STREETWALKIN´, LAS CHICAS DE CORMAN HACIENDO LA CALLE

“Haciendo la calle” (Streetwalkin´, 1985) es una de las muchas película producidas por Roger Corman en su dilatada, abundante y aún activa carrera (durante 2017 produjo tres películas). Actor, guionista, director y con más de 400 títulos como productor, Corman es un destajista, impulsor de infinidad de subgéneros, creador de xploits siempre a la moda de la época, el momento y las circunstancias del mercado. Pero es también el director de un puñado de excelentes películas: “The Intruder” (1962) , “El hombre con rayos X en los ojos (1963) – película que amo desde niño – o “La obsesión” (1962) ; el impulsor de carreras de directores y actores como Francis Ford Coppola, Martín Scorsese, Paul Bartel, Jonathan Demme, Jack Nicholson o Joe Dante; y por último, podríamos considerarle el único director de cine que ha sido capaz de adaptar con éxito y un sello personal el universo de Edgar Allan Poe.

Entre la innumerable cantidad de géneros y subgéneros que ha abordado Corman como productor se encuentran el western, el bélico, el cine de gánsteres, el terror en sus infinitos derivados, el de espada y brujería, las artes marciales, el cine psicotrónico o derivado del universo de las drogas (en especial los ácidos a finales de los 60), el de moteros, el carcelario, WIP films (women in prision movies), persecuciones de coches, ciencia ficción, dramas de adolescentes, el musical, comedia… El etcétera es tan largo como combinaciones posibles puedan existir a la hora de mezclar géneros. Y,por supuesto, las sex movies o los xploits derivados de temática sexual (erótica).

Corman se apuntó, como no, a este último cajón de sastre temático con varias pelis y ”Streetwalkin´” es una de ellas, una historia que forma parte del grupo de xploits sobre prostitución; filmes que explotan la temática de jóvenes o adolescentes que venden su cuerpo a cambio de un puñado de dólares principalmente en las calles de Nueva York o Los Ángeles. La década de los 80 y principio de los 90 nos regaló una buena cantidad de títulos de este subgénero como la saga de “Angel” (1984) y sus tres secuelas, “Ángeles de la ciudad” (1989), “Hijas de la calle” (1990), “Streets” (1990) o “Sin Piedad” (1992).

La película comienza como un drama realista bastante equilibrado en el que Cookie, que interpreta una jovencísima Melissa Leo, acompañada de su hermano adolescente, deambulan por la Grand Central Terminal de Nueva York. Una llamada telefónica a su madre, nos informa de que han tenido que huir del hogar por culpa de su padre que supuestamente ha intentado abusar de Melissa. La madre no le cree y no quiere saber nada de sus dos hijos: una forma muy “B movie” de marcar el punto de partida dramático de los personajes. Duke, un apuesto joven que merodea la estación, se fija en las lágrimas de Melissa Leo y le hace reír. Ella cae en sus redes. Corte. La siguiente secuencia nos muestra a Melissa ejerciendo la prostitución y felizmente enamorada de Duke, el proxeneta que cuida de ella y de otras chicas. Él las ama y las mangonea en un perfil de personaje que poco a poco se va volviendo loco hasta límites insospechados. Y gracias a esta premisa, la película entra en un torbellino desbocado en la que la directora la va desquiciando secuencia a secuencia para terminar convirtiéndola en un thriller que tiene la noche y las calles de Times Square como principales protagonistas.

Duke maltrata a la compañera de piso de Cookie, otra prostituta que ha decidido colgar el hábito (en este caso la minifalda y la peluca). El maltrato se convierte en una tremenda paliza que deja a la joven en coma en una de las secuencias más duras y trash de la cinta. La joven yace inconsciente tras ser apaleada en el pasillo de su apartamento, aparece Cookie que la estaba buscando. Duke, que aún no ha tenido tiempo de marcharse cuando ve llegar a Cookie, le dice que la quiere y se la cepilla en suelo del recibidor, a dos metros de la compañera que acaba de apalizar hasta dejarla casi muerta. Cuando terminan el acto amoroso, Cookie escucha unos llantos, se levanta y descubre que su amiga está destrozada al final del pasillo. Duke hace ver que no sabe nada, pero Cookie, que hasta ese momento parecía tonta y una especie de princesa de Disney que conseguía el dinero de sus clientes sin tocarles ni la piernas y en fuera de campo, se da cuenta de que su amado chulo de putas es un auténtico salvaje degenerado. Cookie va en busca de la protección de otro proxeneta, un negro elegante y trajeado. Y a partir de aquí la historia se lía definitivamente.

El resto de la película nos regala un sinfín de secuencias puramente xploits que van desde palizas a prostitutas, peleas entre chulos en las que uno de ellos practica kung fu, una secuencia de sadomaso bastante light pero muy divertida, prostitutas colgadas de heroína divagando, robos, persecuciones, asesinatos e infinidad de carteles de peepshows. La historia, que sucede siempre de noche, nos muestra las sucias, degradadas y violentas calles de Manhattan de los 80, la calle 42 y las inmediaciones de Times Square. Unas calles y una atmósfera a las que da forma la elegante fotografía nocturna a cargo de Steve Fierberg , responsable de “Pesadilla en Elm Street 4” (1988, Renny Harlin) y “The Affair” (2014-, Hagai Levi y Sarah Treem). Las interpretaciones, aunque a medida de avanza la peli se van volviendo cada vez más exageradas, sobre todo la de Duke, dotan del suficiente realismo a una trama puramente “B” en la que la venganza y la histeria reinan. Duke no para de gritar y de chillar en una conversión de hombre a bestia y Melissa Leo, dulce y cariñosa, acaba sacando la heroína que esconde dentro. Por el camino, nos enseña las piernas, las tetas y el culo en una serie de primeros planos totalmente descarados. Sí, esto es lo que muchos esperaban ver y sí, la peli lo da.

Una historia alocada y puramente genérica bien llevada y dirigida por Joan Freeman, y sí, es una mujer, autora del guion junto a Robert Alden y a Diane Gorcianz, otra mujer. Algo que se nota en el retrato femenino de las mujeres y de la historia: ellas son las protagonistas, asistimos a sus conversaciones en partidas de cartas y confesiones de secretos. Mujeres con un oscuro pasado y atormentadas, presuntamente dependientes de los hombres, pero a la vez fuertes y con la capacidad de salir del infierno en el que viven. Una idea que se ve reflejada en la subtrama de aprendizaje de Cookie y Queen Bee, interpretada por Julie Newmar (la Catwoman de la serie “Batman” de los 60). Crudeza y realismo en una puesta en escena que huye de lo televisivo.

Roger Corman se apunta a un bombardeo y en esta ocasión se llevas a las chicas a la calle para que le lleven el dinero a casa, vendiendo su cine y explotando su talento.

TERROR SQUAD: PLANOS EN SOLITARIO DE CHUCK CONNORS

Cuando en una película de ínfimo presupuesto se combinan thriller político, comedia adolescente de institutos, cine de acción con persecuciones y drama claustrofóbico con toques intimistas y además el director es un hombre de cine de escaso talento, el resultado es un producto como Terror Squad (1988, Peter Maris).

Además sale Chuck Connors.

Siempre he querido ver esta película. Tiene una de esas carátulas que vale por si misma. Dos tiparracos, uno con bigote y cara de asesino y otro calvo y con greñas con cara de listillo retienen a una jovencita rubia atemoriazada. Coches destrozados, edificios en llamas, cadáveres en la carretera, cuerpos que se tambalean como zombies apurando un último aliento de vida. Una excursión al terror.

El cine de acción y la Era Reagan

Terror Squad es la típica cinta violenta y aparentemente proamericana tan en boga durante la era Reagan. “Inspirada” en los ataques que Líbia sufrió durante el año 1986 por parte de las fuerzas armadas norteamericanas la película nos narra la historia de un grupo Terror squadde terroristas libios que intentan sabotear una planta nuclear como venganza hacia el pueblo americano. Tras el fracasado intento acaban secuestrando a varios alumnos en un instituto.

El miedo a la venganza por parte de los países islámicos es el motor de esta esperpéntica cinta de acción y se anticipa a los atentados del 11 S; a una escala, por supuesto, de serie Z. Hablamos de Indiana, de una planta nuclear, de un puñado de ineptos policías y de cuatro alumnos castigados en el instituto de un pueblo de mil habitantes. El principio de la película apunta maneras por su crudeza y tono documental. Un grupo de enfurecidos libaneses escuchan enaltecidos a su líder que desde un balcón les arenga. Los hombres gritan, alzan sus rifles y queman banderas norteamericanas. ¡Gritan!

Hasta aquí llega el componente político realista del filme. El resto se divide en segmentos que se adhieren a diferentes modas y copian varios subgéneros con mejor o peor fortuna. Casi siempre con poca.

 

Cóctel de géneros, cóctel con alcohol barato

La trama comienza como una típica y tópica comedia de adolescentes que coge como modelo El club de los cinco (The Breakfast Club, 1985, John Huges) en la que un grupo de estudiantes castigados pasan el tiempo en un aula formando un grupo de lo más original: el profesor pesado, la rubia guapa y tonta, la morena inteligente, el empollón con gafas, el cachas que juega al fútbol y el músico rebelde e incomprendido.

A continuación una interminable persecución de coches, eterna, que involucra a muchos coches de policía, ¿quizás siempre el mismo pero con diferentes conductores? Patrullas recorren a toda velocidad por las tranquilas calles del pueblo, callejones, zonas rurales… Los terroristas van armados con automáticas y un potente bazooka que siempre impacta en los coches de policía. Muchos de ellos mueren, un montón de pobres e inofensivos hombres de familia con uniforme.

Chuck conduciendoCoches ardiendo

Hasta que lógicamente, los terroristas llegan mermados al instituto y secuestran a los alumnos castigados y la película se convierte en un drama realista al más puro estilo de Tarde de perros (Dog Day Afternoon, 1974, Sidney Lumet), donde sale a relucir la amistad de los terroristas junto a la reivindicación de sus derechos y de las atrocidades cometidas por los americanos en su país. Sí, es un producto de la era Reagan; pero los terroristas son personas y tienen sentimientos. Y si algo tienen los americanos es que todos esconden un héroe dentro y aquellos marginados, los parias castigados, pueden finalmente acabar con el mal, y así sucede.

Pero hay dos cosas que son las que más me llaman la atención y me hacen tenerle cariño a esta película:

Carátula de videoclub versus realidad en la pantalla.

Una de las cosas de la carátula que siempre me ha impactado más, es el bigote del terrorista, que le da un aire malévolo. Durante años pensé que ese tipo era Chuck Connors, pero no lo es; y lo más siniestro es que el personaje en la película no lleva bigote. El universo de las carátulas que nada tienen que ver con la trama aquí llega a un nivel más surreal y absurdo, y deja al famoso helicóptero que aparece en las cintas bélicas filipinas en una sutil broma.

Los planos en solitario de Chuck Connors.

Chuck Connors es un actor al que siempre he tenido un cariño especial. Alto, fuerte, duro, mandíbula prominente, de nombre pegadizo y potente y que nada tenía que ver con el otro Chuck, el Norris. Antes de ser actor fue jugador profesional de baseball y ¡llegó a jugar un Chuck celticaño como pívot en los Boston Celtics! Este es uno de sus últimos papeles antes de morir. Aquí le vemos muy mayor aunque se muestra contundente. Pero lo curioso de su trabajo es que solo aparece en dos situaciones: la primera es solo en el coche, hablando por radio, mirando fuera de campo y mostrando diferentes caras de respuesta ante lo que va sucediendo a su alrededor. La segunda es en el secuestro del instituto; solo o bien acompañado por dos policías, uno de ellos el mítico actor negro Ken Foree. Siempre en un plano medio o un plano conjunto, su figura nunca se relaciona con ningún otro actor o personaje de la trama.

Imagino a Chuck Connors en la reunión con los productores junto al director Peter Maris: “Señor Connors, es un auténtico placer poder contar con su presencia en nuestra humilde película, pero solamente tenemos este presupuesto”. A lo que Chuck contesta: “Os agradezco mucho vuestras palabras chicos, pero si vosotros solo tenéis ese presupuesto yo solamente tengo un día que perder en Indiana”. Finalmente los productores le preguntan: “ Por un poco más de dinero, ¿estaría usted media jornada más? No creo que nos de tiempo a todo en un día”.

Si en su día lo hizo Ed Wood Jr. con Bela Lugosi también lo podía hacer Peter Maris con Chuck Connors.

 

DESTROYER BRAZO DE ACERO

Mucho más que un xploit de Terminator

Barcelona, año 1988.

Acabo de ver Teminator (The Terminator, James Cameron, 1984) por cuarta vez consecutiva en un solo fin de semana antes de devolverla al videoclub. ¡Y todavía estoy en estado de shock! Es una película que se te queda grabada por muchos motivos: su historia, Destroyer videoclubel papel de Schwarzenegger y su progresiva transformación en un robot, la paradoja temporal que plantea, sus fantásticos efectos especiales; su impacto dura un tiempo…

Y una de esas tardes que entras al videoclub más cercano a tu casa ves un cartel impresionantemente espectacular, obra del ilustrador Renato Cassaro, que muestra un tipo furioso con una ametralladora futurista y un gran brazo musculado que a su vez es un brazo biónico, lleno de circuitos informáticos y metal. Se titula Destroyer (Brazo de acero) y ¡tiene mejor pinta que Terminator! Ahora es cuestión de paciencia, algún día la podré alquilar…

Vemos un antebrazo totalmente desgarrado y lleno de sangre, sus dedos se mueven y nos muestran los hierros mecánicos que los articulan, mientras unas tijeras limpian restos de sangre y piel alrededor de la herida. Una secuencia desagradable y fascinante a la vez.

Brazo de Peter QueruackBrazo en terminator

¿Es una secuencia de Terminator?

Un tipo musculado con chaleco junta la palma de su mano con la de un tipo gordo, fuerte, calvo y con barba para realizar un pulso rodeado de gente que grita, vitorea y apuesta. El pulso es vibrante y emocionante, el que gane será el mejor del estado.

Pulso en DestroyerPulso en Over the top

¿Es una secuencia de Yo, el halcón (Over the top, Menahem Golam, 1987)?

Una mujer alta, delgada y rubia, vestida con un top blanco y una falda de plástico transparente ataca a un hombre. Con sus largas piernas intenta estrangular el cuello del hombre, se libra una violenta lucha a muerte, la mujer que resulta ser un robot acaba muerta.

Atrapado en BladeAtrapando a Peter

¿Es una secuencia de Blade Runner (Ridley Scott, 1982)?

Un hombre que huye provisto con una ametralladora se atrinchera en una vieja fábrica mientras la policía lo tiene totalmente acorralado. Después de un fuego cruzado, la única persona en la que confía entra en la fábrica para convencerlo de que se rinda.

Final de DestroyerRendición de Rambo

¿Es una secuencia de El acorralado (First blood, Ted Kotcheff, 1982)?

Las respuestas a todas estas preguntas es sí, pero en este caso todas son secuencias que aparecen en Destroyer (Brazo de acero) (Hands of steel/Vendetta dal futuro) dirigida por Martin Dolman, pseudónimo del director italiano Sergio Martino en el año 1986… ¡qué por supuesto conseguí alquilar y disfrutar!

TerminatorLos italianos fueron los grandes maestros europeos del cine de género durante varias décadas, especialmente durante los cincuenta, sesenta y  setenta con géneros como el terror, el western, el giallo, el bélico, de aventuras, espionaje, el péplum, polizziesco, erótico… hasta que a principios de los ochenta y una vez que todos estos géneros populares iban expirando, su industria cinematográfica disminuía y se producía un auge del cine mainstream americano. Ahí empezaron   a plagiar, o mejor dicho a explotar de forma descarada, todos y cada uno de los grandes éxitos del cine americano. Afortunadamente no se salvó ninguno: Tiburón (Jaws, Steven Spielberg, 1975), La guerra de las galaxias (Star wars, George Lucas, 1977), En busca del arca perdida (Raiders of the los ark, Steven Spielberg, 1981), Piraña (Piranha, Joe Dante, 1978), la australiana Mad Max, salvajes de la autopista (Mad Max, George Miller, 1979), y como no Terminator.

Tras cada éxito de taquilla del cine americano los avispados productores italianos se apresuraban a lanzar un exploit para aprovechar el tirón del original. Como ejemplo, tan solo de un éxito como Tiburón los transalpinos nos regalaron El devorador el océano (Shark: rosso nell´oceano, Lamberto Bava, 1984), Tiburón 3 (L´ultimo squalo, Enzo G. Castellari, 1981), El cazador de tiburones (Ill cacciatore di squali, Enzo G. Castellari, 1979), La noche del tiburón (La notte degli squali, Tonino Ricci, 1988)…

tiburón 3el cazador de tiburones

Y aquí es donde entra Destroyer, brazo de acero del gran Sergio Martino. Aparentemente nos encontramos con un xploit puro y duro de Terminator: en un futuro cercano (¡¡1990!!) los altos niveles de contaminación, la radioactvidad y la lluvia ácida han convertido el planeta en un lugar inhóspito y desolado, un mundo postapocalíptico. Las primeras imágenes  que vemos definen perfectamente  el tipo de película ante el que estamos: imágenes de una gran fábrica expulsando humo por sus chimeneas, varios planos de un suburbio americano similar al Bronx, calles con edificios destruidos, planos de indigentes reales por las calles, mientras el audio nos explica la situación del planeta con el bonito acompañamiento musical de Claudio Simonetti , y aparece un plano de las afueras de un edificio típico neoyorkino con unos tipos con ametralladoras que custodian la entrada. Esta es la visión del planeta destruido por la contaminación por parte de Martino: planos robados y puede que incluso algunos de archivo magistralmente montados, la magia del cine.

Peter Queruack es un cyborg programado por una corporación para matar al Dr. Mosley, el líder de una movimiento ecológico que ha conseguido movilizar al pueblo para que luche contra las corporaciones que han dejado el planeta en el estado en el que se encuentra ahora.  Pero en el último instante, cuando Queruack ejecuta el golpe mortal con su brazo mecánico un fugaz pensamiento recorre su cerebro y se arrepiente, no mata a Mosley y comienza una huida. El FBI y la corporación que lo creó le persiguen, unos para detenerlo por el intento de homicidio de Mosley, los otros para que no les delate en caso de ser capturado.

En este caso, el cyborg/terminator no es enviado desde el futuro, sino desde el mismo presente para como en el caso de la película de Cameron, terminar con la vida de un líder, en este caso de un movimiento ecológico contrario a los intereses de una gran corporación, se trata de un detalle perversamente interesante, que a su manera supone una crítica al exagerado progreso industrial.

Queruack es un cyborg creado a partir de un soldado americano muerto en conflicto de guerra, apunte que se avanza varios años a Soldado universal (Universal soldier, Roland Emmerich, 1992), película que también es un auténtico exploit.

Y en su huida Queruack, interpretado por el musculoso Daniel Greene llega hasta Arizona buscando su auténtica identidad. Encuentra cobijo en un bar de carretera regentado por la rubia y ¿guapa? Linda, interpretada por Janet Agreen. A este bar acuden a diario camioneros sudorosos y machotes a comer y beber pero sobretodo a retarse a pulsos y a apostar. Y aquí es donde Destroyer se fusiona con Yo el halcón, el taquillazo interpretado por Stallone el mismo año que Destroyer. El exploit se manifiesta de forma descarada en el personaje de Anatole Blanco que reta a Queruack y que está calcado al Bob “Bull” Hurley de la película de Menahem Golam.

Pero toda esta parte de la trama tiene un aire que recuerda al spaguetti western: los desafíos en el salón, el paisaje desértico de Arizona, los personajes sudorosos y la crueldad de los enemigos de Queruack: los sicarios que trabajan para John Saxon, el otro gran acierto del casting. En una secuencia, el personaje interpretado por George Eastman, otro malo malísimo del cine de género italiano de siempre, engaña vilmente a Queruack haciéndole creer hay que rescatar a unos niños de un acantilado, este se ata a la cintura la cuerda que tirará desde el remolque de una camioneta. Los ruidos de llanto de los niños resultan ser una cinta en una grabadora, y en ese momento Eastman aprovecha para subirse a la camioneta y arrastrar a Queruack por el desierto y dejarlo abandonado y colgando por los pies: pura crueldad al estilo spaguetti que Sergio Martino ya había trabajado en  Mannaja (1977).

Y llega la secuencia que copia sin remordimientos a Terminator, Queruack manipula su brazo desgarrado en un plano calcado al de Schwarzenegger, y a pesar de tratarse de una película de bajo presupuesto el efecto está más que conseguido.

Pero hay dos películas más que se suman al xploit de Destroyer: la primera es Blade Runner, que además de la secuencia copiada de la replicante/cyborg que ataca e intenta estrangular con sus piernas a Queruack al igual que hacía Daryl Hannah a Harrison Ford en la película de Scott, su esencia sobrevuela la trama principal de Destroyer; el cyborg que se plantea quien es realmente y busca respuestas, en este caso quiere saber si es un hombre o simplemente una máquina, y finalmente se enfrenta a su creador en un final estremecedor. Final que por otra parte copia el de El acorralado: la huida, el asedio por parte de la policía (y de los sicarios de la corporación), el atrincheramiento metralleta incluida, y la persona de confianza que llega para hacerle entrar en razón, en este caso Linda, su amada. Y si en la película con Stallone, este hacía una reflexión sobre su papel en la guerra y en la actual sociedad, en Destroyer, la reflexión por parte de Queruack es sobre su identidad, porqué quizás nunca llegó a ser un hombre. Auténtica filosofía exploit sin concesiones, contundente y directa.

El acorraladoBlade Runner

Tal despropósito argumental y cóctel de copias no solo funciona bien sino que es divertido, vibrante, tiene un ritmo endiablado y sobresale de la calidad media de los xploits italianos ochenteros. ¿Por qué? Sobre todo por el trabajo de su director Sergio Martino, uno de los más interesantes y talentosos directores italianos que prácticamente ha tocado todos los géneros y subgéneros habidos y por haber y que demuestra su oficio y experiencia, haciendo que el cóctel esté más que bien agitado y servido.

Como dice la canción de U2 Even better than the real thing.                ¡Viva Italia!

BUENA LUNA, CRIATURAS DE LA NOCHE

La increíblemente extraña película que dejó de  considerarse una serie Z para convertirse en una película de culto

“Buena luna, criaturas de la noche. Bienvenidos a vuestra noche fantástica ¡bienvenidos a Noche de Lobos!”

Con esta frase nos recibía cada domingo por la noche Joan Lluis Goas, presentador del programa Noche de Lobos que se emitió a principios de los noventa en Antena 3.  Tras esa frase y una breve introducción, el que fuera director del Festival de Cine Fantástico de Sitges nos sorprendía y deleitaba con un nuevo largometraje de género fantástico. El fin de semana terminaba y quedaban pocas horas para volver a la rutina del colegio, pero allí estaba yo delante del televisor, mando del vídeo en mano para grabar mi nuevo descubrimiento.

 

Re-animator (Stuart Gordon 1985), Society (Brian Yuzna, 1989),  Halloween II (Rick Rosenthal, 1981) , Posesión infernal (Eivil dead, Sam Raimi, 1982), películas de la productoras británicas HammerAmicus, Phantasma (Phantasm, Don Coscarelli, 1979), Ténebre (Tenebrae, Dario Argento, 1982)..y así hasta tres años de agradables sorpresas, grandes películas, títulos inolvidables, alguna que otra mala película,  y el descubrimiento de diferentes estilos, directores, géneros, subgéneros. Pero un día proyectaron Extrañas criaturas (The incredible strange creatures who stopped living and bécame mixed-up zombies!!?, Ray Dennis Steckler, 1964).

Extrañas criaturasY mis ojos no daban crédito a lo que acababan de ver. Si el título era extraño la película lo era igual o más. Su argumento, un tanto disparatado es algo así: Jerry, su novia Angie y un amigo de Jerry van a pasar la tarde en un parque de atracciones junto al mar. Una vez allí  deciden entrar en el puesto de Madame Estrella, una adivina gitana que le predice un negro futuro a Jerry. Después de esa mala experiencia y tras enfadarse con Angie, Jerry se queda solo en el parque para ver la actuación de  Carmelita, una exótica bailarina gitana de la que se ha quedado prendado. Después lo invitan a visitarla a su camerino y ahí es cuando será víctima de una sesión de  hipnosis por parte de Madame Estrella, hermana de Carmelita. A partir de ahí Jerry será utilizado para los diabólicos fines de Madame Estrella, quien tiene bajo su poder a una manada de zombies encerrados en una mazmorra, zombies transformados por ella misma mediante un ácido que vierte en su rostros.

Ambiente circense, un enano con rostro de troll, una gitana con una verruga postiza que ve el futuro en una bola de cristal, zombies que realmente parecen mutaciones entre animales  y hombres,  un protagonista que se parece  a Nicholas Cage, actores de tercera, interpretaciones exageradas, crímenes que intentan imitar la secuencia de la ducha de Psicosis, secuencias oníricas, apenas tres o cuatro decorados, planos robados de exteriores de un parque de atracciones…

Pero lo que realmente convierte esta película en extraña es que tratándose de una película que apenas llega a la hora y diez minutos de duración, en ella hay hasta ¡diez números musicales! Estos suceden en diferentes escenarios, siempre con público y responden a diferentes estilos musicales: bailarinas con plumas, solistas melódicas, baladas con guitarra, strippers, etc. De estas actuaciones únicamente dos de ellas tienen como protagonistas a  personajes que intervienen en la trama y el orden no responde a ningún criterio. Esta estrategia está llevada al límite cuando en pleno clímax de la película vemos un número musical.

 

¿Una película de terror con fugas al musical? o ¿un programa de variedades con elementos de terror?

En aquel momento me quedé totalmente desconcertado con la propuesta y hasta tuve dudas de la elección dentro de un programa como Noche de Lobos, con doce años enfrentarse a una propuesta así no es algo habitual. Creo recordar que la volví a ver una vez más pero seguía sin entender que es lo que estaba viendo, hasta que llegué a la conclusión de que era un bodrio.

Pasados unos pocos años y tras descubrir a autores como Lucio Fulci y obras suyas como El más allá (..ei tu vivrai nel terrore! L´aldilà, 1982), descubrir películas como Rabia (Rabid, David Cronenberg, 1977), La última casa  a la izquierda (Last house on the left, Wes Craven 1972), subgéneros como el giallo, el cine de Ed Wood y rarezas similares, Extrañas criaturas volvió a mi mente con más fuerza que nunca para acabar de expresar la idea que llevaba tiempo gestando, y es que hay películas que a pesar de su imperfección, de su irregular trama y disparatado argumento e incluso deficiencias tanto técnicas como artísticas consiguen llenar un vacío y satisfacer mi apetito cinéfilo. Volví a verla y se convirtió para mí en una delicatesen.

Reconozco que siento adoración por esta película.

En Extrañas criaturas encontramos ecos de Vértigo. De entre los muertos (Alfred Hictchock, 1958),  desde un vago elemento de la trama: un hombre que es utilizado por una mujer para conseguir un fin posterior, así como la representación simbólica de esta manipulación en la forma de la espiral. En Vértigo la espiral la representan el recogido del cabello y el ramo de flores de Madeleine, aparece en el gran árbol que representa la vida eterna,  y forma parte de la pesadilla que sufre el personaje de James Stewart. En Exrañas criaturas la espiral es un vehículo que abduce y convierte al personaje de Jerry en otro ser, en un autómata que deja de ser libre para convertirse en un asesino.

Espiral cash flaggBola de cristal

Cash flaggAnother Cash Flagg

Un hombre con una personalidad desdoblada al igual que el Norman Bates  de Psicosis (Psycho, 1960), otra obra de Hitchcok de gran influencia. Pero la secuencia de Extrañas criaturas que más recuerda a Vértigo es la secuencia del sueño de Jerry, directamente inspirada en el sueño de Scottie. Un rostro que se acerca y se aleja, fondo negro y la espiral. Seguramente esta es la secuencia más elaborada y redonda de Extrañas criaturas, en ella también podemos ver ecos del cine de Kenneth Anger en Inauguration of the Pleasure Dome (1954).

 

Y ya que estamos metidos en el mundo de los sueños, el escenario tanto físico como simbólico nos lleva hasta otra película alucinada y onírica realizada dos años antes de la de Stecker, Carnival of souls (Herk Harvey, 1962). Un parque de atracciones, muertos que caminan, personas que no saben que están muertas, o lo saben y no lo quieren aceptar. Y para no salir del ambiente circense no podemos olvidar La parada de los monstruos (Freaks, Todd Browning 1932), otra de las influencias de Extrañas criaturas, no solo por el escenario sino por todos los seres que lo habitan; gitanas futurólogas, el personaje de Ortega, los zombies escondidos, todo un grupo de outsiders que no tienen lugar en la sociedad, pero sí en un circo.

Pero también es una película en la que aparecen zombies. Encontramos ecos de Yo anduve con un zombie (I walked with a zombie, Jacques Torneur, 1942) en el hecho de utilizar el vudú para apropiarse el alma de una persona, convertirla en zombie y utilizarla en contra de su voluntad. Y también hay algo en sus imágenes de La isla de las almas perdidas (Island of lost souls, Erle C. Kenton 1932), sobretodo en el aspecto físico de las criaturas, zombies en la de Steckler, experimentos con humanos y animales en la de Kenton.

¿Es posible que una película como esta haya influido en otras posteriormente?

Quizás podríamos encontrar el mismo parque de atracciones, unos personajes igual de “freaks” y a una Madame futuróloga similar en La casa de los horrores (The Funhouse, Tobe Hooper 1981). Y ¿por qué no? También podríamos encontrar la espiral como elemento que trastorna e induce a un hombre a cometer asesinatos como en Angustia (Bigas Luna, 1987), película en la que el personaje de Zelda Rubinstein no deja de ser otra Madame escondida en su circo particular que es su gótico hogar. ¿No se parece el extraño asesino de Amenaza en la sombra al personaje de Ortega en Extrañas criaturas? ¿Y no nos recuerdan el maquillaje de los rostros deformados de los zombies de Stecker al rostro de John Hurt de El hombre elefante (The elephant man, David Lynch 1980)? Por cierto, otra historia que transcurre en el malsano ambiente de los “carnivals” o ferias ambulantes…

Madame Extrañasespiral y zelda

Zombies deformadosEl hombre Elefante

Hay una secuencia que quiero destacar de esta película que tiene que ver con el fatalismo que la recorre y que de nuevo me recuerda a Vértigo. Después de cometer el primer asesinato y de ser inducido por la espiral de Madame Estrella, Jerry camina desorientado por las calles de San Francisco. En ella vemos el plano de un tranvía bajando una calle, en otro vemos a Jerry mirando desde un puente y a continuación el plano subjetivo del vacío que ve Jerry. Después sigue un plano hecho desde un tranvia que baja en el que se ve a Jerry caminando desorientado.

Todos estos planos trabajan la idea de la muerte y del suicidio. Una serie de plano que acompañados de una balada que parece extraída de un spaghetti western  anticipan de una manera muy elegante y sensible el triste final que sucederá en la playa.  A su manera tamibén hay sutileza en esta obra.

Y tras todos estos datos y estas reflexiones, ¿qué función tienen las diversas actuaciones musicales que hay en la película? Pues sigo sin saberlo. Tan solo sé que a pesar de no tener nada que ver con la trama, de estar rodados en planos generales con algunos insertos tan teatrales como funcionales, y que cuando se trata de bailes grupales sus protagonistas carecen totalmente de ritmo, estos números musicales hacen de esta película algo realmente único, sincero y honesto. De alguna manera le dan sentido.

Van ustedes a presenciar  el ESPECTÁCULO TOTAL. Una historia de terror,  amor, humor, las chicas más guapas y bellas del mundo, los cantantes y melodías más de moda y todo en color. Cine, teatro, circo, atracciones, todo esto y mucho más en una sola película, una película que se estrenó en su momento en el formato de: TERRORAMA!

 

Estas últimas semanas he tenido el placer de leer vorazmente el libro Neoculto, el libro imprescindible sobre el cine de culto. (Ángel Sala y Desirée de Fez Coordinadores, Calamar Edición & Diseño, S.L.)  En este magnífico libro que constituye una atuéntica enciclopedia sobre el cine de culto son preguntados gran cantidad de críticos, escritores y realizadores por cuales son sus pelíuclas de culto. Si hoy le preguntaran al fallecido Joan Lluís Goas seguramente respondería que Extrañas criaturas es una de ellas.

Buena luna, criaturas de la noche.