DEMONIOS EN LA SALA DE CINE. DEMONS DE LAMBERTO BAVA (Y DARIO ARGENTO)

Así presentaba Juan Luís Goas la película Demons (Dèmoni, Lamberto Bava, 1985) la noche del domingo  19 de agosto de 1990 (wikipedia dixit):

Goas, en su tono caracterítico de distantanciamiento y gélido misterio, se muestra especialmente contundente y duro con la película al inicio de su presentación, por muy tarde que fuera la hora a la que se emitió la película su aviso hacia los estómagos delicados está bastante justificado: Demons es una película asquerosa, ultraviolenta y con altas dosis de gore. Pero tal y como remata al final de su intervención, en lo que supone un halago hacia el film, no se trata ni más ni menos que un entrenimiento, trash, desmesurado, rocambolesco y pasado de vueltas, pero un puro y duro disfrute.

Antes de ver la película yo ya tenía grabada en mi mente la imágen publicitaria de la película: unos tipos a contraluz con garras en cuyos oscurecidos rostros destacan unos iluminados ojos.  Se acercan a nosotros dejando ver unos haces de luz a sus espaldas, y encima de ellos la leyenda: Poster Demons“…harán de los cementerios sus catedrales y de las ciudades vuestras tumbas.” Los carteles de las películas durante mucho tiempo y para un gran número de películas, especialmente cintas de terror, acción y aventuras, fueron el principal y único reclamo publicitario que podían ofrecer al público que se acercaba a las salas de cine y sobre todo a las estanterías de los videoclubs. Sin internet, muy poca publicidad en televisión y el merchandansing destinado exclusivamente a superproducciónes de Hollywood, un cartel espectacular, bien dibujado y una frase desafiante hacía posible que cualquier bodrio o subproducto atrajera nuestra atención: la sorpresa o decepeción llegaba una vez te sentabas delante del televisor y la cinta comenzaba a rodar; te habían dado gato por liebre. Te la habían vuelto a dar con queso una vez más; los actores no se parecían en nada a los del poster, las chicas no estaban tan buenas y del helicóptero, ni el lejano sonido quedaba. En el caso de Demons el cartel  está totalmente a la altura de lo que vamos a ver mostrándonos uno de los momentos más conseguidos de la película, y si engaña en algún aspecto es en omitirnos la ingente cantidad de atrocidades y de actos de crueldad demoniaca que nuestros ojos, no tan inocentes, van a presenciar.

Y al rec le di para grabar. No sabía mucho de Lamberto Bava, a penas que era el hijo de Mario Bava, pero si sabía quien era Dario Argento; gatos de nueve colas, pájaros de plumas de cristal y sangre de color rojo muy oscuro. A pesar de que por aquella época ya me había enfrentado a disparates descomunales y apoteósis de vísceras y gore con clásicos como Re-Animator (Re-Animator, Stuart Gordon, 1985)  y Mal gusto (Bad Taste, Peter Jackson, 1987), la cinta italiana me sorprendió e impactó absolutamente: todo tipo de desmembramientos, altas dosis de terror, música heavy, crueldad puramente italiana y además todo sucedía en una sala de cine.  Algo así como un festival sin ser carnaval. Me apresuré a compartir mi descubrimiento con mis hermanas y mis compañeros de colegio, y desde ese día me pregunté: ¿cómo sería ver esta película en el cine?

Veintitrés años después, una secuela por el camino –Demons 2 (Dèmoni 2…l´incubo ritorna, Lamberto Bava, 1986)- e infinitos visionados de la original, Nacho Cerdá me da la oportunidad de revisar Demons en una sala de cine gracias a una de las sesiones del Phenomena Grindhouse, en versión doblada al castellano y con mucha gente. Esta vez la presentación corre a cargo del crítico Sergi Sánchez que actualiza el discurso de antaño empleado por Goas: han pasado más de dos décadas, la nostalgia entorno del grindhouse baña su interesante explicación, nosotros hemos crecido pero el sentimiento y el deseo de pasarlo bien es el mismo, qué digo, es mayor aún, no cada día uno tiene la oportunidad de sumergirse en una experiencia como esta: ver demonios en una sala de cine.

La película va oscilando entre dos deseos y dos sentidos: por una parte quiere ser una película de terror, quiere asustar y sorprender, pero por la otra quiere ser un espectáculo de desmadre gore y de violencia extrema. La primera secuencia pone las cartas sobre la mesa; una chica se queda sola en la estación de metro, se atemoriza y unos pies la persiguen, un peligro la acecha, la música nos acompaña con su pánico que finalmente se resuelve en una falsa alarma: un regalo de dos entradas para ver una película de terror por parte de un tipo siniestro con máscara. Siempre me ha hecho gracia este principio y en general todos los principios de las cintas de terror en las que quieren asustarte en el minuto uno: no lo consiguen. La segunda parte si la consigue.

Moto y katanaCareta en chica morena

Ahora nos encontramos con la parte más interesante de la película, y que vista hoy en día me sigue gustando muchísimo, no por su originalidad pero si por su consecución. Los invitados se dirigien al cine Metropol, en el hall del cine hay varios posters de películas de terror (con alguna de Argento incluida), una motocicleta con un muñeco que lleva una katana en una mano y en la otra una máscara de demonio, ¿homenaje al film de su padre Mario Bava La máscara del Demonio (La maschera del demonio, 1960)? que una chica negra bromenado se pone haciendose una herida en la cara. Y comienza la película que han ido a ver. Se trata de una película de terror puro y duro: dos parejas de jóvenes entran en cementerio, profanan la tumba de Nostradamus!, y encuentran la misma máscara que había en el hall del cine, uno de los chicos se la pone y también sangra. Mientras, otro de los chicos lee un pergamino que supone una profecía; quien se ponga la máscara se convertirá en demonio y traerá consigo el apocalipsis.

Esta parte es muy interesante ya que Bava juega  con diferentes puntos de vista sobre la película de terror que se está viendo: en algunas ocasiones vemos planos generales de la sala de cine con la película proyectándose al fondo, en otras ocasiones vemos a los espectadores viendo la película, toda una fauna variopinta de individuos; una pareja de jóvenes tortolitos enamorados, una pareja madura en su aniversario, dos parejas de jóvenes que aprovechan para ligar, un ciego con su mujer y el amante de ésta que sigiloso se acerca buscando un encuentro sexual, un macho man negro acompañado por dos exhuberante hembras también de color recién sacados de un Harlem romano. Y por último nuestro punto de vista ya que Bava nos muesra la película que ellos están viendo en primer término, convirtiéndonos en unos espectadores más de la sala de cine Metropol en la que  a la postre se desencadenará el terror. Esta secuencia en la sala de cine se convierte en un momento de delicioso metalenguaje cinematográfico muy interesante y divertido gracias al sentido del humor de los personajes: en un apunte constante, y que he de reconocer que de pequeño no había identificado, los personajes son conscientes de que están viendo un xploit de terror, hacen comentarios graciosos y se mofan de la película, comentarios que provocaron las carcajadas de todos los que nos encontrábamos en la sala de cine, convirtiéndonos en cómplices de los personajes. Es más, la cinta ironiza lo suficiente consigo misma como para que los personajes sean también conscientes de lo que son: puras caricaturas estereotipadas con reacciones exageradas, frases imposibles y acciones desmesuradas, lo que da equilibrio al ultragre desmesurado que recorre el metraje.

Finalmente la profecía de la película que están viendo se hace realidad y al igual que en en ésta, la chica negra se convierte en demonio mediante una transformación repleta de pus verde fosforito y uñas que se descarnan dando paso a garras infernales. Asquerosamente divertido.

La otra demoniaLa demonia

Hay infinidad de películas en las que los personajes se situan en una sala de cine e interactúan con la pantalla y la ficción mostrada, desde la La rosa púrpura del Caíro (Purple rose of Cairo, Woody Allen, 1985) con personajes que salen de la pantalla hacia el mundo real, hasta El último gran héroe (Last action hero, John McTiernan, 1993) utilizando a personajes del mundo real que entran en el mundo diegético de la pantalla. Pero sobre todo tenemos la brillante Angustia (Bigas Luna, 1987), uno de los experimentos formales más originales y coherentes en este sentido. Posterior a Demons en dos años, formula toda su estructura narrativa y visual en la dialéctica entre los espectadores de un cine, la película de terror que están viendo, su punto de vista y el nuestro; aquí de nuevo la película visionada por los espectadores en la sala de cine actúa como profecía que se traslada del universo de la ficción de la pantalla a la realidad de la sala de cine.

El final de este capítulo de metalenguaje nos regala una de las mejores imágenes de la película: una de las chicas negras que ha sido atacada  por un demonio se contorsiona de dolor detrás de la pantalla de cine. En la pantalla se proyecta el asesinato de una chica, los gritos de la chica negra se funden con los gritos del personaje de la pantalla en un estremecedor efecto sonoro, la chica se abalanza sobre la pantalla deformándola, de manera que parece que recibe las puñaladas que la película que se está proyectando. Finalmente la pantalla se quiebra y la chica cae al suelo ante los atónitos espectadores.

Muerte tras la pantalla 2Saliendo de la pantalla

Varios años más tarde Wes Craven y su guionista Kevin Williamson recuperan la idea de unos personajes en una sala de cine y copian/homenajean la imágen de la chica muriendo ante la pantalla para Scream 2 (1997): en un ejercicio de metalenguaje  aun más sofisticado y muy original los espectadroes asisten a la proyección de la película de terror inspirada en los hechos acontecidos en la primera parte de la saga, disfrazados del asesino de Scream: vigila quien llama (Scream, Wes Craven, 1996), los especaores ríen, gritan, agitanando sus puñales de plástico y no caen en cuenta que una chica, negra también, es asesinada realmente ante la pantalla y ante sus ojos.

La sombra de Argento planea constantemente durante la proyección y especialmente durante la primera mitad de la película y sobre todo en toda la acción que sucede en el anfiteatro con el triángulo de personajes que forma el ciego, su mujer y su amante, en estaSuspiria poster ocasión el cocinero es Lambert Bava y el ladrón Dario Argento, o puede que sea alrevés. La secuencia está bañada de una luz roja irreal que sumada a la oscuridad de la sala de cine y a los destellos de luz azul que emana el proyector crean una atmósfera fantasmagórica que recuerda a la obra maestra de Argento Suspiria (1977).  A este trabajo a nivel visual hay que sumarle la banda sonora de Claudio Simonetti que al igual que en Suspiria y otros trabajos de Argento  tiene en las endiabladas melodías de rock progresivo de Simonetti (antiguo miembro de la banda Goblin), repletas de sonidos sugerentes y graves estruendos un acompañamiento magistral que crean confusión y eleva los crímenes vistos en pantalla hacia el barroquismo más delirante.

Otro de los elementos presentes en la cinta que recuerda a Argento – y que es intrínseca al cine italiano de género, pudiendo perfectamente incluir al cine español también- es la crueldad despiadada a la hora de mostrar las muertes y ejecutarlas, en especial el ensañamiento con el personaje invidente, violento acto que ya aparecía en Suspiria cuando el pianistsa ciego era atacado por su perro lazarillo; no basta con matarlo sino que un demonio le hunde sus garras en los ojos haciendo puré de ellos. De esta manera presenciamos evisceraciones, cabelleras que son arrancadas, humanos literalmente abiertos y de los que surgen demonios, decapitaciones, y mucho líquido viscoso y fosfórito; el gran color de los años ochenta gracias al ácid house, el blani blup y el suero de Herbert West en Re-Animator.

Ciego en SuspiriaCiego y sin ojos

Y para terminar con Argento dos planos que lo homenajean y copian: el primero es la imágen de la mujer del ciego y su amante colgados de una cuerda mientras son literalmente forzados a besarse destrozando sus caras por parte de un demonio, plano insipirado en una de las muertes de Suspira, y la segunda es el momento en el que vemos a una de las protagonistas de cara y que está filmado exactamente de tal manera que al agacharse nos muestra un demonio que estaba situado tras ella y que está copiado de uno de las escenas finales de Tenebre (1982) y de la que Lamberto Bava fue director de la segunda unidad.

Forzados a besarseColgada en Suspiria

De cara en TenebreApareciendo desde detrás en Tenebre

Homenajes, imitaciones, copias, sugerencias, imposiciones…

Después de todo esto llega la debacle, el asedio por parte de los demonios convirtiendo a la cinta en un slasher grotesco y hardcore. Muertes, más muertes y un surtido de secuencias psicrotrónicas y delirantes como la de los punkies y la cocaina, y mis dos favoritas; la matanza en moto y katana en mano por parte del protagonista con el tema Fast as a shark de la banda Accept (sugerencia de Argento) y por último la inesperada aparición de un helicóptero –esta vez sí, el helicóptero existe- que destroza el techo y cae en la platea del cine.  Fuera, mientras nuestros personajes luchan, el apocalipsis se ha desatado y la tierra ha sido invadida por demonios, dando a pie a una futura Guerra Mundia Demonio (World War D)…

Pobre BobbyHelicóptero

Ver Demons en una sala de cine ha sido una experiencia terriblemente divertida. Varios de los temores que me han acompañado hasta ahora y me inquietaban se han desvanecido: nadie se ha convertido en demonio, he podido salir de la sala de cine y fuera todo sigue igual, afortunada o desgraciadamente, nada ha cambiado.

About Descatalogado

Miguel Arjona es Descatalogado y muchas más cosas. Además de su empeño por catalogar cine olvidado en viejas cintas de vhs, Miguel es guionista, realizador, crítico de cine y profesor de cine en FX ANIMATION Barcelona 3D & Film School. Después de estudiar una carrera universitaria que no tiene nada que ver con el mundo del arte, enfermería, decidió adentrarse en el séptimo arte y estudiar cine. Un año en el IDEP y luego dos más en el CECC, en las que estudió guion y dirección. Después de escribir y dirigir varios cortos en 2005, Miguel tuvo la oportunidad de ser director de ESTUDIODECINE, un cargo que ha ocupado durante diez años. Desde entonces, compagina su trabajo en el mundo de la docencia con la producción de varios largometrajes (Párking, La Manada), la escritura de guiones y la realización de cortometrajes y videoclips.
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