cervezas siguen intactas, la copia en vhs no es de mucha calidad pero le confiere al look televisivo de la película, el tono idóneo para un telefilme de esta calaña. ¡Adjust your tracking please! La cinta es una tv movie aparentemente previsible, un pequeño pueblo de provincias del profundo sur de los Estados Unidos, el típico bar de carretera, con influencias western, billares, hombres que beben una cerveza tras otra y una de las cosas que siempre me fascina de estos lugares: siempre hay un grupo tocando country en directo. ¿Será así realmente? ¿O es únicamente en este tipo de cintas y en las que Eastwood va acompañado de un gorila? Raquel Welch luce despampanante cuando está de turno, enseña sus largas piernas aún firmes y por supuesto insinúa sus dos grandes atributos, ella lo sabe y el resto también. Todos la conocen, bailan con ella, le lanzan piropos y cuando alguno se propasa, ella tiene la habilidad y el tacto suficiente para manejarlos como si fueran niños pequeños, que es lo que son. Pobres niños traviesos que llegan tarde a casa y que se han tomado alguna cerveza de más.

El final de la primera gran secuencia de presentación del personaje y su entorno, nos muestran por donde van a ir los tiros: uno de los lugareños totalmente borracho acosa a Raquel, ésta, cariñosa y comprensiva lo acompaña hasta el coche para asegurarse que entra en el mismo mientras pacientemente le quita las manos que intentan sobarla y500full aguanta sus libidinosas proposiciones. Parece que algo hubo entre ellos en el pasado. Repentinamente aparece la mujer de éste furiosa y totalmente desencajada. Le regala una bronca descomunal a su marido pero sobre todo se ceba con la pobre Raquel: “Siempre igual, ya te conocemos y sabemos cómo te las gastas, no has cambiado” Raquel es una mujer marcada por el pasado, por una juventud llena de pasión liberada y juguetona promiscuidad. Fue la chica fácil del instituto, muchos la cataron y probaron sus dulces encantos, en los asientos de atrás de los coches, en las últimas filas del cine, en los graneros, en los baños del instituto. Cuando ella dolida y arrepentida por su pasado libertino llega a casa lo primero que hace es subir a ver a su hija dormir, la besa.

La aprendiz de peluquera y el aprendiz de voyeur

No me está siendo nada fácil digerir tal producto. No es ni mucho menos lo que pensaba que iba a ser. No es una película que hubiera podido gozar a hurtadillas alguna noche de despiste de mis padres, es un telefilm de sobremesa, basada en hechos reales, esto no va a ir a más… me tomo un descanso y vuelvo a mirar la carátula. Y mirando a Raquel vuelvo a la terraza de casa de mi abuela, una tarde de verano y veo la imagen de esa joven peluquera, sobrina de alguien del barrio, hija de cualquier amiga de mi abuela que era peluquera, o lo quería ser y venía a cortarnos el pelo. Una de mis hermanas está sentada en una silla en la terraza mientras ella concentrada intenta hacerlo de la mejor manera. La lucha es dejar el flequillo recto, mi madre quiere que se lo corte más, mi hermana lo quiere largo como su amiga Miriam, mi abuela no deja de hablar y yo me coloco detrás y descubro que no tiene sujetador, que la camiseta que lleva es anchísima y sus pechos enormes. Me quedo ahí parado, ella sigue concentrada en su labor, mi hermana se queja, le están cortando el flequillo demasiado, la peluquera bromea y sonríe. Yo no puedo dejar de mirar sus pechos balancearse de un lado a otro, chocar entre sí, cada tijeretazo es un tsuanmi de izquierda a derecha, a veces me obliga a tener que girar la cabeza… ¿porqué será tan divertido mirar esto? Entonces me voy, en nada me va a descubrir mirándola. En el frutero está la chica del calendario, pero en la terraza está la de verdad. Vuelvo y me planto ahí otra vez. A mirar. Ella está a punto de terminar la faena. Entonces me mira y me sonríe. “Qué niño tan guapo, y que tranquilo es, ahí quietecito”. Sí, soy tranquilo, muy tranquilo.

Acabemos con Raquel Welch y la controversia en su pueblo. Estoy ansioso (es un decir) porque estalle el conflicto, salte la chispa y prenda fuego la mecha en forma de escándalo sexual, matrimonio roto, amante del pasado, que el párroco del pueblo entre en acción. Pero de repente la trama pega un giro inesperado, totalmente imprevisible. Raquel como buena madre, ayuda a su hija a estudiar para un examen de historia. Y descubre que el profesor de historia, interpretado por el gran Ronny Cox, les enseña que los judíos son los culpables de la actual crisis que vive el pueblo, pone en duda el holocausto judío e insinúa que realmente fue provocado por ellos y no por Hitler. Raquel, madre coraje inicia una lucha para que se haga justicia y no se permita que este profesor, idolatrado por todos, desvirtúe la historia de esta manera e influya en su hija fomentando el antisemitismo, la intolerancia y la ignorancia.

Como buena tv movie americana de sobremesa todo termina en un juicio en el que el pasado de mujer “fresca y generosa” de Raquel será utilizado en su contra. Ella se arrepiente de cosas de su pasado, pero remarca entre lágrimas que ahora es una buena madre, trabajadora y luchadora. Así se defiende. Ya os podéis imaginar como acaba el juicio, quien gana, quien pierde. Madre e hija se abrazan, madre y mujer abogado se abrazan. Todos se abrazan, vuelven al bar a beber. Raquel se pone otra falda corta y otra camisa escotada. Yo respiro aliviado. El señor del bigote echa de menos a su mujer española y el videoclub Rocho cerró hace años.

En la terraza la peluquera ha terminado de cortar el pelo a mis hermanas. Yo no me he cansado de mirar en la zona que va desde sus tijeras hasta su barbilla. Ella me mira sonriente y se dirige a mi madre: “¿Y este niño tan guapo, no tiene el flequillo demasiado largo? Habrá que cortárselo”. “Ya que estás, si no te importa…”, le contesta mi madre. Yo me siento y ahora tengo sus pechos a menos de diez centímetros. Le sonrío ingenuamente y pienso “Si, córtame el flequillo, que no te veo bien las tetas”.

NAKED LIE: JAMES FARENTINO Y VICTORIA PRINCIPAL AL DESNUDO

La poco agradecida tarea de catalogar.

La misión de catalogar cine olvidado es en muchas ocasiones una tarea poco agradecida. Uno se sienta ilusionado y entregado ante unas sucias y desgastadas imágenes surgidas de una polvorienta cinta que pide a gritos que los cabezales de tu vhs la rescaten del letargo que sufre desde el siglo pasado. El entusiasmo se desvanece en pocos instantes cuando el Naked espectáculo al que tus ojos asisten no es más que una auténtica pesadilla eterna que te hace plantearte seriamente que tu empeño tenga algún sentido. En esas ocasiones no hay más remedio que aferrarse al gratificante placer del trabajo realizado cuya recompensa no es más que el mismo hecho de finiquitarlo.

Afortunadamente, en algunas ocasiones uno se topa con cintas como Mentira al desnudo (Naked Lie, 1989, Richard Colla), una pequeña tv movie en modo thriller judicial con algunos apuntes de thriller erótico, y que reconozco me ha sorprendido y guardaré en aquel pequeño rincón de mi estantería denominado: pequeñas joyas de la televisión americana de los ochenta.

Tras las huellas de James Farentino.

¿Cómo llega a mis manos un cinta de este calado? La pista que sigue Descatalogado en esta ocasión está motivada por la aparición de James Farentino. Mi cariño y reconocimiento por este curioso actor van aumentado a medida que voy descubriendo más interpretacionesjames-farentino-300 suyas. Unido a un físico muy peculiar se añade un magnetismo y un carisma especial que se trasluce en su trabajos, indiferentemente de la calidad del producto. Un tipo duro, sobrio y distante que le encuadra en el perfil clásico de policía que ha encarado en infinidad de ocasiones tanto en la gran pantalla como en televisión. Pero también un carácter frágil, dulce y un hombre divertido y tímido. En casi todas sus interpretaciones hay un momento en el que las circunstancias sacan de él su sonrisa y se muestra avergonzado y cariñoso.

Esta es una de las tantas tv movies que la CBS filmó en los ochenta y que con el boom del video doméstico en nuestro país aterrizó en estuche grande de la mano de Record Vision y que bien camuflada entre películas de más calado, podía terminar cualquier domingo en el comedor de tu casa. No fue mi caso, pero ahora si está en mi comedor.

Un anticipo del thriller erótico de los noventa en las piernas de Victoria Principal.

Mentira al desnudo parte de un punto de partida totalmente disparatado y que rizaría el rizo de una cabellera afroamericana. Un tipo elegante y atractivo (Farentino) que aspira a senador es chantajeado por una prostituta y su chulo. En un discusión con estos, el aspirante a político golpea y mata sin querer a la prostituta dejando herido al chulo. Huye y planta huellas que hagan sospechar que el chulo es el asesino. Hasta aquí nos enfrentamos a una historia que podría ser el inicio de cualquier película de cine negro que someterá al protagonista a una espiral de persecución hasta el abismo. A continuación entra en escena la ayudante del fiscal interpreta Victoria Principal, productora del filme y la auténtica reina de la función, que luce un aspecto de mujer madura pero que conserva la misa belleza juvenil que en la famosa serie Dallas. Obviamente se hace cargo del caso. Pero para terminar de complicar el asunto descubrimos que Victoria está enrollada con el juez que llevará el caso y que ¡no es ni más ni menos que el propio Farentino!

JuntosBesos

Todo este embrollo narrativo no hace presagiar nada bueno pero sorprendentemente todo el desarrollo va sucediendo de una manera brillante y efectiva que lo convierte en un buen producto televisivo. Además del carisma de los dos protagonistas, los dos aspectos más interesantes del filme son por una parte de sofisticada y elegante puesta en escena de Richard Colla, nada televisiva en absoluto y que se basa en precisos y preciosos planos secuencia que recorren las estancias en función de los movimientos de los personajes, así como el trabajo en multiescalas y el trabajo con la iluminación; heredero del cine negro americano que resalta en varias secuencias nocturnas y que son puro ejercicio al estilo nostálgico noir.

El otro elemento importante son las secuencias pseudo-eróticas del filme y en general toda la carga sexual que arrastra el personaje de Farentino. Un hombre con una doble vida a sus espaldas, honorable juez aspirante a político y hombre sexualmente activo que da rienda Naked postersuelta a sus fantasías “que superan el límite” con prostitutas. Las escenas eróticas, que por supuesto son bastante lights y moderadas, están muy en la línea de los thrillers que ya habíamos visto en la misma década como Fuego en el cuerpo (Body Heat, 1981, Lawrence Kasdan) y avanza el siguiente subgénero que estallaría definitivamente en los noventa: el thriller erótico. De esta manera la trama con personajes del lado de la ley (policías y abogados) atrapados por la pasión y el sexo, con secretos y rasgos ocultos, anticipan títulos como Instinto básico (Basic Instinct, 1992, Paul Verhoeven) o El abogado del diablo (Guilty as Sin, 1993, Sidney Lumet).

Mucho antes que aparecieran las divas eróticas de los noventa como Sharon Stone o Rebecca de Mornay, aquí podemos disfrutar de la espalda y las piernas de Victoria Principal, modosita y profesional durante el día, fiera y sensual por las noches.

¿Quién puede resistirse a Pamela Barnes?

ENCUENTROS EN EL ASCENSOR : CLAUSTROFOBIA (THE ELEVATOR)

Ascensor, por favor, no te pares

Los nuevos tiempos traen consigo nuevos miedos, nuevos traumas y nuevos infiernos haciendo que los antiguos desaparezcan y hayan sido superados. ¿Quién no ha tenido nunca miedo a quedarse encerrado en un ascensor? Recuerdo de pequeño que cada viaje en ese maravillo artefacto ahorra peldaños era una auténtica experiencia de riesgo. Además de ser uno de los lugares prohibidos a los que uno no podía ir sin adultos, una vez dentro, no podías acercarte a la puerta. Mirar hacia abajo era ver el vacío alejarse de tus pies. Mirar hacia arriba te acercaba al cielo o a la fatalidad a una velocidad de vértigo. El ruido estrepitoso, los botones quemados, las cuerdas que subían o bajaban, la foto de la mujer con falda cogiendo de la mano al niño. En las pelis de Tarzán el ascensor era elevado gracias a unos simpáticos elefantes; estos, los de mi infancia, eran modernos.

Había leyendas urbanas que decían que un tipo había metido el pie y se lo habían amputado. El pie nunca llegó a aparecer. Decían que si de golpe el ascensor caía en un vuelo sin motor tenías que saltar para así vencer la fuerza de la gravedad y no quedar triturado en las profundidades. Pero sin duda el miedo más común y angustiante era quedarte encerrado en el ascensor: sin móviles, sin teléfonos de emergencia, únicamente contando con la buena voluntad de los vecinos salvadores, los gritos de auxilio en la noche, luchando contra la claustrofobia. Explicaba mi madre que estando embarazada de mis dos hermanas gemelas se quedó encerrada durante dos horas en el ascensor en pleno mes de agosto, nadie aparecía, nadie solicitaba el ascensor, la mitad del vecindario en la playa, la otra mitad en los pueblos de vacaciones, y los pocos que quedaban, estaban trabajando o en el bar. Hace años que no he vuelto a escuchar esta historia pero sé que fue una experiencia horrorosa…

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Ese miedo, esa angustia, el terror a los espacios cerrados, a la impotencia y a la desesperación por el aislamiento que se respiraba en mi infancia, es el motor de la tv movie americana Claustrofobia (The Elevator, 1974, Jerry Jameson) que juega de manera inteligente con varios elementos extraídos de dos de los géneros más de moda en los sesenta y los aún recientes setenta. Por un lado se acerca tímidamente, debido a la notoria falta de recursos, al cine de catástrofes que los setenta explotaron. Utilizando como referencia El coloso en llamas (Towering Inferno, 1974, John Guillermin) aprovecha algunas situaciones: un rascacielos moderno como elemento terrorífico, la tecnología como un enemigo del hombre y la avaricia de los empresarios que deciden ponerlo en marcha a pesar de carencias de seguridad. Tampoco se le escapará otro de los factores claves de este subgénero: la aparición de viejas estrellas en el reparto.

 

Myrna Loy y Teresa Russel, de madre a hija a prisioneras en el rascacielos

El reparto cuenta con caras conocidas de la televisión de la época como un joven James Farentino y el siempre inquietante y ambiguo Roddy Mcdowall; pero el apartado de viejas estrellas rutilantes lo forman Myrna Loy y Teresa Rusell que casi treinta años antes habían coincidido en uno de los mejores dramas bélicos realizados, Los mejores años de nuestras vidas (The Best Years of Ours Lives, 1946, William Wyler). En aquella historia sobre el regreso a su ciudad natal de unos soldados tras la segunda guerra mundial, as dos actrices interpretaban a una madre e hija respectivamente que veían como sus vidas se alteraban por el regreso de estos hombres traumatizados, sin presente, sin futuro. En esta ocasión, con un aspecto físico que las acercaría más a hermanas ven como su futuro pende de un hilo, de un cable que por momentos parece resquebrajarse. Sinceramente adorables, encantadoras y todavía enormemente bellas, cada una a su manera.

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El primer encuentro entre Jerry Jameson y James Farentino

Ya he escrito en este blog acerca de mi debilidad por la tv movie La araña roja (1988), dirigida por Jerry Jameson e interpretada también por Farentino al igual que The Elevator. Más de una década antes mis dos queridos amigos se unían por primera vez para deleitar a aquellos espectadores que el sábado por noche decidían quedarse en casa y ver la tele. La realización de Jameson es efectiva y muy decente teniendo en cuenta la falta de medios. Pero antes me había dejado una de las claras influencias de la película por explicar. La primera es el cine de catástrofes y la segunda, que atañe directamente al estilo de Jameson, es el cine de intriga del maestro Alfred Hitchcock. En el momento de la realización de este telefilme, Hitch todavía estaba en activo; sus últimas obras maestras eran todavía recientes y ya eran influencia, moda, herencia. La película juega con el elemento de varios personajes encerrados en una situación sin salida, ciertamente con un desarrollo psicológico de los personajes no muy elaborados ya que la cinta tira hacia el brochazo grueso, pero en la que los ecos de cintas como Náufragos (Lifeboat, 1944) y La soga (The Rope, 1948) se dejan ver.

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Pero hay otro elemento a tener en cuenta; el “suspense hitchcockiano” tan efectivo en sus obras maestras: aquel hecho que el espectador conoce pero el personaje no, y que crea en el espectador la sensación de angustia, de temor por no poder ayudar a los personajes en peligro, elemento representado por la cuerda que sostiene el ascensor y que está a punto de romperse.

Así que no lo dudes, sube por las escaleras. Es más seguro y más sano.

CATALOGANDO A LOUIS GOSSETT, JR. PARTE III: AS GIDEON OLIVER (EL SALARIO DEL DIABLO/OSCURO PARAÍSO)

Me resistía a dejar a medias la parte de este especial sobre Louis Gossett, Jr. dedicada a la serie Gideon Oliver; prescindiendo de dos de las entregas de la misma. Si tres de ellas estaban editadas, ¿por qué no iban a estarlo las dos restantes? Imbuido por el espíritu inquieto de un arqueólogo analógico, pero sobretodo por la fuerza de la calva del personaje de Gideon Oliver; sin gorro por culpa del calor del verano, definí con más precisión mi búsqueda. Hasta la fecha, había encontrado los tres títulos analizados sin muchos problemas, teniendo en cuenta que sus títulos originales no diferían prácticamente en nada del original de distribución en nuestro país. Pero si por algo se caracteriza la traducción de títulos provenientes de cualquier lugar fuera de nuestras fronteras, es sin lugar a duda, el de elegir aleatoriamente en algunas ocasiones y también la obvia explicación de la trama; llegando a extremos como desvelar giros inesperados de la trama. De esta manera, combinando los títulos originales con el nombre de nuestro querido protagonista y las posibles traducciones al castellanocon una pizca de suerte, y agitando el cocktail, los buscadores me han dado la oportunidad de completar esta serie. Serie que supone para mi paladar una gran sorpresa y un total deleite. Como muestra de la calidad de este producto es la edición americana ll Brilliant but canceled, que recoge captítulos de algunas “brillantes” series sobre crímenes pero que fueron canceladas por diferentes motivos y antes de tiempo.
Gracias a Gideon y a mis contactos en la red, he podido recuperar el primer capítulo de la serie El salario del Diablo (Sleep Well, Professor Oliver, 1989) y Oscuro Paraíso (By the Rivers of Babylon). Como podéis comprobar, las traducciones de los títulos originales son canela en rama.

Es hora de catalogarlos.

El salario del Diablo (emitido el 20 de febrero de 1989) dirigido por John Patterson.

El salario del Diablo es el capítulo piloto de la serie y un excelente telefilme que combina elementos de drama policíaco y de investigación con otros de thriller de misterio con tintes de terror satánico. Ante todo, esta cinta nos presenta quién es Gideon Oliver, su entorno Sleep well Professor Oliverlaboral y familiar y cuáles son sus preocupaciones y obsesiones. Toda la trama se desarrolla en un Manhattan donde el frío obliga a Gideon a llevar levitas de piel, jerseys de cuello alto, guantes y por supuesto su característica gorra de los Yankees. Mucho más que en otros capítulos, le vemos dando clase en la universidad de Antropología a cientos de alumnos y compartiendo momentos con su hija, un personaje que aparece principalmente en los episodios donde Gideon juega en casa.
La serie comienza fuerte con este capítulo: una periodista de investigación es asesinada en plena calle por un zumbado interpretado ni más ni menos que por Tom Sizemore. La periodista resulta haber sido en el pasado algo más que una amiga de Gideon. Por lo tanto la investigación del detective John Quinn, que interpreta Michael Rooker, le lleva hasta Louis Gossett, Jr. A partir de aquí Gideon, que esconde en su interior un detective frustado se introducirá en un siniestro mundo que incluye ritos satánicos, tráfico de material pornográfico pedófilo y asesinatos rituales, todo orquestado por un criptogrupo o secta que por momentos deja entrever movimientos conspiratorios que parecen remontar su origen en personajes como Charlie Manson e incluso David Richard Berkowitz, más conocido como el “Asesino del calibre 44” o el “Hijo de Sam”.
Mientras conocemos a Gideon, junto a su incontestable astucia y su antropológica curiosidad nos adentramos en un horrible submundo que la excelente realización plasma en un par de secuencias que se acercan al mejor cine de terror con obras como La semilla del CombinadoDiablo (Roman Polanski, 1968) o La profecía (Richard Donner, 1976). Pero aquí, como en la vida real, el mal no viene del diablo, sino de los hombres y de sus retorcidos y siniestros planes. El horror por tanto parte de la total frialdad e impunidad con la que el grupo liderado por Anthony LaPlagia ejecuta a sus víctimas y utiliza a inofensivos e indefensos niños para conseguir sus fines tanto lucrativos como “espirituales”. Por desgracia, el final está orquestado con un despliegue pirotécnico donde la puesta en escena satánica, con un Gideon mostrando sus conocimientos en artes marciales, desemboca en el típico y tópico desenlace de filme de acción.
Gideon vence al malo, aparentemente. La última secuencia nos muestra al asesino despidiéndose de nuestro protagonista mientras la policía se lo lleva esposado: “Felices sueños, profesor Oliver”. Louis Gossett se queda desconcertado, sabe que a partir de ese momento, el mal le perseguirá en sus peores pesadillas.

Oscuro paraíso (emitido el 24 de abril de 1989) dirigido por George Mendeluk.

En el cuarto episodio de la serie la acción se sitúa de nuevo en una pequeña isla, en esta ocasión del Caribe. Al igual que su predecesora en la saga, El último vuelo a Coramaya, Gideon se sumerge en el calor tropical vestido con camisas de flores o militares y pantalones blancos de lino. La paz que disfruta Gideon, mojito en mano, en los descansos de la Conferencia Pedagógica Internacional en la que participa como conferenciante se ve rota con una serie de incidentes provocados por un grupo rebelde antisistema. Los problemas persiguen a Gideon, y éste cuando los huele no puede evitar acercarse: así que la fiesta está servida. Especulación inmobiliaria, corrupción política, secuestros, asesinatos, y tráfico de drogas con conexiones en Nueva York se mezclan en las siempre complejas tramas de la serie. El espíritu antropológico de Gideon se despierta de nuevo por la ancestral raza indígena de la isla pero sobre todo por el personaje de Tiberius, un ser inocente y angelical que desconcierta por su ingenuidad naïf.

Paraiso explosivoEl salario del Diablo

Algo de chispa se pierde habitualmente cuando Gideon abandona Manhattan, las tramas a pesar de ser interesantes desubican un tanto a Gideon que se convierte en un hombre de acción más que nunca. Podemos decir que esta entrega junto a El último vuelo a Coramaya son las dos cintas más flojas de la serie. Curiosamente en este capítulo se trabaja un aspecto que habitualmente se deja de lado y que en este toma cierto protagonismo: Louis Gossett es un seductor. A medida que avanza la trama y sus reuniones con la cónsul norteamericana, una agradable negra de mediana edad, entre ellos se va desarrollando una cierta atracción. Cuando por fin tienen algo parecido a “una cita”, esta se va al traste. Otra vez Gideon se queda a las puertas del amor. A la próxima irá la vencida.