EL TESORO DE CORAL BISTUER

Intento ver desde mi ventana el mar. Es imposible. Cierto es que no está lejos, amén que si no fuera por el edificio abandonado que se impone ante mi balcón vería las olas acercarse a mi sofá. Querría haber escrito este artículo en verano, recién llegado de la playa, recién soñado el sueño. La luz, las barreras, las roturas, los huesos colgados de las farolas. Todas estas cosas me han impedido dar fe de ello. En la playa semienterrada he visto una pierna que apuntaba al sol, o quizás era un gran rayo de sol el que apuntaba al dedo gordo del pie. Un pie esbelto, atlético, de uñas pintadas de rojo, femme fatale que se derrite como un cubito de hielo en el desierto de Túnez. Esa pierna ha golpeado innumerables rivales, ha pisado la lona y ha subido infinidad de aviones recorriendo ciudades olímpicas y pueblos orientales.

El tesoro que durante años he buscado en viejas estanterías de videoclub, en polvorientas mantas de mercadillos cerca del río, en frías mañanas de invierno, en olvidados torrents de alejados y dormidos seeders, está ahí, removido por la arena aún húmeda. Lo baña el mar y lo moldea el rastrillo de plástico de un niño panameño. Mar de corales, clones de Bruce Lee, cinturones negros en kimonos blancos, rojo sobre blanco, antenas en montañas, cada jueves, cada semana.

La televisión privada cambió mi vida. Y tener un televisor en mi cuarto me hizo totalmente independiente. Nada que negociar, todo por disfrutar. De esta manera, con un mando en la mano y tumbado en la cama descubrí los infinitos mundos de Telecinco y el 

5632209086_61a0284c59_zrancio sotanismo de Antena 3. Telecinco era moderna y atrevida: grandes estrenos cinematográficos trozeados por miles de anuncios, programas eróticos, cine S, Emilio Aragón, Rafaella Carrá, Jesús Gil y…mucha pizza y spaghetti. Parece que en Italia llevaban décadas en una interminable orgía y nosotros simplemente habíamos esfumado ligeramente a la adorable Fedra Llorente en alguna comedia de Mariano Ozores. Había por tanto jamón a doquier, y eso, pues nos gustaba: Xuxa, las Mamachicho, Loreto Valverde y alguna más que ahora no recuerdo el nombre ni la granja de adopción.

Pero…y ¿Antena 3?

Antena 3 era mi favorita, sin duda. Rancia, desfasada, antigua, vieja, conservadora, añeja.. Adjetivos y características negativos para un canal nuevo que pretendía competir con toda la ley con las luces de neón y la carne tersa de Berlusconi.

Características definitorias que no pueden más que llamar mi atención y conquistar mi corazón.

El canal era, algo así como el Museo de Cera combinado con la más pura expresión de la radio con imágenes. Maravillas como Simplemente Mayra; un piano en un decorado triste y decadente, las letras del programa en neón, y Mayra Gómez Kemp entrevistando a viejos amigos en un tono intimista y cercano. Muy dulce. Los sábados por la tarde coral-bistuer-12042014maratón de cine con Carlos Pumares en la versión televisiva de su mítico programa de radio “Polvo de Estrellas”. Magazines matutinos como De tú a tú, joyas dedicadas al cine de terror como “Noche de lobos” (programa que ya catalogué en su momento) la Clave con José Luís Balbín, el nacimiento de Chiquito de la Calzada en Genio y Figura…

Todo siempre en un tono muy oscuro y melancólico, decorados prácticamente vacíos, grandes planos generales. Siempre sentí una gran ternura por esos programas, por esos tonos agridulces que inundaban mi cuarto. Total, si habíamos estado tantos años bajo sombras aragonesas y a la luz de las velas, Antena 3 era zumo de España, luz de neón con tintes de membrillo, aceite refinado de vacaciones en Extremadura, flecha con fuego que ilumina montañas. Pobre criatura, también tiene derecho. Principios de los noventa.

Uno de los más psicotrónicos ejemplos del nuevo canal fue sin duda “Cinturón negro” presentado por la musa del Taekwondo, Coral Bistuer. El programa era un invento de lo más sólido: Coral Bistuer sentada en su sofá sobre un fondo negro presentaba diversas exhibiciones de las más variadas y antiguas artes marciales. Sobre un tatami aparecían respetados maestros nacionales, los representantes de la revista Dojo, campeones mundiales de kárate, grupos de niños en plan Kung Fu Kids y la joya de la corona: la visita de la realeza marcial, el gran Chuck. Tras la exhibición o antes de la exhibición, según se les antojase a los guionistas aquella tarde, Coral tenía la responsabilidad de presentar la película de la semana, que acostumbraba a ser un perfecto ejemplo de lo que significa estar descatalogada: una cinta de vídeo doblada al castellano en cualquier suburbio de Tarragona. Así, de esta manera pudimos disfrutar y sufrir productos como El samurai negro con Jim Kelly o la joya sobre la que hace rato quiero escribir: El tesoro de Bruce Lee

Coral Bistuer es un curioso personaje de la cultura española de principios de la década de los noventa. Madame por excelencia de las artes marciales representa el espíritu eterno teenager de Karate Kid. Con una medalla de oro conquistada en Barcelona 92´ elevó el status de las artes marciales al pedestal de victoria nacional. Y si, era una mujer. La bata deshilachada que todas las madres españolas llevaban con diferente encanto y no siempre por deseo se transformó en un blanco y limpio kimono lavado con Norit. De casa salía un borreguito y en el tatami aparecía el tigre. Nunca más un hombre volverá a abusar de nosotras, jamás habrá otro señor con bigote y barriga que nos humille ni maltrate. Todas tenemos el espíritu de Coral, del mar y de Bruce Lee.

¿Ese es el tesoro de Coral Bistuer? Mientras en Telecinco para ganarse el sueldo hay que lucir piernota con media de rejilla y escote infinito en Anena 3 apuestan por la lucha y la garra. Apuestan por el oro líquido que se desliza por los rubios cabellos de Coral. La medalla derretida cubre su cuerpo antes de que James Bond la descubra. Tras cada patada en el tatami soñamos hasta donde llegarán sus piernas. Tras cada saludo al rival 

TREASURE-OF-BRUCE-LEE-AND-BIG-RASCAL-DOUBLE-FEATUREnos esforzamos por adivinar su escote, pero esto son las artes marciales, lucha noble y milenaria. Queremos robarle el cinturón negro y ver que se esconde tras su inmaculado traje de lucha. Límpio y blanco que no empaña. Sentada, mueve la cabeza mientras su bronca voz pero de tonos caramelizados nos instruye sobre el arte marcial. Por un momento hubiéramos preferido verla en Telecinco, con una minifalda y un generoso escote. Pero no podemos; su uniforme es más bien el de la institutriz Wellington, cuidadora de príncipes galeses. La sobriedad y la coherencia son más dignas que cualquier deseo adolescente que se pueda esconder tras un televisor a color de catorce pulgadas. Esa era la grandeza de Antena 3. Mujeres bellas y fuertes al servicio de la televisión privada, desnudas o bien tapadas.

La emoción ante aquel vendaval de cintas de arte marciales hacía que siempre estuviera frente al reproductor de vídeo dispuesto a inmortalizar para siempre aquellas roñosas imágenes. A medida que avanzaba el metraje, la verdad, siempre tan poderosa, relucía entre patadas y zooms: eran insufribles. El tesoro de Bruce Lee anunciaba la alquimia del combate cuerpo a cuerpo: Bruce Lee, tesoros, aventuras, amores, batallas ancestrales…pero mi único hallazgo era campos de tierra, golpes furiosos al aire y Bruce Lee no aparecía, ni tan solo mencionaban su nombre. Decidí borrarla. Aquella cinta de vídeo sufrió una repentina maldición que hacía que todas las películas que grababa acabasen siendo borradas una y otra vez, una y otra vez. Cada vez que volvía a regrabarla, tras el fin de cada película aparecía el mismo plano: Bruce Le, el mejor clon del auténtico Bruce Lee recogía de manos de su rival muerto, un libro que acariciaba en sus manos. A continuación la cámara volaba hacia los cielos hasta dejar a Le pequeño, en el campo con música de spaghetti western.

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La nostalgia y mi afán de catalogador me alertó sobre esta gran injusticia. ¿Había sido capaz de borrar esa joya que con tanto amor Coral me regaló? Sí, fui capaz, pero no he sido capaz de olvidarla. Por fin me decidí a comprar The Treasure of Bruce Lee en una copia americana que llegó en avión desde algún lugar de Boston, Massachucetts. Y hay mucho campo, mucha tierra, muchas patadas al aire adornadas con golpes de ruido ventoso. Filmada en Cinemacospe y adaptada a 4/3 para televisión, tras ser otra vez reproducida en un televisor panorámico casi la mitad de la peli muestra encuadres más parecidos a una puesta en escena de arte y ensayo: planos con dos personajes situados en cada extremo del encuadre, la cámara decide reencuadrar en el centro, oímos sus voces en un inglés de Hong Kong y únicamente vemos sus brazos moverse y entrar en cuadro de vez en cuando. Japoneses contra chinos, kung fu contra samurais voladores, katanas y harakiris femeninos, un explosivo cocktail que a medida que avanzaba me ha seducido más.

¿Y el tesoro de Coral Bistuer? ¿Cuál es? Escondido tras el logo de Antena 3, vuelve a mis sueños de siestas playeras. Fue este verano, semienterrado en la arena, tapado con gafas de sol.

 

 

About Descatalogado

Miguel Arjona es Descatalogado y muchas más cosas. Además de su empeño por catalogar cine olvidado en viejas cintas de vhs, Miguel es guionista, realizador, crítico de cine y profesor de cine en FX ANIMATION Barcelona 3D & Film School. Después de estudiar una carrera universitaria que no tiene nada que ver con el mundo del arte, enfermería, decidió adentrarse en el séptimo arte y estudiar cine. Un año en el IDEP y luego dos más en el CECC, en las que estudió guion y dirección. Después de escribir y dirigir varios cortos en 2005, Miguel tuvo la oportunidad de ser director de ESTUDIODECINE, un cargo que ha ocupado durante diez años. Desde entonces, compagina su trabajo en el mundo de la docencia con la producción de varios largometrajes (Párking, La Manada), la escritura de guiones y la realización de cortometrajes y videoclips.
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