DIOS BENDIGA A LA CANNON PARTE II: MIS 20 FAVORITAS (4)

Avanzamos un poquito más en la lista con mis veinte favoritas de la Cannon. En esta ocasión dos clásicos con Norris, la última cinta de Bronson y un tour de force de acción con Dudikoff y James. ¡Échales un galgo y ves tras ellas!

Braddock: Desaparecido en combate 3 (Braddock: Missing in Action 3, 1988) de Aaron Norris.

El principio de Braddock me encanta, siempre lo ha hecho. Ya desde la primera vez que lo vi siendo pequeño me impresionó la cruda recreación de la caída de Saigón, el abandono de la ciudad, el conflicto por parte de las tropas americanas, pero sobretodo, el drama que subyace en la (aparente) violenta muerte de Lyn Braddock. Y es que cuando de pequeño ves a un mito como Chuck sufrir un impacto emocional de ese tipo, uno comprende por qué no hay más remedio que disparar sin preguntar, que golpear sin pestañear.

Con el influjo de la bonita melodía y de las emocionantes letras del tema Freedom Again de Ron Bloom, asistimos a la odisea de Chuck por recuperar a su mujer mientras el kaos se apodera de Saigón y de la embajada norteamericana, la guerra llega a su fin y el amor Braddock_Missing_In_Action_3_1988_Poster_0001-MasterNorris_comespera salvación. Lyn Braddock prepara las maletas y su pasaporte para acceder a la zona protegida, una amiga de este le roba una pulsera que Chuck regaló a su mujer. Una bomba cae en el edificio destrozándolo todo. Chuck encuentra un cadáver calcinado y por tanto en su muñeca: la pulsera, el símbolo de su unión. Paralelamente Lyn pierde su pasaporte y nunca conseguirá abandonar el país. Chuck coge el último helicóptero tras ser herido por un disparo. “Freedom again” con el corazón roto.

Este pasaje está filmado con aparentes medios y con emotiva eficacia, lo que confiere a la cinta un tono más épico y dramático, Cannon/Norris de autor. El drama folletinesco avanza cuando un cura residente en Vietnam de visita en Washington comunica a Chuck que su mujer, Lyn Braddocksigue sigue viva, y ahí no acaba la fiesta…¡tiene un hijo de trece años! Chuck incrédulo rechaza tal noticia en un principio hasta que no tiene más remedio que aceptarla. ¿Consecuencia? Otra vez a Vietnam, otra vez a liarla, pero esta vez por amor. No hay mejor motivo para reemprender una guerra.

El héroe y el terror (Hero and the Terror, 1987) de William Tannen.

he posterAdjunto el texto y el link sobre la película que escribí en el especial sobre Steve James. Este es un divertido y efectivo policíaco con un Chuck maduro y depilado, futuro papá que se enfrenta al hombre del saco, al psicópata más terrible que acecha en sus pesadillas. Lo más interesante del filme es el cruce entre thriller de acción al servicio de Chuck con elementos de cine de terror y psychokillers de finales de los ochenta, todo esto ambientado en una localización y una trama que remite al mito de El fantasma de la ópera.

https://descatalogadoestoy.wordpress.com/2013/12/16/20-anos-sin-steve-james-parte-2-secundario-de-color-a-sueldo-para-la-cannon/

Kinjite: Prohibido en occidente (Kinjite: Forbbiden Subjects, 1988) de J. Lee Thompson

Kinjite es una de las últimas películas protagonizadas por Bronson para la Cannon. Bastante entrado en años pero con una fuerza y una mala leche bastante notables. Bronson encarga en esta cinta a un policía de Los Ángeles de vuelta de todo y totalmente enfadado con el mundo. Dispuesto a terminar el solo con la corrupción y el vicio que reinan en Hollywood. Su personaje es un derivado con placa de muchos de sus personajes kinjite-poster-324x440para la Cannon como el de La ley de Murphy y en especial el del vigilante Paul Kersey .
Convertido en todo un viejo cascarrabias, la toma con un todopoderoso corruptor y proxeneta de menores llevando hasta límites insospechados su particular forma de impartir justicia y aplicar la ley. La aparición de una familia de japoneses que vienen a vivir a Los Ángeles, dinamita la trama cuando confluyen sus respectivas historias: por una parte el padre de familia japonés, reprimido sexualmente “molesta” a la hija de Bronson y como después éste mismo, totalmente airado es obligado a investigar la desaparición de la hija del japonés, secuestrada por el proxeneta. Todo muy Cannon, todo muy cerradito.

Una de las secuencias más interesantes de la cinta, es la que muestra al rancio y moralista Bronson intentando hacer entrar en razón a una chica que vive sometida al proxeneta. Esta le confiesa orgullosa que le gusta la vida que lleva y que se habría acabado drogando igualmente. Es feliz siendo prostituta. Bronson no tiene más remedio que aceptar que el mundo es como es y él solo no podrá salvarlo si este no quiere ser salvado.

La fuerza de la venganza (Avenging Force, 1986) de Sam Firstenberg

avenging_force_poster_02Michael Dudikoff y Steve James juntos de nuevo más allá de sus aventuras de ninjas americanos. Esta cinta es una de las mejores películas de acción de la productora con muchos elementos interesantes, violencia a raudales y una ambientación y atmósferas excelentes. Adjunto el pequeño análisis que escribí hace tiempo con motivo del especial sobre el fallecido Steve James.

Un auténtico clásico del cine de acción de los ochenta.

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DIOS BENDIGA A LA CANNON PARTE II: MIS 20 FAVORITAS (1)

Está muy de moda hacer listas de películas. Esta es la oportunidad para “mi lista” con las películas de la Cannon que más me llenan de gozo y paz en los momentos más difíciles. Son películas que han marcado momentos significativos tanto en mi tierna infancia como en mi convulsa juventud y que ahora, en la calma y la ansiedad de los días actuales, es hora de catalogarlas. He incluido en la lista películas de las que ya he hablado anteriormente en otros descatalogados; en estas no me he extendido mucho y he optado por el link del artículo en cuestión. El orden no es ni mucho menos de más a menos, sino por orden de aparición en mis recuerdos.

COBRA, EL BRAZO FUERTE DE LA LEY (Cobra, 1986) de George Pan Cosmatos
Cobra tiene el gran honor de ser la primera cinta original en vhs que tuve en mi poder y que pasó a iniciar mi colección. Aquella mañana del día de Reyes el regalo ya no era un juguete, nada de muñecos, juegos de mesa o coches teledirigidos. El cine en doméstico iba a ocupar espacio en una estantería, pidiendo a gritos la compañía de otras cintas, anhelando una colección. Ingenuo de mi, aluciné cuando al introducir la cinta, el 13417__x400_cobra_1986_poster_01 reproductor la ponía en marcha como todas las cintas originales que alquilaba en el videoclub, pero esta ¡era original! Posteriormente descubrí que una pequeña pestañita de plástico obraba el milagro si la arrancaba…

Seguramente Cobra es una de las películas que más veces he visto en mi vida. Supuso una de las grandes apuestas de la productora. Coproducida con Warner Bros, fue la película que más recaudó para la Cannon en un momento en el que Stallone era el actor más taquillero y el mayor “action hero” de la época. Cobra es un policíaco ambientado en San Francisco que combina registros del thriller de acción de los ochenta (poli duro, persecuciones, buddy movies o peli de colegas, diálogos secos, violencia extrema, músculos) con elementos del cine de terror o slasher de la década. Las escenas de asesinatos están dotadas de un aire de cine de terror malsano y son filmadas a cámara lenta, ópticas de ojo de pez y sonido chirriante (uno de los aspectos que más me siguen interesando) En lo que a Sly se refiere, cada una de las actuaciones de Mario Cobretti son antológicas, llenas de frases tan míticas como lapidarias que merecen aplausos cuando son entonadas: “No trato con psicópatas, yo me los cargo” o “El crimen es una plaga, yo soy el remedio”, todas ellas surgidas de la pluma del gran Sly. Junto a él desfiló y lució larga y deportiva figura su mujer de entonces, la sueca Brigitte Nielsen.

DESAPARECIDO EN COMBATE (Missing in Action, 1984) de Joseph hZito

La Odisea de Chuck Norris en su regreso a Vietnam en búsqueda de prisioneros de guerra es una de las películas más míticas y divertidas de la productora. Missing in action pertenece a un subgénero que podríamos denominar Namxploiation o películas cuya trama bélica se sitúa tanto durante la Guerra de Vietnam como años más tarde del conflicto pero en tierras vietnamitas. Apocalypse Now (1979, Francis Ford Coppola), Boinas verdes (The Green Berets, 1968, John Wayne, Ray Kellog), El cazador (The Deer Hunter, 1978, Michael Cimino) y toda la documentación gráfica y televisiva del conflicto,missing_in_action_1_poster_01 son antecedentes de este xploit ochentero que junto a Rambo son las dos cintas de referencia del género y cuyo esquema narrativo inspiró a toneladas de subproductos filmados generalmente en Filipinas: explosiones, metralletas automáticas, helicópteros, héroes musculosos, rescates de prisioneros de guerra, veteranos de guerra y muchos disparos y filipinos cayendo al suelo de mala manera.

Desaparecido en combate originalmente se filmó como la segunda parte de una serie formada por esta y Desparacido en combate 2 (Missing in Action2: The Beginning, 1985, Lance Hool) que mostraba las aventuras del coronel Braddock y sus compañeros durante el tiempo que estuvieron presos en Vietnam. Finalmente los productores decidieron estrenarla en primer lugar.

En esta cinta Chuck fragua su imagen de tipo duro impermeable totalmente obsesionado con las secuelas de la guerra cuya misión es clara y concisa: demostrar que hay prisioneros de guerra en Vitenam y recuperarlos. Armado con un ejército que consta de él y un arsenal de armas se enfrenta a todo y a todos. Desde que vi esta película siempre he querido llevar barba, como Chuck.

EL TREN DEL INFIERNO (Runnaway Train, 1985) de AndreiKonchalovsky

El Tren del infierno es sin lugar a dudas una de las mejores películas producidas desde la Cannon y uno de los títulos que más me impactó. Al verla en un pase por la tele, me dejó simplemente en estado de ¡shock! Inspirada en un viejo guión del maestro japonés Akira Kurosawa, comienza como una película carcelaria en la que dos presos se fugan de una 2013-01-12-runaway-train150ppicárcel de máxima seguridad en Alaska para acabar en un tren desbocado y sin frenos.

El ambiente helado deja transpirar el frío fuera de la pantalla, el ritmo vertiginoso, la violencia extrema y sobre todo la interpretación física y visceral tanto de Jon Voight como de Eric Roberts hacen de esta película todo un clásico.

En la línea de algunos productos anteriores como Caza salvaje (Death Hunt, 1981, Peter Hunt) o El emperador del Norte (Emperorof the North Pole, 1973, Robert Aldrich) que también explotan los instintos más salvajes del ser humano en situaciones límite; siempre frío y nieve como decorados. Las imágenes de El tren del infierno atrapan desde el primer instante por el trepidante ritmo que impone Konchalovsky en su puesta en escena. Al igual que las películas citadas, la trama se acaba resumiendo en un enfrentamiento entre dos hombres cercanos al animal, en una lucha casi ancestral, en una persecución llevada hasta el mismo infierno.

El JUSTICIERO DE LA NOCHE (Death Wish 2, 1985) de MichaelWinner

Ha llegado Charles Bronson a la ciudad. Exactamente al Bronx más degradado de la década de los ochenta: edificios prácticamente en ruinas, bandas de delincuentes organizados con estética punk, la policía totalmente superada que mira hacia otro lado y un vecindario harto de robos, violaciones y asesinatos ante sus ojos que quedan inmunes.
Ante este panorama se enfrenta Paul Kersey, aquel arquitecto pacífico y objetor de DeathWish3conciencia que tras perder a su mujer por asesinato y que su hija fuera violada se transformó en el “vigilante” más demoledor de la historia del cine. Primero las calles de Nueva York en los setenta y posteriormente Los Ángeles fueron testigos de los andares nocturos de Bronson en busca de sucios maleantes, negros y yonkis de baja estofa para ajusticiarlos sin piedad. No pidan clemencia.

En esta ocasión la llamada de un viejo amigo de Bronson le lleva al Bronx donde directamente..¡hay una guerra! Y así se emplea Bronson y su director Michael Winner. El justiciero de la noche es Cannon en estado puro y un disparate de dimensiones bíblicas que lleva al límite los pretextos de moda en el cine de acción de la época: con elementos del cine de venganza, del policíaco, namsploitation al estilo Rambo, del xploit de bandas, del cine postapocalíptico, del subgénero de delincuencia en los institutos…y Bronson repartiendo leña y enfrentándose a todos en un final que parece un filme bélico ametralladora incluida. Sin duda, uno de los desfases más supersónicos de la década. Maravillosa.

DIOS BENDIGA A LA CANNON FILMS PARTE I: UN AÑO DE RECONOCIMIENTOS Y EL DOCUMENTAL DE MARK HARLEY

Dios bendiga a la Cannon, a Menahem Golam y a Yoram Globus. Y Dios bendiga a Mark Hartley que no ha defraudado con su esperado documental sobre la productora Cannon Films.

 Vayamos por partes. Crecer con las películas de la Cannon en sus diferentes formatos y variantes, en salas de cine, mediante alquiler de VHS o a través de esperados pases en Telecino o Antena 3, suponía una refrescante alternativa al manido y repetitivo cine mainstream de nuestra añorada década de los ochenta. Ir al videoclub y tener en tus manos cualquiera de esas enormes cajotas de color blanco era garantía de una hora y media de diversión.  Los conceptos “novedad” y “gran presupuesto” no eran precisamente lo que uno podía esperar del visionado de esas cintas analógicas. Acción, cine directo y sin complejos, sorpresas, emoción y algo que parece que ya puede decir uno hoy en día: un buen puñado de grandes películas.

 La Cannon ha quedado como algo añejo; el recuerdo nostálgico de una generación de treintañeros cuya cinefilia lleva tatuada en el corazón como un recuerdo grabado a fuego. Una almohada a la que abrazar en búsqueda del sueño de un adormilado niño que busca la felicidad, ingenuo ante un vendaval de salvajes y atrevidas imágenes. Por suerte, no solo se trata de una serie de películas de ninjas, patadas de Chuck Norris, bigotes canosos de Charles Bronson o bailes ochentenos pasados de moda. Se trata del esfuerzo, el tesón y el trabajo de dos productores israelíes que dejaron tras de sí una de las más fructíferas y prolíficas carreras cinematográficas jamás vista. Fueron centenares de películas, siempre buscando el éxito comercial, siempre a la caza del anhelo del público del momento, con mejor o menor acierto. Para dejar tras de sí clásicos eternos y cintas memorables pero también despropósitos y absurdos fílmicos difíciles de digerir y cuyo deleite queda para los más atrevidos, aquellos que no tienen miedo de asomarse al abismo de la creación artística. Muere en una sala de cine y revive eternamente en el logo azulado de la Cannon. 

 Pero en algunas ocasiones aparece la justicia poética o cinéfila y diferentes personas parecen ponerse de acuerdo en el tiempo y más o menos en el espacio para rendir homenaje o intentar poner en el sitio que se merece a nombres relativamente olvidados. Este es el caso de la productora Cannon Films que ve este 2015 como varias obras versan sobre sus logros y desaciertos, dejan constancia sobre su curiosa e imprescindible historia.

Se trata de dos documentales, Electric Boogaloo: La loca historia de la Cannon Films (Electric Boogaloo: The Wild, Untold Story of Cannon Films, Mark Hartley, 2014) y The Go-Go Boys: The Inside Story of Cannon Films (Hilla Medalia, 2014) y del libro patrio Cannon Films- El libro (Volumen 1) escrito por el colectivo “La generación del electric_boogaloo_poster_a_p113011videoclub”. Desgraciadamente solo he tenido oportunidad de ver el documental de Mark Hartley, un cineasta especializado en rescatar y abordar cinematografías límite y radicales como el cine de género australiano en Not Quiet Hoollywood: The Wild, Untold Story of Ozploitation (2008) o el realizado sobre los films xploit filmados en Filipinas durante las décadas de los sesenta, setenta y principios de los ochenta Machete Maidens Unleashed! (2010).

 

Al igual que en sus otros dos documentales, Hartley aborda universos cinéfilos y cinéfagos sin prejuicios y de una manera despreocupada y respetuosa a la vez. Dando voz a los propios protagonistas mediante  sus confesiones y gracias a la habilidad del realizador para dotar de energía e interés a las piezas narrativas, los trabajos de Harley se convierten en soberbias obras cuyo frenético ritmo enaltece los muy a menudo irrisorios materiales artísticos sobre los que trabaja, pero que recupera y descubre cineastas y obras olvidadas que merecen ser rescatados del olvido. Cinefilia de culto con estética y narrativa del más moderno documental del momento.

En este caso, el documental sobre la Cannon hace un repaso bastante minucioso sobre las diferentes etapas de la productora y ayuda a entenderl a evolución del cine comercial en su tránsito de los setenta a los ochenta. Pero sobre todo ayuda a conocer la personalidad de sus dos máximos responsables, los productores y primos de origen israelí, Menahem Golan y Yoram Globus. El primero un cineasta y loco del cine y el segundo un avispado hombre de negocios. Juntos tejieron un universo de películas de bajo presupuesto y éxitos efímeros; una ingente cantidad de películas que abordaban infinitos géneros y subgéneros.

Mediante un ritmo endiablado y unas confesiones que muestran la cara más divertida y absurda de la productora hacemos un repaso a aspectos claves sobre la forma de trabajo de la productora: instinto xploit para aprovechar las modas del momento, presupuestos irrisorios, sueños románticos sobre films que una vez rodados ya han pasado de moda, y aires de grandeza que llevaron al declive de la misma. No pretendo analizar los temas que trata el documental, lo mejor es verlo pero si quiero resaltar dos aspectos importantes: el primero es la ausencia de algunos testimonios que ansiábamos tener: el de los propios padres de la productora Golan-Globus y el de algunas de sus más icónicas estrellas como Chuck Norris, Sylvestre Stallone o Jean Claude Van Damme. Y el segundo aspecto es el anáisis que el documental hace de lo que podríamos denomiar “Cannon de culto” en referencia  a las películas que la productora produjo a grandes cineastas que tenían problemas para financiar sus obras o directamente a proyectos imposibles de realizar y que gracias a la productora vieron la luz. Y hablamos de obras de Jean Luc Godard, Robert Altman, John Cassavetes, Andrey Konchalovski, Norman Mailer, Barbet Schroeder, Franco Zeffirelli…

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¿Qué es la Cannon para mi? El momento más emocionante de la tarde de domingo, cuando sobre fondo negro aparece el logo de la Cannon que te invita a entrar en un universo de aventura, acción desmesurada, disparos, puñetazos, ninjas acróbatas, justicieros implacables, bailes efímeros… ¿es posible que esto esté suciendo ante mis ojos? Es el lugar donde viven Bronson y Norris, donde vuelan las patadas de Jean Claude, los pulsos de Sly, las comedias más alocadas y los dramas etílicos de Rourke. Un mundo donde todo es posible y donde los héroes son más duros y los malos más malos, las explosiones más grandes y los coches más rápidos. Con mucha trampa y con mucho cartón. Helado de chocolate y palomitas. Coca cola y horchata. A la vista la isla de Ízaro, en mi mano el mando, a soñar.

FUERZA 7: LAS LÁGRIMAS DE JENNIFER Y LAS RESPUESTAS DE CHUCK

Voces en tu mente.

Con gran esfuerzo llevo días intentando ver una de las primeras películas protagonizadas por Chuck Norris. Exactamente la que inaugura la década de los ochenta; y la que le catapultaría a la fama y al olilmpo de los héroes musculados. Mito de la Cannon y FUERZA_7protagonista de los cien mil y un millones de chistes sobre su aparente dureza, fuerza ybrutalidad. La película se titula Duelo Final (The Octagon, 1980, Eric Karson) y hasta el momento, y me refiero a los primeros veinticinco minutos de visionado, lo que más me ha llamado la atención es la voz en off del personaje interprestado por Chuck. De manera obsesiva y con un eco pesadillesco lo acosa con pensamientos relacionados con ninjas del pasado y con peligros que lo acechan y a la vez le animan a sacar la katana del polvoriento baúl en el que duerme, escondida tras la última guerra mundial, para hacer justicia una vez más; esperemos la última. Mi intención no es hablar de esta película sino de esa voz en off que desde hace meses invade mi subconsciente para recuperar el título que deseo catalogar: Fuerza 7, Fuerza 7… Una edición en blu-ray siempre es una buena excusa para ponerse los pantalones de pana, la camisa de cuellos gigantes y la chupa de cuero marrón. Volver a los setenta cuando apenas tenía dos años, salir a las calles de San Diego o encerrarse en un gimnasio para entrenar. Todo con tal de acabar en un ring.

Fuerza 1 o Fuerza 7, siempre Fuerza.

Una grabación de madrugada y algún que otro alquiler a cien pesetas habían convertido esta pequeña película en una de mis cintas más queridas de la infancia: Fuerza 7 o Fuerza 1 (A force of One, 1979, Paul Aaron), que importa que número de fuerza fuese, al principio fue 1 pero con el tiempo ha subido a 7. Seguramente si le preguntan a Chuck querría que fuera al menos 10, como las de Navarone.

La primera secuencia de Fuerza 7 nos regala un plano secuencia que parece extraído de Paranoid Park (2007, Gus Van Sant); un skater mucho más cool que los que pululan por el CCCB recorre las calles de San Diego hasta llegar a un almacén. Dos polis “fuera de servicio” le persiguen, llegan a un almacén, un encapuchado experto en artes marciales 22544120les aniquila. Las alarmas saltan en el cuerpo de policía y el caso se convierte en la prioridad de un grupo de oficiales que dolidos por la muerte de su compañero convierten este caso en algo más que una batalla personal; se convierte en un asunto familiar. No es Manhattan, no es Canción triste de Hill Street, pero el look de los policías es totalmente setentero: pantalones de pana acampanados, jerseys de cuello alto, abrigos largos de piel, zapatos con tacón, grandes mostachos… y la reina de la función: la bella Jennifer O´Neill, espigada y de cuello largo como un cisne, pelo corto y look posthippie en el trabajo, pero que de noche y acompañada por Chuck luce un vertiginoso vestido negro cuando asiste a un cocktail, anuncia que los ochenta están al caer….

Pero… esto es sobre todo una película de Chuck Norris, ¿no? Si! Queremos hostias, queremos patadas, queremos miradas desafiantes, respuestas rápidas, camisas tejanas arremangadas y latas de cervezas, un trago y a la basura. Pero aún falta tiempo para eso; aún no han llegado a su vida los padrinos Golan y Globus, y Chuck aún es joven y… delicado. Con pelo rubio, corte de pelo a lo Parchís y cuidado mostacho, Chuck, exagente de las Fuerzas Especiales, regenta un gimnasio en el que enseña artes marciales a la vez que se entrena para defender el campeonato del mundo de Kárate.

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Y aparecen las drogas, algo que Chuck odia. La policía le pide ayuda, quiere que entrene a sus hombres. En este momento entran en contacto Chuck y Jennifer y es cuando realmente comienza la película. Hay una trama de asesinatos, tráfico de drogas, policías corruptos, contrincantes y aspirantes al cinturón de campeón del mundo que realmente son sicarios de la mafia… en fin, una serie de elmentos que combinados conforman un guión que resulta mínimamente digno y disfrutable…

Chuck comprensivo, Chuck cariñoso

Pero Fuerza 7 es realmente la historia de amor entre un hombre y una mujer que tras su fachada de personajes duros esconden almas débiles y caritativas. Mientras viajan en coche Chuck explica a Jennifer como adoptó a su hijo Charlie, un chico de color tras morir su madre drogadicta. Chuck asalta a Jennifer en la calle, la invita a cenar y a un plan romántico: una pelea en directo de kárate. Pero el momento culminante llega cuando la tragedia irrumpe de forma implacable en sus vidas. Asesinan al hijo de Chuck así como a dos compañeros policías de ella. Las lágrimas de Jennifer vuelven a aparecer, inundando la pantalla y amenazando con desbordar mi televisor: “Ellos eran mucho más que compañeros, eran mi familia”. Chuck comprensivo, dulce y cariñoso se frota las manos ante esa mujer, hasta hace unos segundos una dura mujer policía, ahora simplemente un ser maravilloso y desvalido. “No se que decir” responde él, ella le mira. Pura sinceridad.

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Hay batalla final, maravillosamente coreografiada por el mismo Norris. Cuando llegan los créditos asistimos por fin al ansiado momento. Se miran y se abrazan. La noche y los primeros apuntes del alba dejan a la pareja a contraluz. Parece una imagen fija, como si únicamente los créditos se moviesen. Pero si te acercas a la pantalla puedes ver como sus labios se acercan y se besan. The End.

JOHN BARRETT EN AMERICAN KICKBOXER 1: HÉROE SIN CARISMA Y MENOS SIMPATÍA

Hacía años que rondaba por mi cabeza dedicarle unas horas a la saga American Kickboxer, pero sinceramente, me daba un poco de miedo enfrentarme al reto. Tras un intento fallido hace unos años llegó el momento de afrontar la prueba y encarar tus propios miedos y fantasmas. La saga compuesta por American Kickboxer 1(Frans Nel, 1991) y American Kickboxer 2 (Jenö Hodi, 1993) son dos subproductos que nacen y florecen tras el éxito que supuso Kickboxer, el clásico de Van Damme. Distribuidas por Cannon Video, el último reducto de lo que en su día fue la productora de los israelís MehahemGolam y Yoram Globus. El parecido con el original se reduce al título y al póster.

Sentarse a ver ciertas películas supone una auténtica batalla contra la misma película, contra tu resistencia y contra ti mismo; ponen a prueba tu capacidad de sacrificio. Me subo al ring sin guantes ni protección, dispuesto a esquivar el mayor número de golpes. ¿Puedo yo propinar  alguno? No, solo puedo tomarme algún que otro descanso y esperar a que suene la campana.

El truco del póster llamativo, que luce y reluce es tan viejo como el propio cine. Cuando el mercado doméstico entró en auge, cualquier película que se hubiera filmado, por horrible y nefasta que fuera podía venderse si iba acompañada de un impactante póster. El caso de estas dos joyitas del art martials trash no iba a ser menos, finalmente me dejé seducir por las carátulas y le di al play.

El póster de American Kickboxer es sencillamente fantástico: con la bandera de USA de fondo dos luchadores de kickboxing pelean. John Barrett, la estrella de la película propina una patada espectacular a su oponente, el momento congelado nos remite a algún momento American Kickboxer 1de un posible combate final. En juego, imaginamos, el honor, un título, el amor de una mujer, la venganza… Sencillo y potente, este póster nos recuerda algunas imágenes de Rocky (John G. Avildsen, 1974), que a pesar de ser una película sobre boxeo destila la misma energía. El énfasis en el título y el diseño del póster, nos lleva hacia un escenario donde nuestro héroe lucha por sí mismo pero en última instancia también por un pueblo, por un país. No descartamos una venganza, un ajuste de cuentas, la gloria al alcance de un hombre, el éxtasis y la felicidad para el pueblo que se identifica con él. Es el deporte y no la vida, es la competición y es el cine. La apuesta de los productores no es menos sencilla; un título atractivo, un buen póster y como protagonista un campeón mundial de kicboxing. Uno de los muchos campeones que dió el salto al (sub)mundo del cine: Don “The Dragon” Wilson, Chris “Apollo” Cook, Oliver Gruner, Billy Blaks, Gary Daniels…

Todos dispuestos a machacar al contrario en el ring, a lucir musculatura, patadas voladoras imposibles y porqué no; osar interpretar a padres de familia, hermanos vengativos, maridos deshonrados, hombres nobles, buscar la victoria por K.O, el éxito de taquilla y superar la década de los noventa, película a película, combate a combate, viendo como el cine de acción y de artes marciales iba dando sus últimos coletazos…

En esta ocasión el afortunado campeón del mundo es John Barrett, cinturón negro y protegido de Chuck Norris cuya filmografía se había centrado casi exclusivamente en la labor de especialista o stunt de alguna de las películas del maestro Norris en el primer lustro de los años ochenta: Duelo final (The Octagon, Eric Karson, 1980) y Golpe por golpe (An ye for an eye, Steve Carver, 1981) entre otras.

En el aguaNear of the sea

¿Y qué nos cuenta la película? La historia del campeón del mundo de kickboxing que tras esta aparente felicidad esconde a un hombre frustrado, egoísta, insatisfecho, cegado por el odio, la rabia y que se deja llevar por la bebida; se dejaba llevar… Todo un ejemplo como campeón. Uno espera la historia de un hombre ejemplar y esta película nos muestra a un tipo bastante detestable, arrogante, violento e incluso machista e intolerante. A esto contribuye por supuesto el diseño de su personaje, pero en mayor medida lo que le  define como vulgar antihéroe es la interpretación y la presencia de John Barrett. Su tosquedad, la cara de pocos amigos, su falta de carisma, su ridícula voz y su comportamiento errático y moribundo le asemejan más a Henry Chinasky que a Kurt Sloan.

Barrett comienza en la película como brillante campeón del mundo. A continuación asiste a una fiesta acompañado de su novia, obstinada mujer que soporta humillación tras humillación y bronca tras bronca, fiel compañera, cual infanta de la corona. A la fiesta acude John Barrettborracho y aparece su enemigo, Jacques Denard, que no es ni más ni menos que otro luchador con el que comparte representante. Un marrullero, impertinente y poco talentoso luchador. El odio mútuo es infinito, un buen compañero de equipo. Y en la fiesta sucede algo imprevisto; una discusión entre los dos gallos acaba con un asistente a la fiesta muerto. La culpa es de Barrett, que enloquecido ha perdido los papeles y lo mata de un empujón. Una tragedia de serie Z: juicio, sentencia, y nuestro héroe acaba en Chirona desposeído de su cinturón e inhabilitado para cualquier competición. “It was an accident” grita enfurecido tras el veredicto del jurado. Y a partir de ese momento la historia se centra en un ex convicto, un lobo solitario y loser bebedor que solo intenta escapar de su mundo en busca de paz, de sí mismo. Barrett es el mejor pero no se perdona.

Yo ya he besado la lona un par de veces, he escuchado con voz distorsionada la cuenta del juez, cinco, seis, siete, agarro el mando y busco el stop, oigo el rugir del público mezclado con los gritos de mi entrenador: ¡levanta! Voy a parar la reproducción pero en ese momento, entre todo el alboroto y el ruido ensordecedor aparece en mi mente el recuerdo de todo el entrenamiento realizado y el duro trabajo que me ha llevado hasta aquí; el sacrificio de llegar al combate final. Levanto el dedo del stop.

Filmada con escaso talento, la obsesión de Barrett continúa, y su odio por Denard aumenta. El conflicto con su mejor amigo parece un delicado triángulo amoroso entre estos dos y la novia de Barrett. Celos, sospechas y desconfianza que incluyen un triste episodio de violencia doméstica, como si fuera cine de artes marciales de autor.

El malhumor de Barrett y su torpeza como actor crecen tanto que incluso condicionan la realización de la película, la planificación se empantana y la estridente música no deja de sonar, secuencias enteras solucionadas en un único plano general.  Pero estas a la vez la hacen singular. ¿Por qué un luchador de kicboxing americano? No lo sé. ¿Hay combate final? Si, lo hay, ¿qué entra en juego? La absurda obsesión de John Barrett en ser actor.

Afortunadamente no solo he salido vivo del combate sino que me siento vencedor, incluso disfruto de los créditos finales. Estoy preparado para la siguiente pelea y el siguiente contrincante. ¡A por el campeonato del mundo!

20 AÑOS SIN STEVE JAMES PARTE II: SECUNDARIO DE COLOR A SUELDO PARA LA CANNON

Sin duda, Steve James será recordado sobre todo por sus papeles secundarios para algunas producciones de la Cannon Films en los años ochenta: siete películas en cuatro años es el legado que nos deja. Es el momento de catalogar a Steve James en su época Golan-Globus.

 

El guerrero americano (American Ninja, Sam Firstenberg, 1985)

La fiebre ninja ya se había desatado unos años antes gracias entre otras, a la propia Cannon con títulos como  La justicia del ninja (Enter the Ninja, 1981) dirigida por Menahem Golam y La venganza del ninja (Revenge of the Ninja, 1983) del propio Firstenberg. La serie de televisión Master (1984) creada por Michael Sloan y protagonizada por Lee Van Cleef y Sho Kosugi también contribuyó a ello. Tras cada bomba de humo lanzada por estos ninjasCon su mujer aparecían infinidad de títulos con tipos vestidos de negro lanzando estrellas con puntas afiladas en un plano para encontrarnos en el siguiente la estrella ya clavada en la pared y precedida de un veloz silbido. Pero sin duda El guerrero americano es el gran clásico del cine de ninjas y el que definitivamente puso de moda la ninjamanía. A pesar de su básico planteamiento,  a algunas incoherencias narrativas y  a desproporcionadas coincidencias como toda la subtrama de Dudikoff con su maestro, la película es entretenida, con buenas secuencias de acción, muy bien filmadas y coreografiadas.  Michael Dudikoff siempre quedará en nuestro recuerdo como el ninja americano inaugurando una saga que daría hasta cuatro secuelas en claro proceso degenerativo a medida que estas se iban sucediendo. En cuanto a nuestro protagonista Steve James, se nos presenta como un soldado del ejército reticente y desconfiado de Dudikoff pero acabará convirtiéndose en su mejor amigo. Interpreta a Curtis Jackson, que representa su rol habitual en  la saga ninja y en general en muchas de sus películas en la  Cannon: divertido, ligón y mujeriego, dispuesto a quitarse la camiseta a las primeras de cambio, impecable en la lucha de la espada. En esta primera entrega además, tiene el lujo de destrozar el helicóptero de los villanos de un certero bazucazo.

 

Delta Force (The Delta Force, Menahem Golam, 1986)

Ya he hablado en alguna ocasión de este clásico de la Cannon a raíz del tema del rescate y Delta belga forcecomo lo solucionaban Chuck y Menahem: por la vía expeditiva y con la diplomacia brillando por su ausencia. Sin un personaje en la trama como Kofi Annan que podría haber llegado  a interpretar Morgan Freeman (nunca es tarde si el conflicto es grave), nuestro querido hombre de color,  intrepreta a Bobby, que lejos de ser  experto en el diálogo, es uno de los soldados del grupo de élite comandado por Chuck Norris y Lee Marvin. En esta ocasión encontramos a Steve en un rol mucho más secundario de lo habitual en sus películas con la productora, sin embargo  su fuerza y presencia no pasan desapercibidas y tiene algún momento de lucimiento como en la secuencia inicial del filme.

 

Más allá de las líneas enemigas (Behind Enemy Lines, Gideon Amir, 1986)

Esta cinta, totalmente olvidada hoy en día, es un correcto filme bélico interpretado por David Carradine y ambientado en la guerra de Vietnam. Su estructura y desarrollo es tan parecido a Desaparecido en combate 2 (Missing in Action 2: The Beginning, 1985, Lance Más allá de las líneas enemigasHool) que podríamos considerarlo un xploit de esta; práctica por otra parte, muy habitual en la productora Cannon: copiarse a ellos mismos.  La trama gira en torno a la huida de unos prisioneros de guerra americanos durante los últimos días del conflicto bélico junto al propio capitán del campamento en el que estos están presos, ya que este quiere también huir a los Estados Unidos. El conflicto se aliña con un tesoro que transporta el capitán y que acaba convirtiéndose en motivo de disputas entre el grupo. Steve James interpreta al cabecilla de los soldados más veteranos del campamento. Su papel es sobrio y eficaz, coherente a la propuesta seria y realista del filme. Por supuesto cuando llega la acción es el primero en quitarse la camiseta y poner las cosas en su sitio.

 

La fuerza de la venganza (Avenging Force, Sam Firstenberg, 1986)

La fuerza de la venganza es una de las mejores películas de acción realizadas por la Cannon: sangrienta, trepidante, contundente  y violenta es una joya a redescubrir llena de elementos interesantes que la convierten en un clásico de culto y una de mis favoritas de la productora.

La secuencia inicial se sitúa en los pantanos de Nueva Orleans. Nos muestra a dos hombres huyendo de cuatro tipos con horribles máscaras y provistos de armas ancestrales en una auténtica caza al hombre.  Este principio y toda la parte final de la película están inspirados directamente en el clásico de aventuras de la RKO El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, 1932, Irving Piche y Ernst B. Shoechsask): la historia de un loco queLa fuerza de la venganza vive en una pequeña isla perdida cuyo juego preferido es la caza al hombre.  En este sentido también prefigura y se adelanta unos años a Blanco humano (Hard Target, 1993, John Woo), no solo en ciertos aspectos de la trama como la idea del hombre que caza al hombre, sino también en la elección de la decadente Nueva Orleans como escenario del filme: pantanos de grandes árboles, paisajes aderezados con lluvias torrenciales y avenidas llenas de viejas mansiones de la época colonial francesa.  ¿Y en medio de estos dos grandes bloques? Aquí encontramos una trama de corrupción política en la que un grupo de la élite empresarial de corte ultraconservador y racista siembra el terror en todo el estado Luisiana. La toman directamente con el personaje que interpreta Steve James; un candidato a senador de color  y que por supuesto está en contra de todas las actividades ilegales de este grupo denominado El Pentágono.  Steve James, Michael Dudikoff y Sam Firstenberg vuelven a unir sus fuerzas en un producto con elementos genuinamente Cannon, como por ejemplo el grupo de líderes del movimiento Pentágono formado por hombres respetables de la sociedad que a la vez son asesinos despiadados que disfrutan jugando a la caza del hombre. La película tiene un buen ritmo narrativo y sus escenas de acción están muy bien ejecutadas, algo por otra parte habitual en las películas de Firstenberg.  Hay una secuencia que me gusta especialmente y es en la que el personaje interpretado por Dudikoff (llamado Matt Hunter al igual que el de Chuck Norris en Invasión USA) busca en los pantanos a su hermana que ha sido secuestrada por el Pentágono. Llega hasta un poblado en el que se está celebrando una fiesta Cajún: Avenging Force los dos juntoshombres barbudos con camisas de cuadros y tejanos bailan con sus mujeres de largas cabelleras, comen carne y beben cerveza. Rifles en mano, los lugareños miran a Dudikoff desafiante, hasta que este llega a una casa prostíbulo en la que un travesti le recibe y le ofrece una niña virgen “que seguro le gustará muchísimo”.  Se trata de una secuencia que recuerda a La presa (Southern Comfort, 1981, Walter Hill) por su tono lúgubre y decadente, y a la vez resulta extraña ya que en esta comunidad de ciudadanos de los pantanos, se esconden los líderes del Pentágono, como si estuvieran también ellos en su auténtico hogar; la América más profunda y olvidada que ellos quieren reivindicar.

Steve James se libra por fin de su habitual cliché de colega gracioso y mujeriego de Dudikoff para interpretar a un hombre íntegro y dedicado a su compromiso con la comunidad, buen padre y  esposo. Todo esto hasta que matan a su hijo, se quita la camiseta, enseña sus músculos y comienza su investigación y cruzada en contra de los villanos. Al contrario que en otras ocasiones, su personaje acaba muriendo de forma heroica, acribillado a tiros después de salvar a uno de sus hijos en una de las secuencias más violentas y espectaculares de la película.

 

El guerrero americano II (American Ninja II: The Confrontation, Sam Firstenberg, 1987)

No tardaron mucho tiempo los productores Menahem Golam y Yoram Globus en pergeñar una secuela a rebufo del gran éxito conseguido por la primera entrega de la saga ninja. El éxito tanto en cines como en los videoclubs, reunió de nuevo al trío Dudikoff/James/Firstenberg en una aventura de los marines americanos. En esta ocasión vuelven a otra isla, repitiendo e instaurando definitivamente la fórmula ninja/isla tropical en una psicotrópica trama. Aquí serán unos villanos con ayuda de un científico quienes secuestran  a soldados americanos para convertirlos en ninjas biónicos que luego utilizaránAmerican ninja 2 para fines criminales. El tono de la película en algunos momentos deriva hacia la comedia con secuencias como la pelea en el bar más parecida a un western al estilo de Le llamaban Trindad (Lo chiamavano Trinità…, Enzo Barboni, 1970) que a una película de artes marciales. Steve James, que en esta secuela coge más protagonismo, consciente del tono paródico de la película saca su vena más cómica y slapstick que combina con sus habituales secuencias de pelea.  En esta ocasión ahonda más en su vertiente donjuanesca con varias secuencias de cortejo que incluyen un ligue con el que se despide junto a los créditos finales. El resultado final es inferior a la primera parte aunque todo el tramo final en la morada de los villanos está repleto de buenas secuencias de acción, correctamente filmadas por Firstenberg.

 

El héroe y el terror (Hero and the Terror, William Tannen, 1988)

El héroe y el terror es uno de los últimos buenos trabajos de Chuck Norris para cine, pocos años antes de que llevara su barba y su porte a la televisión para dar rienda suelta a Walker Texas Ranger, serie creada entre otros por Paul Haggis (¿existe día en el que no se emita algún capítulo en televisión?). Dirigida por su hermano, Aaron Norris, se trata de un correcto policíaco ambientado en Los Ángeles. Chuck es obviamente el héroe, un veterano policía que tiene continuas pesadillas con Simon, un gigante psicópata que representa el terror y al que capturó unos años atrás.

La secuencia inicial, que es sin duda lo mejor de la película, nos muestra uno de estos horribles sueños: Chuck entra en lo que parece ser el escondrijo de la bestia, una casa en la playa llena de cadáveres de bellas jovencitas. La secuencia continua debajo de la casa, entre los troncos que sujetan la casa en el agua, Simon aparece y lo estrangula. La pesadilla se Heroe y el terrorhace realidad cuando Simon escapa de la cárcel. En esta historia encontramos un Chuck mucho más débil y vulnerable ; traumatizado por culpa del psicópata. Vive felizmente en pareja mostrándose más tierno y enamorado que nunca y además está a punto de ser padre, lo que le confiere aun más humanidad si es posible. También se desprende por primera vez de su pelambrera en el pecho, dejando atrás la imagen de macho salvaje.

Steve James interpreta al colega policía de Chuck y además de animarlo en su sesión de pesas – demostrando quien sigue siendo el más fuerte-  nos regala una de las mejores secuencias de la cinta : Simon una vez fugado se refugia en un viejo e inmenso teatro que acaba de ser rehabilitado, en un claro giro de la trama hacia el clásico de El fantasma de la Ópera de Gastón Leroux en cualquiera de sus mil y una adaptaciones. Tras la desaparición de una joven, James ha de pasar la noche en el teatro vigilándolo y este lo hace a su manera; lleva un radiocasete al más puro estilo ochentas, pone música clásica y hace footing por todo el recinto hasta que Simon aparece. Aunque todos sabemos que Steve realmente podría haber terminado con Simon, acaba estrangulado. En fin…, exigencias del guión, y si hubiera sido así ¿qué habría hecho Chuck el resto de la película?

 

El guerrero americano III (American Ninja III: Blood Hunt, Cedric Sundstrom, 1989)

No hay dos sin tres, eso pensaron los responsables de la Cannon, así que se lanzaron a la producción de la tercera entrega de la saga ninja. Dudikoff y Firstenberg no lo debieron ver muy claro (a pesar de que Dudikoff regresó en la cuarta entrega) ya que no participaron. Pero Steve James sí , no lo dudó. El guerreo americano III combina elementos como un American ninja 3trofeo de artes marciales extraído  de Contacto sangriento (Bloodsport, Newt Arnold, 1988) con un refrito de ideas que aparecían en las dos entregas anteriores: tenemos una isla caribeña, villanos que fabrican ninjas biónicos, peleas en un bar, un científico, algo de tráfico de drogas, refrito cuyo ingrediente final es la habitual mágica coincidencia narrativa de la saga. El tipo que mató al padre de David Bradley (el nuevo ninja americano, carente de cualquier atisbo de carisma) cuando este era pequeño, es ahora uno de los villanos que planean secuestrarlo durante el torneo.

Lo mejor de la películas es sin duda la presencia del bueno de Steve. Más consciente que nunca del disparate en el que está implicado no deja de hacer bromas sobre el hecho de encontrar ninjas allá donde lleve sus músculos riéndose de todo y de todos y sin dejar nunca de dar la talla a la hora de poner las cosas en orden. En esta tercera parte, la última en la que apareció, se convierte en el auténtico protagonista y rey de la función, afortunadamente para él, los ninjas dejaron de molestarle para siempre jamás.

MÁS INTELIGENTE QUE CHUCK, TAN AMERICANO COMO CLINT

El Rescate necesario según Ben Affleck

El rescate es un concepto muy arraigado en la cultura, y por desgracia en nuestras vidas, desde el rescate de Andrómeda por parte de Perseo en la leyenda mitológica griega hasta el inminente rescate que la economía española, y como consecuencia todos nosotros, ha estado a punto de sufrir por parte de la Unión Europea.

En el cine norteamericano no ha sido menos importante. D. W. Griffith lo utilizó desde sus primeras películas (El nacimiento de una nación 1915Intolerancia 1916 ) como elemento dramático a la par que daba forma a varias técnicas de montaje que poco a poco se fueron asentando en el intelecto del espectador. Griffith estaba inventando el cine como arte narrativo y  como espectáculo emotivo. Pero sobretodo el rescate se estaba institucionalizando como una poderosa arma de autoafirmación patriótica, norteamericana, por supuesto.

El rescate es también una idea recurrente en la carrera de Ben Affleck como director.

En Adiós pequeña, adiós (2007), el secuestro de una niña pequeña y el esfuerzo por rescatarla planteaba el dilema de hasta qué punto se pueden tomar ciertas decisiones, con sus consecuencias, en el supuesto beneficio de un ser indefenso, en este caso privar a una madre problemática de su hija pequeña. En The Town, ciudad de ladrones (2010) el secuestro y liberación por parte de un grupo de atracadores (entre ellos el propio Affleck) de la gerente de un banco tras el robo a este, es rápido y fugaz pero lo suficientemente intenso para marcar a sus dos protagonistas en una historia de amor imposible, que plantea también varios dilemas, como la posibilidad de romper con una estructura familiar heredada en pos de una posible redención.

Argo (2012), la nueva película de Ben Affleck muestra otro secuestro y como no, otro rescate. En esta ocasión el material sobre el que se trabaja es real, se trata de la crisis de los rehenes en Irán, en el que durante 444 días el gobierno surgido tras la revolución iraní del 1979 retuvo a 66 diplomáticos y ciudadanos de Estados Unidos. El secuestro comenzó en 1979 y finalizó en 1981. A pesar de que el filme arranca con el asalto y toma de la embajada norteamericana en Teherán por parte de los estudiantes iraníes, la trama se encamina hacía un grupo de seis trabajadores norteamericanos que en la confusión consiguen escapar y terminan refugiándose en la embajada canadiense. Aquí es cuando entra en acción el personaje interpretado por Ben Affleck, Tony Mendetz, un agente de la CIA especializado en extraer ciudadanos americanos de países en conflicto. Su misión será sacar a los seis americanos del país. ¿Cómo? Haciendo pasar a los seis “rehenes” y a él mismo como miembros de un equipo de cine en busca de localizaciones para un “falso” largometraje de ciencia-ficción.

En una secuencia de la película, el personaje interpretado por Affleck  está al teléfono recibiendo la orden de abortar su misión ya que desde los altos cargos han decidido dar luz verde a otra, la de las fuerzas Delta Force. En una  secuencia similar de Delta Force ( Menahem Golam 1986),  Chuck Norris también espera al teléfono, pero a que le den luz verde para entrar en acción con su grupo especializado de ataque antiterrorista y abordar el avión que tienen secuestrado unos terroristas árabes. Tony Mendezt en un acto de valentía y rebeldía decidirá pasar por alto las órdenes de los superiores y seguir con su plan. Chuck Norris y su equipo de asalto deberán esperar momentáneamente.

La llamada en ArgoLa espera en Delta Force

La película de acción interpretada por Chuck Norris y producida por la productora Cannon se inspira en la cara B de la historia narrada por Affleck: el intento de rescate por parte del gobierno norteamericano de los rehenes de la embajada, llamada Operación Garra de Águila,  dato omitido en la obra de Affleck. En la cinta de Golam, el rescate no es en la embajada, sino en un avión secuestrado por terroristas árabes. El  comando Delta Force no solo rescata a todos los rehenes, sino que destruye a todos los terroristas y demuestra quien tiene el poder. Las bajas norteamericanas por desgracia se cobran la vida de un soldado.

La historia real del intento de rescate en Teherán no tuvo tanto éxito, al contrario fue un auténtico desastre. No solo no consiguió su objetivo, sino que murieron cuatro soldados americanos en un accidente de helicóptero, dejando en evidencia al poderío americano y sobretodo su logística y capacidad estratégica. Por supuesto el año 1986 era otra época, era la época de Reagan. Estaba reciente la derrota en la guerra de Vietnam y en pleno auge la lucha contra el Imperio del Mal (el bloque comunista soviético), se trataba de demostrar que USA era capaz de vencer, al menos en el cine. El cine reescribía la historia con Delta Force, pero también con Desaparecido en combate (Joseph Zito) y con Rambo (George Pan Cosmatos), ambas del año 1985, en este caso con la guerra del Vietnam, en la que los dos héores (Chuck Norris de nuevo y Sylvester Stallone) regresan al infierno de la selva vietnamita para rescatar a unos soldados que siguen presos.

El rescate es necesario.

Esa secuencia de la espera al teléfono no es el único punto en común entre Argo y Delta Force. Lo es también el look que comparten Norris y Affleck, la barba y el corte de pelo son similares. Pero sobretodo comparten su interpretación gélida, fría, distante, algo así como una negación de la interpretación. ¿Son el mismo tipo de héroe?

En las dos películas el tratamiento sobre los “enemigos” también es similar: el retrato plano y sin profundidad. En Delta Force hay un intento de dimensionar al jefe del grupo terrorista al que interpreta el gran Robert Foster, pero ahí se queda, es un malo más de la galería de la Cannon. En el caso de Argo, los iraníes son violentos, gritones, desconfiados, asaltadores, no tienen matices. En las dos lo importante es el acto heroico, la emoción de la acción, en una mediante la violencia (Delta Force), y en la otra mediante la inteligencia (Argo). ¿Y en qué estado quedan los enemigos? En Delta Force como un grupo de soldados aficionados  y en Argo directamente como  incompetentes poco avispados. Las dos películas tienen un final  espectacular y similar: un avión que despega dejando atrás a sus perseguidores.

Esta vez no hay dilema ni conflicto, pero como en Griffith hay espectáculo emotivo.

La huida en ArgoLa huida en Delta Force

El personaje de Affleck tiene algo personal que solucionar, que Norris no tenía, y aquí es donde Argo conecta con otra película de los ochenta, de otro héroe de acción de la época obsesionado también con el concepto del rescate, se trata de Clint Eastwood y El sargento de hierro (Clint Eastwood 1986). Aquí el grupo de marines entrenado por el sargento que interpreta Eastwood rescata a un grupo de estudiantes americanos secuestrados en la isla caribeña de Granada por parte de unos revolucionarios cubanos.

Tanto Affleck como Eastwood quieren recuperar a su mujer y por tanto un hogar. En el caso de Eastwood es manifiesto el reproche de su exmujer por haberla abandonado sistemáticamente, en el caso de Affleck no se menciona, pero se intuye. Los dos comienzan la película en una situación lamentable, Eastwood en una prisión de mala muerte rodeado de maleantes de la peor calaña en la que es el centro de atención. Y Affleck en el cuartucho de lo que parece ser un hotel rodeado de latas de cerveza, colillas, restos de pizza (una imagen por cierto muy habitual en las películas que protagoniza Chuck Norris). Los dos tendrán que abordar una misión de rescate vital para su país y para conseguirlo tendrán que educar/instruir a un grupo de individuos para una misión para la que no estaban preparados. Eastwood como sargento deberá hacer de un grupo de vagos e inútiles delincuentes un comando de valiente y eficaces marines, y Affleck conseguir que un grupo de funcionarios americanos actúen como cineastas canadienses. Tras cumplir con su misión las dos parejas se reencuentran mientras la bandera americana ondea a sus espaldas.

El hogar recibe al héroe tras la batalla, América les abre sus puertas de nuevo para no marchar jamás.

Reencuentro en El sargento de hierroReencuentro en Argo

Los tiempos han cambiado, estamos en un mundo globalizado donde internet y los medios de comunicación son algo más que una herramienta, son un arma. El poder ya no se consigue mediante la fuerza, sino de manera silenciosa y sutil, es algo que se entrega y se cede mediante préstamos, hipotecas, impuestos….Entonces es cuando el rescate es necesario otra vez. Esta vez no mediante la fuerza ni la violencia, sino mediante la inteligencia, es hora de autoafirmarse otra vez.