KICKBOXING, PACTO CON LA MUERTE: EL REGRESO DE JOHN BARRETT

Mi última pelea con John Barrett me había dejado exhausto, destrozado, listo para sentencia. La derrota siempre es dura, más con un campeón. El dolor físico no siempre es el más duro y difícil de superar; costillas rotas, heridas que se convertirán en eternas cicatrices, articulaciones convertidas en despojos. Nada de eso supera la amarga sensación de la derrota. Para mi consuelo, quedó el hecho de no haber entrenado lo suficiente, me asigné el papel de sparring y el resultado se pudo comprobar allí, tirado sobre el ring. Miraba hacia arriba y veía luces, cuerdas, escuchaba aplausos, ¿o era que se reían de mí? John Barrett me dió la mano, incluso creo que me abrazó y me felicitó. No lo hizo por mi destreza y artes, sino más bien por mi valentía. Y a eso me agarré.
Suena el despertador a las cuatro de la mañana, miro al tejado de enfrente de mi buhardilla y el gallo de mi vecino duerme. Rompo cinco huevos y los engullo sin parpadear. El gallo me mira de reojo como diciendo “eres un pringado, no hagas ruido, me queda una hora de sueño” Y yo pienso: “De estos cinco huevos no saldrán cuatro engreídos como tú”. Efectivamente, él tiene una misión: despertarnos. Y yo tengo otra: conseguir la revancha con John Barrett. Cuando tu cantes y despiertes el día, yo ya habré dado al menos un paso hacia mi objetivo final.


Tras un arduo entrenamiento me enfrento al siguiente nivel: Kickboxer, Pacto con la muerte (To the death, 1993, Darrel Root), con ganas y energía renovada. La carátula promete, John en posición de defensa, un rojo sangre diluido en amarillo amanecer rodea su figura y como primera sorpresa en una figura más reducida la presencia de Michael Quissi Carátula de videole mira de reojo. La sombra de Kickboxer aparece de entrada con la presencia del actor que encarnara al mítico Tong Po. Pero esta cinta es mucho más que un xploit del famoso filme con Jean Claude Van Damme, es un xploit de la figura de Van Damme y de otros de sus seminales títulos; la divertida Lionehart, el luchador (Sheldon Lettich, 1990).
John Barrett decide retirarse llevándose consigo el cinturón de campeón del mundo de kickboxing. Michale Quissi que por primera vez aparece sin maquillaje alguno enfurece, es su máximo enemigo y no soporta la idea de demostrar que puede vencerle. Le amenaza de muerte y le increpa. Quiere ser el campeón, pero quiere serlo venciendo a John Barrett. ¿Existe alguna muestra de honor y deportividad más auténtica que esta? Barrett no quiere saber nada, únicamente desea ser feliz junto a su mujer.
Y ahora es cuando la trama da un inesperado giro y comienza el drama, Shakespere in love levantando las cuerdas para poder entrar al cuadrilátero. Al igual que en Lionheart encontramos un grupo de ricachones locos por las peleas ilegales cuyo objetivo es que John Barrett sea la figura de sus demenciales obsesiones. Y estalla el drama. La mujer de Barrrett es asesinada de forma violenta. Y aquí llega el momento en el que se que nunca venceré al gran campeón. Durante más de veinte minutos nuestro hombre despliega sus mejores artes interpretativas: borracho, moribundo, botella en mano deambula por bares, pierde la forma, es vapuleado por mindundis que en su vida se atreverían a mirarle a los ojos. Sin mediar palabra, con barba de varios días y con su musculatura totalmente desganada gana enteros para mi nominación interpretativa: la desesperación, la agonía, el dolor por la pérdida. Todo aquello por lo que alguna vez hemos sufrido, está reflejado en los gestos, en los movimientos y en las perdidas miradas de John Barrett. Me estremezco tan solo con recordarlo.


¿Y cómo llegamos al último acto? John decide luchar, comienza el disparate amenizado por un villano que bordea el ridículo; sin embargo luce tal exageración que despierta alguna risa, mientras asisto a la esquina del ring. Y por supuesto, Michael Quissi reaparece como su último adversario, pero también como su único amigo. Por suerte queda el honor y la amistad. Seguiré entrenando, ese cinturón acabará siendo mío.

About Descatalogado

Miguel Arjona es Descatalogado y muchas más cosas. Además de su empeño por catalogar cine olvidado en viejas cintas de vhs, Miguel es guionista, realizador, crítico de cine y profesor de cine en FX ANIMATION Barcelona 3D & Film School. Después de estudiar una carrera universitaria que no tiene nada que ver con el mundo del arte, enfermería, decidió adentrarse en el séptimo arte y estudiar cine. Un año en el IDEP y luego dos más en el CECC, en las que estudió guion y dirección. Después de escribir y dirigir varios cortos en 2005, Miguel tuvo la oportunidad de ser director de ESTUDIODECINE, un cargo que ha ocupado durante diez años. Desde entonces, compagina su trabajo en el mundo de la docencia con la producción de varios largometrajes (Párking, La Manada), la escritura de guiones y la realización de cortometrajes y videoclips.
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