CATALOGANDO A LOUIS GOSSETT, JR. PARTE I: AS GIDEON OLIVER (TONGS/KENNONITE/EL ÚLTIMO VUELO A CORAMAYA)

No hay ninguna duda de que las series de televisión viven, desde hace poco menos de una década, una época de esplendor. Incluso algunos críticos y consumidores manifiestan que la calidad de algunas de ellas es superior al nivel de la oferta de filmes que llegan a las salas cinematográficas. No les falta razón, pero la televisión ya desde sus inicios siempre ha ofrecido magníficos productos de ficción con un único objetivo: que sus espectadores no levantasen el culo del sofá y dejasen la excursión al cine para otro día.

El fugitivo Deadwood 2

De esta manera, grandes cineastas y actores comenzaron trabajando para la pequeña pantalla; otros se refugiaron en ella cuando sus carreras cinematográficas apuntaban un ligero declive, y otros simplemente no han dejado nunca de trabajar en la tele; alternando un medio con otro. Si uno escarba en la memoria y en la dvdteca encontrará grandes series que se han ido realizando a lo largo de la historia. Desde La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone, Rod Serling, 1959-1964), pasando por El fugitivo (The Fugitive, 1963-1967), Canción triste de Hill Street (Hill Street Blues, Steven Bochco, 1981-1987), Bonanza (David Dortort y Fred Hamilton, 1959-1973) hasta terminar en nuestros días con obras de culto como Deadwood (David Milch, 2004-2006) o The Wire- Bajo escucha (The Wire, David Simon, 2002-2008).

El protagonista de este artículo es uno de esos actores que comenzó trabajando en infinidad de series de televisión hasta que un día la fama y la resonancia por conseguir el Oscar al mejor actor secundario lo catapultó al estrellato internacional. En algunos casos un premio así te da la oportunidad de trabajar con los directores más prestigiosos y acceder a los papeles más codiciados. No es el caso de Louis Gossett, Jr. Después de ganar el Oscar en el año 1982 por su papel en Oficial y Caballero (Officer and a Gentleman, Taylor Hackford, 1982), siguió su carrera como actor secundario o coprotagonista en varias películas de acción y aventuras, que a pesar de estar hoy en día un tanto olvidadas, son auténticas obras de culto. Podría parecer que la carrera de Louis Gossett Jr. entró en declive varios años después del Oscar, pero un leve repaso a su carrera confirma que no es así. Nunca dejó de trabajar para la pantalla catódica combinándolo con el cine, demostrando siempre ser un grandísimo actor con infinidad de registros.

Louis Gosse OscarGideon 4

La serie Gideon Oliver es un magnífico ejemplo. Serie de finales de los años ochenta interpretada por el actor de color Louis Gossett, Jr, creada por Dick Wolf y producida por Universal TV y Wolf Films para la sección de la ABC “The ABC Mistery Movie”. Está compuesta por cinco episodios de dos horas con tramas independientes de corte dramático/criminal muy en la línea de las famosísimas Kojac o Colombo. En ellas encontramos a Gideon Oliver, un profesor de Antropología de la Universidad de Nueva York que se ve inmerso en varias tramas criminales que implican a alumnos o viejos amigos suyos, pero que sobre todo enfrentan a diferentes culturas en conflictos aparentemente irresolubles y que a menudo situan a Gideon ante un compromiso ético y moral. Sin ser un detective privado, Oliver investiga y recopila pistas para encontrar la verdad. No es un hombre de acción pero en ocasiones su vida corre peligro y se defiende demostrando su manejo en artes parciales. Es un mediador, un hombre de paz, un embajador norteamericano en su propio país, conocedor de infinidad de culturas, ha viajado por todo el mundo, estuvo en la guerra de Vietnam, conoce al hombre y su mejor arma es su sentido común y empatía. Gran conversador, amante de la buena comida no está lejos de personajes como Hercule Poirot o el Padre Brown, con la diferencia que en su caso no siempre el objetivo es descubrir quién cometió el crimen, sino evitarlo.
La serie fue cancelada tras el quinto episodio pero en España tres capítulos se distribuyeron en vhs por CIC, y yo los tengo en mi poder! Es hora de catalogarlos!!

 

Tongs (emitido el 13 de marzo de 1989) dirigido por Alan Metzger

De los tres episodios que he podido ver sin lugar a dudas es el mejor de todos. Ambientado en Manhattan nos muestra a Gideon en su vida diaria, impartiendo clases a un pequeño grupo de alumnos, en sus paseos habituales así como la relación con su hija. Hace frío, Gideon va ataviado con gabardinas, pesados abrigos y bufandas, diferentes sombreros y gorros de piel protegen su calva del duro frío neoyorquino.
Uno de los alumnos de Gideon de origen chino se ve impliacado en un torbellino de violencia que estalla entre el clan Tong al que pertenece su familia, la sociedad que han formado la familia china enemiga de estos y el clan italiano de Little Italy. Tommy Li que decidió apartarse de la senda que marcaba la herencia mafiosa de su gen familiar para estudiar Antropología, se convierte en una especie de Michael Corleone que no puede evitar agarrarse a los lazos de sangre, aunque estos sean contrarios a su forma de ver la vida. Al igual que en El Padrino (The Godfather, Francis Ford Coppola, 1972), este sufre una conversión que le acaba convirtiendo en el jefe de la familia tras pasar del diálogo y el análisis a la venganza y la violencia.

Gideon 6Tongs

Louis Gossett, Jr. inaugura su papel como Gideon Oliver, más orondo de lo que se le había visto en anteriores películas, se muestra como un hombre amable, divertido y entregado a su profesión y a sus alumnos. Gideon cumple la función de mentor y persona que intenta allanar el difícil camino que ha emprendido su pupilo.
Tongs funciona por su duración más como una tvmovie que como capítulo. Filmado con sobriedad y elegancia, se nota un presupuesto elevado en algunas de sus secuencias como el tiroteo inicial en el restaurante chino, la procesión en Chinatown y varias secuencias nocturnas iluminadas con gran efectividad dramática. Además del excelente trabajo de Gossett, Jr. el filme cuenta con excelentes secundarios como John Amos y James Hong.

 

Kennonnite (emitido el 22 de mayo de 1989) dirigido por Bill Duke y Larry Gross

Gideon abandona la fría Manhattan por una indefinida zona del medio oeste americano donde reside una comunidad cultural y étnico-religiosa llamada los Kennonnite; algo así como una comunidad Amish. Prácticamente aislados del resto del mundo y anclados en las viejas tradiciones, costumbres y formas de vivir (visten al estilo del S XVII, endogamia reproductiva); su apacible vida de trabajo y tranquilidad se ve alterada cuando un malhumorado e intransigente vecino del pueblo más cercano aparece asesinado y el principal sospechoso resulta ser un miembro de la comunidad.
Louis Gossett, Jr., viejo amigo del patriarca de los Kennonnite, llega para ayudar a sus viejos amigos e intentar mediar entre las dos comunidades con odios que se han ido generando a lo largo de décadas, además de la sombra negra y oscura de una gran corporación que quiere apoderarse de sus tierras . El aspecto más interesante del episodio reside en varios personajes que se mueven entre el viejo modo de vivir de su comunidad y la libertad de haber vivido la experiencia del mundo real. Estos personajes se debaten entre el amor, la pasión y la ambición que les produce el mundo exterior y su compromiso por un férreo modo de existencia.
Gideon, que luce durante toda la película una gorra de los Yankees, despliega todas sus artes diplomáticas o no; porque la violencia no tarda en aparecer en las soleadas y doradas plantaciones de trigo y maíz. La trama se desarrolla esta vez en forma de thriller dramático con varios giros que van sorprendiendo al espectador incluyendo una inesperada revelación final. Realizada de nuevo con elegancia y oficio destacan algunas secuencias de suspense y nos regala una de las primeras interpretaciones de una jovencísima Melissa Leo en un ambiguo e intrigante papel.

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El último vuelo a Coramaya (The Last Plane From Coramaya) (emitido el 10 de abril de 1989) dirigido por Randy Roberts

Gideon Oliver viaja en esta ocasión hasta Coramaya, una fictícia isla caribeña que vive bajo un régimen dictatorial cuyo destino se precipita hacia una guerra civil que mantiene al país en una constante alarma. El motivo de su viaje es la desaparición de un arqueólogo viejo amigo suyo que hace semanas no ha dado señales de vida.
Gideon, acompañado de varios amigos periodistas que esperan con ansiedad la noticia de la caída del actual gobierno, ayudan a Gideon a saber que ha pasado con su viejo amigo. Al igual que en Kennonite, la trama se desarrolla a modo de thriller combinado esta vez con el género de aventuras, y por primera vez con elementos románticos, sí; porque Louis Gossett Jr. también sabe amar. Unas viejas figuras de arte isleño hechas con oro, una atractiva artista y mujer de negocios, la presencia de los rebeldes y su lucha; hacen de este capítulo el más trepidante y también el más violento y triste, ya que Gideon verá como varios de sus compañeros son asesinados. Gosset Jr. tiene en este capítulo la oportunidad de mostrar registros más arriesgados que en las anteriores entregas: furia, desolación, llanto, desesperación.
Combinando elementos de El año que vivimos peligrosamente (The Year of Living Dangerously, Peter Weir, 1982), El halcón maltés (The Maltese Falcon, John Houston, 1941), la desafortunada tradución del título original desorienta y cambia radicalmente el sentido del filme, ya que el vuelo al que el título original se refiere es el último que sale de Coraymaya y no el último que parte hacia la isla. Todo converge, al igual que en muchas otras películas en un punto final que es un avión que dejará atrás el horror y el infierno en busca de una nueva vida. La salvación y la resolución de la trama están a las puertas de embarque de ese vuelo. Como es habitual en esta serie, la realización es muy eficaz así como el trabajo de todos los actores, incluyendo la atractiva Julie Carmen, actriz de origen latino y que tuvo a finales de los ochenta cierto éxito gracias a filmes como Un lugar llamado Milagro (The Milagro Beanfield War, Robert Redford, 1988) y Noche de miedo II (Fright Night Part II, Tommy Lee Wallace, 1988).

El ultimo vuelo a CoramayaCoramaya

El final es realmente sorprendente por lo crudo y contundente: Gideon convence al personaje de Julie Carmen para que abandone la isla y marche con él a USA. Tras varios giros en los que no quedaba claro si su papel es el de heroína o villana, finalmente, los dos van a coger el avión para cambiar sus vidas y se produce un tiroteo en las escaleras automáticas. Ella muere. Me encanta que los guionistas trabajen este tipo de ideas. Para una vez que Gideon se lanza al amor (nunca explícito, sino más bien sugerido) apenas dura unos instantes. Sin concesiones.

Si queréis acabar de comprobar que Louis Gossett, Jr. está en plena forma, echad un vistazo a Boardwalk Empire (Terence Winter, 2010-) y su papel de Oscar Boneau. Ahí sigue.

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20 AÑOS SIN STEVE JAMES PARTE III: LA AVENTURA DE SER EL PROTAGONISTA PRINCIPAL

La carrera de Steve James no solamente estuvo marcada por sus trabajos en roles secundarios sino que también tuvo la oportunidad de trabajar como protagonista en dos  películas totalmente desconocidas y descatalogadas que gracias al vhs se pueden disfrutar hoy en día. Se trata de dos cintas de bajo presupuesto y bastante irregulares en su conjunto pero que le permiten combinar sus cualidades de actor y de estrella del cine de acción con absoluta libertad: Steve James en su máxima esencia.

 Riverbend (Sam Firstenberg, 1989)

Riverbend es un curioso filme por varios motivos: el primero, por su temática de corte y reivindicación racial en la que se narra la historia de tres soldados negros presos por un consejo de guerra tras su estancia en Vietnam que se fugan llegando a un pueblo de Georgia Riverbenden el año 1966. El pueblo sureño, vive bajo el terror de un sheriff y una oligarquía blanca que somete a la población negra a un estado cercano a la esclavitud. Los asesinatos, violaciones y humillaciones están a la orden del día y se suceden de manera impúdica. Estos tres soldados causarán una revolución en el pueblo, organizando y adiestrando a la comunidad negra como un auténtico ejército para secuestrar literalmente el pueblo y la comunidad blanca y reclamar así sus derechos como ciudadanos. El segundo motivo curioso radica en el intento de hibridación entre película dramática de corte social con el cine de acción pura y dura cercana al bélico por algunos momentos. Y la última curiosidad es que la dirección corre a cargo de Sam Firstenberg, director habitual de películas de acción de la Cannon, amigo de James  y poco dado a películas con desarrollo narrativo y dramático más complejo.  Aunque hay que reconocer que  James no está en la película solo para dialogar, sino también para administrar justicia a base algún hostión que otro.

El trabajo de Steve James es espléndido en todo momento. Demuestra que tiene la capacidad necesaria para soportar todo el peso de un largometraje a sus espaldas.  Lo vemos en diferentes registros; carismático líder, hombre honesto, seductor respetuoso, pacífico dialogador, implacable sargento y por supuesto enseña la musculatura y no pierde la oportunidad de mostrar su habilidad en combate cuerpo a cuerpo. También destaca el trabajo de Margaret Avery en el papel de la recién enviudada que recibe  y protege a los fugitivos en primera instancia y que acaba teniendo un romance con James durante el filme. Es también significativo como está tratada esta subtrama amorosa: en la primera secuencia el marido  de Margaret es asesinado despiadadamente por el sheriff (personaje lamentable en su esencia y composición, totalmente exagerada y pasada de vueltas, en uno de los aspectos más flojos de la película) A continuación llegan los tres fugitivos y cuando Steve y Margaret cruzan sus miradas se quedan congelados durante varios segundos mirándose a los ojos, momento en el que la cámara hacer un travelling circular de 180En el porche grados abrazándolos. Con esto consigue un instante totalmente expresivo con cierta belleza plástica que supone un oasis en este sentido si lo comparamos con la planificación del resto de la película, bastante mediocre y plana rayando una factura más propia de un telefilme de media tarde. Tras este atisbo de floreciente pasión la pareja tiene una conversación sobre la problemática del pueblo y esa misma noche mientras conversan en el porche, ¡sí!,  ese típico porche de madera del sur, lugar de descanso del buen americano, es donde apasionadamente se besan. Al día siguiente ella acude a la tumba de su recientemente fallecido esposo para explicarle la historia de la siguiente manera: “Se que es muy pronto, pero ha pasado así, es un buen hombre y le quiero aunque de una manera diferente a ti”.  ¿No os parece maravilloso?

A continuación se desarrolla todo el conflicto y la trama se acerca a una película bélica en la que se suceden traiciones, comportamientos abusivos y donde todos los personajes sacan lo mejor y lo peor que hay dentro de ellos. Creo que la historia planteada es muy interesante y toda la trama está bien desarrollada así como las interpretaciones de los actores negros Estallidoque son muy notables en líneas generales. Por otra parte hay muchos aspectos que lastran el resultado final de la película como el bajo presupuesto que se palpa especialmente en algunas secuencias, varias malas elecciones  en el casting, especialmente en lo que se refiere al sheriff y a sus ayudantes que rozan la caricatura, por no hablar de la ridícula banda sonora que fluctúa entre el melodrama de culebrón y la película de misterio, que va machacando de forma redundante y pesada nuestros sentidos auditivos, como si todo hubiera sido filtrado por el sintetizador de segunda mano de un mal aprendiz de Vangelis. Y para rematar el asunto nos despedimos con el  lamentable “happy end” que cierra el filme;  todos amigos, todos hermanos, en una puesta en escena que por clara y descriptiva resulta totalmente artificiosa y poco creíble, más música de sintetizador…

Quedan por otra parte para el recuerdo algunas imágenes muy potentes como el plano en el que los soldados negros avanzan en la noche en una estampa que asemeja el bosque de  Riverbend a la selva de Vietnam. Un aspecto recurrente durante toda la trama  y que culmina en el momento en el que el pueblo se convierte en el escenario de un conflicto bélico similar al acontecido en esos momentos en el país asiático.

Cazador callejero (Street Hunter, William A. Gallagher) 1990

Cazador callejero  podría considerarse como la gran apuesta de Steve James en su carrera aunque  bien podríamos incluirla de alguna manera dentro de su ciclo de películas para la Cannon ya que Menahem Golam aparece como uno de los productores.

Reconozco que un segundo visionado de Street Hunter me ha despertado cierto cariño y estima, alejándola un poco de la idea de bodrio que rezumaba en nuestra primera cita. Una vieja y desgastada copia en vhs nos introduce en la historia de Blade; un expoli que abandonó el cuerpo de policía de la ciudad de Nueva York y ahora ejerce de El cazador callejerocazarrecompensas. Ataviado con una gabardina negra, un sombrero, con residencia en una furgoneta negra y acompañado por un dobermann de feroz gruñir,  lo caricaturesco y pasado de vueltas del personaje de James resulta uno de sus máximos aciertos. Nos encontramos ante un delirio pulp que mezcla a partes iguales referentes de eurowesterns, de Django a Keoma, con una estética meramente nocturna que intenta aprovechar los siempre efectivos y sugerentes escenarios que la gran manzana suele obsequiar: sus sucias y humeantes calles, viejos almacenes, comisarias de policías, un viejo teatro abandonado y una de mis localizaciones favoritas de la ciudad: el puerto con sus grúas, grandes contenedores y la amenaza de un tiroteo en cualquier momentos, coches al agua pato.

La trama rocambolesca se sucede a partir de secuencias a modo de viñeta como si fuera un cómic: un debutante John Leguizamo (también bastante pasado de rosca y muy a tono con la propuesta) que interpreta a un gángster latino junto a un zumbado paramilitar que maneja un ejército de locos mercenarios y que interpreta el rocoso e inexpresivo Reb Brown (del que Steve vs Rebhablaremos más y mejor en otra ocasión) montan una sociedad con el objetivo de controlar el tráfico de drogas y por ende las calles de Manhattan.  Por supuesto Blade intentará detenerlos en una serie de aventuras que implicarán a su novia y al cuerpo de policía; duelos de espada, grueso sentido del  humor, muchos disparos y un variado surtido de músculos y sonrisas por parte de Steve James. Y si esta era la gran apuesta de James no es solo porqué él mismo es uno de los guionistas y creador de los personajes; en el horizonte estaba la idea de hacer una serie para televisión de la misma. Desgraciadamente no pudo ser y tuvimos que conformarnos con Lorenzo Lamas en Renegado

El cazador callejero es Steve James en su máximo esplendor, algo así como un tardío blaxploitation:  ¿qué hubiera sido de Steve James si hubiera nacido una década antes? ¿Os lo imagináis como compañero de tipos como Jim Brow, Richard Roundtree o  Jim Kell en la década de los setenta? Yo sí.

MÁS ALLÁ DE LAS ESTRELLAS

Nunca hemos dejado de recibir visitas del exterior, del espacio exterior. Se convirtió en algo normal que prácticamente cada fin de semana un ser de un planeta lejano llegara hasta la tierra y pasara un tiempo con Poster ETnosotros; mejor dicho con ellos, ya que casi siempre visitaba alguna zona del midwest norteamericano. Mi primer recuerdo de dimensiones astronómicas, nunca mejor dicho, fue E.T.  Era pequeño, gordo, feo, desproporcionado, pero todo el mundo se enamoró de él. Y en una imagen que se repite en cada película de extraterrestres, cuando E.T intenta explicar de dónde viene, apunta hacia alguna estrella lejana en lo más alto del firmamento. Yo salía al balcón de mi casa en el Prat de Llobregat y miraba al negro cielo buscando alguna de aquellas estrellas. Pero apenas tres o cuatro de ellas brillaban emitiendo algún leve destello. No parecían más que viejas luces gastadas al lado de una gran luna de verano. ¿Será que las estrellas solamente están en California?

E.T. estuvo unos días con nosotros, sufrió mucho, hizo sufrir a Elliot y al mundo entero, finalmente vinieron a buscarle y se marchó con su familia. En una operación que se repite sistemáticamente, los extraterrestres llegan de noche mientras dormimos, pasan unos días con nosotros, hay gente que los persigue, curiosamente los mismos que los han estado esperando toda su vida. En algunas ocasiones los persiguen otros habitantes de su mismo planeta, buscan su nave de origen, y finalmente se marchan de aquí; y como en toda buena historia, cambian la vida de las personas con las que comparten esos días dejando una huella que difícilmente se borrará.

Antes de E.T los extraterrestres nos visitaban casi siempre con muy malas intenciones: El 30 de octubre de 1938 la narración de Orson Welles de La guerra de los mundos (War of the Worlds, H.G. Wells, 1898) en un programa radiofónico convirtió este relato en una auténtica alarma popular creando el pánico entre los ciudadanos norteamericanos. Luego vinieron todas las películas de ciencia ficción de la década de los cincuenta en las que platillos volantes, invasores de Marte, enigmas de otros mundos y monstruos de tiempos lejanos que llegaban del espacio , hasta que el cine de terror moderno nos regaló una película clave de este género, La cosa (The Thing, John Carpenter, 1981). Durante décadas las visitas de nuestros amigos del resto del universo casi siempre nos trajeron terror, muerte y alienaciones no deseadas, incluso en alguna ocasión dejaron la tierra totalmente devastada. La lista de visitantes enfurecidos es tan larga que si quisiéramos meter a todos ellos en un solo planeta es muy posible que no hubiera sitio para todos.

Pero un verano estando de vacaciones en Granada todo tomó sentido. No recibí la visita de ningún extraterrestre pero en una de aquellas noches calurosas de agosto salí del cortijo  levanté la vista, miré al cielo y ví miles, millones de estrellas que iluminaban el campo como si nunca hubiera anochecido. En ese momento comprendí porqué tantas y tanta películas explicaban la misma historia: si había tantas estrellas tenía que haber al menos un visitante interesado en nosotros. ¿Y por qué entonces no nos visitaban a nosotros? ¿Por qué siempre se decantaban por zonas como Texas, Utah o Mineápolis?

Aquel descubrimiento coincidió con la resaca del éxito de E.T y constató algo que ya anteriormente el propio Spielberg había dejado intuir, y es que no siempre van a venir a la tierra a molestarnos. E.T vino en son de paz al igual que unos años antes lo habían hecho los pequeños seres de Encuentros en la Tercera Fase (Close Encounters of the Third Kind, 1977). A partir de entonces no solo estrellas llovieron del cielo, sino decenas de películas en las que tiernos y bondadosos alienígenas venían a ayudarnos, a buscar refugio, y a hacernos nuestra existencia más llevadera. Cocoon (Ron Howard, 1985), Nuestros maravillosos aliados (Batteries not included, Mathew Robbins, 1987) y Mi amigo Mac (Mac and me, Stewart Raffil, 1988) fueron algunas de las entrañables historias que nos hicieron dudar de las malas intenciones de nuestros vecinos del más allá.

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Pero había un paso más que se podía dar: y es que vinieran para amarnos.

Una tarde de domingo descubrí viendo TV3 una Tv Movie donde la protagonista interpretada por Belinda Bauer tenía que demostrar a James Spader que era una extraterrestre ya que éste no la creía. La escena sucedía en la típica sala de billar repleta de mesas de billar, la sala estaba totalmente vacía y de pronto todas la bolas comenzaron a levantarse y a moverse en diferentes direcciones. Como si se tratara de la representación de una constelación de estrellas y de planetas flotando, la extraterrestre conseguía convencer al joven Spader de que no era de la Tierra. La película se titula Mi querida extraterrestre (Starcrossed, Jeffry Bloom, 1985) y no era más que una variación de Starman. El hombre de las estrellas (John Carpenter, 1984), si en la de obra de Carpenter el alien tomaba la forma de un hombre interpretado magistralmente por Jeff Bridges, en esta el alien tomaba forma de una hermosa mujer bajo la piel de Belinda Bauer.

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Carpenter, que es un indiscutible maestro del género fantástico y de terror tiene el honor de haber inaugurado sin pretenderlo un subgénero que podríamos denominar como “romance interplanetario”. Starman hoy en día en una película prácticamente olvidada, pero que contiene muchas más cosas que un romance entre una mujer y una alienígena: es una historia sobre el perdón, el dolor tras una pérdida, la soledad, la condición humana y esconde metáforas muy interesantes sobre la figura de Jesucristo, la Vírgen María, la Resurrección, la concepción de Dios,… Y por supuesto hay aventura, peligro y un romance en el que Jeff Bridges y Karen Allen hacen el amor de manera apasionada en un tren de cargas que viaja destino a Las Vegas: ella que está incapacitada para tener hijos quedará embarazada por el extraterrestre que ha tomado la forma de su difunto marido, un folletín “cristiano fantasmagórico”. El relativo éxito de la película de Carpenter originó una serie titulada igualmente Starman, con Robert Hayes como protagonista y la misma trama: un alien toma la forma de un hombre fallecido, tiene un romance y es perseguido por una unidad de investigación; como novedad esta vez el alien buscaba a su hijo ¡que estaba perdido en la tierra!

Entre estas dos versiones de Starman, tuvimos la oportunidad de disfrutar de Mi querida extraterrestre: en esta ocasión nuestra hermosa extraterrestre huye de su planeta donde ella y su especie son esclavos de otra raza violenta y agresiva. Una vez en nuestro planeta es dos tipos altos, fuertes y rubios que provienen de su planeta la persiguen, así como la CIA , todos por diferentes motivos, pero encontrará el apoyo y el cariño de un joven James Spader, menos lascivo, libinidoso y sexual de lo que estamos habituados y más generoso, romántico y cariñoso que nunca.

Música pop electrónica de los ochenta, cuero negro y violeta, letras de neón rosa en los créditos, y más y más luces de neón por todas partes, el apoteosis lo encontramos en la nave con la que Belinda Bauer, la alienígena regresará a su planeta: un entramado en forma de pirámide formada por tubos de neón. Romance, huida, apuntes cómicos, el tono de la película se diluye de manera entrañable y maravillosa hacia el rosa que ya apuntaban los créditos iniciales, y por supuesto Belinda y James hacen el amor. Ella quiere sentirse como una mujer, así que se funden en un solo cuerpo en el típico motel de carretera americano en uno de los pocos momentos de descanso que tienen en su huida. Mi querida extraterrestre tiene más puntos de unión con Terminator de James Cameron que con  Starman de Carpenter, como si pusiéramos las dos cintas en la coctelera con mucho azúcar, dulce pero no empalagoso.

RomanceKissing

Nave neónPink starcrossed

El personaje de Belinda Bauer descubre a través del carácter y entrega del personaje de Spader que tiene que luchar y sacrificarse por su vida y la de sus compañeros para salvar a su planeta, que la huida no es la solución. Cuando pensábamos que la Tierra era un lugar de odio, rencor, violencia y desolación, nos visita un ser supuestamente superior de otra galaxia y nos recuerda que nuestros valores no son sólo vitales sino exportables. ¡Qué orgullo ser terrestre pensé!

Love is not in the air, love comes from outer space

 

UN TRABAJO POLICÍACO (MONTREAL-BROOKLYN-ZARAGOZA-BARCELONA)

 Me gusta observar una nueva película como si ya la hubiera visto hace años, de esta manera el poso que queda en mi recuerdo está presente desde la primera vez, y en apenas unas horas puedo jugar a grabar a fuego ciertos recuerdos e inventarme otros para recrear mi propia versión de la historia

One police PlazaInvestigando para escribir el artículo sobre La araña roja (The red spider, Jerry Jameson, 1989) descubrí que tres años ante la CBS había producido otro telefilme llamado Un trabajo policíaco (One police Plaza, Jerry Jameson, 1986). Al igual que La araña roja está inspirada en la misma novela y vendría a ser su precuela. Como si fuera el protagonista de estas dos películas, el teniente Daniel Malone, comencé una investigación en la red para conseguir una copia. Internet se convirtió en un laberinto donde cada nueva pista me fue llevando a otra. Reconozco que lo más difícil fue averiguar el título con el que se estrenó en nuestro país, pero una vez que lo conseguí, encontré una única copia en vhs a la venta: “¿desea comprar el artículo?” ¡Claro que SI!

Tras ver varias veces la película he desarrollado una sensación extraña, algo así como una nostalgia respecto a un recuerdo no vivido. El recuerdo de La araña roja me había acompañado durante años, revoloteando sobre mi cabeza de tanto en tanto, y desapareciendo luego para asomar sus patas definitivamente hace un par de años. Pero ¿cuál es el sentido de la nostalgia aplicado a esta película que apenas he descubierto hace unos meses?

El primer pase que hice de Un trabajo policíaco estuvo muy condicionado por la sombra de su secuela, La araña roja. Durante todo su visionado me esforcé en compararlas, encontrando similitudes y descubriendo diferencias,  que en esta ocasión son casi todas aunque el espíritu de las dos cintas sea prácticamente el mismo.

Hay dos diferencias importantes respecto a su secuela:  la primera es un presupuesto más generoso que se puede comprobrar en la variedad de localizaciones y sobre todo en el final que incluye un tiroteo con ametralladoras, granadas y un tanque muy en la línea de Los hombres de Harrelson (S.W.A.T. Robert Hammer y Lee Stanley, 1975-1976). La segunda diferencia es que la  puesta en escena y la planficación están más cuidadas por parte de Jerry Jameson. Hay secuencias donde la fotografía intenta ser expresiva empleando sutiles movimientos de cámara, eso si, sin dejar de ser una puesta en escena absolutamente televisiva.

Pero en mi segundo visionado mientras initento descifrar los misterios que todavía se me plantean y dar respuesta a  varias incongruencias de su argumento, los mecanismos de la nostalgia no vivida se ponen en funcionamiento. Estallan en mi cerebro para trasladarme a dos lugares,  dos momentos y dos recuerdos totalmente alejados en el tiempo y en el espacio.

Primer recuerdo:

 “He convencido a mi madre para que me deje ver el estreno del sábado noche de la CBS, he visto varias veces el anuncio en la tele y además de tener muy buena pinta,  la peli está rodada en la gran manzana, cerca de donde viven el abuelo Max y la abuela Geraldine.  Diría incluso que una calle que aparece es la calle donde me llevan los domingos a merendar: batido de fresa y chocolate, hamburguesa de búfalo con patatas y pastel de naranja confitada, siempre con mucha nata encima. No puedo afirmar que conozca Manhattan como la palma de mi mano ya que nunca hemos pasado ni con mis padres ni con los abuelos de Central Park, pero he ido muchas más veces que mis compañeros Seaton, Willi Bee y June que apenas han salido del barrio, por no decir que ninguno de ellos ni tan siquiera ha ido a Coney Island. Lo más cerca que ha estado Seaton de Coney Island es la camiseta roja con la montaña rusa que le trajo su primo Donnie cuando estuvo en el parque de atracciones el año pasado. Tenía muchas ganas de ver esta película, siempre que dan una peli que está ambientada en mi ciudad siento una excitación especial, me encanta jugar a adivinar y reconocer los lugares que me son familiares y más cuando son en Manhattan, que es donde viviré cuando cumpla dieciocho años y comience a trabajar en algún espectáculo de Broadway. La primera imagen que veo ya me ha dejado en estado de shock, se ve el puente de Brooklyn desde muy cerca de donde vamos mucho a jugar con papá y con el pequeño Mark. Casi podría decir que es la misma imagen que he visto más de mil veces desde los binoculares que hay a un lado de la bahía. ¿Y después? Después he hecho un continuo esfuerzo pero no he conseguido reconocer ninguna calle  ni ningún edificio más… hasta que mi madre me ha dicho que  la película no la han filmado en Nueva York. ¿Pero si parece Manhattan? ¿Cómo puede no estar filmada aquí? En ese momento me he ido a la Biblioteca que hay en Nassau y me he puesto a investigar en libros de cine y periódicos hasta que he llegado a un anuario de la CBS en la que explica que la película la rodaron en Montreal, ¡Canadá! ¡Qué decepción! Y entonces me he hecho la siguiente pregunta: ¿Y si rodamos una película en Manhattan podría parecer que sucede en Montreal?”

Richie Forshyte 15 de octubre de 1987, Brooklyn, Nueva York USA

 Puente de BrooklynMontreal

Segundo recuerdo:

 “Si por doscientas pesetas más puedo comprar una película original prefiero hacerlo antes que alquilar una aunque me cueste más barato. Es verdad que la que alquile será nueva, de las últimas que han salido en el videoclub, pero si ahorro esas doscientas pesetas más en un par de semanas podré tener una película más en mi estantería. ¡Y si! cuando levanto la vista del libro de turno, o de los malditos apuntes que he de memorizar para la clase de mañana me gusta ver  mi colección de películas creciendo, todas ellas ordenadas por géneros, por directores, por actores o por distribuidoras, por saga o por año de producción. Hacía tiempo que le tenía echado el ojo a Un trabajo policíaco,  hace medio año o puede que más que la veo en la estantería de películas a cien pesetas, casi siempre está libre, pero nunca me he atrevido a alquilarla, ¿la habrá visto alguien? Imagino que cuando la sacaron como novedad durante un tiempo la gente se pelearía por alquilarla, yo no lo recuerdo. Aquí lleva tiempo entre Amor y balas y Harry el fuerte esperando a que se la lleven. Me gusta lo suficiente la carátula como para arriesgarme y tenerla en mi estantería (…)  Acabo de ver la peli en compañía de mi padre, a él le ha parecido un poco aburrida, a mi no me ha desagradado, aunque hay muchas cosas que no he entendido. A veces pasan de un sitio a otro y uno no sabe muy bien porqué. Me ha recordado a algunas series de la tele sobre policías que suceden en Nueva York. Si que hay una cosa que me ha sorprendido bastante y es como el protagonista de la peli que es un tipo muy mayor, creo que podría ser mi abuelo, está con una chica tan joven y guapa. Pero ahí no queda todo, lo peor es que él no la hace caso, ella siempre está insistiéndole en que le cuente como le va el caso y que sucede con los crímenes y el no suelta prenda, se muestra indiferente con ella. Es totalmente lo contrario a lo que hace mi padre que no deja de hablar del trabajo y contar siempre lo mismo sobre su jefe, sus compañeros o como ha conseguido que le suban el sueldo dos veces en menos de un año, pero a él y solo a él. Tendré que verla otra vez para poder tener más claro como llegan al final en el que de golpe hay un tiroteo en un puerto de Nueva York. Está claro que el trabajo de policía tiene que ser muy duro, mucho más que el trabajo de mi padre”

Franciso Gabarre, 8 de marzo de 1992, Zaragoza España.

 Videoclub ZaragozaLisa Banes

Y tras estas dos fugas autobiográficas interconectadas por un videocassette, el círculo se cierra cuando esta cinta llega a mis manos más de veinte años, después de que Francisco me la venda a mí. Dilucidar la historia y las huellas que un objeto anitguo como este tiene impregnadas en su rugosa superficie hace que me pregunte si el círculo seguirá abierto y en un futuro no muy lejano serán otras las historias y recuerdos  que afloren en su próximo espectador. Como si de un remake benigno de The Ring (El círulco, Ringu, Hideo Nakata, 1998) se tratara, las imágenes de Un trabajo policiaco seguirán trabajando y excarvando en los rincones  más inaccesibles de mi nostalgia no vivida.

Miguel Arjona, 21 de junio de 2013, Barcelona España.

UNA ARAÑA ROJA EN MI COLECCIÓN

Lugares comunes en el cine policíaco de los ochenta

Todas la películas tiene su propia historia y una historia con uno mismo. Una historia que te une a ella en un momento determinado, a una cierta edad  y en una situación concreta.

Mi historia con La araña roja (The Red spider, Jerry Jameson 1988) comenzó una noche de verano de hace más de veinte años cuando decidí programar el reproductor de vídeo y grabarla ya que la emitían en la 2 a altas horas de la madrugada. ¿Por qué? Imagino que la reseña del Teleprograma señalaría que tenía al menos un par de estrellas (buena película), pero lo que seguramente me convenció fue que en aquella época (apenas trece años) no disponía de cintas vírgenes por doquier, me sobrarían unos 85 minutos de alguna cinta ya utilizada y La araña roja duraba apenas 80 minutos. No era cuestión de desperdiciar cinta….así que…programé el vídeo.

A la mañana siguiente después de desayunar me puse a ver la película y lo que me encontré fue una turbia historia policiaca con varios elementos que en aquel momento me fascinaron y estremecieron. Una serie de asesinatos cometidos por una prostituta rubia, una araña roja  tatuada en el vientre de las víctimas,  el malsano ambiente de las calles de Nueva York… y el inolvidable rostro de James Farentino.

La araña roja vhs 1

Aquel excitante visionado se convirtió súbitamente en una terrible pesadilla en el momento en el que se detuvo la imagen y el video comenzó a rebobinarse de forma endemoniada. La cinta se había terminado y no tenía el final de la película, nunca supe quien fue el asesino.

No obstante, aquella desgracia no me impidió ver varias veces la película antes de decidir borrarla. Dos décadas después y  tras una pequeña invesigación gracias a la ayuda de internet, consesguí encontrar una vieja copia en vhs de la película ya que había sido distribuida por CBS en los noventa. ¿Quién será el asesino?

La araña roja y yo nos volvíamos a encontrar.

La araña roja es un telefilme dirigido por Jerry Jameson (un realizador que ha hecho toda su carrera en la televisión norteamericana) en el año 1988 y protagonizado por James Farentino en el papel del sargento de policía Malone.  Se trata del típico y tópico telefilme que recorre y transita por infinidad de lugares comunes del cine policiaco de la década de los ochenta.

El cadaver de un policía aparece en un motelucho del barrio del Village en Nueva York con un corte muy profundo en la garganta,  en el vientre tiene una araña roja dibujada con cortes y la principal sospechosa es una mujer rubia, posiblemente una prostituta.  No ha sido la primera víctima, ni será la última. La trama es el clásico “whodunit” o ¿quién lo hizo? en el que el crimen tiene aparentemente un caracter sexual. Desde el drama sobre prostitución adolescente Angel (Robert Vincent O´Neill 1984) ambientada en Los Ángeles hasta el thriller sexual con Clint Eastawood En la cuerda floja (Tightrope, Richard Tuggle 1984) ambientada en Nueva Orleans, el subgénero del thriller sexual nos ha ido mostrando siempre la parte más oscura de la ciudad, un laberinto en el que se mueven los personajes más siniestros y detestables, donde el crímen habita y se reproduce como un virus, y el sexo es mucho más que un intercambio entre dos seres humanos, es un negocio y es un arma de doble filo.

Crímenes sexuales que también forman parte de las tramas tanto del thriller sobre el mundo gay  A la caza (Cruising, William Friedkin 1980) como de la fusión entre giallo ultragore y thriller urbano que es El destripador de Nueva York (Lo squartatore di New York, Lucio Fulci 1982), filmes que conectan con uno de los elementos más interesantes de La araña roja,  y es el escenario de las calles de Manhattan como un lugar en el que el vicio y el crímen campan a sus anchas. Como buen ejemplo de telefilme que es, no abusa de las secuencias en exteriores, pero las pocas que tiene nos muestran un Manhattan lleno de prostitutas, chulos, maleantes, cubos de basura desbordados de porquería, taxis amarillos, carteles luminosos de locales con chicas desnudas, humo que sale del suelo, el puente de Brooklyn, Times Square, la calle 42…

Calle nochecalle 42

Toda una iconografía visual que Martin Socorsese ya había trabajado en Malas calles (Mean streets, 1973) Taxi driver (1976) en los setenta y en Jo que noche (After hours 1985) en los ochenta y que nos muestran a Nueva York como una ciudad tan fascinante como peligrosa. Un ambiente que también encontramos en otra película muy interesante a rescatar, El reportero de la calle 42 (Street smart, Jerry Schatzberg 1987), en la que se mezcla una trama periodística con otra policíaca con los bajos fondos de Nueva York y sus particulares habitantes como protagonistas. Las calles de La araña roja son también las misma sucias calles que tanto le gustaba mostrar a William Lusting en el psychokiller gore Maniac (1980) y sobretodo en Maniac Cop (1998), extraña y alucinada mezcla de filme de terror fantasmal y drama policíaco, sin olvidarnos del aroma de las calles que refleja Abel Ferrara en el policíaco sobre el mundo de las chicas de stripteasse Cuidad del miedo (Fear city 1984).

También son las calles de El exterminador (The exterminator, James Glickenhaus 1980), otro clásico de la serie B “callejera” con la que comparte otro punto interesante de la película: la influencia  de la guerra de Vietnam y sus traumas en los crímenes que se suceden en la gran manzana. Algo que tienen en común las víctimas de La araña roja es que todas habían batallado en la guerra de Vietnam, lo que vincula directamente el caso y el asesino con los traumas de la última gran guerra perdida por los norteamericanos. Al igual que el personaje interpretado por Robert Ginty en El exterminador, la huella de dicho conflicto bélico marca a las víctimas pero sobretodo al asesino de La araña roja. Porque al igual que la cinta de Glickenhaus el telefilme de Jameson es una historia de venganza: en este caso no se trata de una venganza perpretada tras la muerte de un familiar o un ser querido como es el caso de El ex-preso de Corea (Rolling Thunder, John Flynn 1977), Yo so la justicia (Death wish 2, Michael Winner 1982) o la propia El exterminador, todas impulsivas y viscerales. Aquí la venganza es meticulosamente planificada y ha sido ejecutada de manera muy cuidada a lo largo de los años.

Year of the dragonManiac Cop

La película tiene una curiosa y extraña subtrama: el sargento Malone recurre en varias ocasiones a un mafioso chino llamado Sonny Wu para sonsacarle información. Esta subtrama conecta con otra película de la época que es Manhattan Sur (Year of the dragon, Michael Cimino 1985): la mafia china en esta ocasión representa principal eje del mal de la isla y el policia interpretado por Mickey Rourke, es también un personaje traumatizado por la guerra de Vietnam. Su personaje actúa como si la guerra no hubiera terminado todavía, al igual que el asesino de La araña roja.

Y para cerrar la vinculación con la guerra de Vietnam, podemos hablar de una cinta hoy totalmente olvidada y del mismo año que La araña roja, se trata de Saigon (Off limits, Christopher Crowe 1988) .En pleno conflicto bélico dos policías americanos investigan los crímenes de prostitutas que está cometiendo un oficial de alto rango del ejército norteamericano.

El otro punto interesante de la trama es la dignificación del papel de la policía  ante la opinión pública así como ante la propia justicia; representada por el obstinado esfuerzo que se convierte en obsesión del personaje interpretado por James Farentino. Obsesión por solucionar el caso y a la vez cubrir los trapos sucios de los miembros del cuerpo policia, acto obsesivo que llevará hasta sus últimas consecuencias en un sorprendente anticlímax.

Una realización plana, sencilla, que ha sido trabajada de forma ràpida y que huye de cualquier complicación de puesta en escena. No hay persecuciones, no hay tiroteos, no hay sexo explícito, apenas exteriores y unas cuántas panorámicas del edificio de la sede del Departamento de Policia de Nueva York en Park Row. El resto son todos lugares comunes mil veces recorridos, tantas que su presencia, o en muchos casos su ausencia trabajan para rellenar un imaginario visual y simbólico que tanto el cine como la televisión han ido creando y educando en nuesta cabeza.

El acierto de este subproducuto radica además de la eficacia de este imaginario colectivo en otro elemento y quizás el más importante de todos: la familiaridad de unos rostros y unos actores que forman parte de la historia de la televisión norteamericana de los ochenta y noventa, series con la que hemos crecido. Rostros que aparecene en Dallas (1978-1991), Dinastia (Dinasty, 1981-89), Remington Steele (1982-89), El equipo A (The A-Team, 1983-87), Se ha escrito un crimen (Murder, she wrote 1984-), Urgencias (ER, 1994-2009, Norte y Sur (North and South, 1985-86) y por supuesto una serie de gran influencia y otro lugar común: Canción triste de Hill Street (Hill Street Blues,  1981-87), una de las series policíacas de referencia de los ochenta.

Soon Teck ohMissing in action 2

Pero entre esta amalgama de secundarios destacaremos a tres: el actor de origen japonés  Soon Teck Oh que intepreta al mafioso Sonny Wu. Además de participar en infinidad de series de TV le podemos encontrar en varios clásicos de la productora Cannon en los ochenta como Desaparecido en combate II (Missing in action 2: The beginning, Lance Hool 1985) y Yo soy la justicia II (Death wish 4: the Crackdown, J. Lee Thompson 1987), un secundario con una mirada siniestra y pérfida.

Destacaremos también  la presencia de la belleza ya madura de Jennifer O´Neill, una actriz que tras despertar la atención de Howard Hawks que la situó al lado de John Wayne en su útlima obra Río lobo (1971) y protagonizar Verano del 42 (Summer of´42, Robert Mulligan 1971) vió como su carrera se diluía con el paso del tiempo, pero que tuvo tiempo de aparecer junto a Chuck Norris en el clásico de acción Fuerza 7 (A force of one, Paul Aaron 1979) y en el no menos clásico de terror de David Cronenberg Scanners (1981) para exhibir su elegante presencia en ellas.

JennyJames y Jennifer

Pero sin lugar a dudas, el rostro más interesante de este telefilme es el de James Farentino, un actor que hizo su carrera principalmente en televisión y en teatro, donde obtuvo varios reconocimientos y premios. Ojos negros, mirada impávida y ligeramente estrábica, gran carisma, imponente presencia, movimientos enérgicos y esencia italiana de Brooklyn, lugar en el que nació. Un cruce entre Robert DeNiro,Treat Williams , Roy Scheider y Peter Falk, un rostro inolvidable.

James Farentino permanecerá para siempre en la memoria de los aficionados del género de terror por su papel de sheriff Dan Gillis en en clásico moderno Muertos y enterrados (Dead & Buried, Gary A. Sherman 1981), en cuyo rostro quedaron grabados el horror y la desesperación de un fatídico descubrimiento. En La araña roja su interpretación es rutinaria en general pero efectiva, salvo en varios momentos en los que saca a relucir su furia italiana así como su fino sentido del humor. Un actor de culto absoluto.

Dead buriedLa araña roja está basada en una novela (que no he leído) de William J. Caunitz titulada One Police Plaza, 1984). Caunitz es también el autor de la novela Suspects (1986) en la que David Mamet se basó para hacer Homicidio (Homicide, 1991).

IMDB me informa que La araña roja es la secuela de otro telefilme titulado precisamente One Police Plaza, dirigdo también por Jerry Jameson en el año 1986, y basado en la novela del mismo título. Investigando de nuevo en internet he conseguido una copia en VHS de Un trabajo policiaco, título con el que se distribuyó este telefilme en nuestro pais a principios de los noventa, así que en pocos días sabré que relación tienen exactamente estos dos telefilmes…

Mientras tanto, ahora que el blu-ray y los formatos HD mejoran cada vez más la calidad del cine doméstico, yo seguiré disfrutando de las desgastadas y seductoras imágenes de La araña roja con mi copia en VHS; y por supuesto hasta el final.