TERROR SQUAD: PLANOS EN SOLITARIO DE CHUCK CONNORS

Cuando en una película de ínfimo presupuesto se combinan thriller político, comedia adolescente de institutos, cine de acción con persecuciones y drama claustrofóbico con toques intimistas y además el director es un hombre de cine de escaso talento, el resultado es un producto como Terror Squad (1988, Peter Maris).

Además sale Chuck Connors.

Siempre he querido ver esta película. Tiene una de esas carátulas que vale por si misma. Dos tiparracos, uno con bigote y cara de asesino y otro calvo y con greñas con cara de listillo retienen a una jovencita rubia atemoriazada. Coches destrozados, edificios en llamas, cadáveres en la carretera, cuerpos que se tambalean como zombies apurando un último aliento de vida. Una excursión al terror.

El cine de acción y la Era Reagan

Terror Squad es la típica cinta violenta y aparentemente proamericana tan en boga durante la era Reagan. “Inspirada” en los ataques que Líbia sufrió durante el año 1986 por parte de las fuerzas armadas norteamericanas la película nos narra la historia de un grupo Terror squadde terroristas libios que intentan sabotear una planta nuclear como venganza hacia el pueblo americano. Tras el fracasado intento acaban secuestrando a varios alumnos en un instituto.

El miedo a la venganza por parte de los países islámicos es el motor de esta esperpéntica cinta de acción y se anticipa a los atentados del 11 S; a una escala, por supuesto, de serie Z. Hablamos de Indiana, de una planta nuclear, de un puñado de ineptos policías y de cuatro alumnos castigados en el instituto de un pueblo de mil habitantes. El principio de la película apunta maneras por su crudeza y tono documental. Un grupo de enfurecidos libaneses escuchan enaltecidos a su líder que desde un balcón les arenga. Los hombres gritan, alzan sus rifles y queman banderas norteamericanas. ¡Gritan!

Hasta aquí llega el componente político realista del filme. El resto se divide en segmentos que se adhieren a diferentes modas y copian varios subgéneros con mejor o peor fortuna. Casi siempre con poca.

 

Cóctel de géneros, cóctel con alcohol barato

La trama comienza como una típica y tópica comedia de adolescentes que coge como modelo El club de los cinco (The Breakfast Club, 1985, John Huges) en la que un grupo de estudiantes castigados pasan el tiempo en un aula formando un grupo de lo más original: el profesor pesado, la rubia guapa y tonta, la morena inteligente, el empollón con gafas, el cachas que juega al fútbol y el músico rebelde e incomprendido.

A continuación una interminable persecución de coches, eterna, que involucra a muchos coches de policía, ¿quizás siempre el mismo pero con diferentes conductores? Patrullas recorren a toda velocidad por las tranquilas calles del pueblo, callejones, zonas rurales… Los terroristas van armados con automáticas y un potente bazooka que siempre impacta en los coches de policía. Muchos de ellos mueren, un montón de pobres e inofensivos hombres de familia con uniforme.

Chuck conduciendoCoches ardiendo

Hasta que lógicamente, los terroristas llegan mermados al instituto y secuestran a los alumnos castigados y la película se convierte en un drama realista al más puro estilo de Tarde de perros (Dog Day Afternoon, 1974, Sidney Lumet), donde sale a relucir la amistad de los terroristas junto a la reivindicación de sus derechos y de las atrocidades cometidas por los americanos en su país. Sí, es un producto de la era Reagan; pero los terroristas son personas y tienen sentimientos. Y si algo tienen los americanos es que todos esconden un héroe dentro y aquellos marginados, los parias castigados, pueden finalmente acabar con el mal, y así sucede.

Pero hay dos cosas que son las que más me llaman la atención y me hacen tenerle cariño a esta película:

Carátula de videoclub versus realidad en la pantalla.

Una de las cosas de la carátula que siempre me ha impactado más, es el bigote del terrorista, que le da un aire malévolo. Durante años pensé que ese tipo era Chuck Connors, pero no lo es; y lo más siniestro es que el personaje en la película no lleva bigote. El universo de las carátulas que nada tienen que ver con la trama aquí llega a un nivel más surreal y absurdo, y deja al famoso helicóptero que aparece en las cintas bélicas filipinas en una sutil broma.

Los planos en solitario de Chuck Connors.

Chuck Connors es un actor al que siempre he tenido un cariño especial. Alto, fuerte, duro, mandíbula prominente, de nombre pegadizo y potente y que nada tenía que ver con el otro Chuck, el Norris. Antes de ser actor fue jugador profesional de baseball y ¡llegó a jugar un Chuck celticaño como pívot en los Boston Celtics! Este es uno de sus últimos papeles antes de morir. Aquí le vemos muy mayor aunque se muestra contundente. Pero lo curioso de su trabajo es que solo aparece en dos situaciones: la primera es solo en el coche, hablando por radio, mirando fuera de campo y mostrando diferentes caras de respuesta ante lo que va sucediendo a su alrededor. La segunda es en el secuestro del instituto; solo o bien acompañado por dos policías, uno de ellos el mítico actor negro Ken Foree. Siempre en un plano medio o un plano conjunto, su figura nunca se relaciona con ningún otro actor o personaje de la trama.

Imagino a Chuck Connors en la reunión con los productores junto al director Peter Maris: “Señor Connors, es un auténtico placer poder contar con su presencia en nuestra humilde película, pero solamente tenemos este presupuesto”. A lo que Chuck contesta: “Os agradezco mucho vuestras palabras chicos, pero si vosotros solo tenéis ese presupuesto yo solamente tengo un día que perder en Indiana”. Finalmente los productores le preguntan: “ Por un poco más de dinero, ¿estaría usted media jornada más? No creo que nos de tiempo a todo en un día”.

Si en su día lo hizo Ed Wood Jr. con Bela Lugosi también lo podía hacer Peter Maris con Chuck Connors.

 

About Descatalogado

Miguel Arjona es Descatalogado y muchas más cosas. Además de su empeño por catalogar cine olvidado en viejas cintas de vhs, Miguel es guionista, realizador, crítico de cine y profesor de cine en FX ANIMATION Barcelona 3D & Film School. Después de estudiar una carrera universitaria que no tiene nada que ver con el mundo del arte, enfermería, decidió adentrarse en el séptimo arte y estudiar cine. Un año en el IDEP y luego dos más en el CECC, en las que estudió guion y dirección. Después de escribir y dirigir varios cortos en 2005, Miguel tuvo la oportunidad de ser director de ESTUDIODECINE, un cargo que ha ocupado durante diez años. Desde entonces, compagina su trabajo en el mundo de la docencia con la producción de varios largometrajes (Párking, La Manada), la escritura de guiones y la realización de cortometrajes y videoclips.
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